Revista "Cuestión", 2 de marzo 1972
Año II, Nº 15

IBERO GUTIERREZ


ASESINARON A UN MILITANTE ESTUDIANTIL


El siguiente es el texto de la información oficial acerca del asesinato del joven Ibero Gutiérrez:

"Oficina de Prensa de las Fuerzas Conjuntas. Comunicado Nº 43. Hora: 22. Comprendido en el Decreto Nº 189/71. –Montevideo, 28 de febrero de 1972.- En el día de la fecha, siendo aproximadamente las 12.00 horas, como consecuencia de un aviso anónimo, integrantes de las Fuerzas Conjuntas hallaron debajo de un árbol ubicado a unos quince metros de la intersección de Camino de las Tropas y Camino Melilla, el cuerpo sin vida de una persona del sexo masculino presentando varias heridas de bala.
La víctima se hallaba en posición de cúbito ventral y vestía camisa beige, pantalón tipo vaquero azul y zapatos mocasines marrones, sobre el cuerpo se halló un papel con una repudiable anotación que pretende justificar la violencia en un estado de derecho, como respuesta a las actividades de la delincuencia organizada.
Efectuadas las pericias técnicas correspondientes se identificó al occiso como IBERO GUTIERREZ GONZÁLEZ, oriental, de 21 años de edad, estudiante de Derecho y de la Facultad de Humanidades y Ciencias, siendo su último domicilio conocido en la calle Hernani Nº 1541 de la Capital.
El muerto era integrante de la "Agrupación de Avanzada Universitaria" (ADAU) y de un grupo organizado para delinquir, habiendo estado vinculado a los delincuentes que intentaron colocar un artefacto explosivo en la residencia presidencial el día 21 de junio de 1969.
Habiendo sido detenido, fue procesado el día 3 de enero de 1970 por el delito de "Asociación para delinquir" y posteriormente internado por Medidas Prontas de Seguridad, desde el 13 de agosto al 13 de setiembre del mismo año, y del 13 al 27 de marzo de 1971".

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Ibero Gutiérrez González apareció acribillado en Camino de las Tropas, tirado en un monte al costado del camino. Sobre su cuerpo, un papel "repudiable" hablaba de venganza, de asesinato premeditado.
¿Quiénes fueron los sicarios que lo asesinaron? ¿Son los mismos que noche a noche pintan la ciudad con amenazas a los tupas y elogios a la policía y el ejército? ¿Son los mismos que ponen bombas en casas de familiares de presos políticos y militantes frentistas, y nunca son descubiertos in fraganti por los cientos de vehículos de la represión que circulan por la ciudad?

Quienes emplean a estos mercenarios, tarde o temprano los
liquidan, o más sencillamente, no pueden asegurarles la impunidad más allá de ciertos límites cada día más estrechos.

Fleury, organizador del "Escuadrón de la Muerte" en Brasil, vino contratado dos meses a nuestro país. Aquí estuvo en octubre y noviembre de 1971. ¿Quién lo contrató?

Y mientras no descubran a los autores de este crimen, su peso va a resultar seguramente muy incómodo a los integrantes del gobierno, a los jerarcas policiales y militares, obligados a soportar el dudoso privilegio de ser "apoyados" por una organización que tortura, secuestra y mata, según todas las recetas de la "guerra sucia".

Ibero Gutiérrez, estudiante de 21 años, querido militante estudiantil de la FEUU, militante de base del Frente Amplio, había sido procesado hace varios años por un supuesto intento de volar la casa presidencial con una garrafa de supergás.

El domingo 27 a las 19,30 horas se dirigió a su casa, tras haber estado estudiando con unos compañeros de clase –era estudiante de Humanidades-. A las 23,30 había quedado en pasar a buscar a su compañera por otra casa donde también ella estaba estudiando. El muchacho no apareció ni esa noche ni nunca más...vivo.

Sus familiares manifestaron que al creerlo detenido, concurrieron a reclamar su libertad en Jefatura. Incluso en la mañana del lunes 28 interpusieron ante las autoridades judiciales un pedido de habeas corpus. Fue entonces que el Inspector Víctor Castiglioni les comunicó la aparición de un cuerpo acribillado en Camino de las Tropas.

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Publicado en revista Cuestión del 16 de marzo de 1972
Año II, Nº 16

IBERO GUTIERREZ: INFORME SOBRE EL ASESINATO.


Durante siete días, cronistas de CUESTION interrogaron a familiares de Ibero Gutiérrez González, rastrearon datos e informaciones sobre las actividades del Escuadrón de la Muerte, consultaron a abogados e investigadores policiales.
Esa indagación permitió detectar algunos elementos aún no difundidos sobre el asesinato de Ibero y sobre las actividades de ciertos grupos para-policiales. En ese capítulo se incluyen revelaciones claves, algunas de las cuales puede resultar de capital importancia para el total esclarecimiento de los asesinatos cometidos por el Escuadrón. Este es el texto del informe elaborado por los cronistas de CUESTION.


Cuando Ibero Gutiérrez González regresó de Europa, luego de dos meses de permanencia en Francia y España, envió a un sacerdote amigo de su padre, en cuyo domicilio madrileño se había hospedado, una carta en la cual le solicitaba le enviara unos libros que había dejado allá. La carta llegó abierta a manos del religioso y su domicilio y su parroquia fueron allanados. A duras penas el propio sacerdote evitó una temporada en la cárcel. También en París, la casa amiga donde Ibero permaneció unos días, fue prolijamente allanada por la policía. Eso sucedió en 1968. Ibero tenía entonces 18 años. No había, en aquel momento, justificaciones aparentes para esos episodios. Un premio en el concurso de Radio Habana y una breve estadía en Cuba eran los únicos extremos que podían explicar; después, un diario norteamericano publica una gran fotografía de Ibero, como ilustración de aquellos hechos. Poco tiempo de una nota en la que se le sindica como "jefe tupamaro".
¿Quién proporcionó esa fotografía al diario yanqui? ¿De dónde surgieron los datos personales que se incluyen en la nota? ¿Cómo explicar la absurda acusación que se hace allí contra Ibero, y presentándole, nada menos que como "jefe tupamaro"?
Sus familiares, su compañera, sus amigos se plantean hoy insistentemente esas preguntas. Y muchas otras. Por ejemplo: ¿por qué la insistente persecución desatada contra Ibero durante estos últimos cuatro años? ¿Por qué las mentiras, las mistificaciones, las ambigüedades tendientes a construirle una imagen de sedicioso, que se complementa a la perfección con la intención que refleja el cartel que apareció sobre su cadáver, el lunes 28: "Vos también pediste perdón. Bala por bala. Muerte por muerte. C.C.T.." (Comando Caza Tupamaros)?
Quizás Ibero fue una víctima prefabricada. El 7 de setiembre de 1971 su nombre apareció en una lista publicada por "El País", donde se le sindicó, también, como sedicioso. Pero Ibero sólo había estado 90 días detenido, sin pruebas y había sido excarcelado por la Fiscal del Crimen, doctora Gonella, que no encontró méritos para acusarlo. Y se sabe que ni un sedicioso está solo 90 días en la cárcel si es culpable de "asociación para delinquir" ni la doctora Gonella es una fiscal blanda, despojada de prejuicios políticos e ideológicos. Por supuesto, Ibero y sus abogados probaron fehacientemente que no tenía vinculación alguna con el delito de que se le acusaba (atentado contra la quinta presidencial) y que el día del hecho Ibero estaba en su casa. Tenían testigos calificados para probarlo. Y lo probaron. Y de inmediato Ibero fue excarcelado por la Fiscal, cuyo dictamen refleja en el caso la opinión del propio Poder Ejecutivo. Y en las circunstancias en que se registró la excarcelación correspondió a un sobreseimiento.
Pero hubo más. Mucho más. Cada vez que se produjo un hecho espectacular (asalto al BFI, secuestros) Ibero fue buscado, indagado por la policía. En cada oportunidad Ibero se presentó y probó que nada tenía que ver con esos hechos, con testigos y testimonios calificados. Nunca la policía encontró en esas oportunidades indicios de ninguna clase para que fuera procesado. No obstante, como tantos otros ciudadanos inocentes durmió algunas noches en Jefatura "mientras se averiguaba", fue recluído en un cuartel. "Ibero no consideraba deshonroso ser «tupamaro»", recuerdan hoy sus familiares "pero nunca nadie probó que lo fuese". Incluso, cuando fue excarcelado, no fue como los "sediciosos", enviado a una dependencia militar. Pero Ibero, militante estudiantil y del Frente Amplio, ubicado políticamente en el Movimiento de Independientes 26 de Marzo, era perseguido. ¿Por qué, por quiénes? La casa de sus padres fue allanada, incluso estando la familia en el interior, veraneando: la persecución se extendía a la familia. Y hasta la semana pasada, ese extremo adquirió niveles de ensañamiento. Se dijo que estaba vinculado a grupos sediciosos, y hasta la doctora Gonella ya había dicho que no. Se habló de que su domicilio era "desconocido", y cuando se casó con Olga, Ibero dio, como correspondía, su dirección a las autoridades competentes y allí vivía. Se afirmó que había estado varias veces recluido y ya sabemos cómo es esa historia. No se dijo, por supuesto, que había sido excarcelado por falta de méritos para acusarlo, que no había indicio alguno que lo vinculara a los comandos revolucionarios.
El propio Ibero contó a sus amigos: "Cuando me interrogaba el juez un funcionario entró al despacho y le dijo que alguien quería hablarle. ¿Quién es?, preguntó el juez. «El comisario Otero», respondió el funcionario. Y el juez salió y habló con Otero". Y después volvió y, aún careciendo de pruebas como la propia fiscal luego lo admitió, mandó a Ibero a Punta Carretas. Otra vez, la inquietante pregunta de siempre: ¿Quién, desde dónde, desde cuándo, por qué, dirigía la persecución contra Ibero? ¿Quién tiene el brazo tan largo como para llegar a Madrid, a París, a los Estados Unidos? ¿Qué habló el comisario Otero aquel día con el juez?.
El martes 29 los matutinos alcanzaron la primer respuesta: había aparecido el cadáver de Ibero Gutiérrez González, en un lugar apartado, con 13 balazos en el cuerpo, asesinado por el Comando Caza Tupamaros, una de las tantas caras del Escuadrón de la Muerte.

SUS ULTIMOS PASOS

Cuenta el padre de Ibero: "El domingo 27 almorzó en mi casa, con la familia. Luego Olga, su esposa, fue a casa de una compañera a estudiar. En mi auto yo llevé a Ibero hasta su departamento. Eran las 3 de la tarde, aproximadamente. Lo dejé en la esquina, a poca distancia de su casa, con el brazo levantado, saludándome. Esa es la última imagen que tengo de él".
Dice Olga, su compañera: "Quedamos en encontrarnos a las diez y media u once de la noche. El iba a pasar a buscarme por la casa de una compañera, donde yo estaba estudiando. No vino y eso nos sorprendió, porque Ibero era puntual. Así que cerca de medianoche estábamos muy nerviosas, porque no aparecía. Con unos familiares fui hasta nuestro apartamento y allí todo estaba en orden. Ibero no estaba. El lunes en la mañana, temprano, fui con el padre de Ibero a la Jefatura. Allí dijeron que no sabían nada de él. Seguimos investigando hasta cerca de las 7 de la tarde, sin resultado. Fue cuando nos informaron que había aparecido su cadáver"............
Según el parte policial el cuerpo fue encontrado cerca de las 12 del lunes. De acuerdo al informe forense, Ibero murió entre la medianoche del domingo y las 3 de la madrugada del lunes. Eso es todo. No hay más datos. El Escuadrón de la Muerte sabe cubrir sus pasos.


EL INFORME DEL FORENSE

El cadáver de Ibero Gutiérrez presentaba las siguientes heridas: esquimosis y hematosis en cara anterior y posterior del tórax. Algunas alargadas, provocadas por objetos contundentes; otras redondeadas, como si hubieran sido provocadas por patadas. Algunos de esos golpes provocaron fracturas de costillas.
* 2 orificios de bala transfixiantes de brazo derecho. Uno de ellos
fracturó el húmero.
* 1 herida de bala transfixiante de dedo de mano izquierda, con
fractura de falange.
* 1 herida de bala transfixiante de brazo izquierdo.
* 1 herida de bala transfixiante en región occipito-parietal derecha,
transfixiante de cerebro. Este proyectil se extrajo debajo de la piel
de la región frontal, lado derecho.
* 2 heridas de bala, preauriculares, derechas.
* 1 herida de bala en región carotidea izquierda. El proyectil fracturó
el maxilar inferior.
* 1 herida de bala supraclavicular izquierda.
* 2 heridas de bala en la cara posterior del tórax, una derecha y otra
izquierda.
* 2 heridas en cara anterior de tórax.

No hay más detalles de heridas en el parte forense. En total 13 balazos, todos de calibre 38, disparados por varios revólveres, según se estableció en los peritajes. Por lo menos tres revólveres.
Además, en el pecho de Ibero Gutiérrez aparecieron dos marcas paralelas, largas, finas, aparentemente provocadas por sogas. ¿Permaneció atado (a una silla, probablemente por la ausencia de marcas en la espalda) hasta instantes previos a su asesinato y se hizo las marcas al intentar liberarse de las ataduras? ¿Fué acribillado atado y de ahí los balazos en los brazos, que levantó en un gesto instintivo? Como se verá más adelante algunos extremos de esas hipótesis pueden servir para rastrear alguna pista que conduzca a los autores materiales del asesinato.

LAS PISTAS

El Escuadrón de la Muerte (o cualquiera de sus sellos colaterales) no deja pistas, habitualmente. Si las deja, tienen una característica singular: cuando se inicia la indagación policial, se desvanecen, se diluyen, terminan por evaporarse.
No obstante, en este caso hay posibilidades de encontrar alguna, según aseguran veteranos investigadores policiales. Veamos.
1) El cuerpo apareció debajo de un árbol, a unos quince metros de la intersección de Camino de Las Tropas y Camino Melilla. Es una zona relativamente despoblada. El lugar exacto donde apareció el cuerpo está alejado de casas. No hay vecinos en las proximidades. No obstante, los hay en un radio de unos 350 metros y precisamente por tratarse de una zona apartada, cuyos moradores están habituados al silencio nocturno de la zona, cualquier ruido (detonaciones, motores, gritos) es audible a muchos metros de distancia y fácilmente detectable por los moradores más cercanos. Según el parte técnico la muerte de Ibero se produjo entre las 24 y las 3 de la madrugada. Según todos los indicios no fue asesinado en el lugar que apareció el cadáver, sino que fue llevado allí ya muerto. Sea como sea, los asesinos estuvieron en Camino de Las Tropas y Camino Melilla entre las 24 del domingo y las 3 de la madrugada del lunes, si mataron allí a Ibero, o entre las 24 del domingo y las 12 del lunes, cuando, según el parte policial, fue descubierto el cadáver gracias a un "aviso anónimo". Esas, por supuesto, son las horas topes y los plazos pueden, aún, ser mayores. De todas formas queda claro que la presencia de extraños, de automóviles y quizás los ruidos de detonaciones muy posiblemente no hayan pasado inadvertidos a los vecinos del lugar, ya que, eventualmente, los asesinos estuvieron en el lugar, recorriendo caminos y carreteras, entre la medianoche del domingo y el mediodía del lunes. Un lapso demasiado extenso como para que hayan pasado inadvertidos por todos en todo momento. ¿Nadie escuchó voces, nadie vió automóviles, nadie observó -a la luz de la luna o del sol- el rostro de ningún extraño en las proximidades, nadie oyó gritos o detonaciones?
Quizás la policía no pueda contestar esas preguntas: no ha investigado por ese lado.
2) Ciertos detalles de las heridas permiten profundizar algunas pistas. Todas fueron ocasionadas por armas de calibre 38, que utiliza, como se sabe, la policía. Por lo que se sabe, fueron varias (por lo menos tres) las armas que se vaciaron en el cuerpo de Ibero. Un examen balístico realizado en base al hecho de que las estrías dejan marcas diferentes, podría ayudar a limitar el número de posibilidades para conocer más detalles sobre las armas usadas. No hay indicios de que ese examen se haya realizado.
3) El ángulo desde el que fueron disparados los balazos sobre un Ibero aparentemente atado a una silla, puede -otras veces, muchas, ha servido para ello- proporcionar datos sobre la altura y otras características físicas de los o alguno de los asesinos. Del mismo modo, un estudio dactiloscópico a fondo del cartel que colgaba del cuello de Ibero, podría ayudar también en la investigación, como siempre ha ayudado en casos similares. Pero ninguno de los dos extremos han sido tenidos en cuenta por la policía.
4) Huellas digitales, altura aproximada de los asesinos, descripción de algunos o alguno de ellos proporcionadas por vecinos del lugar donde apareció el cadáver, datos sobre automóviles y presencia de extraños en el lugar, detalle sobre frases intercambiadas entre los asesinos cuando mataron o dejaron a Ibero en Camino de Las Tropas y Camino Melilla, son posibilidades de pistas, que para concretarse o no dependen de la diligencia con que a ese nivel se investigue. Otros hechos policiales (cientos, miles de ellos según opinan los expertos encuestados por CUESTION) se han aclarado en base a posibilidades de pistas exactamente iguales a las de este caso, indagadas a fondo. Pero en el caso de Ibero nada se investiga a fondo.

