
Partido Comunista de Uruguay
“Problemas del desarrollo del Partido”, (Informe de balance del
Comité Central al XX Congreso, diciembre 1970), en:
Partido Comunista de Uruguay y formación del Frente de Izquierda, Caracas,
Indal, dossier 2, 1972, p. 174-179
PROBLEMAS DEL DESARROLLO DEL PARTIDO
Partido Comunista del Uruguay
IV – PROBLEMAS DEL DESARROLLO DEL PARTIDO
1.- Presencia Nacional y Crecimiento del Partido
Los cambios sobrevenidos o en proceso en la realidad nacional son -como hemos
visto- fruto de múltiples factores; pero, podemos decir que entre ellos
se destaca, por su relieve, el desempeño de nuestro Partido.
Dentro de ciertos límites modestos, ello resulta una confirmación
por la vida de la teoría marxista-leninista acerca del papel del Partido
de la clase obrera.
En los difíciles cuatro años transcurridos desde el Congreso anterior
y hasta el 30 de noviembre de 1970, ingresaron al Partido 26.087 nuevos afiliados,
22.479 de ellos en Montevideo. Y si tomamos todo el período que arranca
del XVI Congreso, en 1955, los afiliados crecieron 12,9 veces, correspondiendo
14,7 veces a Montevideo y 8,1 veces al Interior.
Estos avances que se acompañaron de su vigorización ideológica
y orgánica, nos transformaron en un partido obrero de masas y en una
“fuerza política real” -para reiterar la conocida reclamación
de Lenin-.
Llegamos a este Congreso con un Partido que ha estado al frente o en el centro
de las grandes masas y de sus luchas, y que se perfila cada vez más como
un gran Partido nacional: por su programa, que da respuesta a los problemas
fundamentales de la realidad uruguaya y que se funde en la etapa inmediata,
con los objetivos y reivindicaciones de todo el movimiento obrero y popular;
por su arraigo en el proletariado y su gravitación en otros sectores
populares; por su mayor peso político; por su empeño a favor de
la unión del pueblo, libre de sectarismos y de preocupaciones menudas
de preponderancia, por su responsabilidad por la suerte del país y por
el encuentro de los caminos de su liberación.
Este ascenso político, numérico y orgánico del Partido
no es resultado de ninguna habilidosa maniobra, o de circunstanciales aciertos
en condiciones objetivas fácilmente propicias. Es el fruto de una actitud
de principios –marxista-leninista- y de una correcta dirección
política. Refleja el esfuerzo por aplicar el marxismo-leninismo a la
interpretación de la realidad nacional, por la elaboración de
una teoría correcta de la revolución uruguaya, expresada en una
estrategia y una táctica adecuadas, enriquecidas por la práctica
de un movimiento obrero y popular realmente de masas.
En íntima relación con este hecho auténticamente nacional,
reafirmamos la fidelidad al internacionalismo proletario, cuyos principios distinguen
al Partido marxista-leninista. Procuramos cumplir así, nuestro deber
solidario con la clase obrera y los pueblos del mundo y militar en defensa del
socialismo y de la unidad del movimiento comunista internacional.
Caracteriza al Partido una profunda unidad, ideológica y política,
asentada en una amplia democracia interna, ajena a todo el juego fraccional
y sostenida por la elevada autoridad del Comité Central; unidad forjada
a lo largo de los últimos quince años en torno a una línea
establecida colectivamente y confirmada por la práctica. En ese lapso,
el Partido debió participar, siempre adoptando posiciones, en los complejos
debates internacionales y en instancias de cambios en la vida nacional que obligaron
a maniobras tácticas, o en variadas metodologías de acción.
En todo el período, el Partido fortaleció su unidad, sin que se
debiera recurrir a medidas orgánicas en su defensa y sin que se procesaran
en su seno tendencias enfrentadas. En este sentido, la unidad ideológica,
táctica y orgánica del Partido -afirmada en el transcurso de la
multiplicación de sus afiliados en lapsos tan breves- constituye una
prueba del acierto de su dirección política –tal como lo
señala Lenin en las páginas inmortales de “La enfermedad
infantil...”-. Junto a nosotros se ha forjado una peleadora Unión
de la Juventud Comunista de 20 mil miembros, que ha sido protagonista en las
grandes jornadas libradas por obreros y estudiantes, tan características
en todo el pasado período, Ujotacé que marcha junto al Partido
y a su orientación con firmeza ideológica y audacia combativa
y que nos diera dirigentes tan esclarecidos como Walter Sanseviero y héroes
inolvidables como Líber Arce, Hugo de los Santos y Susana Pintos.
El crecimiento del Partido se distingue por los siguientes rasgos:
a) se procesó en medio de las luchas y aceleróse, en particular,
en
los lapsos de mayores confrontaciones sociales y políticas, de aguda
lucha de clases, de persecuciones, despidos, cárcel, confinamientos,
represión sangrienta y asesinatos, que marcan los años 68-70;
b) por su composición social, fundamentalmente obrera, que da la
cifra del 72,6 por ciento desde el XVI Congreso, y del 68,1 por ciento de la
nueva afiliación desde el último Congreso;
c) por la juventud de los nuevos afiliados: en los últimos años
referidos, el 56,5 por ciento son de 18 a 35 años y el 77,6 por ciento
hasta 45 años. Estas cifras no cuentan la afiliación de la UJC.
d) Por la presencia de un alto porcentaje de mujeres; desde 1955,
el 30,3 por ciento de la nueva afiliación son mujeres. En Montevideo,
el porcentaje de mujeres de los años 68, 69 y 70 fue respectivamente:
el 31,7 por ciento, 34,7 por ciento y 36,4 por ciento;
e) entre Partido y UJC es importante la incorporación de
intelectuales, docentes y estudiantes.
Al resumir estas características principales del crecimiento del Partido,
cabe destacar la presencia armónica de cinco o quizás seis generaciones
de militantes, que nos permite unir, en el acervo básico de cuadros,
desde fundadores del Partido con más de 50 años de actividad,
a las novísimas y jóvenes extracciones, venidas a nosotros principalmente
de todo el complejo de organizaciones obreras y populares que combaten en la
escena nacional. Este es un rasgo de unidad ideológica y política,
que se refleja, además, en la renovación de la pirámide
de direcciones partidarias y en su trabazón profunda y directa con el
movimiento de masas y, en particular, con los grandes centros obreros.
Desde el XIX Congreso, el Partido ha reforzado y extendido sus medios de relación
con las masas y de orientación y encuadramiento de sus organizaciones;
me refiero al mejoramiento de sus órganos de prensa, en particular, “El
Popular”, “Estudios”, la red de periódicos de empresa,
y gremios; a la audiencia y al número de sus emisiones radiales; a sus
medios de agitación y propaganda y a la variedad y calidad de éstos
y a la dimensión y cantidad de sus actos, manifestaciones y asambleas;
y al número de sus locales, indispensables para el funcionamiento de
base del Partido y para su presencia en ciudades, pueblos, barrios, etc.
En los últimos tiempos, ha avanzado nuestra organización en el
Interior, a la vez de modificarse cualitativamente su carácter, al haberse
extendido las fuerzas del movimiento sindical a todo el país y al estar
procesándose la unidad política en los principales Departamentos.
Cabe señalar especialmente un aspecto del desarrollo partidario al que
hemos prestado tanta atención, a veces subrayándola crítica
y autocríticamente. Nos referimos a la formación y número
de organismos de base en relación a los ritmos de reclutamiento y al
nivel del papel del Partido en la dirección de las grandes masas. Por
aquí pasa, sin duda, un eje de la construcción orgánica
del Partido, que concebimos con una estructura combativa, basada en el centralismo
democrático, según el concepto leninista. En este aspecto, hemos
dado, en los últimos años, pasos importantes. Por ejemplo, Montevideo,
que contaba en 1969 con menos de 300 agrupaciones de base, llega a este Congreso
con 700, y en todo el país con cerca del millar.
El crecimiento numérico y el fortalecimiento orgánico e ideológico
ha sido una constante del proceso partidario de los últimos años.
En particular, hemos multiplicado nuestro capital de cuadros, se han desarrollado
formas nuevas y más amplias de educación partidaria en Montevideo,
por cuyas escuelas han pasado cientos de compañeros, mientras otro importante
núcleo asistió a escuelas de marxismo-leninismo; los medios financieros
del Partido -indispensables para su propaganda y organización- se han
acrecentado; en fin, es posible hablar de éxitos importantes en todos
o casi todos los frentes de nuestra actividad.
El fortalecimiento ideológico del Partido, la elevación permanente
de su labor política, el esfuerzo por su construcción orgánica
-todo ello vinculado estrechamente a la clase obrera y a las grandes masas-
integra una orientación sistemática. Los planes de desarrollo
han sido un importante instrumento para la aplicación de esta política,
desde fines de la década del 50. No abordan solamente los aspectos organizativos
(aunque esencialmente los incluyen), sino que emanan de una concepción
teórica coherente acerca de la necesidad imprescindible de construir
un gran Partido de la clase obrera para la revolución. El desarrollo
del Partido no queda librado así a la espontaneidad, o a iniciativas
episódicas. Por el contrario, el conjunto de las tareas políticas,
ideológicas, propagandísticas, organizativas, se establecen anual
o bianualmente, en un plan coherente a cuyo servicio se colocan todos los medios
del Partido en las diversas instancias. A pesar de los defectos, retrasos e
inarmonías que persisten en nuestro trabajo, estos planes han sido eficaces
instrumentos en manos de la dirección del Partido.
Claro está, como lo han promovido con reiteración crítica
y autocrítica las reuniones del Comité Central en los últimos
años, arrastramos diferencias y debilidades en casi todos los terrenos,
que no hemos logrado superar totalmente, o debemos encarar nuevos problemas
derivados, a veces, del propio crecimiento y que no siempre resolvemos a tiempo,
con la iniciativa, la imaginación y la operatividad que las circunstancias
reclaman. Problemas relacionados, algunos, con la dirección del movimiento
de masas, otros, con las formas de dirección partidarias; unos, tienen
que ver con la atención de las nuevas obligaciones que la importancia
del Partido plantea a escala de multitudes en materia de agitación y
propaganda, moderna, tocante y adecuada, otros, en la inserción de las
cuestiones ideológicas en nuestros medios de relación masiva,
el diario, la radio y la oratoria; siempre con las exigencias en materia de
promoción, formación y estudio de los cuadros, de su educación,
distribución y estimación, no según esquemas, sino considerándolos
por sus cualidades positivas y posibilidades de futuro; lo mismo podemos decir
en cuanto al estudio de las tendencias del desarrollo orgánico del Partido,
especialmente en las grandes empresas y en los cientos de lugares diversos y
concretos donde hoy existen comunistas. En fin, ¿cómo dirigir
en condiciones normales un partido de masas? ¿Cómo estimular la
iniciativa de los organismos partidarios, en particular, de base, con la elevación
práctica, a la vez, de su función de vanguardia ejercida concretamente
en cada lugar?
Cabe subrayar el interés que ofrecen hoy los problemas de relación
de la dirección con el conjunto de afiliados, cuando ya somos un partido
de masas. Si nos atuviéramos a viejas formas, probablemente estaríamos
ahora afrontando un número mayor de dificultades. Los métodos
tradicionales de traslación de la línea no pueden cubrir hoy las
necesidades casi diarias de un partido de decenas de miles de afiliados, muchos
de ellos con cargo responsable en todo el sistema de organizaciones obreras
y populares. Por ese motivo, a la vez de mejorar y agilitar el traslado vertical
que objetiva el centralismo democrático, hemos introducido, pero debemos
de hacerlo con más audacia y eficiencia organizadora, otras formas de
contacto diario de la dirección con la masa de afiliados: la radio, la
prensa, la carta a cada afiliado, la traslación directa de las principales
decisiones del Comité Central a la masa fundamental de cuadros, incluídos
los responsables de agrupaciones de base, la formación de grupos de propagandistas
y, en particular, de organizadores destinados a estudiar y concretar a la altura
de seccionales y agrupaciones, los problemas del contacto y asimilación
de afiliados, etc.
Por otra parte, un partido de masas supone, entre otras cosas, un estudio sistemático,
munido de los elementos técnicos imprescindibles, de la masa de afiliados,
de sus tendencias y cualidades, de su contorno social y familiar, en fin, de
las características de las nuevas organizaciones del Partido.
Afirmamos que no existen trabas objetivas al desarrollo de la organización
del Partido. La afluencia de nuevos afiliados a nuestras filas dista de ser
casual. En líneas generales, dejando de lado excepciones aisladas, afluyen
al Partido militantes venidos del movimiento obrero, del movimiento de masas,
insertos en el proceso de las luchas y cuya edad, niveles culturales y demás
características los hacen aptos para ser promovidos rápidamente
a las diversas instancias partidarias.
La organización y preparación de los cuadros marcha siempre detrás
del crecimiento numérico del Partido. Pero no podemos limitarnos a registrar
este fenómeno, sino que es imperioso abrir lucha contra él. Debemos
dar soluciones concretas, estudiar la vida de los organismos, desplegar a gran
nivel las tareas educativas, efectuar una política audaz de promociones.
A todas estas tareas hay que destinar cuadros. En esta etapa hay que poner en
plena vigencia el planteamiento de Lenin en su artículo “Sobre
la reorganización del Partido”, (t. X, p. 22) en el sentido de
que lo primero es organizar a todos los afiliados nuevos, realizarles un curso
elemental y nombrar entre ellos un secretario. En las condiciones de nuestro
Partido, firmemente unido y con una línea clara, no vemos en ello peligros
de dispersión. Es primordial convocar a un trabajo organizado a millares
de nuevos afiliados que por los caminos de la lucha han llegado a nuestras filas,
a los cuales hay que abrirles todas las posibilidades. Debemos acompañar
este sentido de amplitud con la elevación del control y la vigilancia.
Hay que cumplir a este respecto, la decisión de crear en cada organismo
intermedio, pequeñas comisiones de cuadros con una misión exclusiva:
el estudio de la masa de afiliados nuevos, hasta efectuar un auténtico
recensamiento general de todo el Partido.
Paralelamente, debemos multiplicar los materiales que colocamos en manos del
militante que ingresa.
Ello exigirá romper todo tabú en materia de organización.
Claro está, respetando los principios rectores del centralismo democrático
y el criterio de la preeminencia de la agrupación de base, particularmente
en los grandes centros del proletariado. En fin, debemos destinar fuerzas para
resolver adecuadamente la relación cuadros-masas, con vistas al enrolamiento
de los afiliados, a su incorporación al conjunto de las tareas partidarias.
Se han dado pasos para mejorar los instrumentos de dirección partidaria.
Tenemos experiencias positivas en cuanto a la formación de un regional
en la capital, a la división de Canelones en dos regionales, a la formación
de algunos comités locales y a la constitución de numerosos organismos
de base en lugares que antes considerábamos poco menos que prohibido
organizar.
El conjunto de tareas involucradas en el plan de desarrollo del Partido deberán
corresponder al nuevo período político a que ingresamos. Todas
ellas se proyectan a un plano más alto y más complejo, más
exigente y responsable, donde la dirección política y la conducción
concreta de las masas a través de todas las formas de la actividad social,
establecen las posibilidades de crecimiento y consolidación ideológica
y orgánica del Partido, pero donde el tamaño, las calidades del
trabajo y los aciertos o errores en la distribución de labores y cuadros
influyen decisivamente en las victorias y fracasos de la línea.
En el XIXº Congreso decíamos: el ejercicio pleno, franco, fraternal
pero sin cortapisas, de la crítica y autocrítica, el ahondamiento
del espíritu de partido y la consolidación de la disciplina, enmarcados
y estimulados por la planificación que se fija metas pero establece controles,
son las herramientas de nuestro ambicioso avance. Hoy podemos dar un fuerte
subrayado a tales conceptos. En horas de éxitos importantes es necesario,
como nunca, extirpar de nuestras filas la autocomplacencia, el acomodamiento
a los defectos y dificultades, las tendencias a cubrir con los avances generales
los errores o retrasos particulares, el desfibramiento de las exigencias en
materia de tareas, las tendencias a describir los problemas en vez de resolverlo,
o a la autoagitación interna que sustituye el análisis crítico
y la fijación concreta de soluciones organizativas, etc. Y en tal sentido
deberemos bregar tenazmente -con métodos adecuados- por la elevación
de la responsabilidad individual y colectiva de cuadros y organismos, y por
forjar a los nuevos militantes en este espíritu, a la vez ajeno a toda
trampa oportunista, al individualismo y al subjetivismo, como a la transacción
fatalista con los errores o dificultades de carácter de los militantes.
En estos aspectos, que podríamos llamar de estilo partidario, las responsabilidades
de todas las instancias de dirección deberán ser muy grandes.
El Partido se fijó como un objetivo central el empeño por ganar
ideológicamente a la mayoría de la clase obrera. Las premisas
para el logro de esta meta ya fueron forjadas por todo el anterior período.
Y ello se refleja tanto en nuestro peso en la dirección del movimiento
sindical, como en el enraizamiento de la organización partidaria en los
grandes centros del proletariado. Ahora estamos en condiciones de coronar esta
tarea histórica. Para cumplirla debemos poner a su servicio y de un modo
especial, todos los medios políticos e ideológicos, propagandísticos
y organizativos que sean menester.
Hemos considerado asimismo, que las desproporciones entre el desarrollo del
movimiento y del Partido, en el Interior y en Montevideo, eran una seria traba
que dificulta todo el proceso general. Es indudable que desde el anterior Congreso
avanzamos en casi todo el país. Justamente por ello, debemos encarar
con más fuerza, con más audacia e imaginación, la solución
de este antiguo problema político-social uruguayo. La extensión
y el fortalecimiento de las organizaciones del Partido en el Interior, y muy
especialmente en el campo, entre los asalariados rurales y minifundistas, deberán
surgir de este Congreso como una de las más relevantes obligaciones del
nuevo Comité Central.
Parecida cosa decimos acerca del trabajo entre los intelectuales, en particular
entre los sectores de la enseñanza, cuya participación en la vida
sindical y política varió fundamentalmente desde el anterior Congreso.
Acerca de estas cuestiones, así como respecto a otras direcciones de
la labor partidaria, en particular entre la juventud y las mujeres, habrán
intervenciones especiales, lo que nos exime de un mayor análisis.
En la integración del nuevo Comité Central será menester
incorporar camaradas destinados especialmente a cubrir algunos de estos importantes
frentes, y a prestar así una atención más especializada
que nos facilite vencer los retardos y desproporciones arrastrados en varios
campos de nuestra actividad.
En el enfoque conjunto de las nuevas obligaciones del Partido, y que abarcan
las principales direcciones de su propio desarrollo, deberemos fincar nuestra
atención en los siguientes aspectos:
1) A los problemas referidos al alcance y eficacia de nuestra
labor agitadora, propagandística e ideológica en las amplias masas.
