
Algunas obras, alguna gente.
Que la Sra. Consejera Carmen Tornaría tiene amplio dominio
del lenguaje y de la retórica, no es novedad para nosotros. Su encendida defensa
de los “contratos de obra”, tampoco
(Brecha, 7/3/03 – “Gente en obra”, réplica al periodista
Guillermo Waksman sobre dichos
contratos). Hacemos públicas algunas
de las muchas consideraciones que tal opúsculo nos merece.
“Los criterios de compensación son los
mismos que dentro del sistema”
Es obvio que la Cons. Tornaría no
percibe lo grotesco de tal afirmación. Mirémosla pues desde el punto de vista de
un Auxiliar de Servicio -20 años de
trabajo, 4.000 pesos de sueldo
nominal, sin ascensos, sin carrera, sin expectativas ni estímulo alguno-.
Funcionarios envejecidos, físicos desgastados, sin renovación, ni rotación, ni
reciclaje, ni capacitación. Acusados de negligencia e ineptitud para
“justificar” la contratación de empresas de limpieza privadas, tozudamente
mantenidas a pesar de que el fracaso operativo y financiero de tal práctica resulta más
que evidente para un observador objetivo.
Tampoco hallarían equidad en los
“criterios de compensación” los funcionarios administrativos, pero, economicemos
espacio: su situación salarial y profesional no difiere sustancialmente de la
arriba mencionada.
La afirmación de la Sra. Tornaría
surge de una concepción del universo
educativo y de sus actores que habilita diferenciaciones de “responsabilidades” y “cargas
horarias”.
Los Secretarios y demás personal liceal,
responsables (apenas) del
funcionamiento de los establecimientos en 3 y 4 turnos, ejercen incontables
tareas dentro de plazos inflexibles (calendarios, reuniones, exámenes,
inscripciones), al tiempo que cubren áreas como primeros auxilios, vigilancia,
atención y contención de gurises, padres y, en ocasiones. compañeros docentes.
Ninguna de estas cuestiones parece
ser de relevancia para el
funcionamiento de Secundaria, a diferencia de las realizadas por las huestes de “arquitectos (metrajistas, calculistas,
directores de obra) diseñadores, estadísticos, informáticos, sociólogos,
economistas, evaluadores, planificadores...” que nos dispensa el sistema de
contratos de obra.
Algunos botones de
muestra :
*arquitectos de MEMFOD presentándose en diferentes liceos, con el enjundioso
cometido de “medirlos” pese a que Directores y Secretarios insistieran en
ofrecerles los planos del edificio, jurándoles que ni el vigor de nuestros
adolescentes ha bastado para desplazar las paredes o levantar el techo, como
tampoco para demoler salones. Nada que
hacer: los bien remunerados profesionales, metro en mano, prestan horas de
inapreciables servicios a la
Educación Media Pública.
*Muchos recordarán al ingeniero en sistemas cuyo programa
informático tuvo destacado rol en la crisis y el caos del pago de sueldos
docentes a comienzos del 2002. Por suerte, en el reino de los contratos de obra
rige el principio de “evaluación del
producto” a la hora del pago y recontratación, por lo que el citado
profesional ha sido recompensado con
una extensión de su contrato.
*La Consultora “Equipos Mori” realiza un sondeo sobre
docentes de algunas de la nuevas “áreas” programáticas. Aceptemos que la ANEP “no tiene” quienes
hagan ciertas tareas y debe “salir a buscarlos”. Resulta que luego de hallarlos
en abundancia (“estadísticos,
informáticos...” etc.), igualmente contrata consultoras privadas, por fuera de los contratados por fuera.
Un sistema ventajoso a ojos vista.
De las cargas horarias, ni hablemos. Que no
hablen los funcionarios liceales ni los de la Comisión Reguladora durante la
“zafra” (comienzo del año lectivo), con una fila de dos cuadras de padres
irritados y ansiosos. Por suerte, la Consejera Tornaría nos esclarece
(reiterativamente). No nos confundamos; la tarea liceal no es lo mismo que supervisar una obra,
o que cualquiera de las prestigiosas actividades cubiertas mediante contratos de
obra.
Capítulo aparte merecería la falta de respeto a docentes e
Inspectores, cuando se alude a supuestos resultados pedagógicos desastrosos e impunes. Nos preguntamos: la Sra.
Tornaría ¿es peluquera en algún barrio montevideano?
¿enfermera, quizá? Su rol en tan deplorable proceso educativo es la mera constatación? ¿No le correspondería
intervenir decididamente para evitar la permanencia de tales docentes y de tales
inspectores? A la Consejera le gustaría incluir el tema (las “efectividades
vitalicias”, “usos y reglamentos históricos”) en el debate con el periodista
Waksman. ¿No sería más
urgente promover tal debate
–concreto-, en ámbitos institucionales, con los directamente implicados, en
diálogo real sin soberbia ni omnisciencia?
Otros varios temas abordados por
la Consejera requerirían comentario. Los sueldos manejados, entre los que BRILLAN POR SU AUSENCIA los de funcionarios de
servicio y administrativos de grados intermedios y bajos, que somos la mayoría.