LOS TESTIMONIOS

Antes que nada, Ibero era un militante. Un hombre comprometido con su tiempo y con su padre. También, un artista. Un creador. Un creador cuyo talento se reflejaba en sus pinturas (consideradas excelentes por los expertos), en sus poemas, en sus fotografías. Además, un compañero, un amigo entrañable de su padre, su madre, su hermana, su compañera, y de los jóvenes y adultos cercanos a su militancia política y estudiantil. A ese nivel CUESTION auscultó opiniones. Las respuestas trazan una semblanza objetiva de Ibero.
-De su padre: "Ibero y yo dialogábamos mucho. De nuestras afinidades, de nuestras discrepancias. El era un hombre inteligente, un creador, sobre todo un creador. Quizá en algunos aspectos pensaba que yo conservaba aún las limitaciones propias de mi generación, que vivió ciega a muchas cosas. Y probablemente tenía razón, pienso ahora. De todos modos nuestras charlas, en las que afloraban nuestras coincidencias y nuestras diferencias, nos sirvió de mucho a los dos. Sí. A ambos, estoy seguro de ello. Hay una fotografía (señala una ampliación de la publicada en los diarios) que define a Ibero tal cual era. Maduro, tremendamente maduro, siendo un niño. Vea su mirada, fíjese en la seriedad y la pureza infantil que refleja su mirada. Sí. Así era Ibero. Así hasta el último día. Hasta el mismo domingo, cuando me dejó su última imagen; su brazo en alto, saludándome".

-De su compañera: "Nos queríamos, sabíamos que nuestra pareja era importante, pero que no tenía sentido, que perdía todo sentido si no se extendía a los demás, si no existía en relación a la causa de liberación de nuestro pueblo. Así vivíamos queriéndonos, entre la militancia y las luchas estudiantiles y las tareas políticas. Ibero era un hombre, un militante, un luchador. No quería aislarse, meterse solo dentro de sus cosas, separarse de los demás, lo que comprendía que era bueno para los otros. Y esa fue, siempre, su lucha".

-De sus compañeros de facultad y de militancia: "Ibero era inteligente, prudente, sensible a toda injusticia, fuera ejercida contra quien fuera" (Alvaro).
"Yo lo conocí mucho, Un día nos dijo: «Tenemos poco tiempo. Hay que vivir de apuro. Hay tareas que no pueden esperar» Y esas tareas eran, para él y para todos nosotros, las de la militancia por la causa de la liberación" (Jorge).
"Sí, yo fui compañero de facultad de Ibero y le puedo asegurar que a muchos de nosotros nos anima un estímulo: el de ayudar a encontrar a los responsables, a los asesinos". (Miguel).


LA INVESTIGACION.

Cuarenta y ocho horas después del asesinato de Ibero, el Frente Amplio solicitó en el parlamento una investigación sobre el Escuadrón de la Muerte. Existen ya, particularmente a nivel judicial, elementos de sobra para encausar esa indagación, además de los datos que reúna por sí el parlamento, si prospera el planteo del Frente Amplio. Aunque quizá ese no sea el único camino existente para desbaratar a las bandas parapoliciales, la intervención parlamentaria puede contribuir decisivamente con ese propósito. Ya hay demasiados muertos como para seguir esperando.


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EXTRAIDO DE LOS DIARIOS Y AGENCIAS DE NOTICIAS DE LA EPOCA:


"IBERO FUE TORTURADO Y BALEADO LENTAMENTE"

Sobre el asesinato del joven Ibero Gutiérrez González, se sabe por deducción de datos parciales que el "Escuadrón de la Muerte" lo torturó y luego lo fue baleando hasta comenzar a rozarle la ropa, hiriéndole primero partes no vitales hasta que finalmente lo remataron con proyectiles dirigidos a la cabeza. Aguardase el dictamen médico forense para un conocimiento más preciso de este horrendo crimen.

El cuerpo tenía trece heridas de bala, de varios revólveres y diferentes ángulos, en la espalda, cabeza, tórax, brazos, manos, cuello, orejas, etc.
Asimismo se comprobaron fracturas y hematomas varias en la región abdominal, producidas por un objeto contundente (cadenas o algo similar). También está comprobado que le habían arrancado gran cantidad de cabello.
Su camisa presentó siete orificios de entradas de bala disparadas por la espalda y sólo tres orificios de salida, en el tórax.
Sabido es que Ibero Gutiérrez fue secuestrado el domingo 26 de febrero y que su cadáver fue abandonado a 20 metros del Camino de Las Tropas, frente a la intersección de éste con Camino Melilla. Estaba de cúbito ventral, debajo de un árbol, entre altos pastos. En el rostro tenía grandes manchas de sangre.
Fue localizado en la mañana del lunes 27. El asesinato pudo concretarse en la madrugada de ese día, probablemente en un lugar del cual lo trasladaron al sitio donde apareció el cadáver.
Por la tarde de ese día le practicó la autopsia en la morgue de la Facultad de Medicina, el Dr. Héctor Puppo, Médico Forense cuyo informe aún no habría llegado al Juzgado Letrado de Instrucción de 1er. Truno, donde debe sustanciarse la investigación de este horroroso crimen de la organización ultraderechista que en la ocasión dejó una nota firmada con la sigla "C.C.T.", al igual que en el secuestro, mutilamiento y acribillamiento a quemarropa de Ramos Filippini el 31 de julio.
El cuerpo de Ibero presentaba heridas de bala en las regiones derecha e izquierda del cuello; oreja derecha; tórax región posterior, zona izquierda y zona derecha; en la parte exterior del brazo izquierdo (que también presenta fractura de húmero) en la primer falange del dedo medio de la mano izquierda; en la zona externa del brazo derecho; en la región superior de la cabeza. Un proyectil quedó alojado y abultando en la zona frontal derecha, parte superior.
La autopsia permitió la extracción de tres proyectiles calibre 38 largo usados en revólveres. Uno quedó deformado por el impacto, pero según la pericia balística, los dos restantes posiblemente fueron disparados con revólveres, marca Taurus, con 6 estrías dextrógeras y Smith & Wesson con 5 estrías dextrógeras.
Asimismo en el lugar, según dijo la policía, se encontró un proyectil con 6 estrías dextrógeras, que también podría pertenecer a un revólver marca Taurus.
En total, las ropas evidenciaron perforaciones de nueve de los balazos, dos de los cuales con trayectorias tangenciales (en el cuello de la camisa y en el bolsillo izquierdo).
Se aguarda el dictamen forense para deducir más detalles.

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UNA MULTITUD ACOMPAÑO LOS RESTOS DE IBERO GUTIERREZ


Ayer se realizó el sepelio de los restos del estudiante de la Facultad de Humanidades, Ibero Gutiérrez González, el que dió lugar a una demostración de dolor y contenida indignación. El velatorio se llevó a cabo en la casa de la calle Hernani 1541, en el corazón de Punta Gorda. Amigos, hombres y mujeres conmovidos por este crimen se hicieron presentes para acompañar hasta su última morada el cuerpo de Ibero Gutiérrez de 22 años que deja una esposa con la cual había contraído enlace hace apenas pocos meses. Los padres de Ibero Gutiérrez, un matrimonio frenteamplista, estuvieron rodeados permanentemente por la solidaridad de amigos del hijo y personas que habían llegado a expresar su repudio a tan bárbaro
hecho. Estuvieron presentes dirigentes del Frente Amplio como el Primer Secretario del Partido Comunista, diputado Rodney Arismendi y de la UJC Jorge Mazzarovich, así como el senador Enrique Erro, los diputados Sosa Díaz y Martínez Gallinal, Ruben Sassano y Mario Benedetti. También dirigentes de la FEUU.

A las 16 y 30 horas, una multitud de varios miles de personas inició el recorrido hasta el cementerio llevando a pulso el féretro de Ibero Gutiérrez.

Voces emocionadas entonaron durante la marcha las estrofas del Himno Nacional. El cortejo a lo largo de la avenida Rivera, se hacía más numeroso por los nuevos contingentes que lo engrosaban.
Durante el trayecto familiares y amigos recordaban pasajes de los últimos días de Ibero Gutiérrez González, estudiante de la Facultad de Humanidades. Sus padres lo vieron por última vez el domingo pasado a la hora 15. A esa hora después de almorzar se retiró acompañado de su esposa. Como todos los domingos la familia se había reunido con todos sus miembros, fue un comentario recogido.
Amigos señalaron que en las primeras horas de la noche de ese día domingo vieron a Ibero Gutiérrez. Dijeron que el joven varias veces había mencionado que era seguido por personas extrañas. Durante la marcha hacia el Cementerio, hubo quienes recordaron que el domingo había quedado en pasar a buscar a su esposa por la casa de una amiga, donde aquella se encontraba estudiando. La cita era a la hora 22,30 pero no llegó. Al otro día, es decir el lunes pasado, comenzó la búsqueda de Ibero. En casa de amigos, de familiares y finalmente en la Jefatura, donde no se tenía información. Así transcurrió la mañana en medio de la desesperación de los familiares. Hasta que finalmente a las 19 horas, la esposa de Ibero Gutiérrez y sus padres fueron enterados de la terrible muerte del joven.
Nos enteramos que las fuentes de ingresos del matrimonio eran la venta de libros del joven Ibero.
Casi una hora y media duró la marcha del cortejo hasta la necrópolis. Durante todo el trayecto el féretro fue llevado a pulso. Con las estrofas del Himno conmovidamente coreadas por la multitud, se ingresó al cementerio.
En el acto del sepelio usó brevemente de la palabra, el dirigente del FA Ruben Sassano, quien señaló que "el mejor homenaje es decirte que lucharemos más que nunca ...

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ESTUDIANTES DE HUMANIDADES CONDENAN EL BARBARO CRIMEN.

El Centro de Estudiantes de Humanidades, ante el brutal asesinato de Ibero Gutiérrez González, militante de este centro de estudiantes y de FEUU, emitió una declaración en la que expresa "su más enérgico repudio ante este crimen, que se suma a la larga cadena de asesinatos y atentados cometidos impunemente por bandas fascistas". Señala que "actos como éste, lejos de ser hechos aislados forman parte de un plan organizado por la oligarquía con el fin de aterrorizar e inmovilizar a las fuerzas populares que se integran crecientemente a la lucha política", "que esta política oligárquica se expresa también en los ataques reiterados a la Enseñanza", y expresa finalmente que "la muerte del compañero Ibero Gutiérrez González nos reafirma en la decisión de luchar con todas nuestras fuerzas para erradicar definitivamente estos brotes fascistas, a la vez que impedir todo intento de avasallamiento a nuestra Universidad".


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CABLE 245 DE ANSA (Actualiza ANSA 241)

"URUGUAY/ SEDICIOSO MUERTO

"Montevideo, 28 (ANSA)- Un joven sedicioso que hace dos años intentó -junto a otras personas- colocar un artefacto explosivo en la residencia presidencial de la Avenida Suárez, apareció hoy muerto a balazos en una desolada zona de las afueras de la ciudad, informó esta noche un comunicado oficial difundido por la oficina de prensa de las fuerzas conjuntas policial-militares.
La víctima, IBERO GUTIERREZ GONZALEZ, de 22 años, fue encontrada hoy, como consecuencia de un anuncio anónimo, presentando varias heridas de bala. Sobre el cuerpo -señala el parte- se halló un papel con una repudiable anotación que pretende justificar la violencia en un estado de derecho, como respuesta a las actividades de la delincuencia organizada.
Aunque el parte no lo especifica, extraoficialmente trascendió que el referido volante estaría firmado a nombre de un Comanzo Caza Tupamaros.
Gutiérrez González había sido procesado por la justicia en el año 1970 por su vinculación con el MLN (T).

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AFP-242

CONTRAGUERRILLA

Montevideo, feb 28 (AFP)- La organización contra guerrillera "Comando Caza Tupamaros" ejecutó hoy a un joven no identificado en venganza por la muerte de tres policías en el último mes, se supo de fuente policial segura.
A fines de julio último, el citado comando, integrado según la izquierda por efectivos de la misma policía al estilo del famoso "Escuadrón de la Muerte" brasileño; en su primera incursión pública acribilló a un ex tupamaro en represalia por la muerte de un civil.
El cadáver encontrado hoy en una zona semidesértica del cinturón de la ciudad presentaba un tiro en la cabeza y cinco en el cuerpo. Junto a él había octavillas con la leyenda "Bala por bala, Muerte por muerte".
Se presume en medios periodísticos que el muerto, cuya edad oscila entre 20 y 25 años, fuera un antiguo sedicioso o bien un estudiante de ideas izquierdistas simpatizante de los guerrilleros.
La censura a los medios de difusión locales es terminante y el hermetismo de las autoridades impidió conocer mayores detalles.
Desde el 27 de enero los tupamaros ejecutaron al jefe de seguridad interna de la cárcel de Punta Carretas, por "torturador"; mataron a dos policías durante el asalto a una Comisaría e hirieron a uno de los responsables de la lucha anti-subersiva, Comisario José Pedro Macchi".

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Nº 129

Montevideo, 28 (AP)- Un tupamaro fue ajusticiado hoy por un comando anti-subversivo, revelaron fuentes policiales.
El cadáver del hombre que aparenta entre 20 y 25 años presentaba por lo menos siete impactos de bala. Apareció en un campo a unos 16 kilómetros del centro de esta capital.
Según las fuentes el cadáver apareció con un papel que decía: CCT. Bala por bala, muerte por muerte, vos también pediste perdón...
La sigla sería Comando Caza Tupamaros que hace unos meses dio muerte a otro guerrillero HECTOR RAMOS FILLIPINI, que también fue acribillado a balazos.
La prensa izquierdista acusa a estos comandos de contar con colaboración policial al estilo del escuadrón de la muerte brasileño.

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L 166

tupamaros- principal nocturno
por Hugo Inantino

Montevideo, 28 (Latin)- El cadáver acribillado a balazos de un ex encausado por su vinculación con los tupamaros fue encontrado hoy por la policía en un suburbio de esta capital, pocas horas después que las autoridades confirmaron el arresto de prominentes figuras de la organización.
Fuentes allegadas a la policía dijeron que el muerto, un joven de unos 25 años y un metro setenta de estatura, fue identificado como Ibero Gutiérrez.
El cuerpo de Gutiérrez, quien tiempo atrás estuvo encarcelado por disposición judicial, fue hallado hoy por la policía en las cercanías de La Tablada, a 15 kilómetros del centro de esta ciudad, luego que voces anónimas alertaron sobre su existencia.
Junto al cadáver los investigadores encontraron un rudimentario volante manuscrito con la leyenda "bala por bala, muerte por muerte" y la firma CCT que presumiblemente identifica a los Comandos Caza Tupamaros.
La muerte de un hombre vinculado al movimiento tupamaro, a manos de desconocidos que se escudan tras las siglas del referido comando, es la segunda que se registra aquí en menos de un año.
El pasado invierno una desprevenida pareja descubrió sobre las rocas de la playa Buceo el cadáver de Manuel Ramos Fillipini, ultimado de varios disparos, junto a quien se encontró también una leyenda similar.
Comunicados del movimiento clandestino y órganos periodísticos de izquierda denunciaron, en más de una oportunidad, la existencia de un escuadrón antitupamaro".


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"Informa la policía uruguaya que un miembro tupamaro fue asesinado por un comando antisubversivo.
Montevideo, febrero 28 (APA) Un tupamaro fue "ajusticiado" por un comando anti-subversivo, revelaron fuentes policiales.
Presentaba por lo menos siete impactos de bala. Apareció en un campo a unos 15 kilómetros del centro de esta capital.
Según las fuentes en el cadáver apareció un papel que decía: "CCT. Bala por bala, muerte por muerte, vos también pediste perdón...".
La sigla sería "Comando Caza Tupamaros" que hace unos meses dió muerte a otro guerrillero, HECTOR RAMOS FILLIPINI, que también fue acribillado a balazos.
La prensa izquierdista acusa a estos "Comandos" de contar con colaboración policial al estilo del "Escuadrón de la Muerte" brasileño."

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Y escribió Hugo Alfaro en el libro IBERO GUTIERREZ, ANTOLOGIA I
PROJIMO – LEJIMO y otros poemas. 1966 – 1970
Editorial ARCA:


RETRATO DE UN ARTISTA ADOLESCENTE

“He ido componiendo su imagen (no lo conocía) a través del testimonio de sus padres, de su compañera y de su hermana, en un itinerario de afuera adentro, que parte de los titulares de los diarios (“Estudiante asesinado”, etcétera) y el asombro inicial, y va penetrando en un mundo sorprendentemente rico aunque soterrado. Porque Ibero, bienhumorado y sano, y hasta suave practicante de una ironía del absurdo (quería y conocía la obra de Ionesco), era pudoroso e introvertido, por una calidad del sentimiento que le hacía huir de todo exhibicionismo. Tampoco sentía orgullo de su soledad. Llegó alguna vez a autocalificarse de egoísta, me cuenta Olga, por una cierta incapacidad suya para la comunicación fácil, incluso con muchachos de edad e inquietudes similares. Pero no era eso. Trataba de llegar al fondo de la gente; era de escuchar, no de contar; tenía un gran sentido del silencio. Decía que había que ser como los hindúes: reencontrarse y encontrar la paz espiritual, estar callado, pensar las cosas, no escapar de sí, estar consigo mismo; no juzgar, comprender; conocerse, y por conocerse conocer al prójimo.
Sólo quería estudiar, pintar y escribir. Estudiaba filosofía y psicología en Humanidades, e Historia informalmente, por simple inclinación vocacional, y siguió siendo un estudiante serio, después de haber sido en primaria (Escuela Nº 81, del barrio) y en secundaria, incluídos preparatorios de derecho (Instituto Dámaso Larrañaga), un estudiante brillante. A los veintidós años no le alcanzan las paredes de su casa y de la casa de sus padres, y los cajones, las libretas de apuntes y hasta los vidrios esmerilados del cuarto de baño, para colgar o guardar su pintura (óleos, dibujos, colajes, algunos notables).
Tenía dieciséis años cuando dibujó el autorretrato que tengo delante. Y el poema que sirve de acápite, es uno en una masa de poesía inédita a la que parece haber tenido acceso sólo Olga, en los últimos dos años de que data la relación entre ambos. Así exteriorizaba Ibero su registro sensible del mundo. Y cualquiera que sea el juicio que merezcan su poesía y su pintura a quienes realmente entienden, yo
-que de pintura y poesía sólo sé qué me gusta, pero no por qué- no pude sustraerme al impacto de esa entrega apasionada, esas señales de sangre y fuego creadas entre las ocho paredes de dos casas. El revés de la trama de un solitario, de un introvertido.