Ello tiene que ver: con el mejoramiento y calificación de nuestros actuales
instrumentos de trabajo y con la apertura de nuevas posibilidades y el montaje
de nuevos medios de trabajo; con la combinación de la agitación
y propaganda general con la labor dirigida especialmente a los grandes centros
obreros, a los campesinos, a los intelectuales, a los jubilados, a los barrios,
a jóvenes y mujeres, etc.; con la promoción de la propaganda de
base, estimulando la iniciativa, el número de periódicos, la adquisición
de instrumentos y la formación de propagandistas al nivel de agrupación;
con el enrolamiento de amplios activos de agitadores, periodistas, oradores,
conferencistas, etc. Con la intervención de miles de nuevos afiliados;
con la elevación de la autoridad moral ante el Partido de los difusores
de nuestra prensa; en fin, con la eficaz inserción de los temas ideológicos
en la agitación y la propaganda (prensa, radio, folletos, oratoria, etc.).
2) A los problemas atinentes a un mayor crecimiento del Partido.
En primer término, debemos seguir concentrando esfuerzos en los gremios
y fábricas principales; en particular, es necesario estudiar y resolver
las cuestiones referentes al aumento del Partido en importantísimos centros
donde el tamaño respetable de nuestra agrupación no tiene, sin
embargo, relación con la cantidad de obreros allí reunidos; en
segundo término, sistematizar y extender más las zonas de crecimiento:
nos orientamos a constituir agrupación del Partido en toda fábrica,
pueblo o barrio. Aquí destacamos especialmente el ya citado desenvolvimiento
de nuestra organización en el campo.
3) Las referidas tareas son inseparables de una nueva elevación
del papel político nacional del Partido, y de la consideración
más profunda y sistemática de sus problemas de organización.
En esta materia el Comité Central deberá ser mucho más
concreto y operativo, más rápido en sus decisiones, más
estudioso de las tendencias del desarrollo partidario, más científico
y, a la vez, más audaz en la promoción, ubicación y formación
de los cuadros. La afirmación incorrecta y limitativa de que “hay
escasez de cuadros” debe sustituirse por la seguridad de que hay miles
de cuadros jóvenes en condiciones de desempeñar un gran papel,
siempre que les demos oportunidad, responsabilidad, ubicación según
sus características y vocaciones y los ayudemos a educarse en materia
teórica y política y en el dominio de la experiencia orgánica
acumulada. Una atención especial deberá prestarse a la promoción
de mujeres en todas las instancias partidarias.
4) Por consiguiente, el trabajo de educación, así como todas las
otras formas de la labor ideológica, incluyendo el uso de la radio, el
diario, la revista Estudios y la literatura del Partido, conjuntamente con el
conocimiento de los clásicos y de la mejor experiencia internacional,
aumentan su gran importancia y será preciso asignarles la dimensión
correspondiente.
5) La totalidad de las obligaciones en este período sólo podrán
cumplirse si ensanchamos nuestro importante, y en general exitoso trabajo de
finanzas, si ampliamos su alcance de masas y la colaboración de todos
los afiliados. La ayuda política del Comité Central a las organizaciones
especializadas deberá ser mayor.
6) La ayuda a la Unión de la Juventud Comunista pasa a ser un
deber de todas las organizaciones del Partido.
7) La destacada participación de las mujeres en la vida social y política
uruguaya y en el movimiento obrero y popular, se refleja también en las
proporciones de su ingreso al Partido. La atención al movimiento femenino
y la organización de las mujeres en el Partido son grandes y actuales
tareas. Pero éstas se realizarán a la altura adecuada solamente
si promovemos a miles de mujeres a cargos de todas las direcciones partidarias.
Camaradas:
La altura de las tareas nacionales a afrontar y el grado de desarrollo del Partido
reclaman mejorar los niveles de dirección política y la calificación
general de todo el trabajo del Comité Central.
Nuestro Comité Central ha presidido la labor del Partido en el complejo
período que viene desde el XVI Congreso. Entonces se constituyó
nuestra dirección reuniendo viejos y nuevos cuadros, fundadores y militantes
de varias generaciones, vinculados muy estrechamente al proletariado y a la
base partidaria. El Partido quería una dirección probada en materia
de principios, exigente consigo misma, trabajadora y modesta, que fuera elevando
su capacidad a través de la experiencia, con vistas a superar la crisis
partidaria. El Partido forjaba así el núcleo fundamental de su
dirección, y a la vez, creaba condiciones renovadoras, asegurándose
de este modo la estabilidad ideológica y, al mismo tiempo, las posibilidades
de renovación del núcleo dirigente y de las fuerzas todas del
Comité Central. La unidad del Partido y los éxitos reseñados
son, desde luego, en primer término, éxitos de la conducción
del Partido por su Comité Central. Y esto se refleja en su sólido
prestigio en el Partido y en las masas ajeno a todo personalismo, a toda artificial
impostación.
Pero es evidente que la dinámica del proceso revolucionario, en la que
se incluye la problemática del desarrollo del Partido, nos exigen pasar
a una etapa superior en cuanto a nuestra dirección.
Y no sólo, o principalmente por esta o aquella deficiencia que mantenemos
colectiva o individualmente, sino porque los años transcurridos y las
exigencias multiplicadas, reclaman mejorar cualitativamente nuestra labor y,
a la vez, reflejar las modificaciones del movimiento obrero y popular en el
que estamos inmersos y del que somos destacada fuerza de dirección. En
cuanto a lo primero, es necesario intensificar la aptitud teórico-elaboradora
del Comité Central, como ejercicio efectivo de la dirección y
como sostén del trabajo colectivo. Estrechamente relacionado con lo anterior,
deberemos calificar y multiplicar los instrumentos de dirección y de
organización de la dirección, a fin de que ésta pueda ejercer
sus funciones de manera más aplomada y en forma más sistemática,
con un mejor aprovechamiento de la experiencia del propio Partido y una utilización
mejor de las capacidades de numerosos cuadros, llamados a dirigir secciones,
comisiones y organismos del Comité Central. En este sentido, deberemos
subrayar las tendencias operativas, resolutivas, dinámicas como característica
importante de toda la metodología a usar por los organismos de dirección.
En el segundo aspecto, el nuevo Comité Central deberá reflejar
un hecho objetivo como es la renovación casi total de los cuadros y dirigentes
de todo el sistema de organizaciones obreras y populares, que se acompaña
también por la renovación de cuadros en el Partido y el aflujo
de jóvenes a todas sus instancias. Lo mismo podemos decir en cuanto a
las mujeres. Claro está, esto no autoriza las promociones aventuradas
y, por el contrario, obliga prevenir la deformación que puede producirse
en cuadros muy jóvenes llamados por la vida a elevadas responsabilidades,
para que no caigan en suficiencia, vanidad o ligereza. Pero las promociones
deberán tener en cuenta, necesariamente, no sólo el presente,
sino también el futuro. En este sentido, se acrecienta la función
formadora de sus cuadros por el Comité Central, el que deberá
tener, en estos aspectos, un cierto carácter de transición al
combinar la labor de los viejos y valiosos cuadros, cargados de experiencia,
con novísimos cuadros llamados a completar su formación en el
próximo período.
En tercer término, nuestro Comité Central debe estar en condiciones
de cubrir frentes más extensos y más variados con un mayor número
de camaradas. Por ejemplo, asalariados rurales, intelectuales, educación
del Partido, mujeres, juventud comunista, etc. En una palabra, el Comité
Central deberá elevar su función teórico-política
y, a la vez, deberá multiplicar sus capacidades prácticas de dirección.
Grupo de Acción Unificadora
Los GAU y la construcción del Partido
Montevideo, GAU, Cuaderno Nº 3, octubre 1971, 27 p.
LOS GAU Y LA CONSTRUCCION DEL PARTIDO/ Grupos de Acción Unificadora
INTRODUCCION
Nunca como en la actualidad tantas organizaciones de izquierda y militantes
independientes compartieron la convicción acerca de la necesidad de un
partido para conducir la revolución uruguaya ni manifestaron el propósito
común de contribuir a su creación. Esta situación es, sin
duda, un signo de los nuevos tiempos.
Sin embargo, no basta con convicciones y propósitos para lograr objetivos
de escala y dimensión histórica. Es necesario encontrar los caminos
que conducen a esos objetivos, definir con acierto la meta y elegir la vía
que lleva a ella. Los GAU hemos hecho un esfuerzo para definir la meta, encontrar
la vía y comenzar a recorrerla sin claudicaciones. De ese modesto esfuerzo
teórico y práctico queremos dar cuenta en esta publicación.
El problema (¡menudo problema!) es saber por qué se necesita un
partido de vanguardia para hacer la revolución, qué tipo de partido
es ese y como se hace para construirlo. Mucho nos han servido, para ensayar
una respuesta teórica y práctica a estos interrogantes, las experiencias
revolucionarias que han tenido lugar en otras partes del mundo, y los trabajos
científicos de los principales teóricos de la lucha de clases,
en especial del más importante pensador y dirigente revolucionario de
este siglo: Lenin.
Pero también muy grande es la deuda que tenemos en lo alcanzado, con
las luchas cruentas e incruentas que han llevado adelante nuestra clase obrera
y nuestro pueblo en estas últimas décadas de combate anti-imperialista
y antioligárquico.
Para los que luchan en el presente es una cuestión de honor la fidelidad
a esta tradición revolucionaria, y la mejor prueba de esa fidelidad la
constituye el esfuerzo que realizan muchas organizaciones y militantes para
encontrar los caminos que llevan a la creación del partido de vanguardia
y a la toma del poder por el pueblo. Esta publicación no es otra cosa
que una tentativa de fidelidad a esa tradición, en la medida que se remite
a un futuro que ya está creando lo mejor de nuestro pueblo.
I – LA NECESIDAD DEL PARTIDO DE VANGUARDIA.
La revolución uruguaya, la que hoy está en camino, no es ni
el primero ni el último proceso de esa naturaleza en la historia de la
lucha de clases. A partir de 1917 muchas formaciones sociales (rusa, china,
vietnamita, coreana, cubana, argelina y otras) han recorrido las etapas de conquista
del poder por el pueblo, de derrota del imperialismo y sus aliados nacionales,
y de posterior construcción del socialismo.
En todas esas revoluciones han existido partidos que han conducido (acción
de vanguardia) la lucha del pueblo, y en él la de su clase más
avanzada, la clase obrera. En general, esos partidos de vanguardia nacieron
y actuaron ya antes de la toma del poder.
En los casos en que esto no sucedió (como en Cuba y Argelia) las funciones
de esos partidos fueron cumplidas por movimientos (el “26 de julio y el
FLN) con características cercanas a las de un partido. Incluso en estas
situaciones excepcionales, una de las tareas fundamentales que se emprendieron
después de la toma del poder, a fin de mantenerlo y llevar a la práctica
los objetivos de la revolución en sus diferentes fases (la de expulsión
del imperialismo y de eliminación de sus aliados nacionales y la de construcción
del socialismo) fue la construcción del partido.
La propia trayectoria de la revolución cubana muestra, por otra parte,
que muchos de los problemas inevitables que se han presentado en los campos
económicos, políticos e
ideológico-cultural, podían haber sido salvados con mayor facilidad
si ese partido hubiera preexistido a la conquista del poder.
La experiencia histórica indica entonces que el partido es necesario
(como regla general) desde los comienzos del proceso revolucionario (acumulación
de fuerzas y toma del poder) en adelante. Los casos en los cuales dicho partido
no ha existido antes de la conquista del poder, por su carácter no hacen
otra cosa que confirmar esa necesidad (constituyen excepciones que confirman
la regla; esto no excluye, como es obvio, su eventual repetición).
Esta necesidad del partido, para el conjunto del proceso revolucionario, la
enseñan las experiencias históricas exitosas que hemos mencionado.
Pero también la señalan las múltiples experiencias frustradas,
en gran parte, por la ausencia de un partido de vanguardia (México, Italia,
Alemania, India, Bolivia y otras).
La necesidad del partido (o, como excepción, de un movimiento político
que haga sus veces antes de la toma del poder) no la indican solamente las experiencias
históricas exitosas y frustradas. También nuestra propia realidad
política.
La ubicación geopolítica del Uruguay hace de este una pieza de
gran importancia en una lucha revolucionaria de carácter internacional.
El enemigo que nuestro pueblo enfrenta (la oligarquía) cuenta con un
respaldo externo que de ninguna manera se puede subestimar.
Ese enemigo (la reacción oligarco-imperialista) se ha internado cada
vez más en nuestro país por los caminos de la dictadura policíaca.
Hemos visto como el pachequismo ha utilizado con carácter creciente los
recursos más ilegales, violentos y represivos. Cómo se ha pasado
el año 71 tanteando el terreno, ensayando escaladas, oscilando entre
las elecciones con medidas de seguridad y presos políticos, la prórroga
de mandatos o el golpe de estado.
En verdad, los hechos han dejado a los teóricos de la imaginada distensión
pre-electoral bastante malparados. En este año pre-electoral el gobierno
no se ha limitado a mantener las medidas de seguridad y los presos políticos.
Ha utilizado el aparato del poder y hasta las fiestas patrias para impulsar
la campaña reeleccionista, ha promovido grupos parapoliciales y asesinado
estudiantes, se ha ocupado de colocar en los mandos militares y en los puestos
de gobierno a los representantes más conspicuos de la reacción
pachequista, ha clausurado diarios opositores y prohibido actos y movilizaciones
sindicales, ha lanzado toda clase de rumores alarmistas y hecho declaraciones
y discursos insólitos (primero se compromete a que haya elecciones, después
afirma que las habrá si hay “condiciones”).
Este es el rostro actual de la derecha. El rostro de un enemigo que (ahora,
antes y después) utiliza todos los caminos y procedimientos contando
con un solo límite: el que le impone la acción del pueblo organizado.
Nuestra realidad política (tanto esta del presente como toda la del pasado)
indica, por consiguiente, que el camino es difícil, que no hay que vivir
de ilusiones liberales, que sólo con alto grado de organización
popular se puede llegar al poder. Bien sabemos que un gran nivel de organización
y conciencia política es determinante para el triunfo del pueblo sobre
sus enemigos de clase (la reciente experiencia boliviana da la pauta de lo que
suele suceder cuando no se ha logrado ese nivel).
En este contexto la necesidad del partido nos parece incuestionable. Ese alto
nivel de organización y de combate del pueblo sólo se logra si
existe un partido de vanguardia; ¿cómo puede la clase obrera imprimirle
al frente de todo el pueblo una orientación revolucionaria si carece
de ese partido?
Del partido depende que exista o no la autonomía política de la
clase obrera en el seno del pueblo. Porque ¿cómo logra la clase
obrera conservar su autonomía, su libertad de movimientos, en un frente
(o alianza de clases) si no cuenta con un partido? Los intereses de la clase
obrera no se limitan ni se agotan en los intereses de las clases con las que
realiza alianzas. Como es obvio, la autonomía de la clase obrera es una
condición del empuje revolucionario del frente, y esa autonomía
es, a su vez, el producto de una gran organización.
Se puede argumentar que nuestra clase obrera tiene en los sindicatos sus propios
instrumentos organizativos. Pero, ¿son los sindicatos la única
forma de organización a utilizar en la lucha de los obreros por el poder,
y, en el largo plazo, por el socialismo? No hay ninguna experiencia, realidad
o argumento, que aconseje la necesidad de semejante reducción de la capacidad
de organización de una clase. Más bien todo señala que
los sindicatos y el partido son instrumentos complementarios que difieren, entre
otros elementos, por el grado de definición ideológica y estratégica.
Para lograr ese alto nivel de organización y de combate del pueblo, que
hace imprescindible nuestra realidad política y enseña la experiencia
de otros procesos revolucionarios, se necesita un partido de vanguardia. Un
partido que posea, para ser eficaz:
- definiciones ideológicas muy precisas;
- gran capacidad para la previsión y la acción estratégicas
(y no sólo tácticas);
- la preparación para actuar en todos los terrenos, con todas las
formas y métodos de lucha, y en cualquier condición del punto
de vista de la legalidad;
- una práctica adquirida en la aplicación sin excepciones del
centralismo democrático y un rechazo total de todo tipo de fraccionalismo
y demás formas de disgregación política.
- un sistema eficaz de formación teórico-práctica de sus
militantes (la capacidad de dirección del partido depende en gran parte
de su política de formación de cuadros), y de acumulación
y transmisión de la experiencia lograda;
- una permanente capacidad de autocrítica (por cierto, bastante
ausente en nuestra izquierda);
- una importante centralización de la información más variada
y
amplia que sea posible;
- una moral de militancia ejemplar.
Estas condiciones entre otras, debe reunir un partido obrero si quiere convertirse
en el jefe político de la clase obrera y del pueblo. Un sindicato puede
y debe alcanzar en estos terrenos el más alto grado posible. Pero es
evidente que, como organización de masas que ha nacido de la lucha reivindicativa
(aunque no se limite a ella y tenga objetivos programáticos y una activa
participación en el proceso de toma del poder y posterior) no puede por
definición tener unidad ideológica ni reunir todas las condiciones
con el mayor desarrollo de cada una. Esto sólo lo puede hacer un partido
de vanguardia.
II - ¿EXISTE YA EL PARTIDO DE VANGUARDIA?
¿Existe ya ese partido en nuestro país? Para dar una respuesta
exhaustiva sería necesario hacer un inventario general de las organizaciones
de izquierda, ubicarlas en el conjunto de la superestructura política
y confrontarlas con los criterios teóricos mínimos para definir
tal partido y con las experiencias históricas de nuestro país
y de otros. Sin embargo, ese largo rodeo tiene el peligro de resultar poco útil.
Además, creemos que la fuerza de los hechos es totalmente concluyente
para demostrar que en nuestro país no existe aún tal vanguardia
política (como partido).
¿Tuvo el movimiento sindical del 68 al 70 una vanguardia política
capaz de dirigirlo con eficacia, desarrollando su capacidad de ofensiva en forma
acertada? Hemos dedicado parte del Cuaderno Nº 2 del GAU a demostrar que,
si bien hubo direcciones de sector o de empresa que orientaron la lucha con
combatividad, el movimiento sindical en conjunto (CNT) careció de una
dirección que operase con ésas en los momentos decisivos. En lugar
de adoptar como línea de acción el enfrentamiento que tiende a
ser global, que busca la ofensiva y distribuye las fuerzas en planes de lucha,
generando así experiencias de lucha de conjunto, esenciales para la posterior
toma del poder, se cayó reiteradamente en la fragmentación de
los combates, en el repliegue como línea política y en la ausencia
de planes de lucha. ¿Indica esto o no la falta de un partido de vanguardia?
¿No es imputable tal conjunto de desaciertos tácticos a la organización
política que posee mayor incidencia en el movimiento sindical? ¿No
constituyen los desaciertos tácticos permanentes la expresión
de una línea política errónea, de un conjunto de equivocaciones
en el cálculo estratégico? Nos parece que sí.
Lo mismo ha sucedido en otros dominios. En especial en el frente político
(Frente Amplio). ¿Por qué tardó tanto en el Uruguay la
aparición del frente? Porque todos los ensayos anteriores estuvieron
viciados por la sobreestimación de la lucha electoral (la conducta de
la mayor parte de la izquierda en el 62 y en el 66 es, a este respecto, un ejemplo
aleccionante). Porque se ha visto al frente más como una conjunción
electoral que como una verdadera alianza de grupos políticos, como una
organización política del pueblo fundada en sus núcleos
de base. Porque la política de alianzas ha coincidido para la mayor parte
de las organizaciones de izquierda con una política de alianzas electorales.