Pero no podemos omitir la
mención al “reclutamiento clientelístico, amiguístico o familiero” que se
adjudica al sector administrativo. Se ha de referir sin duda a Renato
Opertti, hijo del Canciller Didier Opertti, quien se encuentra a cargo de
MEMFOD, Inés Lacalle, hermana del expresidente, a cargo de MECAEP,
María Jesús Nadruz, hija del Consejero de CODICEN, Sirio Nadruz,
Daniel Martínez Arispe, hijo de Nelly Arispe, Consejera de Primaria,
Sergio Tantesio, hijo de Teresita González de Tantesio, Presidenta de
Primaria, Alejandra y Gabriel Romeo Rondán, hijos de la
Diputada Glenda Rondán (Foro Batllista), Presidenta de la Comisión de Educación
de Cámara Baja, su sobrina Liliana Mela, por nombrar
algunos.
En este mismo plano, ATES denunció
ante el CODICEN la contratación de una becaria del CES sin mediar prueba alguna, pasando por
encima de decenas de otros becarios con mayor antigüedad e igual desempeño. La
joven beneficiaria del “favor” es hija de un ex Consejero del CODICEN,
hoy fallecido, representante del Partido Colorado. ¿A quién le habla de “acomodos” la Sra. Consejera?
Ocho años ocupando un sillón es
tiempo más que prudencial para realizar acciones concretas de combate a tales
prácticas. Ni siquiera durante la gestión Rama (observaciones del Tribunal de
Cuentas, preguntas del Parlamento, escándalos varios) manifestó la Consejera tal
voluntad; más aún, cerró filas con sus
colegas en la defensa de lo actuado, por cuestionable que fuese. Habría
recibido el incondicional respaldo de trabajadores y opinión pública, de haber
puesto en práctica la vehemencia con que hoy defiende el polémico sistema de endeudamiento, que el pueblo
uruguayo habrá de pagar, a costa de
una enseñanza empobrecida en casi todas las áreas (salvo, claro está, los
contratos de obra). No abundaremos en el tema (los materiales que faltan, los
proveedores con pagos atrasados, las carencias de personal que no se subsanan porque “no hay
plata”...)
Nos afrenta con las
expresiones “cambalache” y “viva la pepa”, situándose una vez más al margen de tal fenómeno, que, en caso
de existir, demandaría de su parte propuestas correctivas, enérgicas y concretas.
Ha perdido incontables ocasiones
de tal conducta. Ha ignorado, al
igual que sus colegas, denuncias
documentadas y propuestas
serias, referidas al funcionamiento administrativo y de servicio.
La Sra. Consejera enarbola su
condición de “ciudadana” y la
vincula con “legalidad,
fundamentos y criterios”.
Hablemos
de legalidad: en
(al menos) uno de los Sub-sistemas de la administración que ella codirige se viola dicho principio desde hace 10
años. Ése es el lapso que llevamos los funcionarios no docente del CES sin ascensos, sin concursos, sin Juntas
Calificadoras adecuadas a derecho y reglamentación vigente, con sucesivas
Jefaturas de Personal o Divisiones Recursos Humanos cuyas actuaciones sería
largo detallar, pero que, sin exageración, dan para la risa (o la
lágrima).
Hablemos de
legalidad:
durante el año 2002 denunciamos ante el CES y el Codicen la existencia de
personal de servicio contratado por las APAL (Asociaciones de Padres de
Alumnos), sobre todo en Liceos del Interior y en la Zona Norte. Estas personas
prestan servicio (en algunos locales son el único personal auxiliar) desde hace
hasta 15 años, “en negro”, sin aportes jubilatorios,
sin beneficios sociales, y cobrando alrededor de 700 pesos mensuales al 2002.
¿No son éstos también ciudadanos, Sra.
Consejera?
¿No están amparados por la leyes
nacionales referidas al Salario
Mínimo y a la Previsión
Social?
¿No es el organismo que usted co-dirige
un Ente del Estado, que debería dar ejemplo en materia de respeto a los derechos
legalmente consagrados?
Hablemos de
legalidad: las empresas de limpieza que
el Codicen contrata pero no controla emplean personal “en negro”, sobreexplotados, despedidos
sin pago si reclaman, etc. Estas personas conviven con el alumnado de los
liceos. ¿Serán parte de la Educación en
Valores, invento reciente de nuestras autoridades?
Que nadie se equivoque. Estas líneas no
constituyen un ataque personal a la Sra. Consejera Tornaría. Creemos que ella es
tan solo uno de los emergentes de un sistema perverso, signado por la repartija de cargos de Dirección por cuota política, por la falta de participación efectiva de todos los
protagonistas del proceso educativo, y por prácticas como los contratos de obra,
que alimentan a la “clientela” a costillas de una educación pública (la de los
pobres y los empobrecidos) cada vez más carente. Dijo Oscar Wilde: “dadme lo superfluo que yo me pasaré sin
lo necesario”.
DIRECCIÓN
NACIONAL DE LA ASOCIACIÓN DE
TRABAJADORES DE ENSEÑANZA SECUNDARIA
ATES – CSEU –
PIT-CNT.-