JOVEN DE DOS MUNDOS

Otras señales de Ibero debieron ser seguramente perceptibles desde el mundo exterior. Porque el día del entierro una multitud veinteañera quiso llevar su cuerpo a pulso, las treinta cuadras largas que separan el hogar de sus padres y el cementerio del Buceo. ¿Cómo no percibir su autenticidad y su nobleza? Era reservado, sobrio y austero; huía de las comodidades y de la vida fácil que su hogar de burguesía media le proporcionaba. Un revolucionario, solía decir, debe preferir el pan duro. Y más de un vez dio calladamente su ropa a los cañeros; tan calladamente que ahora que alguien lo dice, estará ruborizándose en algún lado, así sea en el recuerdo de los suyos.
Asimiló, según sus padres, la esencia misma del Evangelio, y efectivamente Cristo habita de un modo u otro en todo lo que escribió y pintó. Católicos “prácticos” (a don Ibero la palabreja no le gusta nada), los padres del muchacho orientaron a sus hijos –“sin forzarlos”, subraya, y Sarita asiente- en su propia fe. La compartió Ibero desde chico. Pero bastó que Pablo VI, dirigiéndose en Medellín a los campesinos explotados, les pidiera “un poco de resignación”, para que aquél se sintiera desde entonces ajeno a la iglesia vaticana, aunque no a la Iglesia pobre y combativa del Tercer Mundo.
A los dieciocho años triunfa –con otros siete, entre doscientos cincuenta participantes- en el concurso de Radio Habana. Tema del trabajo a desarrollar en no más de quinientas palabras: “Análisis del discurso de Fidel Castro en la OLAS”. Premio, el tradicional: un viaje a Cuba. Viaja a la isla a fines del 68 y sus padres, “con préstamos y no pocos sacrificios”, le financian una corta estada en Europa (“para contrabalancear un poco, al contacto con una civilización milenaria, su previsible entusiasmo por la revolución”, me explican ahora, burlándose suavemente de su propia ingenuidad). Y en efecto: Europa le sirvió a Ibero para afirmarse más en Cuba, de la que había salido “con el entusiasmo previsible”. Pasa de largo por el Louvre, y vive y convive entre los estudiantes del Barrio Latino, recién salidos de la experiencia fermental de la “revolución de mayo”. Dos regalos inesperados le brinda la civilización milenaria: un allanamiento policial en París y otro en Madrid. En aquel momento esos hechos parecieron la consecuencia exagerada de un viaje a Cuba, y se les olvidó. Pero la familia se pregunta ahora, tanteando ciegamente conjeturas que le digan algo, si no fue entonces como empezó a formarse (¿pero inspirada por quién?) la nube ominosa donde se gestó su crimen.
Retorna al país y a la Facultad de Derecho, donde ingresara el año anterior, 1968. Milita en la “Agrupación de Avanzada Universitaria”, y es de ese año que data su bautismo de represión, golpes y confinamiento (en el cuartel de Burgues), al cabo de una manifestación prohibida, de solidaridad con los estudiantes que ocupaban la Facultad de Medicina. Callejero y desafiante, no parece el mismo muchacho retraído que hemos venido conociendo. Pero es el mismo. Este Ibero militante ya era y sigue siendo, a los 18 y 20 años, un estudioso de la filosofía y la historia, y un pintor y un poeta en agraz, y un solitario que gusta asomarse, por la parte posterior de su bohardilla en el piso alto de la calle Hernani, a los árboles y a un pedazo de mar de Punta Gorda. Tampoco se parece este muchacho al cuerpo acribillado a balazos por el Escuadrón de la Muerte. Pero es el mismo.


SER O NO SER

De regreso de Cuba cuenta su experiencia e impresiones un grupo de compañeros, en reuniones sucesivas. Ese grupo, o parte de él, es sindicado, por esos mismos días, como autor del “atentado a la casa presidencial”, e Ibero –que pasó esa noche en su casa, ajeno al episodio- fue implicado en él por la policía. Siendo aquéllas, más aún que las actuales, épocas de torturas y confinamientos, el abogado de Ibero aconsejó (basado en que no había requerimiento judicial), que éste no se presentara espontáneamente en Jefatura. Y pasó a vivir en una semiclandestinidad (muy relativa, al punto de moverse libremente en todo el extendido ámbito de su familia) y de la que, transcurridos seis meses, se declaró harto. A fines de diciembre se reunió un cónclave (familiares, unos pocos amigos, Ibero y su abogado) para decidir qué pasos se darían y cuándo. Iba a presentarse, por fin, en Jefatura, pero siendo inminente la feria judicial, quedó todo postergado para febrero. Sobrevino un hecho, sin embargo, que precipita las cosas. A la misma hora en que se realiza esta reunión (lo que facilitó a la defensa el suministro de testimonios fehacientes), un comando tupamaro realiza un operativo en el Banco Francés e Italiano, y los partes policiales identifican insólitamente entre los autores a Gutiérrez, “requerido además por coautoría del atentado a la casa presidencial”. Entonces sí, Ibero decide presentarse en seguida para aclarar la situación. Pasa a juez en los primeros días de 1970, y lo más notable (todavía hoy se comenta el caso con asombro entre penalistas y jueces) es que resulta procesado “por asociación para delinquir”. (Detalle hoy revelador: su compañero de celda en el penal es Ramos Filippini). Tan frágiles parecieron los fundamentos del auto de procesamiento, que a los tres meses el fiscal de crimen decreta la excarcelación del procesado, por falta de pruebas, y el sobreseimiento del caso. Ibero sonríe con un dejo de tristeza: se ha pasado el año alegando no ser tupamaro. Está muy lejos de considerar desdoroso el serlo. Simplemente no lo es.

Desde marzo del 70, en que sale de Punta Carretas, hasta el domingo pasado, es incesante la actividad gremial y política. Sobre todo en la Facultad de Humanidades y, desde sus primeras reuniones constitutivas, en el Frente Amplio. Cuando surge el Movimiento de Independientes “26 de Marzo” se incorpora de lleno a sus filas, siendo delegado al plenario en representación de la agrupación estudiantil. Junto a la actividad, la represión. En agosto del 70 Ibero estuvo internado en el CGIOR durante 35 días; en enero del 71 lo retienen 48 horas en Jefatura; en marzo del mismo año vuelve al CGIOR, ahora por dos semanas. Salen las libretas repletas de poemas y apuntes de dibujo. Nace Makinato, personaje de cuartel, que desplaza toneladas de humanidad y gordura. Ibero ve a sus carceleros con un ojo crítico, a veces feroz, y sin embargo cordial. El viejo humanista que hay en él –viejo de 22 años-, no ceja.
Tampoco cejan los enemigos. El 28 de enero último, un extraño procedimiento presumiblemente militar (uniformes verdes a bordo de un “guanaco”, según el testimonio de vecinos) tiene lugar en la casa de la calle Hernani. Ibero hijo no vivía allí, y el resto de la familia se encontraba pasando en La Coronilla unas cortas vacaciones. Timbeándose alegremente la inviolabilidad del domicilio, las fuerzas del orden penetran a la casa por la ventana (forzando pero sin romper la cortina, tras la cual las hojas de aquélla están abiertas). Fuera de ese detalle actúan correctamente, dejando todo en orden. El procedimiento culmina con un interrogatorio insólito: una humilde vecina sexagenaria es invitada a asistir como testigo del operativo. Ella declina cortésmente la invitación, pero “ante tanta insistencia” se ve obligada a aceptar. Al término de la visita se le formula una pregunta significativa: “¿Vio por aquí estos días al hombre ése...éste... del penal?” “No sé de quién está hablando”. “¿No vio la foto en los diarios?” “Yo no compro diarios”. El hombre era Leoncino, el guardián de Punta Carretas muerto dos días antes por los tupamaros.


LA EDUCACION SENTIMENTAL

Entre la militancia y la represión, la creación y los estudios. Son los tiempos difíciles y hermosos de la relación con Olga. “Nosotros nos dimos cuenta que teníamos que vivir de apuro, porque tal vez el tiempo era corto. Había que vivir cada momento y vivirlo plenamente. Pero no para nosotros solos, sino con relación al mundo. Sentíamos que nuestra pareja era importante, nos queríamos. Pero no tenía sentido si no era en relación con los demás, con la causa, la causa de la liberación del pueblo. Habíamos perdido la individualidad, ya no éramos yo y él; éramos la pareja y nos sentíamos integrados. Y sin embargo, no podíamos realizarnos más allá. Era el sistema que estaba cercenándonos. Nos habíamos casado hace cinco meses, y no íbamos a tener hijos por ahora, a pesar de que Ibero quería muchísimo tener un hijo. Pero hubiera sido muy cómodo decir: bueno, el mundo marcha por allá y nosotros por aquí, en nuestro hogar, realizándonos. Con todo lo que deseaba vivir en sus cosas, Ibero no quería aislarse de los otros, y así es como trató de hacere lo que entendía que era bueno para todos. Solíamos decir que la relación carnal de la pareja era nada sin la relación ideológica y la relación afectiva, y vivíamos queriéndonos en medio de las luchas estudiantiles y las tareas políticas. El domingo fue así y había sido siempre así, durante los últimos dos años”


EL REVES DE OTRAS TRAMAS

Pero la pregunta golpea con insistencia. Se retira en el vaivén de la conversación, y vuelve golpear otra vez: ¿por qué Ibero, por qué él? No se trata de encontrar justificación para un crimen horrendo, si la víctima fuera otra. Dados la víctima y el crimen, se trata de averiguar o imaginar las causas de la elección. Y las causas deben ser políticamente “viables”, lo que significa descartar los actos individuales de insanía o de venganza, persona a persona. Nuestro deber es, ahora, pensar fríamente con la cabeza del enemigo, el Escuadrón.
Su propio “currículum-morte” nos ayuda a pensar. Por dos veces atacó y ultimó con saña bestial a militantes frentistas de niveles intermedios. Porque al margen de talentos y calidades personales –de excepción en ambos casos-, ni Ramos Filippini ni Gutiérrez González tenían posiciones relevantes en la dirección del Frente Amplio, pero sí en las bases estudiantiles donde actuaban. Allí, donde la vulnerabilidad es mayor porque casi no existen defensas, es donde ha elegido golpear el Escuadrón de la Muerte. Es el terror para sembrar miedo, el miedo que lleva al inmovilismo. El Frente Amplio no es aún el pueblo organizado, pero es el pueblo que empieza a despertar y a organizarse. Se tortura y mata para suprimir a un militante notorio, y para amedrentar a sus familiares, a sus amigos y al resto de la militancia. Así, el crimen resulta ser lo que se propuso: un ataque indiscriminado al Frente, y un acto vandálico de la cruzada contra los tupamaros que se ejecuta, con ensañamiento y letreros abusivos... en la persona de quien no pertenecía al MLN.
Curiosamente, el comunicado de las Fuerzas Conjuntas da pábulo a la misma confusión. Sugiere que Ibero es “el sedicioso muerto”, sabiendo que iban a coincidir en el tiempo –y así ocurrió- su propia versión adjetivada de los hechos y las expresiones de solidaridad del Frente Amplio y del “26 de Marzo”, que, como no podía ser de otra manera, hicieron suyo el martirio de Ibero Gutiérrez González y el dolor de su familia. Pero una cosa es el celo q ue se puso en la redacción del comunicado, y otro el que se pone en la investigación de los hechos. Las Fuerzas Conjuntas pueden no tener éxito en las pesquisas, pero la opinión pública y “nuestro estilo de vida”, tan manoseado, exigen que se diga claramente si la hay y en qué estado se encuentran. Gana la calle la convicción de que grupos parapoliciales (“Escuadrón de la Muerte, JUP, DAM o CCT, el disfraz no hace al caso) operan impunemente y podrían ser los autores de este y otros crímenes (¿dónde están Ayala y Castagnetto?). Las torturas y la muerte salvaje impuestas a Ramos Filippini claman justicia. Los trece balazos (en la frente, la cabeza, un oído, el cuello, el tórax, una mano, un brazo, y los puntapiés en las costillas y el abdomen) con que se ultimó a Gutiérrez González, también claman justicia. No se crea que el paso tardo de los días borrará el recuerdo de tanto horror.


LOS LIMPIOS DE ALMA

Mientras tanto, Ibero padre observa la foto de su hijo en la primera página de los diarios y exclama: “Fíjese en la seriedad y la pureza infantil de esa mirada. Eso fue él, madurez siendo casi un niño, e ingenuidad siendo casi un hombre. Esa mirada que al mismo tiempo acusa y perdona va a seguir a los culpables, y ése será el castigo”. Olga –que igual dará su examen dentro de quince días y ya volvió a estudiar- se empina sobre sí misma y dice: “A nosotros nos duele horrible la muerte de Ibero, todavía hoy no podemos creer. ¡Pero lo tengo todo tan claro, como cuando él vivía! La muerte de Ibero es para seguir adelante y para mostrarlo. Ante estas cosas el pueblo, en vez de retroceder, ve más claro y avanza”.

La corona del “26 de Marzo lucía esta leyenda: “El mejor homenaje es continuar la lucha”. La lucha continúa.”

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Por su parte y en el mismo libro bajo el título de


AMINISTIA PARA IBERO GUTIERREZ

Escribía Mario Benedetti:

“Hoy: 27 de febrero, se cumplen 13 años de la muerte de Ibero Gutiérrez, poeta, dramaturgo pintor montevideano. Sobre todo, poeta, en realidad uno de los mejor dotados de una promoción que se formó literal y literariamente entre dos fuegos: la rebeldía y la represión.
Hace hoy 13 años que su cadáver apareció con también 13 proyectiles y signos evidentes de haber sufrido tremendas torturas. Fue una de las primeras víctimas del Escuadrón de la Muerte que perpetró varios crímenes políticos con posterioridad a las elecciones de noviembre de 1971. Sé que Ibero nació en 1949, pero ignoro la fecha exacta (nunca la he visto mencionada), y eso es también un signo de la oscura franja en que el Uruguay vio detenido su normal desarrollo: la matrícula de muerte era un dato más notorio que la ocasión de vida.
Durante este lapso, poemas aislados de Ibero fueron publicados en el exterior. Yo mismo incluí 15 de esos textos en la antología Poesía trunca (publicada originalmente en La Habana, 1977, y luego en Madrid, 1979), que comprende a 28 poetas latinoamericanos que dieron sus vidas por razones políticas; entre ellos, el guatemalteco Otto René Castillo, el salvadoreño Roque Dalton, el peruano Javier Heraud, los nicaragüenses Ricardo Morales y Leonel Rugama, los haitianos Rony Lescouflair y Jacques Viau, el argentino Francisco Urondo. Tengo la impresión de que esos 15 poemas de Ibero constituyen el conjunto más nutrido publicado hasta ahora. Asimismo, en los meses anteriores al golpe del 73, un grupo de actores creó en Montevideo un espectáculo y grabó un disco (hoy ha de ser toda una reliquia), basados en sus textos; también varios cantantes convirtieron en canciones algunos de sus poemas.
Todo ello constituye sin embargo sólo una porción ínfima de esa producción, ya que Ibero dejó inéditos, y prolijamente ordenados, nada menos que siete libros. Poco tiempo después de su muerte tuve acceso a esos materiales, que me fueron facilitados por su compañera, Olga Martínez, con vistas a publicar una selección, algo que sólo pude llevar a cabo cinco años más tarde, aunque con explicables limitaciones de espacio, precisamente en Poesía trunca. Esos libros inéditos se titulan: Los mundos contiguos, París-flash. Eros termonuclear. Prójimo/léjimo, A raíz de las entrañas, Poesía del cuaderno negro y Buceando lo silvestre (este último título era, además, el que había elegido Ibero para una antología que dejó preparada).
Aunque este aniversario no es múltiplo de 5 (un detalle poco menos que imprescindible para los conmemoratólogos profesionales) tiene sin embargo una particular importancia: es el primero en que, dentro del Uruguay, podrá hablarse de, y escribirse sobre Ibero sin cortapisas. Este décimotercer aniversario es por lo tanto singularmente apropiado para restituir el nombre y la obra de Ibero al medio en que nació, luchó políticamente y se formó como artista, y por supuesto a la literatura que siempre ha integrado, aún desde su virtual ineditez.
Ibero ya no estaba; de un golpe brutal había sido borrado; igualmente proscripta, su poesía fue lanzada al exilio. De ese exilio debe volver. Urgentemente. Desde Madrid ignoro cuál puede ser el inmediato futuro editorial en Uruguay, pero de cualquier manera parece ineludible que ese futuro incluya una cuidada y amplia selección de esta obra singular.
Sólo tres meses después del asesinato de Ibero, en un acto de masas realizado en el estadio Platense, de Montevideo, todavía fresca la impresión que me dejara la primera lectura de sus poemas, dije lo siguiente: “Siempre he creído que cuando un militante paga por sus convicciones el precio de su vida, es poco lo que puede agregar a ese máximo holocausto. Y si pintaba, o escribía, o hacía canciones o esculpía, pero esos ejercicios eran meros borradores o entretenimientos sin mayor pretensión artística, sería poco el favor que le haríamos dando a la imprenta tales esbozos. Sería una manera más o menos sutil de demagogia. Debo confesar sin embargo que en el caso de Ibero me he encontrado con una formidable sorpresa. Me he encontrado con un joven escritor que en varios aspectos recuerda el caso del peruano Javier Heraud, caído a los veintiún años en parecidas circunstancias, y que también dejó una obra literaria altamente estimable (...) Pero el peruano al menos publicó un libro. Ibero, en cambio, aunque escribió versos, no publicó ninguno. Ahora puede decirse que sus poemas son (con altibajos, claro, porque no creo que nadie sea capaz de escribir en todo instante en un nivel óptimo) la trayectoria nítida de un artista auténtico, no sólo rico en intuiciones sino poseedor de un excelente y depurado oficio, un poeta que evidentemente tiene (sin hacer de ello la mínima ostentación) un importante trasfondo cultural, y que usa todos los elementos a su alcance (la emoción, la evocación, la ironía) para establecer su comunicación con el prójimo. Sólo una parte (y no la mayor) de sus poemas, son políticos. El resto son poemas de amor, algunos de ellos estupendos, u observaciones líricas ante ciertas perplejidades propias o ajenas, o metafóricos diálogos con el complicado alrededor. O sea, la obra de un poeta hecho y derecho. Un poeta que incluso podría haber ocupado un nivel de destaque en su promoción”.
También entonces señalé que esa bondad, esa preocupación por el prójimo, esa esperanza incólume, eran una conmovedora muestra de una riqueza interior. No sólo en su vida; también en su obra mantuvo Ibero una firme conducta, ya que en sus textos no hizo concesiones que de algún modo menoscabaran el nivel literario. Visto desde 1985, tras un largo decenio en que sólo los más rigurosos entre los poetas y cantantes latinoamericanos (y la cuota uruguaya, de adentro y de afuera, aportó sin duda algunos nombres fundamentales) han sabido resistir la tentación del mero panfleto y rescatar el nivel artístico como ineludible garantía de que el mensaje tenga un vehículo digno, resulta esclarecedor y estimulante que un poeta como Ibero, que sólo tenía 22 años cuando fue eliminado, se haya sentido espontáneamente impulsado a experimentar, a inventar procedimientos y palabras, a crear vecindades inéditas entre vocablos y entre conceptos, a hallar un lenguaje tan peculiar y comunicativo para sus galvanizados poema s de amor.
Precisamente en el poema en que se reconoce “un ser político”, la afirmación viene engarzada en toda una dialéctica de las imágenes:


Ennegrezco como una piedra
cada hora que pasa.
Soy una nube de tela
una mesa
un barril
una cosa.