El grado de unidad, de capacidad de lucha y de conciencia política alcanzado
por el movimiento sindical y popular a lo largo de la década del sesenta,
no tuvo una expresión correspondiente al nivel de la unificación
antiimperialista y antioligárquica en el plano político. En 1964
la CNT abrió un cauce firme a la unificación de todos los sindicatos
en una sola central; en 1965 se realizó el Congreso del Pueblo, pero
este no derivó en un frente político de masas antiimperialista
y antioligárquico, a causa de la incidencia nefasta de la expectativas
electoralistas de los grupos de izquierda.
Esta desviación electoralista que liquidó a los frentes ensayados
en el pasado y retardó la aparición de un frente político
(Frente Amplio) como el que hoy tenemos, no está ausente en el presente.
¿Es cierto o no que las organizaciones de mayor influencia en el Frente
Amplio incurren en ella?. De otra manera, cómo entender la resistencia
inicial y posterior a las estructuras propiamente frentistas (tanto en lo que
se refirió, primero, a la creación de los comités de base
y luego a su gravitación, como a la forma de integración de las
coordinadoras) si no es por la concepción del frente como conjunción
electoral.
E incluso, cómo entender que se haya colocado un tope al movimiento sindical,
por debajo del nivel de conciencia y organización ya logrado, si esto
no se debía (y debe) a que la superación de ese tope podía
(y puede) poner en cuestión los fundamentos mismos de una estrategia
de poder con serias desviaciones electoralistas.
Sin intención de buscar paradojas donde no las hay, es preciso reconocer
que los movimientos más electoralistas sólo han logrado incidir
en la lucha de clases de nuestro país, no precisamente por su acción
parlamentario-electoral, sino en la medida en que se han insertado en el movimiento
popular. Esta constatación no ha sido debidamente tenida en cuenta por
dichas organizaciones.
En la misma sobreestimación de la lucha electoral han incurrido, por
otra parte, también aquellos que hacen de la participación en
el acto electoral una cuestión de principios.
Con este esquema (o similares) han terminado por no aceptar una alianza de clases
que significa objetivamente un grado superior de organización del pueblo
explotado y un nivel superior de conciencia política de los distintos
sectores sociales representados en esa alianza. Quedarse al margen del proceso
frentista por consideraciones electorales (o anti-electorales, lo que en definitiva
es lo mismo) equivale a colocarse al margen de la realidad histórica
que vive nuestro pueblo. Implica no comprender que han sido justamente las luchas
del movimiento popular las que han hecho posible y necesaria la aparición
de un frente con definiciones antiimperialistas y antioligárquicas.
En síntesis, los problemas del movimiento sindical y de la política
de frente (pasados y presentes) hablan con claridad de la inexistencia del partido
de vanguardia. Es evidente que, aunque se ha avanzado (se admitió la
necesidad del plan de lucha y se aprobaron los criterios de su elaboración;
da lugar hoy a un escándalo decir que el frente es una conjunción
electoral) las dificultades subsisten. Otros hechos vienen, por otra parte,
a reforzar esta conclusión.
En el Uruguay se ha desarrollado un movimiento armado que, como consecuencia
de la atomización política (o sea, de la inexistencia de un partido
de vanguardia), ha recorrido un camino en gran parte paralelo al de la lucha
de masas sindical y frentista. No ha sido esta lucha de masas la que, por intermedio
del partido, ha llegado a adoptar métodos y a desarrollar niveles de
lucha armada. La desvinculación resultante del movimiento político-militar
construído en los últimos años con la lucha de masas, es
un hecho totalmente objetivo.
El origen de esta desvinculación se encuentra en la atomización
inicial. La organización y el empleo de esta forma de lucha violenta
no ha estado a cargo de un partido, o sea de una organización que ha
logrado establecer lazos muy firmes con el pueblo. Claro que la desvinculación
no se explica solamente por la atomización inicial. También por
la influencia –progresivamente atenuada- del foquismo como estrategia
de poder. Esta orientación (que tuvo su auge en América Latina
hace algunos años) no acentuaba precisamente la importancia del trabajo
de masas y de construcción del partido.
Hasta hace muy poco tiempo eran muy claras algunas sobrevivencias del foquismo.
Estas eran visibles cuando:
- se confundía dualidad de aparatos (el movimiento político-
militar revolucionario y las fuerzas represivas) con dualidad de poder (situación
en la cual el pueblo ha alcanzado un nivel de organización, de conciencia
y de potencialidad política que lo habilitan para la toma de poder en
una coyuntura propicia);
- se afirmaba que la línea de masas consistía en llevar la lucha
armada a nivel de las masas (afirmación totalmente unilateral)
- se entendía que la acción directa era la única forma
de acción
efectiva y que el problema del cambio social era una cuestión de método;
- se consideraba el combate sindical como una tarea
desgastante y creadora de falsas expectativas;
Algunas de estas apreciaciones han sido superadas.
Hoy se sostiene que el trabajo de masas no se puede encarar, por parte de este
tipo de organización, hasta que la misma ha logrado implantarse. Que
una vez alcanzado ese plafond mínimo recién se puede encarar ese
trabajo.
Lo central en la actualidad pasa a ser, entonces, como se concibe este trabajo
de masas. En esta materia algunas apreciaciones hechas recientemente contienen
errores de enfoque. Esto sucede cuando:
- se limita el trabajo de masas (en la concepción del mismo) a
las tareas de propaganda tradicionales y nuevas (es evidente que lo fundamental,
más que la acción propagandística es la de agitación,
organización y movilización políticas de la clase obrera
y del pueblo desde las bases: en último término el problema no
es trabajar con las masas sino dar a éstas los instrumentos para que
realicen su lucha: de lo contrario el pueblo es más un receptor que un
actor del proceso);
- no se le da al movimiento sindical la importancia que éste
tiene (se lo considera importante pero no fundamental, e incluso se le otorga
a la crisis económica un valor explicativo, que ella no tiene, de los
momentos de repliegue, y que sí tiene la línea política
aplicada en el movimiento sindical por la orientación de mayor incidencia
en él);
- no se reconoce explícitamente que sin el trabajo de masas
previo y para ello realizado en este período por varias organizaciones
y militantes independientes, tampoco habría “foco”;
- no se entiende que estar a la vanguardia en determinada
forma de hostigamiento al régimen no es ser la vanguardia del proceso
revolucionario) cosa mucho más complicada.
En último término, la única solución al problema
planteado (los nexos con el pueblo) se encuentra en la aplicación estricta
de una línea de masas, y en una política correcta de construcción
del partido que permitirá, en el mediano plazo, conjugar todas las formas
de lucha (sin contraposición maniquea) a partir de una dirección
política única.
Como conclusión general de este punto podemos afirmar que el tipo de
discusiones planteadas sobre los nexos con el pueblo y sobre la línea
correcta para el movimiento sindical y el frente político, hacen ver
con claridad a la vez la inexistencia del partido y su necesidad.
III – LOS CUADROS, EL PARTIDO Y EL PUEBLO.
Establecidas la necesidad del partido y su actual inexistencia, corresponde
determinar ahora qué tipo de partido hay que construir.
Para la lucha por el poder en el Uruguay el partido que necesitamos es un partido
de cuadros. Un partido que agrupe a una parte de la clase obrera (la más
avanzada y combativa) y luche por toda la clase obrera y el pueblo.
Pensamos que sólo un partido de cuadros tiene el poder de ataque necesario
para la lucha por el poder, tal como esta se está dando y se va a dar
en nuestro país. Su homogeneidad ideológica y política
le permiten una amplia capacidad de maniobra y de adaptación a las situaciones
más diversas. El tipo de reclutamiento que puede organizar le da garantías
importantes de seguridad.
Por supuesto, un partido de cuadros no es de ninguna manera una élite
de intelectuales. Constituye un destacamento organizado de revolucionarios profesionales
(dedicados por entero a esa causa, no necesaria ni principalmente funcionarios
rentados). Pero la regla del reclutamiento no es la de la sola integración
al partido del cuadro o revolucionario profesional. “Se considerará
miembro del partido todo el que aceptando su programa, apoye al partido tanto
con recursos materiales como en su actuación personal en una de las organizaciones
del mismo”, decía Lenin hace setenta años y la definición
conserva plena validez. Es tarea del partido convertir a cada militante que
se integra en un cuadro político.
Una organización de esa naturaleza puede, además, instrumentar
de diversas maneras su arrastre de masas. Las formas concretas del mismo dependen
de circunstancias también concretas. Diversas experiencias nacionales
y extranjeras indican, sin embargo, la necesidad de evitar una serie de errores
en la concepción y en la práctica de ese arrastre. En este campo
se debe tener en cuenta que:
- la excesiva confianza en la vigencia y el poder de los métodos
pacíficos y legales, no puede servir de fundamento realista para una
adecuada organización del arrastre de masas;
- un tipo de reclutamiento sin exigencias mínimas no es, en
manera alguna, un criterio acertado para la organización de ese arrastre;
puede poner en cuestión al propio partido de cuadros en circunstancias
adversas;
- el esfuerzo dedicado al arrastre de masas por el partido de
cuadros no debe, bajo ningún concepto, disminuir la capacidad de acción
del partido en las filas de la clase obrera y del pueblo; y menos aún
hacer perder de vista la importancia de la consolidación real de las
organizaciones de masas fundamentales de esa clase y ese pueblo (aquí,
CNT, FEUU, Frente Amplio, etc.);
- la organización y el trabajo por el arrastre de masas nunca
pueden estar concebidas de tal manera que, en la práctica se termine
por considerar que lo que importa es meter a la clase obrera y al pueblo en
los mecanismos de arrastre del partido; de aquí se derivan, por ejemplo,
muchas subordinaciones nefastas de la capacidad de lucha de los sindicatos a
un partido que teme el despliegue de esa capacidad, porque el mismo puede afectar
una especie de reclutamiento desorbitado (para las organizaciones de arrastre
en capas sociales pequeño burguesas;
- la capacidad de ofensiva y de repliegue (la rapidez y el poder
de reubicación) del partido de cuadros no pueden subordinarse a los sectores
de escasa militancia que integran sus organizaciones de arrastre.
En términos generales, el partido, para ser vanguardia, debe tener una
ideología muy clara (el socialismo), una capacidad probada de dirección
(de movilización) de la clase obrera y el pueblo, en una orientación
estratégica que conduzca realmente (acción de vanguardia) a la
toma del poder, y una composición social con predominio obrero (a la
vez consecuencia y condición de su capacidad de dirección).
Sin estas condiciones no hay vanguardia. En ausencia de alguna de ellas puede
haber movimientos que cumplan un papel de vanguardia en tal o cual terreno o
sector, en la experimentación de tal o cual forma o método de
lucha. Pero no partido de vanguardia. De estas condiciones elementales (ideología,
capacidad de dirección, estrategia, composición social) hay una
que tiene especial relevancia: la capacidad de dirección. ¿Qué
estrategia de poder puede ser llevada a la práctica sin dirección
real de la clase obrera y del pueblo? Qué ideología se pretende
aplicar sin esa dirección real? ¿Qué composición
social clasista se puede mantener y hacer sólida sin esa dirección
real?. Es obvio que ninguna. Por consiguiente, el partido de cuadros que creemos
imprescindible solo sirve si dirige (o sea, si es vanguardia, porque dirigir
hacia el poder y estar a la vanguardia es lo mismo).
Pero, para que esta combinación (partido de cuadros-dirección
real) sea posible, es necesario un elemento de intermediación: la línea
de masas. ¿Qué es una línea de masas? No es sólo
la comprensión de que en el proceso revolucionario participa el pueblo
o no hay tal proceso. Que el pueblo es el único y gran protagonista del
cambio histórico. De la comprensión intelectual a la realidad
política hay una distancia y esa distancia se cubre con una línea.
La línea consiste en este caso en un método y en una orientación
que se aplican en todos los campos y en el empleo de todas las formas de lucha.
Daremos algunos ejemplos.
Actuar con una línea de masas en el movimiento sindical implica, por
lo menos, comprender que nada se logra si no se fortalecen sus organizaciones
de base (comités de empresas, etc.); también que los revolucionarios
que actúan en los sindicatos deben partir en cada caso del nivel de conciencia
alcanzado y alcanzable en lo inmediato por los trabajadores. Lo mismo para el
Frente Amplio. Si no se fortalecen sus comités de base, si no se desarrollan
las estructuras frentistas, en lugar de abrir las puertas a la participación
protagónica del pueblo se las cierra. Se actúa no con una línea
de masas sino con una línea de élite (falsamente identificada
en algunos casos con acción de vanguardia).
Lo que es cierto para la acción en el movimiento sindical y en el Frente
Amplio, también lo es para la relación directa (sin intermediación
sindical o frentista) entre la organización política y el conjunto
del pueblo. Si no se tiene en cuenta las opiniones más generalizadas
y las reacciones probables del pueblo, las acciones en lugar de penetrar pueden
rebotar (esto no excluye el uso excepcional de acciones no inmediatamente comprensibles,
pero excluye su reiteración).
La línea de masas debe estar presente en los actos de gran escala pero
también en los de pequeña escala (en el trabajo político
cotidiano en cada lugar). Quien no distribuye las responsabilidades, quien no
forma nuevos militantes, quien no tiene una moral de combatiente cada día,
no actúa con una línea de masas, con una orientación compartible
y estimulante para el pueblo. El oportunista y el sectarismo, el dogmatismo
y el populismo, el burocratismo y la subestimación de los compañeros
de lucha, el hábito de la concentración de las responsabilidades,
y las decisiones de cúpula, constituyen la contracara de una línea
de masas. Quien no admite las críticas legítimas, quien rehuye
confrontar sus aciertos y errores presuntos con la opinión y el juicio
de los trabajadores, no actúa con una línea de masas. Esto es
válido tanto para las organizaciones como para cada militante, para el
trabajo en los sindicatos como en el frente y en el propio partido.
El fortalecimiento de las organizaciones de masas no es, por otra parte, una
tarea de alcance limitado en el tiempo. De aquí a la toma del poder hay
que hacerlo pero también en las etapas siguientes (incluído el
período de construcción del socialismo: los procesos de burocratización
que se han dado en algunos países que lo construyen han ido parejos con
el debilitamiento, con la existencia más o menos ficticia de las organizaciones
de la clase obrera).
En conclusión: la línea de masas es una orientación del
trabajo y un método de dirección de la lucha del pueblo que resulta
de la claridad ideológica y política. En ningún momento
hay que confundirla con el hecho de correr a la paz del espontaneísmo
de las diferentes clases que hoy componen el pueblo (clase obrera, pequeña
burguesía rural y urbana, etc.). Lo que importa es elevar a las masas
hasta los intereses estratégicos, de clase, del proletariado.
Esta línea es lo que permite ligar al partido de cuadros con el pueblo.
Directamente o, principalmente, a través de las organizaciones que lo
agrupan y dinamizan. No hay que descartar situaciones de aguda represión
interna (con o sin intervención extranjera) en las que el funcionamiento
de los sindicatos y del frente político se vean dificultados. Pero la
tarea del partido de vanguardia es, precisamente, asegurar el funcionamiento
de sus unidades de base (en otros términos: mantener sus nexos con el
pueblo) en cualquier circunstancia. La historia es cambiante, pero lo que no
se modifica es la necesidad de esas organizaciones de las clases que luchan
por la liberación nacional. Esas organizaciones masivas (o sus equivalentes)
son verdaderas correas de transmisión para el partido, a la vez que verdaderos
instrumentos del protagonismo popular.
Dirección real, partido de cuadros, organización del pueblo y
línea de masas van juntas o se liquidan por separado.
IV - LA CONCIENCIA Y LA NECESIDAD CRECIENTES
Hay muchos hechos que indican cómo la conciencia sobre la necesidad
y la urgencia del partido se ha desarrollado en nuestro país. Este acrecentamiento
de la conciencia no es casual.
El endurecimiento de la lucha de clases en los últimos años y
los progresos de la unificación antiimperialista realizados en el movimiento
sindical (CNT) y en el frente político (Frente Amplio), han estado en
el origen de ese proceso, así como también la capacidad para crear
hechos políticos de envergadura por parte de la organización que
aplica una línea de hostigamiento con un alto nivel.
La radicalización de la derecha que el pachequismo instrumentó
en el 68-71 hicieron pasar al Uruguay del liberalismo político a la dictadura
o autoritarismo político. Esta radicalización constituyó
una expresión de la crisis económica interna y de las presiones
internacionales. Dicha crisis y dicha radicalización decretaron la caducidad
de las respuestas políticas dispersas por parte de las fuerzas progresistas.
Los avances del pueblo en conciencia y en organización (la ruptura progresiva
con las viejas lealtades partidarias es uno de sus aspectos) dados en medio
de esta crisis económica y en lucha contra la dictadura política,
exigieron, a su vez, formas orgánicas y unificadoras de combate. La unificación
sindical y el frente político fueron desde este punto de vista resultados
naturales de la profundización de la lucha de clases. También
lo fue la aparición de formas de hostigamiento al aparato represivo y
a los personeros de la oligarquía y del imperialismo.
Este proceso de avance de la unificación antiimperialista y antioligárquica
planteó, por su parte, en forma cada vez más cruda y perentoria,
la necesidad de un instrumento político capaz de dirigir al pueblo en
sus distintos niveles de encuadre y agrupamiento (sindicatos, frente); de conjugar
las diferentes formas de lucha, terminando con la dispersión táctica
y organizativa. Hizo cada vez más urgente la construcción del
partido de vanguardia.
La conciencia sobre esta necesidad ha crecido, por consiguiente,
no en el vacío de la especulación intelectual, sino en medio de
las luchas del pueblo. Hay muchos índices de este acrecentamiento de
la conciencia.
Hace algunos años la mayoría de los movimientos políticos
de izquierda aspiraban (disputaban) a la titularidad de la vanguardia, entendida
como vanguardia de un partido o casi partido. Bastaba que 20 ó 30 militantes
se reunieran para fundar una organización y que, acto seguido, la denominaran
“partido” y calificaran a éste de “vanguardia”.
Este infantilismo era el producto de los marginados del pueblo.
Hoy son muy pocos los que se califican como partido obrero de vanguardia. La
mayoría entiende que este partido es un objetivo, una tarea a realizar.
Incluso muchos de los que se denominan “partido” definen precisamente
como uno de sus objetivos la creación del partido de la revolución.
Si por partido hay que entender el partido de vanguardia, frente a esta noción
todas las organizaciones que lo definen como una de sus metas tienen el carácter
de movimientos, aunque se organicen con una estructura de partido y conserven
esa denominación.
Tal vez salvo una sola excepción nadie discute ya la necesidad de la
creación del partido. Por otra parte, son muy pocos los que manifiestan
que ese partido puede surgir del sólo desarrollo del movimiento que integran
(otro índice del avance).
La apertura a la creación de una tendencia sindical, y a la acción
de tendencia en general, surgida en el primer congreso de la CNT y confirmada,
más allá de sus debilidades, en el período que lo separó
del segundo, también constituye un indicador del mismo fenómeno.
En ausencia de un partido con capacidad de dirección real en una perspectiva
revolucionaria, varias organizaciones y militantes independientes han estado
dispuestos en los últimos tiempos a la coordinación práctica
de posiciones (en el movimiento sindical y en el frente político), o
sea, a una política de alianzas.
Un índice complementario es la necesidad experimentada por los militantes
independientes de la acción organizada disciplinada. Desde este punto
de vista, la aparición de nuevas organizaciones en los últimos
meses no se puede contar del lado de la atomización sino, precisamente
de la unificación (en especial de la unificación que conduce al
partido). Porque no es lo mismo 10 organizaciones y miles de militantes independientes
que realizan una acción dispersa, a 12 ó 13 movimientos de envergadura
que agrupan a esos miles de independientes. En el caso de estos militantes,
la organización progresiva (que da lugar en algunos casos a un mayor
reclutamiento de las organizaciones existentes y en otros la constitución
de nuevos movimientos) no hay que computarla tanto del lado de la unificación
antioligárquica (porque ya estaban en la lucha contra la oligarquía
y el imperio) como del lado de la unificación que conduce al partido.
La progresiva desaparición del “anti” por principio también
sirve como señalador. Una cosa es dividirse por prejuicios o, lo que
es lo mismo, tener un comportamiento irracional en el campo político,
y otra dividirse en la defensa de una línea. Cuando la lucha de clases
se acentúa (y los mártires obreros y estudiantiles son el símbolo)
la historia ya no tolera el juego infantil de las divisiones de gabinete, de
las falsas polarizaciones. Se terminó el tiempo de los especuladores
y también de los “principistas” puramente declarativos. Ahora
el que no hace de su idea una pauta de acción tradicional y coherente
queda al margen del proceso. Se está clausurando la época en la
cual periodistas e intelectuales se convertían súbitamente en
los grandes teóricos de una acción política en la que nunca
participaron. De los que no estuvieron en las luchas del pueblo y pontificaron
sin pausa sobre su corrección o incorrección. Finalizó
la época en que se podía decir cualquier cosa sin consecuencias
represivas. Todo esto también expresa el fin del Uruguay liberal.
Por último, es notoria la progresiva nacionalización (a la vez
que internacionalización, en el buen sentido de la palabra) de la lucha
política e ideológica. ¿Quién admite a esta altura
que es legítimo fundar organizaciones a pretexto de que en otras partes
del planeta se dividieron tales o cuales partidos? ¿Quién admite
que las polémicas Stalin-Trotsky, chino-soviéticas u otras pueden
dar origen así nomás a organizaciones que transplantan al pie
de la letra tanto antagonismos de fondo, como coyunturales o de mediano plazo,
que suceden en las antípodas? ¿Quién admite como razón
fundada para dividir organizaciones, o crear nuevas, la polémica latinoamericana
de mediados de la década del 60 sobre métodos y vías en
abstracto y no sobre líneas políticas, programas y estrategias
concretas?
Hoy a la política se la mide como correcta o incorrecta según
sirva o no al avance del proceso revolucionario. Lo demás importa, y
mucho, pero no es el factor básico de las divisiones, alineamientos,
inversiones y defunciones políticas.
V – LAS TAREAS Y LOS DILEMAS VERDADEROS
El problema de la construcción del partido plantea dilemas y opciones.
Para los GAU hay muchas formas teóricas de concebir la construcción
del partido, pero una sola real, concreta, posible en el Uruguay del presente.
Esa forma se expresa en una línea: la línea de unificación
socialista y proletaria. Así como existe una línea de unificación
antiimperialista y antioligárquica que conduce a la creación del
frente de liberación nacional, también se debe procesar dentro
de ella una unificación más concentrada (la socialista y proletaria)
que lleva a la creación del partido de vanguardia.
Desde este punto de vista el dilema es entre la atomización y la dispersión
táctico-estratégica o la unificación y la coincidencia
táctico-estratégica; entre la persistencia en el sectarismo (con
la creencia de que el partido sale del crecimiento cuantitativo y cualitativo
de la propia organización: una variante del ombliguismo político)
o su liquidación. Desde otro punto de vista la opción es entre
la unificación en torno a una línea correcta o la unidad en torno
a líneas incorrectas: porque de nada vale terminar con el sectarismo
para unirse sobre la base de lo que es erróneo, o persistir en el sectarismo
a pesar de que se dice admitir una misma línea correcta.
Por eso el problema de la unificación alude tanto a una línea
como a la unificación alrededor de la misma (sobre lo que entendemos
por línea correcta para el movimiento sindical y el frente político,
ya hemos hecho definiciones públicas, algunas sintetizadas en los cuadernos
Nº. 1 y 2 y en nuestro periódico “Lucha Popular”). Nuestra
consigna es la unificación no la unidad.
Esta consigna expresa el dinamismo de una orientación a la vez que el
carácter de la misma. La unidad puede ser un resultado, la unificación
es un camino, una dirección para una lucha dinámica y cambiante.
Quien plantea la unidad como una cuestión de principios olvida que la
única cuestión de principios para un revolucionario es la fidelidad
de la revolución. Cuanto mayores son las coincidencias en la lucha, más
rápida será la unificación y con mayor celeridad se llegará
a resultados unitarios; pero nunca puede ser un principio rector la unidad en
torno a cualquier línea.
Desde nuestro punto de vista el dilema tampoco es entre foco y el partido. Creemos
que éste no es el dilema verdadero, pero no por las razones que se han
dado: el foco como método de lucha y el partido como forma de organización,
o sea, dos entidades no comparables. Porque lo que se llama “foco”
no es un método de lucha sino (aparte de una denominación y una
imagen: la de un centro que irradia acciones) un movimiento capaz de practicar
una forma de lucha (con sus métodos correspondientes) y el partido una
organización capaz de practicar todas las formas de lucha (con sus métodos
correspondientes). El foco es en los hechos un movimiento (cada vez más
desligado de la orientación “foquista”) que practica un método
correspondiente a una forma de lucha que también admite otros métodos
complementarios.
La forma de lucha en cuestión puede ser aplicada por un partido o por
un movimiento que se convierte, por su línea, en uno de sus antecedentes.
Lo que no cabe afirmar (porque entonces sí se comparan términos
no comparables) es que la forma de lucha y uno de sus métodos constituyen,
como tales, antecedentes del partido.
Ninguna forma de lucha antecede o sucede a un partido. Lo que puede antecederlo
es un movimiento que la (o las) aplica en una orientación correcta (línea
política).
Decíamos más arriba que la unificación vale si es en torno
a una línea política acertada. Podemos agregar que esa línea
política para ser acertada debe atenerse a los límites y las normas
que fija la línea de masas. En esta perspectiva el movimiento que aplica
una forma y un método de lucha (se da por sentado que toda forma –económica,
ideológica, de agitación y movilización política
de masas, militar- tiene un significado político y es susceptible de
aplicarse de acuerdo a diversos métodos –legales o ilegales, pacíficos
o violentos, públicos o clandestinos-) contribuye a la creación
del partido en la medida en que lo hace con una línea política
correcta (la cual supone la llamada línea de masas).
El mentado problema de la combinación de las formas de lucha ha sido
planteado en nuestro país de un modo más escolástico que
realista. En lugar de comenzar por determinar cuál es la tarea principal
en el período que vivimos, se ha discutido sobre la jerarquización
de las formas de lucha puramente en abstracto. Con este procedimiento se ha
terminado en algunos casos por sostener la “principalidad” del “método
electoral” en el año 71 (y como lo secundario debe subordinarse
a lo principal, entonces la política de alianzas se convierte en un subproducto
de la política de alianzas electorales) y en otros su nulidad o su carácter
abiertamente contrarrevolucionario.
Este tipo de discusiones no llevan a nada. Los GAU consideramos que lo primero
es ponerse de acuerdo sobre la tarea central en el período.
Consideramos que la tarea central en este período de acumulación
de fuerzas en que estamos es el desarrollo de un movimiento de masas sindical
y frentista que actúe con una perspectiva revolucionaria. Para llevar
a la práctica esa tarea y las siguientes (las de una situación
revolucionaria cada día más próxima) es imprescindible
la unificación socialista y proletaria.
Como esta es la tarea central, por eso es necesario:
- convertir las luchas reivindicativas en combates
programáticos, políticos (“salario, trabajo y libertad”
fue la consigna textil en las jornadas de agosto-setiembre);
- utilizar la lucha electoral en coherencia con esa tarea central,
asegurando las elecciones (que haya y que se ganen) con la movilización
de masas que gana la calle y al pueblo y con la preparación preventiva
y simultánea de la huelga general para responder al golpe, y exigiendo
que las mismas se realicen sin medidas y sin presos políticos.
- transformar todas las formas de lucha contra el régimen en
factores que contribuyan con eficacia al desarrollo de un movimiento de masas
capaz de actuar, cada vez más, con una perspectiva revolucionaria (en
este sentido, la valoración creciente de la lucha de masas y de la coyuntura
política es un elemento altamente positivo);
- adecuar la lucha ideológica a los problemas más visibles y
sublevantes a nivel del pueblo.
Como se ve, de la tarea (y para ella) se deduce una línea que supone
una combinación siempre cambiante de formas y métodos. Al ajuste
de esa combinación contribuye más una política de creación
del partido (de unificación) que cualquier discusión de gabinete
sobre la jerarquía de los métodos. ¿Qué nos dicen
tales discusiones cuando se trata de enfrentar las escaladas del gobierno? No
está de más recordar que el pachequismo sólo en 12 días
(del 31 de agosto al 11 de setiembre), que transcurrieron a menos de 90 días
de la fecha fijada para las elecciones, reprimió salvajemente a los trabajadores
textiles varias veces, asesinó a un estudiante, clausuró cuatro
diarios y un semanario de orientación frentista, procedió a la
cacería de dirigentes del COT, FAIT y de la CNT y, por último,
condicionó la realización de las elecciones y su validez. Las
discusiones metodologistas no resuelven los problemas de táctica política.
¿No hubiera sido necesaria una combinación específica,
original, de formas y métodos tanto ahora como en junio del 69 si se
aplicaba la huelga general reclamada por varios sindicatos?
Despejados estos problemas cabe consignar como conclusión que el desarrollo
de la tarea central (o lo que es lo mismo, de la unificación antiimperialista
y antioligárquica) depende en gran parte el desarrollo, también
central, de la tarea de unificación socialista y proletaria. Si no se
encara con seriedad esta última tarea es muy difícil que avance
la primera. De otra forma estamos condenados a la dispersión, a las acciones
no acumulativas (o acumulativas por azar), a que lo considerado por cada organización
(legítimamente) como su objetivo prioritario (lograr tal o cual capacidad,
tamaño, dominio de formas y métodos e influencia en uno u otro
terreno) sea confundido fácilmente con lo que es prioritario para el
proceso revolucionario en este período.
VI – LA UNIFICACION, SUS REGLAS Y PERSPECTIVA
Hemos sostenido a lo largo de este trabajo que la unificación es el
camino más corto (y el único viable) para la creación del
partido de vanguardia. Creemos que, para hacerlo posible, es necesario seguir
determinadas reglas.
Hay algunas modalidades de la lucha ideológica y política entre
las organizaciones de izquierda que son contradictorias con una política
de unificación. Se pueden cuestionar líneas, pero no organizaciones.
Se puede realizar un trabajo de reclutamiento, pero no anteponer el crecimiento
a la unificación. Se pueden discutir (y combatir) pautas estratégicas
y tácticas concretas, impulsadas por otras organizaciones; pero no concebir
en forma estática dichas organizaciones.
En el fondo hay dos principios rectores de una política de unificación:
nunca se debe combatir a otras organizaciones en tanto que tales y siempre hay
que concebir en forma dinámica a dichas organizaciones. Sólo así
se puede convertir la atomización en unificación y partido.
Existe un elemento que consideramos capital en esta política de alianzas:
el acuerdo en los terrenos fundamentales como condición para el acuerdo
en los terrenos secundarios. Desde este punto de vista el acuerdo en una línea
para el frente político es una precondición de cualquier alianza
electoral. Si no estamos de acuerdo en que el fortalecimiento de los comités
de base del Frente Amplio es el eje político fundamental de trabajo en
este campo, ninguna política estable de alianzas tiene viabilidad. A
lo sumo pueden existir coordinaciones de posiciones, o contactos bilaterales
o multilaterales.
Otra regla de la unificación es la no exclusión de nadie, máxime
cuando existen organizaciones que tienen – a pesar de un conjunto de errores
que combatimos muy duramente- vínculos y raíces de clase sólidos,
o que han demostrado una seriedad encomiable en la puesta en práctica
de lo que han considerado como su tarea prioritaria. Esta política de
unificación sin exclusiones contempla especialmente también la
situación de aquellas organizaciones que están haciendo (fundamentalmente
a nivel de sus bases y cuadros intermedios) un verdadero proceso de conversión
ideológica al socialismo. Por esta y otras razones nos hemos opuesto
al tipo de definiciones electorales sectoriales que en lugar de unirnos a las
fuerzas que evolucionan hacia el socialismo, nos separan de ellas.
Nadie puede determinar a priori quiénes constituyen los ingredientes
básicos del partido de vanguardia. Los que esto hacen incurren en una
serie de confusiones. En general presuponen que el Frente Amplio no se convertirá
en el Frente de Liberación Nacional o Frente Antiimperialista y Antioligárquico;
que será el sector de definición socialista del Frente Amplio
el que originará el Frente de Liberación Nacional mediante la
captación de las masas que provienen de los sectores restantes; que la
propia organización, por su crecimiento cuantitativo y cualitativo se
convertirá en el partido (o ya lo es) que dirigirá ese frente
a todos los que se definen por el socialismo.
Para los GAU el planteo debe ser sustancialmente distinto. El Frente Antiimperialista
y Antioligárquico (órgano de la toma del poder) estará
integrado por sectores de desigual definición socialista (e incluso por
algunos carentes de dicha definición). Es así porque en la etapa
en la cual se ponen las bases para el comienzo de la construcción del
socialismo, se da una alianza de clases (de la cual el Frente es su forma política)
en la que el sector de vanguardia (la clase obrera) tiene intereses coincidentes
con el socialismo y los sectores restantes (pequeña burguesía)
no. Lo que separa al Frente Amplio del Frente Antiimperialista y Antioligárquico
es una distancia cuantitativa y cualitativa (penetración en el pueblo,
grado de organización, capacidad política para aplicar todas las
formas de lucha) pero no ideológica o de composición de clases.
La tarea es convertir al Frente Amplio en el frente de la revolución
de liberación nacional. Por eso hemos insistido tanto en el trabajo de
los comités de base y en su fortalecimiento, porque ese es el camino
principal para dar el salto.
Hemos dicho que una política de unificación sin exclusiones a
priori nos parece la más adecuada para nuestra situación política.
Eso no significa (y con esto entramos a otra regla de la unificación)
que nos estemos planteando la unificación de todos los socialistas (y
de los que evolucionan hacia el socialismo) como primer paso. Es evidente que
si la unificación se hace en torno a una línea tendrá diferentes
etapas; evolucionará por saltos, por aproximaciones sucesivas. Actuará
como escalada de unificación.
Estamos entrando en un período en el cual es necesaria una ofensiva de
la unificación socialista y proletaria en todos los planos. Es cierto
que el avance de la política de unificación no hay que medirlo
sólo en los términos de resultados inmediatos al nivel de la política
de alianzas. Hay que medirlo también desde el ángulo de la progresiva
aceptación de las ideas y de la línea que la unificación
supone. Pero es evidente también que esta progresiva aceptación
queda en el aire si no se la acompaña con avances reales en el campo
de la política de alianzas (e incluso de fusión de organizaciones).
Esta ofensiva debe tomar especialmente en cuenta las transformaciones que se
están produciendo a nivel de las bases y de la militancia en general.
La pregunta que repiten decenas de veces los militantes independientes de los
comités y del movimiento sindical (¿cuáles son las diferencias
reales entre tales o cuales organizaciones?), cuando se plantean una opción
política, es un índice del progreso. La pregunta reiterada por
las diferencias poco visibles es a su manera una pregunta y una exigencia a
favor de la unificación.
Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que la unificación ya ha recorrido
un gran trecho a nivel de las bases. Pero de ahí no se puede deducir
el conformismo con la situación actual. Si la atomización se mantiene
corremos el riesgo de que el retraso de la unificación socialista ponga
en peligro los avances de la unificación antiimperialista. La consigna
de la unificación está pues, en el orden del día de la
revolución uruguaya. Para concretarla en hechos políticos hay
que dedicar gran parte de los esfuerzos del futuro. En conclusión, la
perspectiva y la consigna en este terreno es Unificación desde las bases
hacia el partido por la revolución.
BASES PROGRAMATICAS DEL FRENTE AMPLIO
Aprobadas en la reunión del plenario del 17 de febrero de 1971
... ¡ un pueblo unido jamás será vencido! ...
Padre Artigas: aquí está otra vez tu pueblo; te invoca con
emoción y con devoción y bajo tu primer bandera, rodeando
tu estatua, te dice otra vez, como en la patria vieja, ¡Guíanos
Padre Artigas!
De la alocución del General Líber Seregni en la noche del 26
de marzo de 1971
BASES PROGRAMATICAS DEL FRENTE AMPLIO
Capítulo I
Libertades, derechos y garantías
1
Plena vigencia de las libertades, derechos y garantías constitucionales
y legales.
Garantía de una adecuada disponibilidd de todos los medios de difusión
de carácter oficial y privado, sin exclusiones ni presiones de ninguna
índole, especialmente del poder político o económico.
Estricta observancia de las disposiciones constitucionales que regulan la enseñanza, la vida religiosa y cultural.
Pleno respeto y desarrollo integral de los derechos y libertades sindicales.
Efectiva independencia del Poder Judicial, orgánica, funcional y presupuestaria.
Creación de la policía judicial.
Con carácter prioritario:
A) Levantamiento de las medidas prontas de seguridad.
B) En relación con ello, restitución de los despedidos y
suspendidos a sus lugares de trabajo, con todos sus derechos; reparación
a los sancionados.
C) La amnistía se usará como instrumento que, conjuntamente
con la supresión de las formas de violencia que encarna el régimen
vigente, permita reintegrar a la convivencia política legal a todos los
sectores de la sociedad, a efectos de facilitar el desarrollo normal de la vida
política y social del país. Para la obtención de tal objetivo,
comprenderá a aquellas personas incursas en delitos políticos
o conexos con ellos, cometidos con la finalidad de modificar las actuales bases
políticas, económicas y sociales.
D) Levantamiento de la intervención a la enseñanza media y
restitución de la legalidad en los entes respectivos. Anulación
de todas las medidas arbitrarias contra docentes y estudiantes adoptados en
el ejercicio de aquélla.
E) Restablecimiento pleno de los derechos y garantías a los
periódicos, partidos y grupos políticos que fueran ilegalizados
por decretos del Poder Ejecutivo.
Capítulo II
Política internacional
2
Defensa de la soberanía nacional.
Vigencia irrestricta de los principios de autodeterminación y no intervención.
Política exterior independiente; la actuación en los organismos
internacionales se hará conforme a la defensa de este principio.
Denuncia del papel pasado y presente de la OEA como instrumento del imperialismo.
Lucha por una integración latinoamericana liberadora y acción
conjunta para romper la dependencia política, económica y cultural.
Apoyo al ingreso de todos los países a la Organización de las Naciones Unidas.
Relaciones con todos los países, establecidas por libre acuerdo de las partes.
Solidaridad con todos los pueblos que luchan por liberarse de la agresión colonialista, neocolonialista e imperialista, especialmente con los latinoamericanos.