No.
Algo peor. Existo ajeno-comprometido.
Soy un ser político, piedra de fuego caja de Pandora .
Claros en los bosques
Nubes de fuego en que se queman sus telas de cebolla.
Soy una cebolla.
No: algo peor.

Este “paridor de monstruos infernales/ y de causas justas/por las dudas” (así se define en su Autorretrato) sabe distinguir entre el “poeta redentor de petulancias/ sin fracasos abogando/ la piel de la poesía/ pura forma/ continente respetuoso/ sin gritos/ callando el mundo/ contemplando”, y el “`poeta luchador empedernido”; y sin embargo es éste quien escribe un poema tan sutil, tan sensible y depurado como el que aquí transcribo:

Si esta luz no es necesaria preparemos otra oscuridad
Dentro de la cual no quepan más que dos velas
Dos velas dentro de las cuales no quepan más que dos seres
Y dos seres que dentro de una vela no tengan
Más lugar de movimiento que la única vela.

Quiero todavía citar otra muestra, algo así como una reivindicación poética de lo comunitario o un arropamiento lírico de la pancarta. Si decimos “la paz vendrá con la liberación”, suena a linda aspiración pero también a consigna, no precisamente poética. Pero veamos cómo Ibero la inserta limpiamente en su contexto de poesía:

Oigo a Bob Dylan y ella
A una distancia de respiro
Duerme un minúsculo sueño

Suspira la siesta
Al entrar en otro tiempo

Escribo:
La paz vendrá
Con la liberación

Entonces ella
No duerme y se despierta
Para soñar mejor

Si se busca, dentro de la poesía uruguaya, un válido antecedente de la de Ibero, creo que ése podría ser Humberto Megget (1926-1951), otro poeta especialmente dotado que murió en plena juventud (tenía 24 años), aunque no de ensañamiento sino de tuberculosis. Su malabarismo lírico encuentra una radiante continuidad en este otro poeta que nace, como para proceder al relevo, en 1949, o sea dos años antes de la muerte de Megget. Ignoro si Ibero conocía siquiera Nuevo sol partido, que reúne buena parte de la producción de Megget, seleccionada y editada en 1972 por Idea Vilariño. De todos modos, jamás se detecta en Ibero el pecado venial de la imitación; lo que sí se advierte es una clara afinidad en el juego verbal, en la alegría de los ritmos, en cierta ingenua autosatisfacción ante las novedades formales que uno y otro descubren. Cuando Megget escribe: “Quiero sentarme en el ángulo de un rayo / en la O formada por las sábanas colgadas”, e Ibero dispone: “No quisiera morir sin bañarme en un lecho de rostros y arcoiris. / No quisiera volar en un cohete sin antes haberte prometido mil colores”; o si Megget confiesa: “Yo tenía una voz tan pequeña/ que hacía con ella collarcitos”, e Ibero recuerda: “atrás hay todo: cuento monedas invisibles / flotando en mis bolsillos huecos”, es indudable que forman parte de una misma familia.
Lo sorprendente es que en tanto que Megget no era exactamente “un ser político” (¿cuántos lo eran en la frágil Arcadia de los años cuarenta?), Ibero sí lo es y sin embargo no media entre ambos ningún abismo. Es un rescatado apunte de Megget, Esquema para una conferencia, el autor de Nuevo sol partido hablaba de su “nuevo reencuentro con las formas poéticas donde la metáfora no es rebuscada sino espontánea, donde la canción es la fotografía de un acto generoso, donde no hay nada enfermizo”. ¿Acaso no podría haberlo dicho Ibero de sí mismo? Nada de enfermizo en su poesía. Sin el menor rebuscamiento, con el mero deleite de inventar variantes de la vida y conjuros contra la muerte, Ibero se vuelve un experto en la faena de (para decirlo con su léxico) bucear lo silvestre en cada uno. Desde lejos (estuvo primero en Cuba y luego en Europa) exclama con intacto candor:

Vamos, Uruguay, tú tienes más de un pampero. Dámelo ahora.
Yo tengo un ojo abierto en cada hora parada. Mis manos no se cierran
A no ser para tomar alguna de esas cosas que te abundan.
Tú ya lo sabes. No quiero repetirlo.
Sólo quisiera ver tu mar violeta.

Demósle pues el pampero, aunque sea otro que el de sus tiempos alegres y convulsos. Y ya que nos anuncia que sus manos no se cierran, dejemos pues en ellas algunas de esas cosas que nos abundan. Por ejemplo: la leltad, el amparo y sobre todo el no olvido. ¿Acaso la amnistía irrestricta (por dios, ¿quién absuelve a quién?) y el desexilio no han de incluir también a nuestros muertos más queridos?


1985


IBERO GUTIERREZ

poeta de transformaciones


Así lo definía SERGIO INFANTE en el Nº 3 de la Segunda época de la Revista Cuestión- Setiembre de 1981.

«Tan sólo veintidós años llegó a vivir el poeta Ibero Gutiérrez, asesinado en 1972.
Pero de su corta vida, impresionan el ejemplo de sus esfuerzos y los frutos que de ella dejó.


ESTAS CAIDO.
(A Salerno)


Estás caído
Bajo unos eucaliptus
Con las palmas de las manos
abiertas
mirando para arriba.
Estás tendido en la hierba
Y un poco de sombra
Se acompaña
Con un poco de sol
A medias, entibiándote la cara;
La tarde calurosa de octubre
Se pone de pie y te descubre.
Un poco más allá
-tal vez no alcances a ver-
un tronco retorcido, grueso
sugiere un cielo
con el subir frondoso
y el canto de las aves.

Estás pues, allí dormido
Con las veinticuatro primaveras
Y la boca semiabierta
Y el traje oscuro
El cabello confundido con el pasto;
Estás, sí
allí
y el eucaliptus, como el mundo
por la muda expectativa
y la mirada incierta
compartiendo el sol y la sombra
de un vasto escenario
poblado de escuelas y silencios
(los silencios de las tardes calurosas
de octubre entre las chacras
y el incesante decir de las cigarras
más el aire infectado de luz
y caminos de tierra, sin final
siempre recorridos, sin apuro).


Este poema fechado en Pando, el 8 de octubre de 1969, lo escribió Ibero Gutiérrez en homenaje a Jorge Salerno, muerto en combate aquel día en ese lugar. Para Ibero debió ser ésta una fecha de gran significación: se cumplía el segundo aniversario de la heroica muerte del Comandante Ernesto Guevara y quedaba marcada nuevamente por la de Salerno, también poeta; autor de esos sonoros versos: “La senda está trazada/nos la mostró el Che”. En medio de esa senda, camino hacia el hombre nuevo, ha de caer también Ibero, un par de años más tarde.
Llegó a vivir tan sólo veintidós años, pero con qué intensidad. Si se repasa su corta existencia, impresionan el ejemplo de sus esfuerzos y los frutos que ella dejó: de la vida estudiantil a la de militante; viaja a Cuba y a Francia, regresa más tarde a su Montevideo y porque “quisiera ver rojo el cielo, quisiera sentir rojo el cielo”, se reincorpora inmediatamente a la lucha, sufre la prisión y finalmente la tortura y la muerte. Se autorretrataba “Paridor de monstruos infernales/y de causas justas/por las dudas” Y en medio de toda la actividad que esto significa, ama, cultiva con talento la pintura y deja siete libros inéditos de poesía: Los mundos contiguos, París-flash , Eros termonuclear, Prójimo/léjimo, A raíz de las entrañas, Poesía del cuaderno negro y Buceando lo silvestre.
En esos libros, Ibero Gutiérrez nos muestra esa manera intensa y crítica a la vez con que se adentra en el mundo. Intensa, porque lo palpa por todos sus contornos: “buceando lo silvestre/te encuentro olga/como un alga transparente/al descubrir un mundo...”; crítica, porque sabe descubrir en medio del encantamiento, las aristas que ese mundo tiene, y al hacerlo las evoca con fina ironía: “ama a tu prójimo/él es como el sutién/de tu mujer/cómpralo a plazos/véndelo a crédito/total/tu prójimo a esta hora está léjimo”.
Así en medio del amor, “para hacerte parir los hijos de la luna y de venus y de marte/para hacerte subir por mi barriga y por mis piernas doradas”, su humanidad lo lleva a rechazar lo artificial de esta sociedad de consumo: “para desodorizar los testículos/y quitarle importancia subversiva/a nuestros sexos/se edifican vaginas envasadas/con perfume francés en la salida”. Sin embargo, su poesía no es por lo general marcadamente de denuncia, tiende más bien a mostrarnos con una gran calidad juvenil, todos los aspectos de una realidad que es compleja y que le impresiona. Entonces, lo político surge en ella como algo natural que tiene una enorme importancia, pero que por lo menos en el plano poético aparece para Ibero como algo enmarañado en una cosmología aún mayor. Es esto un gran mérito para un poeta joven; más grande todavía si como en el caso del nuestro, le toca vivir una época en la que a veces resulta difícil escaparse de los esquemas sin extraviarse.

CAMBIAR EL MUNDO

Ibero rompe los esquemas sin perderse, porque conjuga romper-transformar y comienza a probar con el mundo: “pegada a la mañana empañada eres pequeña como el aire/desde que un aire violento parió tu ternura de flor/arranco tus pétalos para existir con el 6 hecho 9/para no ser adjetivo de índices doctos...”; es decir, ser sujetos capaces de construir algo nuevo: “Sólo quisiera que tú, Montevideo, fueras a nuestra imagen y semejanza”, para que así exista el derecho a acercarse a los sueños: “Y casi en vilo/por la vuelta de los días/mirando a Carlos Marx cantando un tango/ y a Goyeneche tomarse lentamente un vino proletario/para encurdarse con ácratas estrellas/las autopistas donde beso tus brazos cuneiformes”. Sueños que tal vez simbolicen un cambio de mentalidad y una gran hermandad entre los pueblos.
Ibero sabe que los elementos básicos necesarios para la transformación que busca no están lejos, está plantado en medio de ellos mismos y por eso los reclama: “Vamos Uruguay, tu tienes más de un pampero. Dámelo ahora”. Los vientos de la revolución han llegado y con ello la hora de las definiciones; todo sufre su alteración, también el mundo de los poetas se transforma con los deberes ciudadanos: “Soy político, piedra de fuego/caja de Pandora”. Fusión de la poesía con otros deberes a los que obligan las circunstancias. Hubo que elegir entre el “poeta redentor de petulancias/sin fracasos ahogando/la piel de la poesía/pura forma/continente respetuoso/sin gritos/callando el mundo/contemplando...” o el “poeta luchador empedernido/si tu pluma se seca/a mano está/este fusil grandilocuente/recién aceitado”. Poeta de las transformaciones, Ibero Gutiérrez se empeña por conseguirlas en todos los terrenos, los márgenes del poema ya no son suficientes y hay que ir más allá.
Ha entrado en la lucha con plenitud. La paz que añoran los poetas se ha alejado; pero “la paz vendrá/con la liberación”. Buscando esa liberación, la de los pueblos, el poeta Ibero Gutiérrez repitió como Salerno: “La senda está trazada/nos la mostró el Che”. Y al hacerlo, entregó su vida y se quedó tan vivo en el recuerdo y en la maravilla de sus versos.

LA INFANCIA DE IBERO


A nueve años de su asesinato, Ibero Gutiérrez vive en la lucha de un pueblo, y su ejemplo es recordado como testimonio conmovedor del compromiso y de la riqueza humana y política que encierra un revolucionario.
Hijo de un hogar de clase media; su padre empleado de un banco y a la vez profesor de literatura, su madre una mujer como tantas otras uruguayas, dedicada a las tareas de la casa.
La infancia de Ibero transcurre en Montevideo, en un barrio de la costa del Río de la Plata, con el mar abierto a sus ojos infantiles y un inmenso arenal al final de la calle del barrio, lugar predilecto de sus juegos. Cuentan quienes lo conocieron de niño, que Ibero conservará durante su corta vida, un rasgo característico heredado desde la infancia: una cierta introversión, expresión de su timidez y de una intensa y rica vida interior.
De niño data también su aficción por la pintura y el dibujo, a la vez que dedicaba largas horas a la lectura.
Terminada su formación secundaria, inicia sus estudios pre-universitarios cursando Preparatorios de Derecho en el Liceo Larrañaga.

CUBA, EN EL CORAZON

Allá por 1965, Ibero Gutiérrez reproduce y difunde casa por casa; por iniciativa propia, una información clandestina que por aquellos años se publicaba. Ibero hacía participar también a un amigo del barrio, haciéndole creer que formaban parte de una extensa red clandestina. Tal vez en ese hecho, con visos de aventura y esperanzas juveniles, haya nacido su primera actividad política.
En 1966 integra el cuerpo de redacción de la publicación del Centro de estudiantes de Derecho del Liceo Larrañaga.
La Revolución Cubana, despierta en Ibero un profundo interés e influye de manera determinante en sus ideas políticas y sociales.
Se interesa vivamente por conocer esa experiencia ejemplar, y fruto de ese conocimiento que ha ido adquiriendo en relación a Cuba y su historia reciente, participa y gana un concurso organizado por Radio Habana que le permite viajar a la isla, para los Festejos del X Aniversario de la Revolución.
Viaja entonces Ibero a Cuba en diciembre de 1968, y está presente en el acto aniversario. Sus padres, le habían permitido hacer el añorado viaje, con la sola condición de que conociera Europa –en aquel tiempo pasaje obligado en el itinerario a Cuba- en la idea de que Ibero podría enriquecer su cultura.
De ese pasaje de Ibero por Europa al regreso de Cuba, quedan un conjunto de poemas donde su fina sensibilidad de artista puede percibir lo que atesora el viejo continente, pero su sensibilidad de revolucionario que comenzaba a madurar, le permite percibir la decadencia de esas sociedades del llamado “capitalismo desarrollado”.
Ya en Uruguay nuevamente, comienza Ibero sus estudios universitarios y se vuelca de lleno en las luchas estudiantiles y obreras de aquellos años sesenta.

EL MILITANTE

En diciembre de 1969, el nombre de Ibero Gutiérrez aparece vinculado a una importante acción de la guerrilla, de la que estaba absolutamente desligado. Sin embargo, luego de muchas dudas decide presentarse a la policía y a pesar de su inocencia resulta procesado y es remitido a la cárcel. Por espacio de tres meses guarda prisión y comparte la celda con quien luego sería otra de las víctimas del macabro escuadrón: Ramos Filippini.
Liberado en marzo de 1970, será nuevamente encarcelado en dos oportunidades, en razón de las Medidas Prontas de Seguridad dictadas por el gobierno reaccionario de Pacheco Areco.
Coincidentemente Ibero es liberado por última vez el 26 de Marzo de 1971, día en que se realizó el primer acto público del Frente Amplio, con una multitudinaria asistencia que preanunciaba el apoyo que el pueblo uruguayo le daba al mismo, y a su programa de liberación nacional.
Le cabe a Ibero justamente ser portador de un saludo de los presos políticos enviado desde las cárceles, que fue leído esa noche inolvidable.
Nuevamente en libertad, Ibero se vuelca a la vorágine militante de aquellos años. Estudia ahora en la Facultad de Humanidades, milita en la Federación de Estudiantes Universitarios (FEUU), en el Frente Amplio e integra la dirección de los universitarios que militan en filas del Movimiento 26 de Marzo. Pero al mismo tiempo sigue escribiendo poesía, pinta y se dedica al periodismo político.
Es en ese instante de florecimiento como hombre y revolucionaario, en ese momento de máxima expresión de energía y compromiso militante, cuando Ibero Gutiérrez encuentra la muerte.
Tenía sólo 22 años, y el General Líber Seregni, líder del Frente Amplio, en el acto de homenaje póstumo que convoca la FEUU, simboliza en el ejemplo de Ibero, a lo mejor de la juventud uruguaya en la lucha hermosa por la liberación de la patria.
Pero quien tal vez mejor nos ha dado el retrato de la personalidad de Ibero como militante, poeta y hombre, ha sido Mario Benedetti cuando decía de él: “Esa bondad, esa preocupación por el prójimo, esa esperanza incólume, que están patentes en sus poemas, son una conmovedora muestra de la riqueza interior de un revolucionario. Nosotros mismos a veces perdemos de vista ese nivel humano, que no por humano deja de ser político sino que es más político que nunca”.