Reafirmación del derecho de asilo de conformidad con los criterios doctrinarios y prácticas sostenidas tradicionalmente por la República.
Revisión y eventual denuncia de todos los tratados, convenios y resoluciones internacionales, en cuanto contraríen los principios antes definidos.
Reestructuración del servicio exterior a efectos de que sirva eficazmente a los auténticos intereses del país.
3
Conducción de la política económica internacional de la
República, de acuerdo con los intereses nacionales y populares.
Rechazo de la política del Fondo Monetario Internacional y de otros organismos internacionales que actúen con similar orientación.
Denuncia de la falsa política de Integración de la ALALC, que
agrava el proceso de dependencia de América Latina.
Revisión y transformación de la misma, a efectos de que responda
a los intereses de los pueblos.
Negociar la reconversión de la deuda externa, postergando los pagos
y eliminando sus condiciones leoninas, para destinar, durante el período
necesario, toda la capacidad de ahorro nacional a las finalidades económicas
y sociales de este programa.
En caso de no obtenerse la reconversión, adopción de las medidas
unilaterales necesarias para el logro de los fines enunciados.
Exigencia de reinversión de los beneficios de las empresas radicadas en el territorio nacional.
Control y restricción del envío al exterior de royalties, intereses
y amortizaciones de deudas.
Adopción de medidas que impidan la fuga de capitales.
Relaciones económicas y comerciales con todos los países del mundo.
Capítulo III
Reforma de la estructura económica y social
4
Planificación nacional independiente de la economía, con objetivos
sociales, a efectos de contribuir a las necesarias transformaciones estructurales
y al desarrollo integral del país.
En el sector privado, ella será fuertemente indicativa.
Creación de un organismo para dirigir la planificación donde
participen los sindicatos obreros, los productores, los técnicos y los
representantes del poder político.
Colaboración de la Universidad para determinar la estrategia de la planificación
y del desarrollo-
La política de nacionalizaciones podrá tomar la forma de empresas estatales u otras, que contemplen la participación de los productores privados y los trabajadores, de acuerdo con la mayor ventaja de la eficiencia y del dinamismo económico.
Defensa, consolidación y desarrollo del patrimonio comercial e industrial del Estado; participación de los trabajadores en la dirección y control de los entes autónomos, servicios descentralizados y sociedades de economía mixta.
5
Reforma agraria, que promueva una transformación integral de la estructura
agraria del país, de acuerdo con la planificación general.
La reforma agraria erradicará el latifundio y el minifundio, sustituyéndolos
por un sistema justo de tenencia y explotación de la tierra, que contribuya
al desarrollo social y económico, eleve la producción y la productividad,
aumente los ingresos de los productores y los trabajadores, y garantice la justicia
social, de manera que la tierra constituya, para el hombre que la trabaja, la
base de su estabilidad económica y de su bienestar y la garantía
de su dignidad y libertad.
La Reforma agraria asegurará protección a la pequeña y
mediana propiedad.
Con carácter prioritario:
Asistencia y soluciones de radicación estable para los medianos y pequeños productores, arrendatarios y medianeros, proporcionándoles mercados, precios remuneradores, créditos, enseñanza y ayuda técnica; eliminación de la intermediación distorsionante.
Salarios y condiciones de vida y trabajo que contribuyan a llevar el progreso social al campo.
Estímulo a la formación de cooperativas ganaderas y agrícolas, otorgándoles facilidades para la construcción de instalaciones, la adquisición de maquinaria, semilla, fertilizantes y otros insumos, y para la comercialización de sus productos.
Cumplimiento de la ley que prohibe la existencia de sociedades anónimas para la propiedad y explotación de la tierra.
6
Vigorosa política de industrialización.
Mantenimiento y ampliación de las fuentes de trabajo existentes, utilizando
para ello, si fuere necesario o conveniente, la nacionalización de las
mismas. Participación decisiva del Estado en las industrias básicas
no nacionalizadas.
Industrialización en el país, en el máximo grado posible,
de las materias primas y productos agrícolas y de granja de origen nacional.
De modo especial, procesamiento de la carne, la lana, la leche, el cuero y demás
derivados de la ganadería, estableciendo un claro control público
de este proceso y eliminando toda forma de trustificación o penetración
extranjera. Nacionalización de la industria frigorífica.
Investigación y explotación intensiva de los recursos energéticos, y de las riquezas minerales y marinas.
La planificación económica procurará una armónica distribución territorial de las actividades industriales, impulsando su desarrollo en el interior de la República.
Desarrollo y coordinación del transporte de pasajeros y de carga, de acuerdo con las necesidades nacionales y locales, considerándolo un servicio de utilidad pública.
Recuperación de AFE y creación de una marina mercante nacional.
7
Nacionalización de la banca, de los grandes monopolios y de los rubros esenciales del comercio exterior para sustraerlos a la usura y a la especulación, eliminar grupos de poder, nacionales y extranjeros, y poner el ahorro interno, el crédito y las divisas al servicio del desarrollo nacional.
Erradicación de la intermediación crediticia realizada por las denominadas sociedades financieras paralelas y colaterales y de cualquier otra modalidad de mercado parabancario de capital.
8
Fomento del cooperativismo como instrumento destinado a contribuir al desarrollo económico y social, tanto en la actividad agropecuaria como en la industrial y en la de consumo y servicios. Establecimiento de un régimen jurídico, fiscal y crediticio y de mecanismos de integración y control que aseguren la defensa del carácter popular y progresista del sistema y eviten las posibilidades de su desvirtuación.
9
Promoción de una política demográfica (natalidad, migración externa e interna) racionalmente planificada, que, sobre la base de la elevación de las condiciones de vida y trabajo que resultará de las medidas que se proponen, proporcione al país el contingente humano indispensable para su desarrollo, desterrando los intentos coactivos de control de la natalidad.
10
Reforma radical del régimen tributario, de modo que grave fundamentalmente la acumulación de riqueza, el capital improductivo o de bajo rendimiento, las actividades antieconómicas, los vicios sociales y los altos ingresos, y reduzca progresivamente los impuestos al consumo.
Simplificación, unidad y coherencia del régimen impositivo. Ordenamiento de la política fiscal, no sólo como fuente de recursos para el Estado sino como instrumento para la conducción económica y para una más justa redistribución del ingreso.
Los bienes adquiridos con el producto del trabajo propio, así como su transferencia por el modo sucesión, serán objeto de tratamiento especial.
Capítulo IV
Política social y educativa
11
Establecimiento de una nueva y justa política de salarios públicos
y privados, sobre la base del principio de a igual trabajo igual remuneración
y de acuerdo al costo de la vida.
Esta política, así como la de precios, intereses y utilidades
se planeará con participación fundamental de los sectores involucrados
y debe conducir a una justa redistribución del ingreso, de acuerdo con
las necesidades populares y los requerimientos de inversión.
Con carácter prioritario:
a
Derogación de la Ley de la COPRIN.
b
Establecimiento efectivo del salario mínimo nacional.
12
Creación de un sistema racional de normas orientadas a asegurar al individuo el bienestar y la tranquilidad indispensable para el pleno desarrollo de su personalidad, que cubra su ciclo vital desde la gestación hasta la muerte. Extensión del sistema de seguridad social a los asalariados del interior y al campesinado.
Con carácter prioritario:
Se bregará por:
a)
Cumplimiento de la disposición constitucional que impone la integración
del Directorio del Banco de Previsión Social con representantes de los
afiliados activos y pasivos y de las empresas contribuyentes.
Pago inmediato de las obligaciones que el Banco mantiene con sus atributarios
y de las deudas que el Estado y las empresas tienen con aquél.
Adopción de medidas para evitar la evasión de aportes, hacer más
equitativas las cargas y atender los servicios sin privilegios indebidos ni
postergaciones.
Adecuación de las Pasividades a los ingresos del trabajador en actividad.
b)
Establecimiento del Seguro Nacional de Salud, que garantice atención
adecuada a todo el pueblo, especialmente a los sectores modestos de la ciudad
y el campo.
c)
Transformación de las condiciones habitacionales, dando prioridad a la
promoción de la vivienda popular y al fomento y desarrollo del cooperativismo
de vivienda.
d)
Creación de casas-cuna y guarderías infantiles en los barrios
y en las empresas privadas y públicas, en aquellos casos en que el número
de mujeres que en ellas trabajan lo haga aconsejable.
13
Reforma democrática de la enseñanza que eleve su contenido humanista, científico y técnico, y responda a las necesidades que imponen las transformaciones económicas, sociales y políticas postuladas en este programa, con especial atención a la promoción del medio rural. Adopción de mecanismos que, sobre la base de esas transformaciones, faciliten el acceso del pueblo a la enseñanza. Erradicación de toda forma de penetración imperialista en la misma.
Salvaguarda y extensión de la autonomía de los entes de enseñanza
y coordinación del proceso educativo. Representación directa y
mayoritaria de los docentes en los Consejos Directivos de Enseñanza Primaria,
Secundaria, Universidad del Trabajo y Educación Física.
Pago inmediato de la deudas del Estado y adecuada atención a las necesidades
presupuestarias de la educación.
Apoyo efectivo al esfuerzo de la Universidad para asumir cabalmente su papel en la investigación científica, la difusión de la cultura, la enseñanza y la asistencia a toda la población.
Defensa, consolidación y desarrollo del patrimonio cultural nacional. Estímulos materiales y morales para el desenvolvimiento de las ciencias y las artes. Participación de las masas populares en el goce y quehacer de la cultura.
Fomento y desarrollo de la educación física y la práctica colectiva de todos los deportes.
Capítulo V
Política institucional
14
Funcionamiento integral de la democracia con pluralidd de partidos políticos.
Consagración de una legislación electoral y un régimen
de funcionamiento de los partidos, que garantice el respeto y la voluntad del
elector.
Participación activa y control efectivo de la ciudadanía, ampliando
la utilización de los institutos de la iniciativa popular, del plebiscito
y del referéndum.
15
Ampliación y desarrollo de la autonomía administrativa, política y financiera de los municipios y organismos locales, sobre las bases siguientes:
a)
Delimitación precisa de la materia municipal, para robustecer y extender
sus cometidos económicos, sociales y culturales.
b)
Institucionalización y desenvolvimiento de las comisiones vecinales y
de fomento, urbanas y rurales, como órganos de gestión comunal.
c)
Vigorización de los institutos de democracia directa, y representación
de los trabajadores, productores y usuarios en los distintos servicios municipales.
d)
Designación por sufragio popular de los miembros de las Juntas Locales.
Las elecciones para los órganos departamentales y locales deberán
efectuarse en fechas distintas a la de los comicios nacionales.
e)
Coordinación y armonización de los regímenes tributarios.
16
Creación de los mecanismos legales que impidan toda forma de implicación
entre desempeño de cargos públicos e intereses privados, así
como el uso de cargos públicos con fines de aprovechamiento personal.
17
Reforma administrativa.
Efectiva aplicación de normas justas de ingreso, promoción, jerarquización
y capacitación de los funcionarios públicos.
Modernización de los servicios estatales.
18
Reintegración del instituto policial a las características civiles y predominantemente preventivas de sus cometidos.
19
Acentuación del carácter definidamente nacional de las Fuerzas
Armadas, vigorizando la continuidad de la tradici´´on artiguista.
Centrar su acción fundamentalmente, en sus cometidos específicos
de defensa de la soberanía, integridad territorial, independencia y honor
de la República.
Integrar la acción de las Fuerzas Armadas en el proceso de liberación
nacional y desarrollo económico, social y cultural del país.
Propender al más alto grado de perfeccionamiento profesional y ético
de la Institución, basado en una concepción nacional del cumplimiento
de los cometidos precedentes.
Montevideo, febrero 17 de 1971
PRIMERAS TREINTA MEDIDAS DE GOBIERNO DEL FRENTE AMPLIO
Aprobadas por la mesa ejecutiva y el plenario del 25 de agosto de 1971
1
Las medidas que tomará el FRENTE AMPLIO al asumir el gobierno, responden a los criterios fundamentales que conducen su política, su origen y razón de ser. No son medidas aisladas, sino que se enmarcan dentro de la estrategia general y de largo plazo que surge de las bases programáticas aprobadas el 17 de febrero de 1971, en función de reconstruir el Uruguay, salvar la honda crisis que atraviesa y abrir nuevos horizontes a la vida nacional.
Los objetivos de dichas bases tienen como sentido poner al pueblo uruguayo en las mejores condiciones para alcanzar la plenitud de su realización humana, levantando su nivel de vida y su formación cultural, obteniendo una completa participación en la sociedad uruguaya y en su gobierno. Para esto el FRENTE AMPLIO se propone potenciar al máximo la capacidad de trabajo y creación del pueblo, para superar el estancamiento económico y el escepticismo en las posiciones del país, y lograr su recuperación sobre bases de justicia social y libertad.
El eje fundamental para realizar esos propósitos es la continua participación popular en el proceso de transformaciones económicas, políticas y sociales necesarias. Desde su constitución, el FRENTE AMPLIO ha mostrado ese rasgo profundamente democrático y excepcional en la vida política actual uruguaya, y es esa participación popular la que contribuirá decisivamente a la creación del nuevo Uruguay.
Las Bases Programáticas señalan cuatro medidas fundamentales a adoptar, como pilares del proceso transformador:
a) Reforma Agraria
b) Nacionalización de la Banca Privada.
c) Nacionalización de los principales rubros del comercio exterior.
d) Enérgica acción industrial del Estado, incluyendo la nacionalización de la industria frigorífica.
Ellas son esenciales para iniciar el proceso de cambio social, porque enfrentan a los grandes grupos económico-financieros nacionales y extranjeros responsables de la crisis estructural del país.
2
En la coyuntura actual, cuando el Uruguay vive un clima de violencia en todos sus niveles y una grave paralización de sus energías, de la iniciativa y de la confianza del pueblo, el FRENTE AMPLIO quiere abrir el más ancho cauce a la esperanza, una esperanza eficiente.
La puesta en marcha de su concepción atacará los problemas más urgentes, por lo que sus objetivos inmediatos son:
1. RESTABLECER EL ESTADO DE DERECHO.
2. DEFENDER LA SOBERANIA NACIONAL, Y OBTENER LA INDEPENDENCIA ECONOMICA aplicando internamente los capitales creados por el trabajo nacional, poniéndolos al servicio del crecimiento de la producción y la mayor ocupación y evitando sus distintas formas de traslado al exterior.
3. INICIAR EL PROCESO DE TRANSFORMACIONES ESTRUCTURALES para alcanzar una mayor capacidad productiva y hacer irreversible el cambio social en beneficio del pueblo uruguayo.
4. REDISTRIBUIR EL INGRESO a favor de los grupos sociales más afectados por la crisis actual.
5. HACER EFECTIVO EL DERECHO AL TRABAJO logrando la máxima ocupación de la población en las actividades productivas.
6. ELEVAR EL BIENESTAR SOCIAL, resolviendo los angustiosos problemas de la salud, la vivienda y la educación.
7. PACIFICAR EL PAIS.
8. SANEAR LA ADMINISTRACION PUBLICA y dar participación, en ella, a los sectores populares.
3
Para alcanzar estos objetivos el Estado desempeñará un papel esencial en el proceso económico. Tendrá una directa participación en la acumulación de capital, imprescindible para el desarrollo, y en lo inmediato, para la reactivación económica del país. Para ello deberá desempeñar una gestión activa y eficiente, que se alcanzará a través de la participación directa de los trabajadores en su dirección.
Se crearán los mecanismos de planificación que determinen las formas y destinos de la inversión y que aseguren la coherencia de las políticas de precios, créditos, tributación y salarios.
4
En consecuencia, el FRENTE AMPLIO adoptará las siguientes PRIMERAS MEDIDAS:
Establecimiento del estado de derecho
1
Restableceremos el Estado de Derecho con el levantamiento de las medidas prontas
de seguridad y la plena vigencia de las libertades, derechos y garantías
constitucionales y legales.
Defensa de la soberanía nacional, obtención de la independencia económica e iniciación del proceso de transformaciones estructurales.
2
Denunciaremos las Cartas de Intención vigentes firmadas con el Fondo
Monetario Internacional y otros acuerdos lesivos para la soberanía nacional.
Negociaremos la deuda externa, para postergar los pagos y eliminar sus condiciones
abusivas. En caso de no lograrlo, adoptaremos las medidas unilaterales que correspondan.
Anularemos los contratos petroleros cuya aplicación supedita la ANCAP a los trusts imperialistas.
Promoveremos una política energética que permita responder a las necesidades del desarrollo, procurando la independencia del país en el abastecimiento de energía.
3
Propiciaremos relaciones diplomáticas, comerciales y culturales con todos
los países, en particular con la República de Cuba, único
país latinoamericano con el que están interrumpidas.
4
Intervendremos la banca privada, utilizando la legislación vigente, mientras
se procesa su nacionalización. Esto asegurará una política
selectiva y supervisada del crédito, que atienda las necesidades de los
principales rubros de producción del agro y de la industria, pudiendo
acceder al mismo los pequeños y medianos productores y comerciantes.
De este modo se hará óptimo el empleo nacional de los ahorros
asegurando así la efectiva erradicación de los canales bancarios
y parabancarios.
Aplicaremos y extenderemos el monopolio estatal de los seguros.
5
Estableceremos el monopolio estatal de las divisas, que asegure su mejor percepción
y más adecuada utilización, en beneficio de la producción
y el consumo imprescindibles, restándolas completamente de los círculos
especuladores e impidiendo la evasión de capitales.
6
Intervendremos, con aplicación de la legislación vigente, las
empresas de exportación (industrias frigoríficas, barracas de
lanas y frutos del país), como paso previo a la nacionalización
del comercio exterior. Esto asegurará el ingreso del total de divisas
por concepto de exportaciones, mejor defensa de los precios de estos productos,
y permitirá inmediatas negociaciones con distintas áreas, tendientes
a incrementar el comercio exterior sobre bases de mutuo beneficio, incluso mediante
acuerdos bilaterales.
7
Iniciaremos el proceso de Reforma Agraria, presentando de inmediato el proyecto
de ley correspondiente. Hasta su sanción, utilizaremos la ley de creación
del Instituto Nacional de Colonización, dando participación en
su Directorio a los pequeños y medianos productores, asegurando a éstos
el asentamiento en la tierra y, con la colaboración de la Universidad
de la República, brindando la asistencia técnica que procure una
acción planificada a favor del productor y del país. Promoveremos
en un plazo de 120 días, la sanción de una ley de arrendamientos
rurales que contemple la situación de arrendatarios y propietarios de
condición modesta. Hasta entonces, se suspenderán los desalojos
rurales. Iniciaremos un proceso de redistribución de tierras y fomentaremos
la formación de cooperativas entre los pequeños y medianos productores
y trabajadores rurales.
Fijaremos los precios de los principales productos agropecuarios, asegurando su cumplimiento mediante el poder comprador del Estado. Aseguraremos créditos y pago al contado, atendiendo especialmente a los pequeños y medianos productores.
Tomaremos medidas apropiadas para impedir el contrabando de ganado y de lanas.
8
Impulsaremos la creación de una flota del Estado, adquiriendo con prioridad
barcos petroleros y frigoríficos. Fomentaremos la Marina Mercante Nacional.
Redistribución del ingreso
Las medidas de redistribución del ingreso, además de sus objetivos sociales, propenderán a una reactivación económica a través del aumento de la demanda interna que permita el uso de la capacidad instalada y no utilizada en los distintos sectores de la producción, principalmente en la industria. Esta política contribuirá a aumentar la ocupación de la mano de obra y la producción.
Dichas medidas serán:
9
Aumentaremos los sueldos y salarios del sector privado, urbano y rural, y de
los funcionarios públicos, para, como mínimo, restablecer el poder
adquisitivo previo a la congelación de salarios, en acuerdo con las organizaciones
de los trabajadores y en el marco de la planificación. Derogaremos la
ley de COPRIN y crearemos la Junta Nacional de Salarios. Los objetivos primordiales
en materia de retribuciones, serán fijar el salario mínimo nacional
y establecer para todos los sectores una política salarial más
justiciera, basada en el principio de, “a igual trabajo, igual salario”,
para hombres, mujeres y jóvenes, y en el mejoramiento del hogar constituido
y las asignaciones familiares.
10
Pagaremos la deuda que el Banco de Previsión Social tiene con los jubilados
y pensionistas, por un régimen de cuotas a partir de abril de 1972.
Aumentaremos las jubilaciones y pensiones más reducidas, congelaremos
las más elevadas, eliminaremos los regímenes de privilegio y perfeccionaremos
las especiales. Promoveremos la reestructuración de la previsión
social que agilite los trámites y haga posible adelantos jubilatorios,
particularmente a aquellos beneficiarios con más de 60 años de
edad.
Se realizará un estricto control del cumplimiento de las obligaciones de las empresas con el Banco de Previsión Social, con la aplicación de sanciones penales para las grandes patronales que retengan indebidamente los aportes de los trabajadores.
11
Ajustaremos de inmediato los mecanismos de la administración fiscal que
permitan una efectiva recaudación, especialmente de los impuestos que
gravan los altos ingresos y la acumulación de capital.
Iniciaremos una reforma radical del régimen tributario de modo que promueva la distribución progresiva de la renta nacional y fomente el desarrollo de las actividades productivas.
12
Aseguraremos el poder de compra de la población y el abastecimiento adecuado
de los artículos de consumo popular, aplicando la ley de subsistencias,
fijando y controlando precios y eliminando la intermediación parasitaria.
Se constituirán, inmediatamente, a estos efectos, organismos de control
popular, integrados por productores y consumidores.
Hacer efectivo el derecho al trabajo
La efectividad del derecho al trabajo, surgirá de la política
agropecuaria, que asegure la permanencia de la tierra de los productores medianos
y pequeños y de los trabajadores del campo y el aumento de la producción
y la productividad, de la reactivación e intenso desarrollo de la industria,
como consecuencia del aumento de la exportación y de la demanda interna,
de la ejecución de un plan de obras públicas, así como
de la creación de nuevas fuentes de trabajo.
A esos efectos:
13
Promoveremos la plena utilización del equipo instalado de las industrias
fundamentales (frigorífica, textil, del cuero, metalúrgica y otras).
Estimularemos el desarrollo de nuevas industrias, particularmente la pesquera
y sus derivadas. Promoveremos la prospección y la explotación,
en su caso, de nuestras riquezas del subsuelo.
14
Aceleraremos la aplicación de la ley nacional de viviendas atendiendo
sus aspectos de mayor interés social. Facilitaremos y estimularemos la
construcción de viviendas por los vecindarios dando prioridad a los regímenes
de subsidios, cooperativas de ayuda mutua, y regulando el precio de los terrenos
destinados a la construcción habitacional para eliminar la especulación.
Elevación del bienestar social
La elevación del nivel de bienestar social resultará de las medidas
que crean fuentes de trabajo y redistribuyen el ingreso. Pero éstas deben
ser complementadas por otras específicas, por cuanto la tarea de la liberación
nacional y de desarrollo exige el concurso de todas las energías de nuestro
pueblo y es necesario resolver los déficit sociales actuales en materia
de salud, educación y vivienda.
15
En tanto se procesa el establecimiento del Seguro Nacional de Salud, mejoraremos
la atención de la salud de la población, a través de la
reorganización del Ministerio de Salud Pública y de la iniciación
del proceso de coordinación de todos los recursos preventivos y asistenciales
existentes en el país.
16
Instalaremos policlínicas con consultorios materno-infantiles en barrios
y centros poblados, utilizando las sedes de organismos estatales y sociales
o construyendo locales adecuados. Prestaremos preferente atención a la
asistencia médica en el medio rural.
Racionalizaremos y mejoraremos el abastecimiento de medicamentos, abaratando su costo e impulsando su producción por organismos públicos.
17
Reintegraremos a la escuela a los niños en edad escolar que no hayan
completado el ciclo.
Realizaremos una campaña de alfabetización con participación activa y voluntaria de los educadores, estudiantes y pueblo en general.
Promoveremos la sanción de las leyes orgánicas que resuelvan los problemas institucionales de la educación primaria, media y física.
Fomentaremos la educación física, creando campos deportivos en
cada barrio y centro poblado y concertando convenios con instituciones privadas,
a fin de que la Comisión Nacional de Educación Física comparta
la utilización de sus instalaciones.
18
Promoveremos la sanción de una ley de medios de comunicación que
proteja el trabajo nacional, garantice la información objetiva, asegure
la defensa de la cultura nacional y la disponibilidad equitativa de espacios
para todas las organizaciones políticas, sindicales, culturales y religiosas.
Fomentaremos y protegeremos la industria nacional del libro. Crearemos una Editorial del Estado, dedicada fundamentalmente a la impresión de textos didácticos y obras de autores nacionales.
19
Aseguraremos medio litro de leche diario a cada niño. Entregaremos los
rubros necesarios para asegurar a los escolares la copa de leche y otros alimentos,
ropa, calzado, libros y útiles, así como primera asistencia médica
y odontológica.
Reestructuraremos el Consejo del Niño en todas sus dependencias y sanearemos su administración. Combatiremos la explotación infantil.
Ubicaremos en la residencia presidencial de la Estancia Anchorena una Colonia
de Vacaciones para niños.
20
Desarrollaremos, en acuerdo con los municipios y con activa participación
popular, los centros de barrio que comprendan biblioteca, salas culturales,
guardería, jardín de infantes, expendios, lavadero y otros servicios.
Incrementaremos en todo el país los comedores populares a través
del Instituto Nacional de Alimentación.
21
Promoveremos la sanción en el plazo de 120 días a contar de la
instalación de este gobierno, de una ley de alquileres que contemple
los intereses de los inquilinos y propietarios de condición modesta;
hasta tanto se suspenderán los desalojos y lanzamientos.
Rebajaremos los impuestos a los pequeños propietarios y estableceremos compensaciones para aquéllos que resultaren perjudicados por los bajos alquileres.
22
Aseguraremos transporte eficaz a los habitantes de villas y pueblos cercanos
a Montevideo. Pondremos en marcha un plan de recuperación de AFE y PLUNA
que asegura servicios adecuados.
Pacificación del país
Las medidas que procuran la independencia económica, que inician las transformaciones estructurales esenciales, redistribuyen el ingreso a favor de los grupos más desposeídos y generan ocupación, como asimismo las relativas a la elevación del bienestar social y a la participación popular, son elementos fundamentales para iniciar un nuevo proceso de desarrollo que entraña la pacificación del país, pues se eliminan de esta forma las causas económico-sociales de la violencia.
Esto implica simultáneamente la adopción de las siguientes medidas:
23
Restituiremos a sus lugares de trabajo, con todos sus derechos a los destituidos,
suspendidos y trasladados por medidas persecutorias, con reparación de
las sanciones y perjuicios económicos.
24
Promoveremos la sanción de una ley de amnistía para lograr la
libertad de todos los presos políticos, que permita reintegrar a la convivencia
política legal a todos los sectores de la sociedad. Restituiremos la
plena vigencia del derecho de asilo político.
25
Reorientaremos el instituto policial a las características civiles y
predominantemente preventivas de sus cometidos, quitando a la función
policial su carácter represivo de los movimientos populares. Destinaremos
los medios de comunicación y transporte utilizados para la represión
del pueblo al servicio de la salud, la educación y otras necesidades
sociales.
Participación popular y saneamiento en la administración pública.
La ejecución de todas las medidas anteriores, exige la continua participación popular en el proceso de construcción de la nueva sociedad, como asimismo la moralización de la función pública.
Aquella participación y la moralización que se señala, tomarán múltiples formas y con variados mecanismos:
26
El 1º de marzo de 1972, designaremos al Directorio del Banco de Previsión
Social, incluyendo en el mismo a los delegados de las organizaciones más
representativas de los jubilados y pensionistas, de los trabajadores y de los
empresarios.
27
En la misma fecha designaremos los Directorios de los Entes Autónomos
y Servicios Descentralizados, incluyendo en ellos a representantes electos por
los trabajadores de dichos organismos. Iguales criterios se aplicarán
en el caso del Consejo Nacional de Enseñanza Primaria y Normal y otros
organismos similares.
28
Aplicaremos una política que suprima privilegios y logre economías
en la conducción del gobierno. Eliminaremos toda forma de remuneración
de los cargos electivos, políticos y de confianza, que signifique una
situación de privilegio.
29
Reestructuraremos el servicio exterior, tanto en lo administrativo como en la
designación de los funcionarios políticos del mismo, para transformarlo
en un instrumento eficaz para la defensa de los intereses políticos y
económicos de la República.
30
Ninguna persona puede ser candidato del Frente Amplio, sin presentar declaración
jurada abierta de bienes e ingresos; un régimen similar aplicaremos en
las designaciones de funcionarios de confianza. Crearemos los mecanismos legales
que impidan toda forma de implicación entre el desempeño de cargos
públicos e intereses privados, así como el uso de cargos públicos
con fines de aprovechamiento personal.
5
Estas primeras medidas son un compromiso político que asume públicamente el Frente Amplio como punto de partida de su plan de gobierno y que marcan el estilo de éste.
Lograrlas exigirá un esfuerzo intenso y sacrificado no sólo de los gobernantes sino de todo el pueblo. Ese esfuerzo y sacrificio son el precio para que se logren los cambios estructurales capaces de asentar sólidamente la prosperidad de la nación y el bienestar de sus habitantes.
El Frente Amplio entiende que la activa participación popular, a través de los Comités de Base, los Sindicatos y otras organizaciones, constituye la garantía de la realización del plan y del control de los gobernantes que deban ejecutarlo.
XIX CONGRESO DEL PARTIDO COMUNISTA DEL URUGUAY
INFORME DE BALANCE DEL COMITÉ CENTRAL
Rodney Arismendi
DIFICILES PRUEBAS HA SORTEADO EL MOVIMIENTO OBRERO Y POPULAR
La profundización de la crisis, el calculado despojo de las masas por
las clases dominantes, la abdicación de la soberanía nacional,
la ruptura de relaciones con Cuba, las agresiones reiteradas a las libertades
democráticas y las amenazas de golpes regresivos, conmovieron profundamente
a nuestro pueblo, en particular a la clase obrera.
Todos estos cuatro años fueron jalonados por los más amplios,
enérgicos y multiformes combates de las masas.
El movimiento huelguístico abarcó al conjunto de la clase obrera,
se extendió a los trabajadores del sector estatal, a los funcionarios
públicos, a los bancarios, a los maestros, profesores, estudiantes y
nuevos grupos de asalariados rurales.
Las acciones reivindicativas de cada gremio o su enfrentamiento a las medidas
represivas fueron acompañados por la asistencia y la solidaridad activa
de todos los sindicatos, expresada en numerosos paros generales o en grandes
demostraciones colectivas.
Es característico que movilizaciones que comienzan por reivindicaciones
inmediatas, se transformen en imponentes acciones de índole política,
ya sea por tratarse de gremios del Estado, o por enfrentar la represión,
los despidos o prisiones de militantes y las campañas sañudas
de la “gran prensa”, o porque los trabajadores exigen leyes sociales
u otras medidas. A su vez, las manifestaciones, paros y huelgas de clara iniciación
política, sostienen siempre reivindicaciones económicas, nunca
abandonadas por los gremios.
Esta combinación ensanchó el movimiento y fue enrolando naturalmente
a nuevas capas de trabajadores. Se multiplicaron la riqueza y variedad de las
formas de lucha: paros generales, huelgas, manifestaciones, ocupación
de fábricas, marchas a pie a lo largo del país; desarrollo masivo
de la solidaridad material con los huelguistas; ayuda a la agremiación
de los asalariados agrícolas; coordinación de las acciones de
masa con la actuación parlamentaria a efectos de conquistar reivindicaciones
y de la experiencia política de los trabajadores; adopción de
los métodos obreros para los empleados públicos, maestros y profesores;
demostraciones de los obreros del transporte urbano con sus vehículos;
afirmación de la disciplina gremial y la solidaridad a la altura de cada
fábrica u oficina pese a las medidas de represión.
Dos rasgos se destacan especialmente: el ingreso a los primeros puestos de la
acción sindical de los obreros y empleados del sector estatal (electricidad
y teléfonos, refinación de petróleo, ferrocarriles, aguas
corrientes, bancarios, etc.) y de los funcionarios públicos (nacionales
y municipales); y la conformación de un vasto frente de la clase obrera
con las capas medias en torno a los más variados temas de interés
general (defensa de la Escuela y la Universidad, del régimen de previsión
social, etc.). Así se han ido reuniendo los diversos afluentes de la
lucha popular: desde los obreros y la muchachada estudiantil hasta el poderoso
movimiento de jubilados y pensionistas que encabeza don Paulino González.
La clase obrera ha mantenido una línea de coordinación con las
capas medias impulsada especialmente por la Central de Trabajadores que se transformara
así en un eje del movimiento progresista y nacional. Para ello se basó
en una justa plataforma que comprende, entre otras, las aspiraciones primordiales
de las capas medias.
Postula la defensa de la soberanía nacional y la democracia, medidas
de reforma agraria, de progreso industrial y agrícola, soluciones sociales
populares.
En torno a ella se han ido conjugando todas las luchas. Fue sostenida por la
huelga general que en junio del 64 paralizó al país al grito de
“¡soluciones sí, golpes no!”. El 6 de abril de 1965,
fue bandera de medio millón de trabajadores que efectuaron un paro nacional
de 24 horas en repudio de la política gubernamental, convocados por la
C.N.T. y acompañados por buena parte del pequeño comercio. Sus
directrices reúnen luego, a mediados de 1965, al Congreso del Pueblo,
vasto conglomerado de 700 organizaciones del proletariado, de la intelectualidad,
de las capas medias, entre ellas sectores de campesinos.
El movimiento obrero y popular debíó cruzar por duras pruebas.
Por tres veces en los últimos años, se han aplicado Medidas de
Seguridad; más de una vez, pero especialmente en junio de 1964, pendió
sobre nuestra patria la amenaza del golpe gorila. También en estos años
el gobierno rompió relaciones con Cuba y fue enfrentado duramente por
las acciones del pueblo.
En esta difícil escuela, la mayoría de la clase obrera e importantes
capas populares recogieron grandes enseñanzas.
El año 1964 comenzó por acciones reivindicativas de los trabajadores
del Estado. Empero, muy pronto se fueron marcando amenazas cada vez mayores
a las libertades democráticas.
La conspiración golpista -luego del gorilazo brasileño- se acelera,
facilitada por la incapacidad y la menuda puja politiquera del gobierno, insensible
a las reclamaciones de miles de trabajadores del Estado.
En junio, el pueblo recibe informaciones cerca de la precipitación de
la amenaza golpista. El F.I. de L., nuestro Partido, los líderes de las
organizaciones sindicales, populares y estudiantiles llamaron de inmediato al
pueblo combatir el golpe por todos los medios.
Las organizaciones sindicales – a pesar de estar entonces enfrentando
al gobierno en defensa de reivindicaciones- distinguen perfectamente el peligro
y unen esas reivindicaciones a la defensa de las libertades democráticas.
(De ahí el grito de “¡soluciones sí, golpes no!”).
En menos de una semana, se efectuaron cientos de asambleas en fábricas,
sindicatos y centros de estudio. Se votaron clamorosamente resoluciones de luchar
en todos los terrenos. Días después, la gran huelga general exhibía
la voluntad combativa del pueblo. Los golpistas –colocados a la defensiva-
debieron retroceder y guardar sus planes para mejor oportunidad.
El movimiento obrero y popular debió afrontar nuevas responsabilidades
apenas terminada esta acción. En julio de 1964, la O.E.A. -la gran celestina-
vota la orden yanqui de romper relaciones con Cuba. Desde julio a octubre nuestro
pueblo debió defender sin interrupción esas relaciones. Se efectuó
un paro de la clase obrera y los estudiantes, tuvieron lugar decenas de demostraciones
de repudio vigoroso al imperialismo yanqui, a sus empresas, a sus representaciones,
y valerosas acciones juveniles que culminaron con el cerco policial a la Universidad
y el enfrentamiento diario del pueblo a los apaleos, gases y persecuciones policiales.
Más de 40 días de luchas callejeras enérgicas e ininterrumpidas
culminan las demostraciones de repudio a la traición gubernamental y
su acatamiento a la O.E.A.
Una tercera prueba de fuego fue la lucha contra las Medidas de Seguridad. De
octubre a diciembre de 1965 –por dos veces consecutivas- el gobierno suspendió
las garantías constitucionales, encarceló a cientos de militantes
sindicales, clausuró órganos de prensa y radio, persiguió
a los militantes de nuestro Partido y el
F.I. de L. y a otras personalidades sociales y políticas.
La clase obrera respondió con acciones múltiples: desde el paro
general por 24 horas a los paros por 72 horas de los funcionarios de los Entes
Autónomos y de la administración central, desde actos y paros
sorpresivos en los propios lugares de trabajo de bancarios y empleados del Estado,
a los paros y otras formas de lucha de los ferroviarios, desde las manifestaciones
en los barrios y los mitines en las fábricas, a las acciones generales
de masas en defensa de las libertades y derechos y en pro de las reivindicaciones
exigidas. A la clausura de la prensa como “El Popular” y “Epoca”
y la censura de “Marcha”, periodistas, gráficos y vendedores
de diarios respondieron paralizando por 48 horas –en dos oportunidades-
la salida de los diarios de las clases dominantes o adictos al gobierno. Las
acciones y métodos de lucha de los trabajadores correspondieron en muchos
casos a formas superiores de la lucha de clases.
Impotente para romper la unidad, firmeza y disciplina de los trabajadores, el
gobierno recurrió a burdas provocaciones que pretendían involucrar
a la Embajada soviética con el movimiento sindical. Estas fracasaron
cubiertas de ridículo, y concluyeron con la renuncia del Ministro del
Interior y de los principales jerarcas policiales de Montevideo.
Este duro enfrentamiento finalizó con la victoria de los trabajadores.
El movimiento sindical se unificó más profundamente; forjó
nuevas generaciones de cuadros, recogió otras experiencias y enseñanzas.
Ello le ha posibilitado subir a escalones más altos de su organización.
A iniciativa de la C.T.U. se formó hace algunos años la Convención
Nacional de Trabajadores, plenario de todo el movimiento gremial. Sobre este
cimiento, en el próximo setiembre se efectuará el Congreso de
unificación total de los trabajadores. La nueva Central se basará
en un programa clasista y en una concepción justa de la misión
de la clase obrera en el proceso liberador. Con el Congreso del Pueblo y otras
organizaciones, algunas formadas recientemente como la Federación Agraria
Nacional, integrará el más amplio campo de la acción popular.