Publicado en Revista "Cuestión" del 2 de marzo de 1972,
Año II, Nº 15


AMERICA INFORME ESPECIAL SOBRE
OPERACIONES PARA-POLICIALES
LATINA Y PARA-MILITARES


ESCUADRON DE LA MUERTE:

De Guatemala al Uruguay

* por Eduardo Galeano

Cada vez con mayor frecuencia, la policía y el ejército de los países latinoamericanos usan guantes para matar. El terror emerge de las sombras, actúa y vuelve a la oscuridad. El crimen es una obra anónima. El hombre desaparece, se lo traga la tierra; el cadáver se localiza al tiempo, con las señales de la tortura en el cuerpo, o no se localiza jamás. O el hombre reaparece vivo –y entonces la excepción cobra fuerza de prueba- oficialmente detenido por las fuerzas de represión. Esta es una técnica para interrogar o ejecutar, que integra los métodos de la "guerra sucia" previamente ensayados, por las tropas norteamericanas de ocupación en Vietnam. Hay otros. Por ejemplo, la "contra-propaganda". Policías o soldados se disfrazan de guerrilleros y como tales cometen actos repugnantes, para que las radios, los televisores y los diarios armen un buen escándalo y se deteriore la imagen de los revolucionarios a los ojos de la opinión pública.


UN LABORATORIO GIGANTE EN GUATEMALA

En los años 1966 y 1967, Guatemala sirvió de campo de experimentación para la puesta en práctica de la guerra sucia contra la revolución en ascenso. El proceso no terminó por entonces, y continúa todavía el sistemático baño de sangre. Actualmente, los grupos para-policiales y para-militares integran el gobierno de manera directa, y por lo tanto han perdido algunas de sus características más "exóticas".

En 1967, operaban varios. El ejército quería a toda costa establecer la paz de los cementerios, la Paz Americana y para ello dispuso de la caudalosa ayuda de los Estados Unidos, en armas y en asesores especializados. Mientras tenía lugar la campaña militar de "cerco y aniquilamiento" contra las guerrillas, un nuevo código exoneraba de responsabilidad penal por homicidio a los miembros de los cuerpos de seguridad; los partes policiales pasaron a ser considerados plena prueba en los juicios y se otorgó el derecho a portar armas (y a usarlas) a los dueños de las fincas. En la zona de Gualán, los pescadores dejaron de pescar, porque en las redes atrapaban los cadáveres que bajaban por el río. Por toda Guatemala operaban, con impunidad y eficacia, las bandas armadas de la derecha. Eran hijas del ejército y la policía y actuaban bajo su sombra protectora.
La NOA (Nueva Organización Anticomunista) escribió en un comunicado a la prensa, a principios de 1967, que operaba "junto al glorioso ejército de Guatemala". Había prometido arrancar la lengua y cortar la mano izquierda a todos los revolucionarios. La MANO (Movimiento Anticomunista Nacionalista Organizado), funcionaba, en cambio, en la órbita de la policía. Tanto la NOA como la MANO difundían con frecuencia datos confidenciales que sólo estaban en poder del ejército o de la policía política.
En las pequeñas aldeas, los grupos terroristas eran comandados por los comisionados militares, autoridades que mandaban mucho más que los alcaldes y que eran directamente designadas por el ejército. Hubo aldeas que quedaron sin hombres, como Cajón del Río. Los campesinos de Piedra Parada fueron desollados vivos, los de Agua Blanca de Ipala fueron baleados en las piernas y luego quemados. En el centro de la plaza de San Jorge, clavaron en una pica la cabeza de un campesino rebelde.
Todo un piso del edificio Cruz Azul, en la capital, estaba ocupado por los asesores norteamericanos de la policía guatemalteca. Ellos participaban directamente en los interrogatorios de los presos. Operaban, y continúan operando, tras la mampara de la AID (Agencia para el Desarrollo Internacional) y con fondos de la Alianza para el Progreso. Por otra parte, el entrenamiento que los "boinas verdes" impartían para la lucha anti-guerrillera a los miembros del ejército, incluía no sólo la enseñanza de técnicas de tortura, sino también la creación de "assassination teams" (equipos de asesinato) para intimidar y matar. Esos equipos –la NOA, la MANO y otros- realizan también tareas de "contra-propaganda". Incendiaban, por ejemplo, ranchos de campesinos y asesinaban niños, regando su paso con volantes de las Fuerzas Armadas Rebeldes, o del Movimiento "13 de Noviembre", que eran, hacia 1967, las dos guerrillas organizadas.
En la ciudad, marcaban con cruces negras las puertas de los condenados o les enviaban amenazas por escrito. A los que no se iban, los mataban. O a veces la muerte acometía, sin aviso, por la nuca. Alguna ocasión hubo en la que el propio gobierno derramaba lágrimas. Los soldados se quitaban el uniforme y otro tanto hacían los policías. Cumplían con su trabajo en "horas extras". Las pruebas sobraban. Tres días después de haber sido detenido por la policía, a fines de junio de 1967, Luis del Valle apareció torturado y muerto. La MANO se atribuyó la ejecución.
Gracias a la influencia de unos amigos, los familiares de Rodolfo Gutiérrez consiguieron que el Ministro de Defensa les diera una carta para el coronel Carlos Arana, que por entonces era comandante en la zona de Zapaca y hoy es presidente de Guatemala. Rodolfo Gutiérrez, secretario del partido de gobierno en el Jícaro, había desaparecido. El comandante Arana, conocido como "el chacal de Zapaca", hizo conducir a los familiares de Gutiérrez hasta la aldea La Palma, en Río Hondo. Al cabo de una hora, Gutiérrez fue recuperado de un campo de concentración donde los prisioneros, antes de ser asesinados, eran sometidos a interrogatorios y torturas. Gutiérrez contó su pesadilla. El campo estaba a cargo de un centenar de civiles muy bien armados, entre los que había cubanos, portorriqueños y hondureños. Algo parecido ocurrió con un amigo del ingeniero Montano Novella. Su amigo pudo arrancarlo del campamento donde estaba detenido, en otro lugar de Zapaca, gracias a que se presentó con un salvoconducto militar. Montano regresó así del infierno y contó cómo había visto castrar a dos hombres y decapitar a una mujer. Un periodista, Julio Edgar García, fue amenazado de muerte porque había publicado, con nombres, una información prohibida: en el diario "El Gráfico" había proporcionado los datos sobre una manifestación que el ejército había organizado en Gualán junto a los miembros de las organizaciones terroristas. Podrían mencionarse centenares de casos. El hermano del jefe guerrillero César Montes, fue destrozado por las torturas de la NOA y apareció muerto tres días después de haber sido detenido por el ejército.

LAS HUELLAS DIGITALES DEL TERROR

Los gobiernos se lavan las manos. Los ojos enrojecidos por el llanto en la cara de una mujer, una silla vacía, una puerta hecha astillas, alguien que no regresará: ¿en cuántos países de América Latina se repite el espectáculo? El sistema, acosado por sus propias contradicciones, recurre a la guerra sucia. Tortura, secuestra, mata. De prisión en prisión, de cuartel en cuartel, deambulan en vano los familiares y los amigos de las víctimas: "¿De qué me está hablando? ¿Quién? Nunca oí. No hay noticias".
En la República Dominicana hubo, durante 1970, 186 crímenes políticos y treinta desapariciones. El profesor norteamericano Jerome Slater escribió en un libro, ese año: "No pasa día en que no haya un asesinato político, un "suicidio" de un prisionero político, la desaparición de un militante, o, por lo menos, un caso de brutalidad policial hacia la oposición". Según Slater y según todo el mundo, "los principales criminales parecen ser miembros de la policía y, en menor grado, de las fuerzas armadas". La policía organizó, en la Dominicana, un grupo terrorista llamado "La Banda". Seis de los miembros de "La Banda" buscaron asilo, en abril del 71, en la embajada mexicana en Santo Domingo. Antes de refugiarse en la embajada, entregaron a la prensa una declaración muy clara: hemos sido reclutados por la policía. El líder de las bandas terroristas era el jefe de la guardia personal del número uno de la policía dominicana, el general Pérez y Pérez . Dos meses después, otro miembro de "La Banda" siguió el mismo camino y habló de cadáveres arrojados, por la policía, a las profundidades del Caribe.
En la Dominicana, es el pan de cada día. Pero hay historias calcadas en países que disfrutan de un prestigio internacional distinto.
Es el caso, por ejemplo, de México, cuyo partido de gobierno ha cultivado con éxito una imagen de estabilidad y progreso para consumo externo. La matanza del 10 de junio de 1971, jueves de Corpus Christi, fue ofrecida al mundo como el resultado de una batalla entre grupos de estudiantes rivales. El escándalo adquirió proporciones tales que la coartada tuvo vida breve. Se denunció que el grupo de choque "Los Halcones" había sido organizado bajo el gobierno anterior de Díaz Ordaz y que sus miembros eran matones a sueldo del estado. Ni uno solo de los "halcones" era estudiante; los "halcones" ametrallaron a sus propios heridos en los hospitales para que no hablaran. Varias decenas de muertos, no se sabe cuántos, fueron el saldo del 10 de junio. Los estudiantes que venían en una manifestación pacífica, se defendieron con piedras; los "halcones" atacaban con cachiporras y armas de fuego. El presidente Echeverría dispuso un par de cambios en la administración y los "halcones" pasaron a gozar de un merecido descanso. Pero poco tiempo después, las agencias noticiosas comunicaron al mundo que había desaparecido la nuera del Premio Nobel Miguel Angel Asturias. El mundo no se entera de las otras desapariciones, que también ocurren. A Rosario Sotomayor de Asturias la salvó su parentesco con un hombre famoso. La policía había negado oficialmente que ella hubiera sido detenida, y el gobierno había asegurado que no estaba en ningún servicio ni cuerpo de seguridad dependiente de la Secretaría de Gobernación. La desaparición de la nuera de Asturias armó tal estrépito en el mundo, que por fin se produjo el milagro: la Secretaría de Gobernación anunció que estaba allí. Luego Rosario contó que había estado encapuchada durante tres días, en una casa desconocida, sufriendo interrogatorios de quince horas diarias sobre las actividades de ella y de su esposo, Rodrigo Asturias, en apoyo de la revolución guatemalteca. "La soltamos a usted" , le dijeron al final, "porque si no se nos va a convertir en una figura internacional". La Secretaría de Gobernación no explicó los motivos de su negativa inicial.
Pero los "halcones" no eran una excepción. Uno de sus miembros, Eduardo Guzmán Maldonado, jefe de los grupos terroristas de derecha que operan en la Universidad, hizo sensacionales revelaciones a la prensa a fines de 1971. Guzmán declaró que los "halcones" son reclutados por el Departamento del Distrito Federal, y dijo que este organismo de gobierno pagaba su sueldo, y el sueldo de los miembros de su grupo "para destruir a los izquierdistas y a los comunistas".

LA CALAVERA Y LAS TIBIAS CRUZADAS

En el Brasil, la policía había organizado equipos de asesinos a sueldo, reclutados en sus propias filas, para limpiar el país de delincuentes. A fines de 1968, se decidió utilizar también al "Escuadrón de la Muerte" con fines políticos. El jefe del "Escuadrón", Sergio Fleury, que es también uno de los principales jefes de policía de San Pablo, disparó uno de los cuatro tiros que mataron al jefe revolucionario Marighella. Numerosos torturados relataron, en sus testimonios, que habían recibido la picana eléctrica y la cachiporra en sótanos policiales que tenían las paredes decoradas por los símbolos del "Escuadrón": la calavera y las tibias cruzadas. A mediados de 1970, el principal juez de crimen de San Pablo, Nelson Fonseca, declaró a los periodistas: "Los miembros del Escuadrón de la Muerte son policías, y todo el mundo lo sabe".
Por fin, el senador norteamericano William Proxmire denunció que se estaba utilizando la ayuda de los Estados Unidos para financiar las operaciones del "Escuadrón de la Muerte" y el régimen decidió lavarse las manos. Empezaron las operaciones destinadas a "borrar las huellas". Hubo policías que no quisieron creer cuando sus propios compañeros los metieron presos como miembros del "Escuadrón". Algunos se "fugaron" misteriosamente y nunca más se supo. El jefe, Sergio Fleury, se curó en salud. Cuando lo amenazaron con ciento cincuenta años de cárcel o pena de muerte, se limitó a decir: "Todo lo que yo hice, fue por orden del general Airosa, jefe de estado mayor del Segundo Ejército". No se animaron a meterlo preso.


TODO EMPEZO CON VALLESE

En agosto de 1962, desapareció en Buenos Aires un dirigente sindical peronista, el obrero del metal Felipe Vallese. Esa misma noche, fueron arrancados de sus casas varios familiares, compañeros y amigos de Vallese. Ellos circularon por diversas comisarías y finalmente reaparecieron, con huellas de torturas. Pero Vallese no. La policía no sabía nada, el ejército no sabía nada, el gobierno no sabía nada. Casi nueve años después, en mayo de este año, cuarenta policías fueron condenados por la justicia. Se había probado, por fin, su culpabilidad en el secuestro y desaparición de Vallese.
En estos últimos tiempos, la Argentina ha sufrido una nueva oleada de secuestros y desapariciones. En marzo del año pasado, tres personas intentaron llevarse al diplomático soviético Youri Pivovarov. El diplomático se arrojó desde el auto en marcha, luego de despojar de una metralleta a uno de los secuestradores. El arma tenía el sello de la policía. Uno de los secuestradores había sido el oficial subinspector Carlos Benigno Balbuena, de la policía federal. Operaba para una organización también llamada, como la de Guatemala, MANO (Movimiento Argentino Nacionalista Organizado). Los organismos para-policiales continuaron actuando. Nueve meses después, fueron secuestrados el abogado Néstor Martins y su cliente Néstor Centeno. No se hizo ninguna investigación. El doctor Martins defendía a los guerrilleros peronistas presos y había denunciado varios casos de torturas. Desde el 16 de diciembre de 1970, se ignora su paradero. Tampoco se sabe dónde está el militante obrero Néstor Centeno. Se supone que están muertos. A principios de julio de 1971, llegó el turno a Marcelo Verd y su esposa en la provincia de San Juan. Casi enseguida, desaparecieron en Buenos Aires Juan Pablo Maestre y su mujer, Mirta Misetich. Ambos eran militantes de organizaciones peronistas revolucionarias y de grupos universitarios de la misma ideología. Un día después, apareció el cadáver de Maestre, con dos agujeros de bala, en un paraje llamado Las Palmeras. El cadáver tenía la frente hundida y rastros de quemaduras en los pies. En la mañana del día en que el secuestro se había producido, una comisión policial se había presentado a buscar a Maestre en la empresa donde trabajaba y allí los policías recogieron sus datos personales. Hay testimonios de radioaficionados que captaron, en la frecuencia de la radio policial, informes sobre un procedimiento realizado en la calle Amenábar, donde Maestre fue raptado. En la comisaría del barrio se habían recibido, días antes, instrucciones de la Superintendencia de Seguridad que informara si el matrimonio Maestre frecuentaba la casa de la calle Amenábar, donde vivían los padres de Mirta Misetich y a cuyas puertas fue secuestrada la pareja.
En setiembre, desapareció el estudiante de Derecho Luis Enrique Pujala. Sus abogados responsabilizaron de inmediato al Poder Ejecutivo. También desapareció, por unos días, el profesor universitario Antonio Caparroz, en manos de unos civiles que lo atraparon a la entrada de su casa y lo obligaron a subir a un automóvil. Pasaron dos días antes de que la policía declarara que Caparroz estaba detenido en una de sus dependencias. Previamente, el domicilio de Caparroz había sido allanado por la Dirección de Investigaciones Policiales Antidemocráticas.
Los grupos para-policiales argentinos actúan centralizados en el Servicio Unificado de Seguridad (SUS), nacido a fines de 1969 bajo la inspiración de altos funcionarios del gobierno del general Onganía.