Saludamos este Congreso como la culminación de una etapa del movimiento
sindical, como una victoria augural de todo el pueblo. Lo celebramos conscientes
de haber contribuido a ello a través de toda esta década, con
la labor ahincada y lúcida de miles de nuestros militantes, inspirada
por la línea del Partido.
SE GESTA UN CAMBIO CUALITATIVO EN LA CONCIENCIA DE LOS TRABAJADORES.
Nuestro país vivió horas de intensas luchas, en el breve período
que evocamos. Se desvaneció la imagen del Uruguay “quieto”,
de la presunta “Suiza de América”, presentada a dúo
tanto por ciertos comentaristas de “izquierda” como por otros, de
derecha, propagadores de leyendas edificantes. Y en su lugar emergió
la figura de una clase obrera y un pueblo combativos, protagonistas de esta
gran pugna patriótica, democrática, de clase.
A pesar de este auge, se conservan en el movimiento obrero y popular en su conjunto,
desproporciones e inarmonías que ya fueron señaladas por nuestro
XVIII Congreso, y que cabe recordar:
“...es una etapa de ascenso del proceso democrático-nacional.
Esa valoración positiva no debe ocultar, sin embargo, las deficiencias,
debilidades y desproporciones que todavía se arrastran. Entre ellas pueden
señalarse como algunas de las más importantes: la desproporción
entre el nivel de las luchas sociales en la ciudad y en el campo; entre el nivel
de lucha y organización populares en la capital y en el interior; entre
la altura alcanzada por el proceso social y el desarrollo del frente único
de las masas, por una parte, y el proceso político, todavía atenazado
por la Ley de Lemas y el predominio de los partidos tradicionales, que dificultan
que aquéllos encuentren su expresión en el plano electoral, por
otra; entre la gravedad alcanzada por la crisis de estructura y la conciencia
política de las masas en cuanto a que sólo la salida revolucionaria
permitirá resolverla; entre la capacidad del Partido Comunista para decidir
grandes acciones de masas y su tamaño aún insuficiente”.
Pasos importantes han sido dados con miras a superar estos desniveles; pero
ellos se conservan aunque ahora deben ser estimados según otras medidas,
en el plano de un movimiento que se ha extendido y profundizado.
Los problemas políticos e ideológicos a resolver en un movimiento
obrero ya altamente desarrollado en Montevideo, se combinan con la urgencia
de su extensión a todo el país en forma metódica y tenaz,
así como con la preocupación militante por conformar un sistema
de alianzas más sólido, más amplio y más organizado
del proletariado con las capas medias urbanas y la aplicación de una
línea consecuente hacia el campo con miras a forjar la alianza obrero-campesina.
Por otra parte, nosotros concebimos el proceso social y político uruguayo
que conduce a la formación del Frente de Liberación, como un entrelazamiento
del movimiento de las masas –unidas en un complejo de organizaciones y
lanzadas a la lucha por un programa- con la edificación simultánea
de la unidad de la izquierda y el también simultáneo desarrollo
del Partido.
Reflejamos gráficamente esta idea cardinal de nuestra táctica,
con la imagen de tres círculos enlazados: el más amplio supone
el vasto movimiento reivindicativo de las masas; el segundo, la formación
del núcleo antiimperialista y avanzado del Frente de Liberación
Nacional; el tercero, la construcción del partido de proletariado, conectado
estrechamente al proceso de unidad social y política.
El F.I. de L. nació como el núcleo del Frente de Liberación,
raíz de una alianza más amplia de clases y capas sociales antiimperialistas
y antioligárquicas, llamada a expresar, en el plano político,
el vasto agrupamiento ya concretado, antes que nada, en el plano gremial.
El engrandecimiento del F.I. de L. (ampliándolo desde arriba por la inclusión
de otras fuerzas, y desde abajo a través de cientos de comités
de barrios y fábricas, pueblos y centros rurales, facultades, medios
intelectuales y oficinas, que faciliten la militancia de hombres de los partidos
tradicionales, de católicos o sin partido, junto a los comunistas y otros
grupos revolucionarios) se conjuga con la labor de profundizar y extender el
movimiento gremial y de frente único de las organizaciones del proletariado
y las capas medias hacia batallas reivindicativas y políticas cada vez
más elevadas.
Ambas tareas se complementan y se enlazan por múltiples nexos: a) por
el carácter común de su plataforma, por la coordinación
en la vida de las diversas formas de la acción económica, política,
parlamentaria, propagandística y organizativa; b) por el hecho característico
de que tanto nuestro Partido como el F.I. de L. estén enclavados en el
propio centro aglutinador de las masas y que miles de cuadros que constituyen
la espina dorsal del movimiento gremial posean un conciencia política
avanzada. Este es un mérito histórico del movimiento gremial uruguayo
y una palanca poderosa para un cambio cualitativo en la conciencia de los trabajadores.
Las posibilidades de la unidad política no se agotan, sin embargo, con
el Frente Izquierda, y deben explorarse con audacia todos los caminos que puedan
contribuir a ensancharla. Uno de esos caminos es la Mesa por la Unidad del Pueblo,
convocada a iniciativa del Frente y que integran, además, el Partido
Socialista y un numeroso y calificado grupo de ciudadanos independientes. Por
su actual composición y por su capacidad para atraer a multitud de fuerzas
de la izquierda, auténticamente unitarias, dispersas en todo el país,
la Mesa está llamada a ser un importante instrumento positivo a favor
de la unidad política de esas fuerzas.
El ingreso tumultuoso de las masas a la arena social y política hoy ya
se ha encauzado orgánicamente, ha cumplido vastas experiencias y chocado
con las caducas estructuras del partidismo tradicional y con la ineptitud de
las clases dominantes para ofrecer un cambio renovador al país. Ello
nos sitúa justamente en un momento de transición: la nueva conciencia
política que apunta en las grandes masas –particularmente obreras,
estudiantiles, intelectuales, etc.- aún no ha madurado plenamente; pero
ya existen premisas para esta gran transformación que nuestro trabajo
puede acelerar, a la vez que puede ser precipitado por un anudamiento de las
propias contradicciones sociales y políticas. Las grandes confrontaciones
de 1964 y 1965, las intentonas golpistas que hirieron la conciencia de la mayoría
del país, el actual pacto antidemocrático de la reforma constitucional
repudiado unánimemente por la Asamblea Nacional de todos los sindicatos
y enfrentado por 200 sindicatos con un proyecto de Reforma Popular, son hechos
que, aunque de índole diversa, confluyen todos hacia un punto nodular:
la gestación de un cambio cualitativo en la conciencia política
de los trabajadores.
¿Cuándo, cómo y dónde, culminará esta transformación?
¿Hasta dónde se reflejará este fenómeno en la elección,
en las inevitables y duras batallas de otra índole, en defensa de las
reivindicaciones económico-sociales, de la democracia y la soberanía,
que sobrevendrán inevitablemente?
Es difícil responder ahora; la previsión científica no
puede ser suplantada por augurios a plazo fijo; pero sí podemos responder
sin vacilaciones que en esa dirección se encamina el desarrollo social
y político uruguayo. Y en este sentido cualquier idea esquemática
sobre el proceso puede conducir a graves errores en cuanto a pérdida
de perspectivas, o a estimar el desarrollo según una concepción
voluntarista. Refiriéndose a Inglaterra, Lenin escribía: “No
podemos saber... cuál será el motivo principal que despertará,
inflamará y lanzará a la lucha a las grandes masas”.
Y se preguntaba: “¿Quizás sea una crisis parlamentaria la
que rompa el hielo” o “una derivación de las contradicciones
coloniales e imperialistas?” Y luego previene que en Francia un asunto
“tan limitado como el caso Dreyfus” condujo “al pueblo a dos
dedos de la guerra civil”.
Frente a la intentona gorila en junio del 64, o ante las Medidas de Seguridad
en octubre-diciembre del 65, y en otro plano en las acciones solidarias con
Cuba, gran parte del pueblo uruguayo vivió instantes críticos
de aguda tensión. Surgido apenas de esos combates, enfrenta otras luchas,
de distinta característica, algunas manejadas en el amplio campo de la
acción legal, pero de audaz perspectiva, pues supone fijarse objetivos
políticos para grandes masas. Se promueve así, el proyecto de
Reforma Popular de la Constitución, que reúne los postulados de
las últimas luchas, y por su parte, la Asamblea Nacional de Sindicatos
–en decisión unánime- llama a votar contra los proyectos
regresivos de las clases dominantes. Así como Lenin en materia de “motivos”
capaces de “romper el hielo” no oponía las crisis parlamentarias
a las explosiones en las colonias, los trabajadores tampoco oponen metafísicamente
su lucha por la Reforma a su huelga general contra el gorilismo y por la democracia,
o a su voluntad de combatir en todos los terrenos contra el golpe.
En verdad, se refleja aquí la rica dialéctica de la lucha social
y política que, en este instante de transición, repetimos, lleva
ya en su seno premisas para la maduración de una nueva conciencia política.
Promover la experiencia que acelere el proceso sin hacerlo abortar; utilizar
los métodos adecuados para su desarrollo, corregir las debilidades y
barrer las adecuaciones a procedimientos e ideas que pudieron corresponder a
otras etapas de lucha, o tolerarse en ellas, es el quid de la cuestión.
Debemos responder a imperiosos interrogantes que la propia vida nos arroja al
rostro: ¿cómo movilizar más extensa y profundamente a esta
multitud puesta en marcha? ¿Cómo cohesionarla y conducirla en
pos de un programa concreto? ¿Cómo educarla a través de
una experiencia de cientos de miles de personas? ¿Cómo facilitar
el alumbramiento de una conciencia antiimperialista, avanzada, y el propio pasaje
primario de miles de trabajadores a una concepción ideológica
marxista-leninista?
El logro de tales objetivos forma un eslabón primordial para pasar del
período de acumulación de fuerzas a fases más avanzadas
en el curso de la revolución uruguaya.
Sobre esta base ha estado trabajando tesonera, audaz, a la vez que sensatamente,
nuestro Partido. Esta concepción táctica ha ido triunfando y su
victoria ha significado, también, tanto la derrota del oportunismo reformista
como la del verbalismo infantil. La acumulación de fuerzas por el movimiento
obrero y popular no se ha interrumpido un solo instante.
Importantes lecciones se desprenden de este proceso. La primera y principal,
consiste en saber armonizar una línea de extensión y amplitud,
de incorporación cada vez más amplia de masas lanzadas a la lucha,
con la profundización, con la creación escalonada y permanente
de nuevas condiciones para su elevación ideológica y su maduración
política. Se toma en cuenta así, de un modo concreto, la situación
uruguaya y se procura responder a las principales desproporciones ya señaladas
del desarrollo social revolucionario.
El eje de la táctica consiste, pues, en conducir a la lucha a las masas
populares, en primer término a la clase obrera, ahincándose la
vanguardia profundamente, en su seno. Exige una línea política
clara, dirigida a todo el pueblo, no sólo a los sectores más avanzados,
limpia de formulismos y de fraseología radical, pero auténticamente
revolucionaria por su aptitud para unir y lanzar a la lucha a las más
amplias masas; en una palabra, una línea capaz de transformar las ideas
en fuerza, para repetir a Marx. Reclama unir, organizar y combatir, y no quedar
sólo en declaraciones propagandísticas; aunque –claro está-
la eficiencia de nuestra propaganda debe ser mucho mayor. Nos exige, en esencia,
promover la experiencia de las masas, y no sólo esperar sus explosiones
más o menos espontáneas.
Todo el curso de las acciones de nuestro pueblo ilustra la fertilidad de esta
directriz táctica y metodológica. En el transcurso de sus múltiples
luchas, las masas han acuñado un programa positivo que resume ante sus
ojos el sentido de una alternativa popular frente a las clases dominantes, una
perspectiva de soberanía nacional, democracia, progreso social y bienestar
popular.
Este programa que está al nivel de la comprensión de los sectores
más amplios, ya que involucra sus reivindicaciones inmediatas, inserta,
a la vez postulados democráticos avanzados: una política exterior
independiente, medidas de reforma agraria, de nacionalización de la banca,
los frigoríficos y otros monopolios extranjeros, liberación del
comercio exterior del control imperialista, defensa de la economía nacional
frente a los monopolios extranjeros y la oligarquía, salvaguardia y ampliación
de las libertades y derechos populares, liquidación de la corruptela
de las Cajas de Jubilaciones y establecimiento del Estatuto exigido por jubilados
y pensionistas, defensa, mejoramiento y democratización del sector estatal
de la economía, incremento de la cultura, defensa de la escuela pública
y laica, de la Universidad y otros centros de enseñanza, atención
a la salud del pueblo y leyes sociales avanzadas.
En lo esencial, este programa positivo ha sido transformado en plan de acción
de los sindicatos, del Congreso del Pueblo y de otras organizaciones, e incorporado
al proyecto de Reforma Popular que patrocinan 200 sindicatos y sectores populares.
Es un programa muy amplio. Comprende reivindicaciones que pueden ser admitidas
inclusive, por la burguesía media, nacional
-industrial o agraria- aunque sus ejes movilizadores corresponden a las aspiraciones
del proletariado, de las capas medias urbanas y rurales, de la intelectualidad
avanzada, es decir, el núcleo potencial -para expresarnos en términos
sociales- de un frente liberador. En verdad, en los postulados de esta plataforma
coinciden en una síntesis superior, la experiencia de las masas y nuestra
línea política.
Esta plataforma se ha vuelto patrimonio de las grandes masas.
Este programa -modesto y en apariencia carente de frases y definiciones revolucionarias-
ha sido capaz de llevar a la lucha a cientos de miles de trabajadores en junio
del 64 o en abril del 65, y de transformarse en una contraseña del movimiento
popular. O sea, ha sido capaz de concitar las más grandes batallas políticas
y sociales que el país recuerda.
Para luto de oportunistas que conciben esta plataforma como herramienta de un
diálogo adormecedor con las clases dominantes, y desesperación
de los especialistas en gargarismos radicales, puestos al margen de los grandes
combates, la vida ha demostrado una vez más la fertilidad revolucionaria
–con una erre pero auténtica- de esta línea del movimiento
obrero y popular.
La experiencia de las masas, claro está, no se inventa, y no siempre
las vanguardias están en condiciones de promoverla. Empero, toda la historia
reciente de estas luchas patrióticas, democráticas y de clase,
configura un ejemplo categórico de cómo la promoción de
la experiencia obrera y popular es capaz de conducir, aún a las capas
más atrasadas, a altos niveles, inclusive a “formas superiores”
de lucha. Desde luego, ello exige una sensibilidad muy viva respecto a las necesidades
de los trabajadores, a la vez que un sistema de relaciones con las masas mejorado
constantemente; una idea táctica definida de las relaciones entre la
ofensiva y la defensiva, y una visión multilateral, pero al día
de los acontecimientos. Cientos de miles de obreros, empleados, universitarios,
intelectuales, jubilados y pensionistas, han luchado en los últimos años
tras este programa; sus dirigentes supieron calibrar las formas organizativas
y los métodos en correspondencia con el estado de ánimo de las
masas y el grado de agudeza de las contradicciones sociales y políticas.
En general, predominaron métodos legales sin atarse a ellos; las acciones
de las masas alcanzaron muchas veces formas superiores sin caer en el aventurerismo
ni arriesgar irresponsablemente la derrota. En una palabra: un programa justo,
formas de organización múltiples y eslabonadas, y la utilización
de métodos adecuados según la tensión de la lucha y el
ánimo de las masas, condujeron a nuevas victorias al movimiento obrero
y popular, fortalecido en todos los sentidos por este duro pero flexible aprendizaje.
Frente al reformista que se adecua al marco ideológico y político
burgués y que se justifica invocando el atraso de las masas, como a las
charangas aburridoras del “blá-blá” revolucionario,
los dirigentes del movimiento obrero y popular han sabido combinar –en
plena coincidencia con nuestras ideas tácticas- la amplitud del movimiento
con la profundidad. Ni han pretendido “politizar” abruptamente “sindicatos”
para darles el gusto a los “pequeños burgueses frenéticos”
(Lenin), que los agravian llamándolos “economistas”, ni han
restringido las posibilidades de maduración del movimiento, inclusive
en las confrontaciones con la intentona gorila o en defensa de las relaciones
con Cuba, cuando los mismos “extremistas” declaraban que era fatal
el golpe de Estado o que carecía de importancia revolucionaria defender
las relaciones con la Isla heroica.
Por el contrario, cuanto más alto era el nivel de la lucha contra las
clases dominantes, más flexibles han sido sus métodos, justamente
para llevar al combate a masas más amplias. Inclusive cuando se definían,
en junio del 64, los problemas de “democracia” o “dictadura
regresiva”, enarbolaron con firmeza las reivindicaciones económicas
junto a las políticas, conscientes de ensanchar el campo de las masas
cuyo “empuje” –justamente como lo enseña Lenin-, es
“lo único” que asegura la victoria de las “formas superiores
de lucha”.
Camaradas:
A través de este proceso se han creado otras condiciones en el movimiento
de masas y se han sentado premisas para una mejor correlación de las
fuerzas. Estamos, pues, en una etapa nueva que proponemos definir como una fase
de lucha por dirigir a las grandes masas y promover el advenimiento de una nueva
conciencia política; en particular, por la conquista ideológica
y política de la mayoría de la clase obrera.
Al plantear el problema de las masas, es útil definir este concepto político-social.
Esta categoría –las masas- no se debe estimar estáticamente.
Lenin la explica cuando comenta la lucha contra las corrientes oportunistas
e izquierdistas. En una etapa determinada del movimiento, ganar las masas significa
lograr que todas las fuerzas de vanguardia, inclusive miembros y amigos del
Partido, se definan por una orientación determinada. Para nosotros esa
etapa transcurrió del XVI al XVII Congresos del Partido, llegando hasta
la elección de 1958. Fue una demostración de la unidad esencial
del Partido, de sus simpatizantes y de su aptitud para ganar influencia sobre
nuevas y nacientes fuerzas del movimiento obrero.
En la etapa siguiente, la conquista de las masas se define como el esfuerzo
por unir los caudales fundamentales de la izquierda, por acercar los cuadros
de avanzada del movimiento obrero y popular, a aquéllos que en varias
instancias, conducen los sindicatos, el medio estudiantil e intelectual y las
principales batallas democráticas y reivindicativas. Aunque restan problemas
referentes a la unidad total de la izquierda, esta etapa se ha cumplido en lo
sustancial. La gran tarea que ahora tenemos por delante, ya esbozada por el
XVIII Congreso y que éste ha heredado en un plano superior, apunta a
la conquista de la mayoría de la clase obrera; a la conducción
e influencia sobre las capas fundamentales del pueblo.
Ahora que el Partido ha crecido hasta ser la principal corriente del movimiento
sindical y popular, y que se ha definido en la izquierda otra correlación
con la vigorosa presencia del F.I. de L. y otros avances de la unidad, cuando
hablamos de masas nos referimos precisamente a esto, en alcances y dimensión.
Este es el cogollo de nuestra táctica.
Por ello debemos tener en cuenta que sin descuidar el reformismo (ideología
dominante en el país), la incomprensión de la flexibilidad de
nuestra táctica se puede perfilar como un peligro. Debemos superar todo
resto de esquematismo, de doctrinarismo, o de dureza ante la frescura y los
matices de la táctica.
Estamos contra toda forma de oportunismo, de derecha y de izquierda. Estamos
contra aquéllos que nos plantean la adecuación a las estructuras
políticas del bipartidismo, contra los que reducen la labor de educación
del movimiento obrero y temen la agudización de la lucha de clases; contra
toda idea de gremialismo estrecho y prosternación ante las clases dominantes.
Pero una táctica que se dirige a las masas, a las grandes masas, se basa
fundamentalmente en la aptitud para conducirlas y hacerse entender políticamente
por ellas. Lenin habla de ese momento de la política en que se cuenta
por millones. Nosotros diríamos por muchos miles, según las medidas
uruguayas.
Desde este punto de vista, nuestra táctica se atiene a los objetivos
estratégicos; pero parte de la construcción real, inmediata, concreta,
de la fuerza social de la revolución.
Vivimos un instante que nos obliga a evocar otra vez a Lenin: “masas que
el desarrollo de los acontecimientos empuja objetivamente hacia nosotros, pero
nos temen”. Sí, son cientos de miles los obreros, empleados, intelectuales,
jubilados, campesinos y pequeños burgueses, empujados objetivamente hacia
nosotros por la crisis, el fracaso de los viejos partidos y por nuestra acertada
política, inclusive que están combatiendo por soluciones patrióticas
y democráticas que nosotros hemos promovido, pero que todavía
son contenidos por dudas, tradiciones y prejuicios.
Nuestra gran tarea actual es ayudarlos a saltar esos muros, a encontrarse a
sí mismos, uniendo su militancia social y política (en la acepción
más amplia del vocablo) con su conducta partidista e ideológica.
Nuestra táctica debe dirigirse, pues, a facilitar ese pasaje y no ayudar
al enemigo (por la fraseología barata y las actitudes insensatas), a
empantanar en sus vacilaciones a vastos sectores del pueblo. El prestigio de
nuestros cuadros es muy amplio: por nuestra acción sindical, parlamentaria
y de masas; por la firmeza de los comunistas y de nuestros aliados del F.I.
de L., en la defensa del pueblo y del país. Por ello, decenas de miles
de hombres del pueblo miran hacia nosotros; pero esto no alcanza, es menester
que crucen una frontera ideológica y política, o simplemente la
zanja que la prédica mentirosa del enemigo ha ido excavando.
En el momento actual, aquello que facilite y apresure ese pasaje es revolucionario;
lo que lo retrase es objetivamente un regalo a la reacción, un factor
de alejamiento de la hora revolucionaria.
ALGUNOS PROBLEMAS TEORICOS, ESTRATEGICOS Y TACTICOS
El avance que se ha producido en el desarrollo social y político, nos
ha exigido una faena regular de elaboración teórica y táctica.
Muchas de nuestras concepciones se han generalizado en el conjunto del movimiento
obrero y popular. Inclusive partidos o grupos que todavía nos atacan
muestran en su pensamiento huellas positivas dejadas por la frecuentación
de nuestra tesis.
Hemos avanzado combatiendo. La lucha ideológica fue muchas veces un factor
en las definiciones políticas, o en el encauzamiento hacia fases más
altas de la lucha social.
Si nos detuviéramos a contemplar la ruta transcurrida, podríamos
comprobar cuántas opiniones –arraigadas o de moda- acerca de la
revolución socialista, latinoamericana y uruguaya, se marchitaron. Y,
en cambio, cómo proliferaron nuestras tesis, confirmadas sin levante
por la vida.
Vencimos, incluso, las dificultades suplementarias que a todos los partidos
nos crearon los hechos de división del movimiento comunista internacional,
con su secuela de ideas y métodos erróneos, a que se aferran todavía
los compañeros chinos y albaneses.
No queremos decir que un éxito o una derrota pueden ser pruebas definitorias
del acierto o del error teórico y político. No somos pragmatistas.
Sin embargo, la práctica –en la acepción más universal
del concepto- es el criterio de la verdad. Y, en última instancia, cuando
nos manejamos con realidades de todo un período, ellas sí testimonian
acerca de la concepción teórica y de la óptica política
empleadas. La unidad y el desarrollo de nuestro Partido, forjados en la fértil
elaboración interna y en la relación de masas, son la más
alta verificación de nuestra línea.
Cuando hablamos de la lucha ideológica nos estamos refiriendo no sólo
a la contrastación de las ideas, sino también a los métodos.
Las pugnas ideológicas, con sus derivaciones políticas, reflejan
la dialéctica social. A veces, son contradicciones entre clases y capas
sociales llamadas a unirse contra el imperialismo y la oligarquía; otras,
son antagonismos irreductibles entre los campos de la revolución y la
contrarrevolución. Los métodos a usar en cada uno de estos casos
son claramente distintos y opuestos. En una situación nos hallamos ante
aliados potenciales; en otra, frente a un enemigo irreconciliable al que deseamos
destruir.
Queremos referirnos sólo al primer caso.
En verdad, junto a la implacable lucha ideológica contra el imperialismo
y la reacción, se desenvuelve otra, que se refiere a los caminos de la
revolución, a la concepción teórica y a la metodología
de las fuerzas sociales llamadas por la historia, a unirse en un cauce liberador
común.
El método para enfocar estas contradicciones fue definido por Marx en
sus opiniones acerca de las revoluciones europeas del siglo XIX y por Lenin
en su genial obra “Dos tácticas...”, entre otras.
Habitualmente se lo denomina de “unidad y lucha”. Alude en esta
categoría también a los enfrentamientos de carácter social;
aunque nosotros aquí nos estamos refiriendo a aquéllos de índole
ideológica.
Cuando las contradicciones corresponden a diferencias entre la clase obrera
y otras fuerzas sociales potencialmente aliadas, deben encauzarse de manera
que sirvan a la unidad. Si no se procede así, si se la destruye, si se
impide la acción común o se dificulta el agrupamiento estratégico
de todo el movimiento, se puede servir objetivamente al enemigo. Tanto más
graves pueden ser las consecuencias si en vez de afectar la actividad de un
campo de fuerzas aliadas, se resiente, se hiere o se destruye la unidad de partidos
que poseen un ideal revolucionario común, el marxismo-leninismo, o de
todo un movimiento cuya suerte define el curso de un época, tal el movimiento
comunista internacional.
En ambas situaciones (tanto en las cuestiones referentes a la lucha nacional
y latinoamericana, como a aquéllas tan serias que inciden en la unidad
del movimiento comunista internacional) nuestro Partido procuró actuar
con un método correcto, sin enturbiar por ello, la pureza de sus concepciones
ideológicas y tácticas.
Este método se puede reconocer en algunos rasgos principales:
a) tenderá a desenvolver la unidad de acción de las fuerzas
revolucionarias
b) sin soslayar la pugna ideológica ni resbalar al eclecticismo,
procurará encauzar los planteamientos hacia la faena diaria de forjar
la unidad.
c) tratará de crear relaciones limpias, y evitará por lo tanto,
las
asperezas de lenguaje, la exacerbación polémica y las intemperancias.
d) se basará en el respeto mutuo y en la igualdad de tratamiento.
Cuando se trate de aliados, el carácter de vanguardia de la clase obrera
y nuestro Partido, debe surgir de la vida y no de un “status” que
establezca la hegemonía. Cuando se refiere a relaciones entre partidos
comunistas y obreros, este método responde a nuestra fraternidad de principios,
el internacionalismo.
En el plano nacional, ésta nuestra manera de actuar, ha coadyuvado a
la unificación del movimiento obrero y popular, a mejorar las relaciones
en la izquierda, a elevar el prestigio del Partido. En el plano internacional
contribuimos en nuestra medida, al empeño común por la unidad
del movimiento comunista internacional y de los sectores antiimperialistas de
América Latina.
El XVIII Congreso llamó nuestra atención sobre tres cuestiones
relacionadas: una de índole estratégica (el frente de liberación)
y dos de carácter táctico: establecer la etapa y definir los métodos
y las formas de lucha. Acerca del frente de liberación no cabe efectuar
muchas puntualizaciones más allá de lo ya dicho por nuestros documentos;
empero, es necesario insistir acerca del carácter de la etapa y, en cierto
sentido, respecto a las formas de lucha.
El XVIII Congreso caracterizó la etapa revolucionaria uruguaya como de
“acumulación de fuerzas”, o sea de construcción de
la herramienta social de la revolución a través de la lucha de
las masas populares y la elevación de su conciencia política e
ideológica.
En estos últimos cuatro años, los procesos característicos
de una tal etapa recibieron –lo hemos visto- un impulso poderoso. Y si
bien esta fase no ha concluido, ni mucho menos se han agotado las tareas que
a ella corresponden, sí se puede afirmar que el movimiento social transita
en su conjunto, en medio de desniveles y atrasos, hacia escalones más
altos.
Jamás concebimos la etapa de acumulación de fuerzas como un prolongado
período “pacífico”, de ritmo obligatoriamente lento.
Por el contrario, la conmovida situación del continente y la agudeza
de los procesos mundiales, conjugándose con nuestras realidades, tienden
a introducir factores críticos, que pueden actuar como aceleradores del
desarrollo social. Hablando de los períodos de “acumulación
de fuerzas” recordábamos ya entonces –en el XVIII Congreso-
que ellos pueden precipitarse, de un modo increíble en épocas
normales, al influjo de la agudización de las luchas, o retrasarse por
errores sectarios u oportunistas, o por falta de decisión o perspectivas
de las fuerzas revolucionarias.
Por otra parte, nunca imaginamos que nuestro país y América Latina
–cuyos destinos en buena parte son inseparables- pudieran esperar un recorrido
idílico de su revolución. Pensamos por consecuencia, las cuestiones
referentes a las vías de la revolución, según la correlación
dialéctica que, como Lenin nos enseña, existe entre las formas
“superiores” e “inferiores” de la lucha y acerca de
lo cual tanto se ha escrito. Proclamamos –en glosa de conocidas palabras
de los maestros del marxismo-leninismo- que preferimos para nuestro país
el camino menos doloroso para la revolución; pero hemos dicho siempre
que no se debe olvidar y menos oscurecer, que pertenecemos a una América
Latina dominada ferozmente por el imperialismo yanqui, empresario del intervencionismo
y gendarme mundial, y que una larga huella de sangre señala su paso monstruoso
por nuestro continente, en alianza con oligarquías antinacionales y feroces
tiranías.
Preveíamos que el curso revolucionario continental –que en cierto
modo nos engloba a todos- sería duro, difícil y en general sangriento.
La clase obrera y el movimiento liberador deberán estar preparados para
afrontar grandes pruebas en el cumplimiento de su destino histórico de
redimir a nuestras patrias de la dominación imperialista y a nuestros
pueblos de la opresión social y nacional.
Los acontecimientos se han encargado de acentuar dramáticamente estas
previsiones, subrayadas en cuanto a nuestro país, por su ubicación
geográfica y la proclamada disposición intervencionista de los
imperialistas y las dictaduras que les sirven.
¿Cómo no tener en cuenta todo ello, cuando se trata de estimar
nuestras directivas tácticas y nuestras previsiones de futuro?
Ante el movimiento liberador uruguayo se marca una gran responsabilidad: el
saber unir a todo el pueblo en salvaguardia de la soberanía y de nuestro
derecho –autodeterminado- a la libertad, y el ser aptos para combatir
dura pero firmemente en todos los campos donde la contienda pueda entablarse.
QUE CAIGA LA ROSCA FINANCIERA Y LA PATRIA SE LEVANTE.
Rodney Arismendi
Discurso pronunciado el 7 de abril de 1973, en Gral. Flores y Garibaldi, en el mitin de la U.J.C.
UN HERMOSO SOFISMA
Y ahora, como última novedad se nos dice: libertad o programa.
Se dice: “¿qué importa nacionalizar la banca, qué
importa la reforma agraria, qué importa nacionalizar los frigoríficos?
Yo prefiero la libertad y me quedo con la libertad” ¡Qué
hermoso sofisma, pero qué expresión tan clara en este enfrentamiento
entre libertad y programa, de un pensamiento medularmente reaccionario, conservador!
¡Si toda la historia del pueblo, ha sido la historia de la defensa de
las libertades, y por ellas estamos en el programa de la CNT y en el Frente
Amplio, dispuestos a luchar y morir, pero dándole el contenido del programa
de soluciones que el pueblo espera! (aplausos).
Separar la libertad de la nacionalización de la banca: así lo
quiere Bordaberry, Jorge Batlle, los banqueros. Separar la libertad de la nacionalización
de los frigoríficos: así lo quiere la rosca y los sectores regresivos.
Separarla de la reforma agraria, esa es la libertad que entiende Gallinal, Martinicorena.
Nosotros, como el pueblo todo, queremos libertad y programa.
Por lo mismo, tampoco le aceptamos al senador Ferreira Aldunate su afirmación
de que hemos cambiado y abandonado la hermosa consigna artiguista levantada
por el pueblo, “la cuestión es entre la libertad y el despotismo”,
por la de “patria arriba, rosca abajo”. No. No hay oposición,
estimado senador Ferreira Aldunate. Y usted que es tan inteligente lo comprende.
Tan vigente es “patria arriba, rosca abajo” como “la cuestión
es entre la libertad y el despotismo”, pero la cuestión es entre
la rosca y el pueblo para las transformaciones que el país quiere (aplausos).
La cuestión es en torno al programa que define y traza las líneas.
No habrá libertad y habrá despotismo mientras la rosca viva en
el país, mientras los bancos saqueen la República, mientras la
embajada de E.E.U.U. dicte la política exterior, mientras los frigoríficos
extranjerizados y privatizados saqueen al país, mientras 600 familias
sean dueñas de medio Uruguay y sus ganados, mientras del campo huyen
los criollos a los rancheríos o se mueren de hambre o vaguen sin trabajo.
¡Y miles y miles de uruguayos desocupados se encuentran en esta situación!
¡No habrá libertad auténtica con congelación de salarios,
con el no pago a los jubilados, con CONAE en la enseñanza... y podríamos
seguir!
Se funden, por el contrario, armónicamente, levantadas por las manos
del pueblo, la consigna de “la cuestión es entre la libertad y
el despotismo” y la consigna que dice que la cuestión es entre
la oligarquía y el pueblo, la patria y el imperialismo. Y que hay que
echar la rosca abajo para llevar la patria arriba (aplausos).
También ahora han inventado otra cosa, en esta campaña de contraofensiva
de la rosca: dicen que somos golpistas. El Sr. Bordaberry, resucitado en los
últimos tiempos, que recuperó la voz, habla contra los que quieren
subvertir el país. El pacto chico se reconstruye de apuro en esa dirección.
Pacheco desde Madrid, entre las malas noches de la “dolce vita”
madrileña, da órdenes de apoyar a Bordaberry y a determinado personaje
militar, diciendo que ese es el camino para cerrarle el paso al comunismo y
de reactivar la campaña anticomunista en la República. Desgraciadamente,
en estos planteamientos también ha caído el Senador Ferreira.
Insultado por Bordaberry, calumniado por “El País”, y por
“Acción”, gaseado por Bolentini, dice sin embargo que nosotros
optamos por un atajo para llegar al poder porque somos minorías y queremos,
por tanto, subirnos al carro de los militares.
No. Aquí no hay ningún atajo. Si el senador Ferreira Aldunate
llamara a todos quienes le responden a juntarse con nosotros, para reclamar
“patria arriba y rosca abajo” e imponer un cambio en la vida de
la República, y unirse con los militares patriotas (aplausos), la mayoría
del pueblo uruguayo avanzaría sin sufrimientos.
¡No hay que despistarse, inteligente senador, porque eso lleva hasta a
votar la ley de seguridad, en ciertas circunstancias!! No hay que perder las
fronteras para poder atender a los que son de derecha en el movimiento, como
a la juventud radicalizada y a la gente inquieta y de tendencia nacionalista.
Hay que ayudar a la unidad de todo el pueblo, a esa unidad que procura forjar
el Frente Amplio, que nació, por un programa de soluciones, con el carácter
de una empresa salvadora de liberación nacional y que se trazó,
junto a esa unidad de tendencias que nos unió a comunistas, socialistas,
demócratacristianos, colorados, blancos, militares, universitarios, sacerdotes,
hombres del pueblo, etc. , junto a ese pluralismo político, una profunda
unidad programática y una unidad de métodos y de conducta política.
PUREZA PROGRAMATICA Y LIMPIEZA DE METODOS
Esa unidad de métodos y de conducta política, el Frente Amplio
y el pueblo deben reclamársela a todos sus miembros. Y nosotros lo hacemos.
Nosotros no creemos que el F.A. pueda ser, al estilo de los métodos corruptos
de los partidos tradicionales, una mesa ante la cual se abrazan o asisten juntos
en torno a un lema, por arriba, mientras por abajo se dan de patadas o se tiran
puñaladas por la espalda (aplausos). Nosotros no creemos más que
en la lealtad de los métodos y en la unidad verdadera. Y si alguien se
sale de los métodos o del programa, vale más el movimiento en
su pureza y en su contenido, que la pérdida de su carácter y de
su fisonomía y la extinción de la corrupción divisionista
en sus filas (aplausos).
Queremos la unidad, queremos ampliarla en vez de reducirla, pero queremos que
el F.A. en esta hora en que avanza cada vez más al centro de la escena
nacional, en las grandes perspectivas nacionales, mantenga su pureza programática,
su línea de conducta y una auténtica fraternidad ajena a la politiquería,
al enchastramiento pequeño y a las pequeñas miserias tan características
de los partidos tradicionales (aplausos).
Por lo mismo, nosotros, desde luego, debemos responder cuando se dice en un
mitin de hace dos días, que el F.A. ha desarrollado esta orientación
trazada en los discursos del Gral. Seregni sobre la situación nacional,
porque algunos tenemos miedo de que venga el golpe militar, que tememos a la
represión. ¿Miedo quiénes? ¿El Gral. Seregni? ¿El
Dr. Crottogini? ¿El senador Michelini en su discurso de la Asamblea General?
¿Los comunistas, los socialistas, los demócratacristianos? ¿Los
militares y los obreros, los miembros de la CNT, las fuerzas populares? Vamos...
Esta consigna no es la del miedo sino la del valor para sellar los acontecimientos
en la vida nacional con la presencia del pueblo (aplausos) y no hay vociferación
política, y no hay posturas histriónicas, y no hay ojos en blanco,
y no hay actitudes de tablado que puedan desfigurar esta posición de
ofensiva militante que el F.A. tiene en la vida del país y que está
avalada por la presencia efectiva de las multitudes, las únicas constructoras
de la historia y las únicas artífices de todas las revoluciones
(aplausos).
Por eso decimos, pueblo unido, civiles y militares, porque creemos en la presencia
del pueblo y porque creemos que esa unidad pueda forjarse en torno a un programa
para salvar la patria, para reconstruirla y para redimirla. Y si mañana
fracasáramos, y si mañana ese proceso no se diera así,
¿nos habríamos equivocado? ¿O habríamos luchado
por un cauce revolucionario auténtico, en lugar de poner los ojos en
blanco y recibir la propaganda gratuita de las clases dominantes y de la oligarquía
contra el F.A.? (aplausos).