A LA HORA DE LA HISTERIA

¿Y en nuestro país? Aquí, el capitalismo vive la hora de la impotencia y la histeria. Brotan grupos fascistas en la enseñanza media, armados y protegidos por la policía, y el Ministerio del Interior y el Presidente electo los elogian por televisión.
Las fuerzas para-policiales ametrallan locales del Frente Amplio y también las casas de varios militantes de la izquierda; deslizan amenazas, ponen bombas, queman librerías, secuestran y ejecutan. El 12 de febrero, "El Día" publicó una crónica sobre el atentado contra "Discoplan", con este párrafo que no tiene desperdicio: "Según testigos presenciales, un patrullero que se hallaba en las inmediaciones en momentos de registrarse el repudiable atentado, se alejó del lugar, probablemente en persecución de los delincuentes".
No en vano la policía del Uruguay lució, en 1971, el primer lugar en la lista de la ayuda norteamericana a las policías de toda América Latina. Los grupos tienen diversos nombres: hay uno que se llama DAM en homenaje a Dan Anthony Mitrione, el finado asesor norteamericano que había enseñado técnicas de tortura y represión a la policía uruguaya, después de actuar al servicio de la CIA en Santo Domingo y Brasil.
A fines de julio del año pasado, Manuel Ramos Filipini apareció muerto entre las rocas de la costa. Este joven había sido procesado tiempo atrás por vinculaciones con los Tupamaros, pero estaba en libertad y hacía vida normal. Su cuerpo tenía doce impactos de bala y los brazos rotos. Cuatro individuos que dijeron ser policías lo habían arrancado de su casa a la madrugada. Quienes lo conocían, aseguran que Ramos Filipini no hubiera salido a esa hora si no se le hubiera mostrado una tarjeta de identidad policial convincente.
Dos semanas antes, había desaparecido Abel Ayala. La noche en que se esfumó, tres hombres llegaron a la casa de una compañera de estudios, a la que él debía entregar un libro; preguntaron por Ayala y se fueron. Un mes después, desapareció otro joven, Héctor Castagneto. ¿Delito? Dos hermanos mayores vinculados con los Tupamaros. La policía le contestó a la madre lo mismo que a los familiares de Ayala: "Se ha de haber pasado a la clandestinidad". Cada visita a la policía daba ocasión a una nueva humillación: burlas, risas, esperas infinitas, "el inspector no los puede recibir".
Simultáneamente, se produjo el secuestro del abogado de una empresa textil, Carlos Maeso, víctima de una tentativa de extorsión. Fue liberado y por fin tres miembros de la policía política confesaron haber sido autores del secuestro, junto con dos civiles. Uno de los civiles, Enrique Fernández Albano, era amigo personal de Dan Mitrione y dueño de una boite que pudo traer su equipo estereofónico directamente de los Estados Unidos por medio de la valija diplomática de la embajada. La policía no distribuyó, contra la costumbre, fotografías de sus funcionarios procesados. En la operación se utilizó un Maverick, el automóvil característico de nuestra policía política. La compañera de estudios del desaparecido Abel Ayala dijo que podría reconocer, en un careo, a los tres hombres que preguntaron por él en su casa, pero la policía no le permitió ver a los culpables del secuestro de Carlos Maeso.


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Publicado en revista CUESTION del 16 de marzo de 1972
AÑO II, Nº 16


LOS OTROS CRIMENES DEL ESCUADRON

Con el brutal asesinato de Ibero Gutiérrez González son ya cuatro las víctimas del siniestro y tenebroso "escuadrón de la muerte". Pero su mano está también tras los cientos y cientos de atentados que, noche a noche, son perpetrados con total impunidad contra los hogares, locales políticos, comercios de personas frentistas o vinculadas, familiarmente, con integrantes del MLN. Para estas acciones -según sea su naturaleza- ha adoptado distintos nombres: Defensa armada nacionalista (DAN), Comando Armando Leses, Brigadas Nacionales, JUP, LYS (debe recordarse un pasquín hecho llegar a mediados del año pasado hasta la casa de determinadas personas, que decía: ..."Estamos alertas, preparados y vigilantes. Si estas amenazas se materializan en algunos de esos integrantes o en cualquier ciudadano uruguayo que no sea antipatriota y traidor como Ud., actuaremos en consecuencia. Los responsables pagarán con su vida. Ud. puede estar entre ellos"), o el Comando Caza Tupamaros, responsable de la última muerte.


NO CREO EN BRUJAS, PERO...

Una noche de 1962, el entonces jefe de policía de Montevideo, Cnel. Mario O. Aguerrondo, entró en el diario "El País". Era el momento en que a Soledad Barret y, después, a otras personas se las sometió a distintos castigos tras lo cual se les tatuaba una cruz svástica con hojas de afeitar o cualquier otro objeto cortante. El jerarca se reunió con el cronista policial y responsables del diario, al día siguiente "El País" mostraba una fotografía obtenida en una manifestación meses atrás y en la que se había identificado -entre otras personas- a la joven militante. De esa manera la policía -en aquel momento muy activa en la organización de golpes como el asalto a la Universidad que durante años tuvo separado de su cargo al comisario Orestes Braida Arbulo- trataba de desviar la atención sobre las bandas fascistas que ella misma armaba.
Fue, asimismo, por esa fecha, que un asesino protegido por la oscuridad de la noche arrojó una bomba incendiaria contra un club comunista. El fuego causó la muerte de una criatura de meses, hija de los cuidadores del local. Esta vez el escándalo había sido muy grande y la policía no tuvo más remedio que "aclarar" el caso y detener al homicida que, casualmente, resultó ser un habitual informante y delator ubicado en el medio estudiantil.
En materia de bandas fascistas hay, como se ve, una larga y, muchas veces, dolorosa experiencia. En la medida que el liberalismo no les molestaba se mantenían en forma larvaria hasta que un acontecimiento como la Revolución Cubana las llevó a la acción en "defensa de la democracia" y del "mundo occidental y cristiano". Desde la embajada norteamericana, a través de sus agentes se financió a grupos como la Confederación Sindical del Uruguay (intentando quebrar al movimiento obrero) o el Movimiento Estudiantil de Defensa de la Libertad (MEDL) que ya en 1962 y, por medio de una conferencia de prensa, trataba de desvincularse de otros grupos igualmente totalitarios (como el FEDAN, MOENSU, Alerta, Gailo, etc.) acusando a la Lista 15 de ser "tontos útiles" (sic) y publicitando la expulsión de un tal Eduardo Fernández que en una reunión gritó entusiastamente "Heil Hitler".
No es por cierto exagerado encontrar en todos estos elementos los antecedentes de la propia JUP.
Pero esta vez la oligarquía ha ido mucho más lejos: prohijó la creación del "escuadrón" nutriéndolo de policías e integrantes de grupos "demócratas", como quedó bien claro con el procesamiento de los secuestradores del Dr. Carlos Maeso (abogado de HYTESA por el que se pidió un rescate de 25 millones de pesos).
La identificación de Eduardo Denis Falcon Filgueiras, Washington Angel Grignoli, Llamil (o Yamil) Wallace Pereuchena (los tres del D-6 de la Dirección de Información e Inteligencia que comandaba el comisario Macchi), Enrique "Quico" Fernández Albano, y Héctor Blas Quinteiro fue un rudo golpe que la Justicia asestó al "escuadrón". Y sirvió, para mostrar los elementos humanos que lo integran: por un lado, policías -y no agentes cualesquiera, sino integrantes de una repartición que tiene como misión específica la represión de la guerrilla-, por otro, civiles como el tal Fernández Albano, vinculado a grupos estudiantiles de derecha, servil instrumento de la embajada yanqui de la que era agente informante. También el año pasado, en setiembre, se denunció al médico paraguayo Angel Pedro Crosa Cuevas -de siniestros antecedentes- como un integrante del "escuadrón" sin que ello fuera jamás desmentido.
Finalmente, y aún cuando parezca reiterativo del Informe Especial hecho por Eduardo Galeano (en el número anterior de CUESTION) debe recordarse que a Antonio Manuel Ramos Filippini lo fueron a buscar cuatro sujetos que mostraron -no sólo a su madre, también a él mismo- documentos que los identificaban como policías. Que en esta u otra hazaña se han visto coches de los habitualmente usados por la policía.
Los eufemismos, las fórmulas vagas usadas por los redactores de los comunicados policiales, incluso las frases como "respuesta a las actividades de la delincuencia organizada" demuestra -en forma elocuente y frente a cualquier habitante del país- complacencia por la acción del "escuadrón". Ello sería suficientemente grave y condenable, pero si ese mismo uruguayo capaz de advertir la simpatía de la policía por el "escuadrón" busca la información correcta, entonces podrá advertir -asombrado horror- que más que simpatía hay un verdadero encubrimiento. Más que ello, aún, una participación directa.


DETRÁS del ESCUADRON

Publicado en Revista Cuestión
AÑO I, Nº 8 del 28 de agosto de 1971


El último día del pasado mes de julio, una pareja vió el cuerpo de un hombre que yacía entre las rocas cercanas al parador Kibón, en Pocitos. El hombre muerto se llamaba Manuel Ramos Filippini; tenía los brazos quebrados y más de una docena de balazos en el cuerpo y la cabeza. Llevados y traídos por el viento unos volantes dejados allí por los asesinos proclamaban la autoría de la “hazaña”.
Decían, simplemente: “Comando Caza – Tupamaros Oscar Burgueño”.
La madrugada anterior cuatro personas habían ido a buscar a la víctima en su domicilio; dijeron que eran policías y se lo llevaron. Ramos Filippini, procesado un año atrás por “asistencia a la asociación para delinquir”, no olvidó quizás que las garantías constitucionales proclaman que el hogar es un sagrado inviolable, que no puede ser allanado de noche, ni siquiera con orden judicial. Debe de haber pensado, lo mismo que la mayoría de los uruguayos, que hace buen rato que en este país las páginas de la Constitución son poco más que papeles olvidados.

Un descubrimiento: Uruguay está en América Latina

Hasta no hace mucho tiempo las noticias sobre la MANO de Guatemala, el Escuadrón de la Muerte de Brasil, los secuestros de militantes en Argentina o los abiertos malones policiales en otros países de América, eran para nosotros solamente lejanas noticias de un continente oscuro, ensangrentado por dictaduras feroces.
No porque aquí la vida fuera idílica. Ya había comenzado la lucha radical contra la oligarquía y sus raíces de injusticia, y la represión desatada contra todos los sectores populares no se manejaba con guante blanco. El pueblo ya tenía sus perseguidos, sus torturados y sus muertos. Pero en ese enfrentamiento subyacían ciertas normas implícitas: todavía las caras de cada quien eran visibles.
La contienda se desarrollaba en más de un plano. Había en primer lugar un enfrentamiento entre los trabajadores a quienes se les había congelado sus ingresos y patrones satisfechos porque, en cambio, lo que se les había congelado eran sus egresos. Esta oligarquía mandaba reprimir todo reclamo desde sus sillones en los directorios o desde sus butacas en los ministerios. Trabajadores estatales en conflicto (bancarios, de Ancap, de UTE) fueron militarizados, ultrajados, suspendidos o destituídos. Había también una movilización estudiantil, en combate tanto contra una Interventora que para ordenar instaló el caos, como en acciones solidarias con gremios en huelga. A su frente estaban las brigadas de choque y las chanchitas, las balas y los gases. La muerte de cuatro estudiantes son jalones luctuosos de esas batallas, a las que últimamente se han incorporado los asociados lícitos para delinquir: los miembros de la JUP, que atropellan a mano armada a jóvenes liceales, su retaguardia cubierta por distraídos patrulleros y verosimilmente instruídos e impulsados por los centros del poder. Un inventario de sus desmanes ocuparía demasiado espacio y seguramente sería incompleto.
En este año de elecciones el enfrentamiento se procesa asimismo en el plano político –partidario. Los locales del Frente Amplio y de los partidos que lo integran son baleados e incendiados, los pegatineros son detenidos, los brigadistas son severamente interrogados; algunos de ellos han sido confinados en cuarteles. En este campo también se siente la amenaza de un pueblo que se organiza para competir en el campo y con las reglas de juego del propio sistema.
Por último, se desarrolla una lucha de características distintas de las anteriores: la oposición entre la insurgencia armada y el régimen en su conjunto. Aquí la contienda llega a su clímax de violencia, porque en ella el sistema ve comprometida su existencia misma y lanza sus guardianes a defenderlo con severas consignas de represión. Policías y tupamaros han caído para siempre en el campo asfaltado de batalla. La defensa del sistema ha pretextado la implantación de rigurosas medidas de seguridad e incluso ha derivado, indirectamente, en un conflicto de poderes, al punto de que en estos momentos el Parlamento lleva adelante un juicio político al presidente de la República por haber desconocido el levantamiento de las medidas que decretó la Asamblea General. “Enfrentamos a un poderoso ejército clandestino”, adujo como explicación el ministro del Interior brigadier Sena, un hombre duro, fanático de la autoridad, convencido de que su rígida concepción del orden es la mejor manera de encauzar las relaciones sociales.
Con todos los excesos que el desarrollo de todas esas contiendas trajo consigo, había en ellas sin embargo una cuota de claridad en su planteo: los enemigos se conocían por su nombre. Ahora la tortura y la muerte alevosa de Ramos Filippini nos ha instalado de golpe en aquel continente bárbaro a cuyas espaldas crecimos: el Escuadrón de la Muerte ha adoptado la ciudadanía uruguaya. Pero esta vez el fascismo ha llegado demasiado tarde.

Las marionetas y sus hilos

Salvo espaciados períodos en que los intereses populares estuvieron sino representados, por lo menos contemplados por los gobernantes, el Uruguay vivió siempre institucional y políticamente enajenado. Los hombres de gobierno fueron, alternativamente, capitanes de industria, terratenientes y banqueros, o fieles representantes de la clase dirigente. Los políticos ejercieron con eficacia su papel de delegados del poder económico y sus servicios fueron largamente recompensados. En los últimos años, coincidiendo con un período en que a la desaparición de caudillos populares sucedió la emergencia de una promoción de oscuros oficiantes, la oligarquía desplazó a sus mandatarios y se sentó en los puestos de comando.
Con una crisis estructural que hace crujir su andamiaje, con una dependencia externa que deja márgenes de maniobra cada vez más reducidos, el Uruguay no puede ya ser más lo que era. Mientras el deterioro económico se agudiza, irrumpe un hecho nuevo: los sectores populares, los más castigados por la crisis, adquieren una conciencia política firme y comprometida. A la oligarquía gobernante se le plantea un dramático problema: ¿cómo subsistir, cómo sobrevivir en la misma condición de siempre? La respuesta es fría y objetiva; la misma que se dieron a sí mismos los capitalistas arruinados de la Alemania de los años treinta. El equipo que ejerce el dominio económico y político debe nazificar el país para que la rosca pueda seguir exprimiendo. La furiosa arremetida contra los movimientos populares no refleja sólo el odio visceral del opresor hacia el oprimido ni la mera concupiscencia del poder; representa la elección del único medio posible para que la clase dominante continúe instalada en las claves del mando.
No a otra cosa responde la “violencia de arriba”. Las élites comerciales e industriales, los grandes banqueros como Peirano o Ferrés, los latifundistas como Martinicorena, Gallinal o Touron, no pueden tolerar siquiera un horizonte cargado de amenazas. Mucho menos un contorno presente de seguras agresiones a su predominio hasta ahora incuestionable e incuestionado. La consigna, sostienen, es “mantener el orden”.
En realidad no existe un orden a mantener; existe un “Nuevo Orden” a instaurar. A su establecimiento concurren la convulsión permanente en las calles y en los centros de enseñanza, los allanamientos indiscriminados, los atentados a clubes políticos, la censura de prensa, la represión sindical y, ahora, los escuadrones de la muerte.
Pero el proceso de los mecanismos de la reacción fue más lento que el despertar de los desposeídos. Ya es tarde para ellos y los caminos históricos que transitamos son irreversibles. No obstante, sus instrumentos siguen actuando.

Los instrumentos del poder

Las fuerzas policiales –nos referimos, claro está, a los cuadros menores de ese cuerpo- aún no han tomado clara conciencia de su carácter de instrumento del nuevo orden. Actúan con cierta impunidad, por lo menos en el plano de las responsabilidades penales. La prensa ha destacado, sin embargo, algunos hechos significativos. En ciertos procedimientos exitosos de la policía contra la organización armada, se ha descubierto que ésta posee un registro minucioso de los efectivos de aquélla. Todo hace suponer –y cruentas acciones de represalia lo confirman- que, a través de su fichaje, la impunidad a que hacíamos referencia, válida en el orden judicial, no opera con igual eficacia en el terreno de los hechos.
Esa relativa invulnerabilidad se asienta además en otro poderoso instrumento del sistema, tan dependiente de los grupos de poder como el jerárquicamente subordinado que es el instituto policial. Los medios de difusión masiva económicamente poderosos –voceros de hombres con pocos votos y muchos millones- aceptan gustosamente la censura y las limitaciones impuestas por el gobierno a su deber de informar, pero sobre todo acuden a la mentira desembozada, ocultando o deformando los hechos al gusto de sus mandantes. Los casos más clamorosos de esa retorcida manera de encarar la información son bastante recientes. Elegimos dos, elocuentes por su particular dramatismo.
Cuando el militante anarquista Héber Nieto cayó abatido por la bala de un francotirador apostado en la terraza de la Caja de Jubilaciones, la prensa “seria” divulgó con especial destaque el informe que de inmediato elaboró la D.I.I., que atribuía claramente la autoría del crimen a los propios compañeros del pequeño obrero-estudiante. El informe del médico forense, que demostró lo absurdo de aquella presunción, no mereció ciertamente ni los titulares ni los análisis que el documento merecía. El caso del agente Kazlauskas, aparentemente asesinado en medio de un turbio episodio que no hay por qué seguir divulgando, fue presentado de inmediato como una venganza de los "tupamaros"; la misma policía, que ha inaugurado un sistema de información subjetiva y comentada, echó a rodar la bola de nieve con el impulso solidario de periodistas complacientes.
Los ejemplos podrían ser más numerosos, pero ya la desinformación grosera es pan de cada día para el lector. Lo malo estriba en que lo es tanto para el prevenido como para el dsprevenido. La prensa grande, como la televisión enajenada y enajenante, como muchas radiodifusoras, son también engranajes del régimen, y al régimen apuntalan pues sólo con él pueden sobrevivir como empresas del engaño cotidiano. Más sutil que la represión en sus procedimientos, los medios de difusión masiva constituyen otro instrumento –insidioso, penetrante, persuasivo- de perpetuación de las estructuras de un sistema corroído y condenado.

Una función a dignificar

Por su parte, la imagen de la policía uruguaya se ha deteriorado vertiginosamente. El pueblo no la siente como su aliada o su defensora, porque -con excepciones que sería injusto ignorar- la policía ha perdido la confianza de ese pueblo cuya seguridad le compete custodiar. El más inocente de los ciudadanos siente aprensión ante las chanchitas erizadas de fusiles. La gente ya no habla en voz alta; se teme al vecino del ómnibus, que tras su ingenua apariencia de lector de un diario puede ocultar a un “tira”; en el estadio no conviene criticar al gobierno porque cualquier “hincha” puede ser un agente de investigaciones; los pasillos de la Jefatura hierven de funcionarios vestidos de civil, y allí tropiezan como hormigas la “estudiante” de minifalda con el “vecino” que habitualmente va a tomar un copetín al café del barrio. La oligarquía, asustada, fomenta la delación y se rodea de guardias pretorianas. Pero esos guardias, a su vez, también se asustan. El miedo que provocan es la proyección de su propio miedo.
Son gentes de carne y hueso, como usted y como yo. Sufren nuestras mismas o peores carencias. Por un sueldo de hambre deben acatar las órdenes de alguien a quien no conocen y cuyos intereses ignoran. Si protestan por el atraso en el pago de sus asignaciones, se acude a su “espíritu patriótico”. Han elegido un trabajo sin prestigio, impulsados por la desocupación y la miseria. Sólo cuando uno de ellos cae en esa guerra implacable la prensa recuerda su pobreza y el desamparo de sus hijos, el señor presidente concurre a su velorio y ante su cuerpo sin vida se dicen discursos compungidos.
La institución policial debe recuperar su prestigio. No es actuando contra los humildes, no es protegiendo a la JUP como habrá de recuperar el cuerpo la dignidad y el respeto que deben serles implícitos. No es llevando presos a pegatineros del Frente Amplio, que son sus iguales en la pobreza y que luchan por un mundo mejor también para los agentes policiales, como servirán la causa del pueblo de donde provienen y ante el cual, tarde o temprano, todos deberemos rendir cuenta de nuestros actos o de nuestras omisiones. Y si no bastaran esas razones, debieran bastar las de un instinto de conservación naturalmente orientado para modificar radicalmente la forma y el sentido de sus procedimientos.
En Brasil y en Guatemala son policías los integrantes de los feroces escuadrones clandestinos. Pronto se sabrá –en este país, en este Montevideo, hay secretos que no duran más que un lirio- si aquí se repite el mismo fenómeno. Ojalá que no sea así, porque de lo contrario será de otro signo el impulso pacificador de un pueblo decidido a cambiar.
Un pueblo que ha elegido un instrumento político –el Frente Amplio- adecuado a sus legítimas ambiciones y que defenderá, como sostuvo el general Seregni, el derecho a votar en noviembre bajo el recuerdo de quienes lo obtuvieron lanza en mano en las cuchillas de la patria.

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Publicado en revista Cuestión
AÑO I, Nº 5, 10 de junio de 1971

Cuando el avance de las masas hacia mejores destinos se torna imparable, la concientización logra rescatar de prolongado letargo a sectores populares mayoritarios, y surgen opciones en el campo político que permiten augurar el comienzo de un proceso de cambios estructurales, brota entonces la epidemia del fascismo. Tan traicionera como consciente de que puede “prender” en organismos indefensos o arrastrar a su paso, con un hálito infeccioso, a cualquier desprevenido. Pero a la vez inofensiva, porque conoce que ya está inventada la vacuna que la erradicará implacablemente, transformándola en un simple punto de referencia histórica. En el Uruguay de hoy, los microbios fascistas han comenzado a incursionar en la vida nacional bajo algunas formas organizativas que subsisten aún a costa del alto precio que paga la oligarquía criolla desesperada y sus amos imperialistas del norte.


JUP: LOS PITUCOS EN ACCION

Por E. L. Mokossian


Bajo una total y comprobada impunidad, indicadora a las claras del patrocinio gubernamental y policial, jóvenes (o viejos) fascistas uruguayos se han agrupado en torno a la sugestiva Juventud Uruguaya de Pie (JUP) y, bajo su forma legal o colaterales clandestinas, comenzaron a incursionar en los últimos meses, en el campo de la enseñanza media, o bien lisa y llanamente en el terreno estrictamente político. Promocionados y amparados directamente por la prensa “seria”, como el suplemento verde de “La Mañana” o el propio diario El País” y su costoso semanario “Tiempo”, los incansables “peatones” con colachata y pintita “bian”, han protagonizado últimamente vandálicas incursiones en liceos de Montevideo y del interior, así como también vienen perpetrando diversos atentados contra locales políticos y domicilios particulares.

LOS “NENES” SE DIVIERTEN

Aunque casi extinguido definitivamente, el foco nazi-fascista uruguayo, que sufrió fracaso tras fracaso a través de sus distintas formas y frentes de lucha (léase: MEDL, IUES, CSU; ORPADE; Tradición, Familia y Propiedad; Adelante Uruguay; Legión Artiguista, etc.) vio una nueva posibilidad de reagruparse, en los últimos meses, en torno a la bandera común de la JUP.
De inmediato se echaron las bases de la empresa: el dinero no faltaba y el amparo de gobernantes y policías se ofrecía a gritos.
Entonces comenzaron las primeras diversiones con manifiestos y periodicuchos intimidatorios, amenazas telefónicas y escritas a familiares de presos políticos, e incluso, algún que otro atentado en los domicilios de éstos o de sus abogados defensores. Por entonces mantenían sus caras ocultas pero comenzaban a tomar desdibujada forma en algunos puntos del interior del país. Allí comenzaron a llegar con la ayuda del costoso aparato publicitario, al que contribuía gran parte de la prensa “grande” (la otra parte no quería quemarse); pero la campañita resultó un fiasco.

DE BRUM Y LA J.U.P.

La JUP comenzó a cobrar vuelo y sentirse materialmente apoyada en fecha que coincide, muy sintomáticamente, con la asunción al Ministerio del Interior, del Dr. De Brum Carbajal. Suspicaces observadores políticos coincidieron en señalar por entonces (enero/71) que desde la propia Secretaría de Estado se alentaba la creación de una fuerza parapolicial, financiada, armada y entrenada por la propia policía. No pasó más que de versión oficiosa pero parecía tener algunos fundamentos. En efecto, las relaciones JUP-De Brum debieron ser sumamente estrechas cuando el Ministro, durante uno de sus múltiples anuncios del finalmente implantado Registro de Vecindad, indicó que serían los jóvenes de pie, junto a la policía, los encargados de llevar a la práctica el censo que (vaya coincidencia) tiene como patrón el implantado por las huestes del nazismo en la Alemania de Hitler.
Y recientemente, en su discurso del 4 de mayo por cadena de radio y televisión fue el propio Ministro del pachequismo quien se encargó de dar aliento a los grupos fascistas de la JUP que pocos días antes, habían sido responsables de balear estudiantes del Liceo Bauzá, ocupar ese y otros centros de estudios y promover la situación caótica que da pie a la Interventora de Secundaria para clausurar más de una decena de liceos, suspender alumnos y profesores y promover la detención de varios centenares de éstos.


EL FOCO DEL BAUZA

El 27 de abril los estudiantes del Liceo Nº 6, Francisco Bauzá, tratando de poner fin a una tensa situación que venía precipitándose desde principios de mes, originada por un reducido núcleo de alumnos y elementos foráneos calificados como fascistas, resolvió reunirse en asambleas autorizadas en el interior de ese local.
La provocación no tardó en producirse, por parte de un minúsculo grupo de jóvenes, perfectamente individualizados como integrantes de la JUP. Estos sacaron a relucir cachiporras, cuchillos y armas de fuego y tras disparar varios balazos en el interior del local, salieron a la calle y balearon desde allí el edificio que albergaba a centenares de sus compañeros. Por casualidad no hubo heridos y tampoco apareció la policía por el lugar, aunque algunos testigos afirman haber visto una “chanchita” en las inmediaciones.
Al día siguiente, mientras una concentración de alumnos se realizaba en las afueras del liceo y se procedía al cambio de turno, el mismo grupo que actuó en la víspera ocupó el edificio. Apoyado desde afuera por ocupantes del VW matrícula K-60-298, dispararon decenas de balazos contra estudiantes, profesores y padres que debieron correr despavoridos y guarecerse en las inmediaciones. Aquí tomó intervención la policía pero para detener a cuatro estudiantes que procuraban eludir los balazos.
La ocupación se mantuvo por escasos dos días, pero en el interín los fascistas armados y ya individualizados, llamaron a una conferencia de prensa en la cual manifestaron su incondicional apoyo a la Interventora de Enseñanza Secundaria y se proclamaron “protectores del Instituto”. Y hasta acusaron al resto del alumnado de ser responsable de los destrozos ocasionados por su propia ocupación del local.


EL CAOS SE EXTIENDE

* El mes de mayo comenzó con un negro panorama en casi todos los centros de la enseñanza media. A las provocaciones iniciales en el Bauzá se sucedieron las de la misma banda fascista en el Liceo 18 de Millán y Larrañaga y las de otros grupúsculos de igual orientación vinculados con la JUP, en otros liceos capitalinos y del interior. Así la Interventora de Secundaria fue clausurando los liceos Nº 2 Rodó; Nº 4 Zorrilla; Nº 7 Suárez; Nº 12; Nº 15 de Carrasco; Nº 16; 17; 18 y 20, en tanto que en el resto de las casas de estudios, e incluso en liceos habilitados se vive un panorama de incertidumbre total que hace suponer una derivación similar a la del pasado año lectivo, en el cual fueron suspendidos los cursos.

* El 8 de mayo el Bauzá fue nuevamente escenario de la violencia fascista, cuando alumnos de varios liceos intentaron llevar a cabo un homenaje al estudiante Leonardo Beledo, a un año de su muerte alevosa por parte de un funcionario policial. Ciento sesenta estudiantes fueron detenidos en la oportunidad y manoseados en la Comisaría 18ª y la Jefatura de Policía, pese a su minoría de edad.

* Paralelamente, en el interior se vivieron situaciones semejantes, especialmente en el Liceo de Las Piedras, donde se practicaron decenas de detenciones de alumnos y tres de ellos fueron procesados, en tanto el local fue clausurado.

* Cabe consignar que en los centros de estudios donde la situación era totalmente normal, se inventaron excusas como bombas colocadas en el edificio a fin de proceder a su desocupación. Tal lo ocurrido en el Liceo Rodó para obstaculizar una asamblea autorizada del alumnado.

* Por su parte el Instituto Eduardo Acevedo, tras dos días de provocaciones de los mismos grupos fascistas que actuaron en el Bauzá y Liceo Nº 18, se anotó la presencia del Comisario Juan María Lucas, Jefe del Departamento Nº 6 de Información e Inteligencia, quien apoyado por varios funcionarios policiales uniformados incursionó en el recinto liceal y profirió insultos y amenazas a profesores y alumnos.

QUIENES Y CUANTOS SON

Los jóvenes de pie apenas son un puñado en los distintos centros de estudios secundarios y por lo tanto fácilmente identificables. Los hilos de las marionetas, a nivel de JUP, son manejados por Gabriel Melogno, que es presidente del grupo fascista capitalino, pero a la vez secretario del Director Interino de Enseñanza Secundaria Antonio Escanellas. También dirigente capitalino es Hugo Manini Ríos, hermano de Carlitos Manini Ríos e hijo del director del diario “La Mañana”, donde se publicitan todas las hazañas de los jupianos, especialmente en su suplemento verde para el interior.
Conspicuos dirigentes del interior, son Amorim, Gagliardi, en Salto; Ricagni (50 años pero igual joven) que es también Presidente de ORPADE, en Lavalleja; Jorge Mancuello y Pereira, en Rocha; Rolando Méndez, en Treinta y Tres.
Pero, si bien estos dirigentes mantienen su fachada legal, vayamos a la nómina de los jóvenes de pie, participantes en los distintos incidentes en centros liceales, y que aún mantienen su impunidad:

Los agresores en el Liceo Nº 6 Fco. Bauzá fueron:

Marcelo Carballo: estudiante de la Facultad de Veterinaria y uno
de los jefes.
Ulises Fernández: (a) “El Manco Ulises”, funcionario policial de
reconocida trayectoria nazifascista en varios grupos extinguidos.
Nelson Di Candia: Estudiante de Preparatorio de Ciencias
Económicas, expulsado el mes pasado del Liceo 18
Mario Papazian: activo recolector de firmas reeleccionistas en el
Bauzá.

A éstos se agregan Ricardo Abeledo; Luis Sica; Valdenama; Gualberto Cuenca (funcionario de la OEA) y Guidebono (funcionario policial).
En el Liceo 18 de Millán y Larrañaga, el grupo anterior actuó apoyado por los alumnos Andrés Galland, Homero Corbo, Miller, Liliana Reyes, Soca y por la profesora Cily Steigman, también activa integrante de la JUP.
En el Liceo Nº 15, el grupo fascista lo integran Berriolo, Dragonetti, Sghirla, Lemes, Goldenberg, Motú, Pedrozza y
Debernardis, que es adscripta del propio Instituto.
En el Liceo Eduardo Acevedo de Colón, el mismo grupo del Bauzá incursionó apoyado por Reske, Otte y Merovich y finalmente en el Liceo Varela fue individualizado y expulsado por actitudes antigremiales Miguel Sifía.
En el IAVA 2, Enrique Etchevers, Silvia Echandi de Batlle y Ordóñez, Ricardo Trindade y Hugo Ferrari.
Una concreta denuncia sobre el auspicio estatal a las hordas de la JUP fue realizada en los últimos días, en el transcurso de un acto de la UJC, por parte del diputado Rodney Arismendi.
Según el referido legislador, obraba en su poder un documento por el cual el Ministerio de Defensa Nacional da órdenes de transportar en aparatos de la Fuerza Aérea Uruguaya a varias delegaciones “estudiantiles”. Una de ellas es para Hugo Manini Ríos y 22 personas, otra para el citado y una delegación estudiantil desde Treinta y Tres a Salto, una tercera orden para transportar a Ricardo Trindade y otros, de Salto a Treinta y Tres y viceversa y finalmente un vuelo que tuvo como pasajeros a Hugo Ferrari, Mario Sica, Gabriel Francisco Melogno y otros.


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A continuación se leerán capítulos extraídos del libro Pasaporte 11333, que escribiera Manuel Hevia Cosculluela y el prólogo del mismo.

Prólogo

"Cuando este libro llegó a mis manos, habituadas al trasiego de originales inéditos, me sorprendió la espléndida madurez de un estilo poco frecuente en un autor novel. No voy a detenerme, sin embargo, en precisiones literarias. Estas páginas, más que literatura, nos traen el testimonio de una vida, desdoblada por las circunstancias, que alcanzó su clímax en el regreso a nuestra patria. Su condición de revolucionario cubano le impuso a Manuel Hevia una misión difícil. Lo proyectó, sin otra alternativa que el cumplimiento ilimitado de un servicio a la Revolución Cubana, hacia un mundo regido por un complejo y diabólico sistema de opresiones. Si pudo resistirlo para denunciarlo más tarde, trascendiendo esa red de alienaciones en que se sustenta la superestructura capitalista a niveles mundiales, fue porque sus objetivos esenciales tenían la transparencia y la reciedumbre de una ideología basada en el amor al hombre. Este es, pues, un triunfo del proletariado y de su doctrina (nos engañaríamos si lo calificáramos, de manera absoluta, como una mera victoria individual) que verifica y consolida la invencibilidad de una causa avalada por la historia contemporánea.
¿El Uruguay, turísticamente promovido como un increíble y placentero oasis político-social latinoamericano, fue un mito hecho pedazos por una realidad que se empeñó en fragmentarlo? No. Sencillamente, no. La fundamentación de esta negativa es mucho más compleja que la respuesta que nos brota a los labios. Pero, aún así, la respuesta será siempre la misma: el Uruguay no pudo sostenerse, como aquella versión irreal de la "Suiza americana" que el mundo conoció, porque la realidad golpea a la ficción y le define. Aquel viejo, impertérrito, tranquilo y sosegado país increíble -casi extraterrenal si se le ubica en el dramático contexto de la problemática latinoamericana-, alcanzó definitivamente su definición hemisférica. A su pesar, acaso venciendo sus tradicionales pruritos oligárquicos, los opresores uruguayos se desenmascararon. Sus disfraces ya no son eficaces. A la última noche del carnaval propagandístico, entre sobresaltos y espantos, le sucedió un amanecer bañado por la sangre de un pueblo que despertó de una larga sesión de enmascaramientos y anestesias.
El autor de este libro, sin lugar a dudas, asistió a una etapa crucial de ese proceso. Su testimonio, de primera mano, nos interna en los orígenes de la escalada norteamericana -especialmente en los horrendos niveles que alcanzaría después la represión policíaca-, caracterizando una fase de las definiciones del país. A muchos uruguayos les sorprenderá el grado de entregas y absorciones, cumplimentado con una cronométrica simultaneidad que ha tenido lugar en su nación. Entre oligarcas nacionales y asesores extranjeros mancomunados en un solo proyecto de penetración, la realidad del Uruguay ha ido derivando, por sí misma, hacia lo opuesto del día ya lejano en que el presidente José Batlle y Ordóñez, una vez liquidado el período de guerras civiles de principios de siglo, sentó las bases para el disfrute, durante 30 años, de una apacible democracia burguesa, en medio de una gran concordia nacional, y con la activa participación de Luis Alberto de Herrera, revitalizador del Partido Nacional (Blanco). Terminaron los tiempos de las descomunales exportaciones de cueros y lanas, de carnes y cereales, cerrando de este modo un capítulo histórico e inaugurando otro marcado por la concesión de empréstitos norteamericanos, que terminaron por agotar la economía uruguaya y condujeron a la incesante devaluación de su antes codiciado signo monetario.
El veinticinco por ciento de los uruguayos vive actualmente fuera de su país. La diáspora (que ha irradiado emigrantes sobre la Argentina, Brasil, Estados Unidos, España, Paraguay, Australia y Nueva Zelandia) ha vaciado a Uruguay de técnicos, ingenieros, arquitectos, escritores, artistas, incluso empresarios. Este vacío inmenso lo llenaron, por ley inevitable, los asesores norteamericanos: gente especializada en represión, al estilo del tristemente célebre Dan Mitrione.
Estos protagonistas, cuyas sucias manos ofenden el aire transparente del Uruguay costeño, son los hombres que Hevia denuncia en su libro. Su contacto con ellos le permitió observarlos en la intimidad. También a él, a Hevia, pretendieron manipularlo como a una mísera pieza de su ajedrez continental. Los norteamericanos suponen que, en el tablero latinoamericano, su juego está subordinado a las insólitas variantes de las alternativas más diversas. Pero el imperio, en verdad, nos está demostrando que es un pésimo jugador de finales.
La violenta sacudida popular del Uruguay, le está conduciendo a un inevitable jaque mate; aún cuando esto implique el sacrificio de miles de mártires. Aquí, al desnudo, están los asesinos, los mediatizados, los oportunistas, como contrapartida de una confrontación de contornos dramáticos insospechables. Su sombría catadura le imprime un clima tenebroso a este libro. Su oficio de tinieblas es, a la vez, un catalizador mil veces maldito. Unos y otros se vigilan, se envidian, se recelan, se odian con la misma intensidad con que aborrecen al pueblo uruguayo. Quisieron apuntalar su dominio pero no lo lograron. "Todo se derrumbó, paulatinamente al principio, y después con sorprendente velocidad" (1), como dijera Rodolfo Puigróss, al referirse al mito ya señalado con anterioridad.
La inflación uruguaya, en los últimos años, sobrepasa con creces el ciento por ciento. El salario, con respecto a 1968, ha disminuido en más de un cincuenta por ciento. Setecientas mil personas, de una población de menos de tres millones de habitantes, dejaron el país en busca de un futuro mejor. Siete mil presos políticos tenía el Uruguay en 1976 y la cifra hoy día debe ser mayor. Quince mil ciudadanos han perdido su derecho al voto. La censura de prensa es absoluta. La deuda exterior de la nación, en 1976, era de un millón seiscientos mil dólares. Ese mismo año la moneda se devaluó más de veinte veces.
¿Necesita el lector otros antecedentes?
El libro de Hevia nos ofrece la cara no visible de esta moneda. Los responsables de ese deterioro hablan aquí en primera persona. Se mueven en el frágil tinglado de sus contradicciones, sin el más elemental escamoteo de sus proyectos de dominio. El lenguaje público, mentirosamente matizado, se hace en estas páginas una jerga vulgar de perfiles francamente fascistas. Sus pasiones secretas -la adoración a Hitler, por ejemplo- brota, sin subterfugios, de esas confesiones íntimas que el revolucionario cubano escuchó en las casas de los opresores, en sus oficinas refrigeradas, en sus autos particulares.
Del mismo modo en que el mito funcionó en el pasado, incluso para amplios sectores del país, su vigencia se desmorona ahora como saldo final de un cheque sin fondos girado a despecho de la historia. La anestesia inmovilizó durante mucho tiempo la vocación de análisis de la pequeña nación agredida por el gran imperio norteamericano. Los agresores se sirvieron -complacientes y complacidos a la vez- de ese increíble ayer al que le rindió culto el Uruguay. Los uruguayos tenían un pasado en que pensar. De ahí el espejismo -a veces colectivo- que incidió, al principio, en las evaluaciones de una situación categóricamente contemporánea, sin precedentes en la realidad nacional que analizamos hoy con una óptica diametralmente opuesta.
Nada que resulte vulnerable le es ajeno al enemigo yanqui. La estructura del orden interior del Uruguay era débil por sus contradicciones, cuando el imperialismo decidió tocar fondo en la escena uruguaya. Históricamente, por ejemplo, los cargos principales de la policía se reservan a oficiales superiores del Ejército. Los policías -salvo excepciones que se producen cada diez o veinte años- no pueden ascender más allá del cargo de Directores. La oficialidad militar, por supuesto, es más politizada que la oficialidad policíaca. Los yanquis, para inaugurar su escalada, comenzaron por la penetración de los cuadros policíacos, a quienes alentaron en sus aspiraciones individuales. Esta estrategia se hace evidente en Pasaporte 11333.
El discurso narrativo del libro, como dijimos antes, tiene un sabor amargo. Es la radiografía de una descomposición ineludible. En ocasiones su asfixia nos alcanza y nos oprime, nos roba la cuota de aire y eticidad consustanciales a todo ser humano. Se nos antoja, en fin, como una cirugía primaria o un corte transversal sobre un cuerpo patéticamente contaminado por una suma cuantiosa de males. Queda aún, sin embargo, el amor a la vida; el deseo de sobrevivir; el natural instinto de conservación de un país que no ha muerto. El águila imperial no alcanzará a posarse sobre las cenizas de su presunta víctima. Si lo intenta arriesga la cabeza. La espada de Artigas, con su acero bruñido por el dolor y la agonía de su pueblo, canta en el aire el himno de su definitiva independencia.

Joaquín G. Santana
La Habana, octubre de 1977


(1) Rodolfo Puigróss: «La despoblación de Uruguay», Servicio Especial de Prensa Latina, 3934, 1976.



EL FBI SE RINDE

"Resultaría absurdo pensar que, ni aún un paranoico como Saenz, pudiera creer que podía competir con el aparato paralelo de la CIA. No era tan iluso. Buscaba otra cosa.
No existen pruebas en el sentido de que el FBI como tal haya intentado crear otro aparato y la pugna puede que se haya limitado a influir en ciertas decisiones y justificar apetencias presupuestales. Descartemos, pues, esas hipótesis por el momento.
Al crear su propia red de información, Saenz pretendía mantener su influencia dentro de la Jefatura -y en esto sí que pudo recibir instrucciones o sugerencias del FBI-. Con esa red, podía llegar hasta el Embajador y aportar sus propios datos. Esto sí le interesaba, tanto por razones personales como por la institución.
Y esto no era cierto sólo en el caso de Saenz. Hasta un individuo imperturbable como Cantrell daba gran importancia al más mínimo detalle que lo hiciera lucirse ante sus superiores o el Embajador. Un día, estando Cantrell reunido con el doctor Sampognaro en el Ministerio del Interior, arrojaron una bomba de pintura contra las oficinas de la Embajada.
Yo me enteré por la radio-policial y traté de comunicarme con el asesor, pero el teléfono de Sampognaro no funcionaba, por lo que me trasladé al Ministerio. Cantrell dejó la reunión y corrió a la Embajada para hacerme ver y demostrar que estaba alerta. Luego me expresó su reconocimiento por haber tenido la atención de caminar hasta el Ministerio para avisarle. Añadió que había sido de suma importancia concurrir al lugar de los hechos. Que por muy justificada que hubiera sido su ausencia, ésta hubiera dado lugar a críticas interesadas.
Un caso similar ocurrió con motivo de la renuncia de Barlocco y su sustitución por el coronel Aguirre. A Purtscher le dio por visitar la Jefatura en esos días. Como se recordará, estaba en la lista negra de la Embajada. A algún gracioso se le ocurrió comentar que, a pesar de ser "blanco", sería designado jefe del Estado Mayor o, en todo caso, volvería a la Metropolitana. Nos causaba cierta risa ver a Saenz, Cantrell y hasta a Bernal, apurados en ser los primeros en avisar a la Embajada.
Por supuesto, existía un último motivo para que Saenz intentara establecer su propio aparato. Si el Embajador aceptaba oficializar su idea, tendría una fachada perfecta para sus negocitos. Pero la red no pasó de ser algo muy rudimentario. La carencia de recursos para ello lo obligó a limitarse a promesas, a su influencia en la Jefatura, así como a pequeños regalos.
Conocí a alguno de los funcionarios ligados directamente al aparatito particular de Saenz: Imazul Fernández, de USIS; John Bell y Norman Moore-Davis, ambos anglouruguayos pertenecientes a la AID. Hubo otros que le fueron útiles, pero en función de su jerarquía oficial en cuanto norteamericano. Es por eso que no incluyo a los inspectores Guerra, Guerrero, Morán Charquero (1) y otros.
A nuestras oficinas se asignó cierto número de policías. Uno de ellos fue el agente de investigaciones Walter Spinelli. Encarnaba al tira típico, casi analfabeto -apenas podía firmar- y profesaba un odio hacia la población civil rayano en la patología. Cuando se sentaba al timón de la camioneta de la Misión, se aferraba fuertemente y buscaba a algún transeúnte a quien provocar, para así descargar su frustración contra aquella sociedad que lo condenaba a ser poco más que un animal.
Spinelli vivía en un tugurio ubicado en la calle Inca 2400, donde se hacinaban su compañera e hijos. Hasta que lo abandonó, ésta vivía de aborto en aborto, languideciendo por falta de alimentación, mientras él bebía whisky con Saenz y gastaba el dinero extra que recibía en imitar la vida de los asesores norteamericanos.
Odiaba la disciplina que Cantrell trató de imponerle y su defensa consitió en ignorarlo. Ya había sido compañero de Saenz en las visitas al bajo y ahora la enemistad de Cantrell lo consagró como confidente del Jefe de la Misión. De mandadero a alcahuete, era mozo de todo uso a quien al final se acababa por temer, pues sabía demasiado.
Saenz pretendió desembarazarse de aquel desagradable testigo de sus correrías y logró ubicarlo en el Departamento de Orden Público, aunque sin cerrarle el suministro de bebidas y cigarrillos; pero, al partir Saenz, Walter cayó en desgracia absoluta. No obstante, pronto se recuperaría, ya que sus pocos escrúpulos le hacían una mercancía deseable. Se convirtió en guardaespaldas del coronel Zina Fernández, quien para entonces había sido promovido a la Jefatura. Su experiencia con Saenz debía haberle sido productiva en las fiestas de este coronel en la Chacra (2) policial.
La utilidad de Spinelli era fundamentalmente operativa. Tan sólo en una oportunidad pudo llevar datos de algún valor. Se trataba de su amante, Liliana Rodríguez, estudiante de magisterio en la localidad de Ecilda Paullier, a quien puso en contacto con Saenz, el cual la orientó a infiltrarse en los grupos estudiantiles.
En cuanto a los trabajos operativos, puedo citar dos. Durante las elecciones de 1966, se organizó un grupo de agentes de investigaciones. Estos recorrían las calles montevideanas destrozando la propaganda de determinados grupos políticos y perturbando el orden durante los mitines y reuniones de los partidos que se quería hostigar.
Estos agentes fueron básicamente los mismos que, durante los preparativos de la Conferencia de Presidentes, se dedicaron a atacar a los que pegaban volantes, carteles políticos y protestaban; llegando en tales acciones a lesionar a varios de gravedad.
Existen otros ejemplos. Este grupo sirvió de núcleo a otro mejor organizado, preparado para atacar a diputados progresistas. El mando directo lo ejercía el alférez Sartorio, oficial de la Guardia Metropolitana, graduado de la Academia de Washington y miembro destacado de la Legión Artiguista, organización paramilitar fascista de larga trayectoria, cuyos integrantes también anhelaban poder golpear a los diputados.
En ese entonces ya la CIA había tomado el control del aparato en embrión de Saenz: Spinelli fue sustituido por otro agente de investigaciones, Vila o Viña, también de los fundadores, quien luego resultó trasladado a la Dirección de Información e Inteligencia.
Conectado a la misma red particular aparece el Capitán de la Republicana, Gervasio Somma, ex director también del curso de Canelones. Su esposa poseía cuantiosos bienes y el capitán no tenía preocupaciones monetarias. Su interés radicaba en el apoyo norteamericano a los proyectos golpistas de elementos de la Unión Colorada y Batllista. Gran amigo de Bernal, quedó vinculado a Saenz desde los primeros momentos y fue la fuente de información de Cantrell posteriormente, cuando la insubordinación de la Guardia Republicana.
En tanto, por lo que respecta a Estados Unidos, corrían los años del mutis de Johnson y el resurgimiento de Nixon en la arena política norteamericana. Desde la destrucción de las corrientes progresistas en tiempos del macarthismo, punto culminante en la historia del FBI, se había iniciado una lenta decadencia de esa organización, estructurada fundamentalmente con vista al orden interno.
La CIA, joven y pujante, consolidaba sus posiciones en el exterior y, muy sutil y discretamente, invadía la hasta entonces inviolada jurisdicción del Ministerio de Justicia, en cuanto extensión natural de sus operaciones, justificada ante la alta dirección imperialista por la universalización de la llamada guerra fría. El Bureau no estaba orgánicamente preparado para enfrentar los nuevos tiempos, marcados por el ascenso del socialismo y el resurgimiento del "Tercer Mundo".
El FBI se batía en retirada, pero no renunciaba a la lucha. Para probar que sabía adaptarse a las cambiantes circunstancias, se proyectó hacia el exterior, donde había actuado sólo marginalmente. El Departamento de Estado lo apoyaba.
Todas estas contradicciones y otras que no resulta pertinente describir ahora se reflejaron en la pugna montevideana. Eran contradicciones tácticas y de mera supervivencia constitucional.
A pesar de sus éxitos iniciales, Saenz tenía que fracasar... su organización tenía que perder. Además era muy vulnerable. La vida privada era el punto donde la CIA le daría el golpe de gracia para eliminarlo de la escena uruguaya.
A fines de 1969, Saenz partió de Uruguay, prácticamente en desgracia por haber puesto en peligro la seguridad interna del aparato yanqui, aunque pudo evitar una sanción grave por los buenos informes que existían acerca de su trabajo inicial en el país.
A partir de ese momento, el FBI pasó a un segundo plano, atrincherado en sus tradicionales funciones y vigilar al personal norteamericano y rumiando planes futuros".


(1) Inspector de Policía. Conocido Bon Vivant, trataba de no mezclarse en las cuestiones políticas, medrando en los negocios que su cargo le facilitaba. Al recrudecerse la lucha contra la guerrilla urbana, se fue involucrando gradualmente hasta convertirse en un connotado interrogador (eufemismo por torturador). Su última hazaña: le arrancó un pezón a una detenida. Atildado en el vestir, también le dio por raparse la cabeza a la navaja. Graduado de los cursos de la Academia Internacional de Policía en Washington. A raíz de su última hazaña, se decidió hacer un escarmiento. Fue ajusticiado por los Tupamaros.

(2) Quinta de protocolo de la Policía. Además de sus funciones protocolares, la "quinta" debía abastecer -de huevos, aves, viandas, verduras, leche fresca, etcétera- a los diversos comedores policiales.


LOS GOBERNADORES DEL BID

"Supe de los planes para la constitución de un Escuadrón de la Muerte, primero mediante Vázquez y después por el comisario Macchi. El mismo estaría integrado por personal montevideano y algunos miembros de la Legión Artiguista, organización fascista de sombría trayectoria. Conocía algunas de las actividades de la Legión y no me extrañó verla mezclada en esos planes.
Vázquez no estaba realmente bien informado. Lo suyo no eran sino deducciones esperanzadas de un policía que se sabía derrotado y estaba dispuesto a romper las reglas del juego establecidas por su propia clase social. En concreto sólo aportó la llegada inminente de Fleury, fundador del tristemente célebre Escuadrón en su natal Brasil.
Por su parte Macchi sí estaba más interiorizado con el proyecto. Por motivos de táctica política, ninguna de sus víctimas serían personas destacadas o, siquiera, conocidas. Se dedicarían a eliminar o quizás sólo a golpear y atemorizar a figuras intermedias, que la opinión pública no asociara a ningún partido o movimiento progresista. En su opinión, no había llegado el momento de actuar, pero había que dejar estructurada la organización.
-Ahora es el momento del florete -decía-, ya llegará el día del sable.
Al afirmar esto se le veía satisfecho también con el cambio de política de los norteamericanos, quienes hasta ese momento se habían mostrado reacios a esas operaciones, por estimarlas prematuras. Ahora, con el apoyo yanqui, podrían equilibrarse con la prepotencia brasileña, librarse de las fanfarronadas de un Fleury y actuar por cuenta propia. En fin, lograr la aspiración de su grupo: tener su propio Escuadrón.
Mientras esto sucedía las semanas transcurrieron rutinariamente, hasta que se decidió mi regreso a la Misión. En el interregno Bernal me comunicó que el Instituto Uruguayo de Opinión Pública necesitaba un intérprete de máxima confianza, para la visita de Gallup, fundador de la empresa homónima dedicada a encuestas y estudios de opinión pública en Estados Unidos. La visita respondía a una convención de todas las filiales de esa corporación organizadas en América Latina, las cuales servían a su vez de fachada ideal para la CIA.
La actividad se realizaría en Punta del Este. Acompañé a varios funcionarios al Instituto, en la calle Río Negro, donde conversé con su director y me familiaricé con el funcionamiento. A última hora hubo cambio de planes y Martínez, quien para entonces había sustituído a Cantrell como asesor de Investigaciones, me comunicó que no podría trabajar con Gallup, pues coincidiría con la Conferencia de Gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), entidad que deseaba me ocupase de varias funciones.
Durante ese evento sería asistente de míster White, jefe de Instalaciones del Secretariado de esa institución. White fungía también como jefe de seguridad del Banco y mis verdaderas funciones estarían relacionadas con este aspecto, aunque disimuladas por la otra actividad. Para cubrir todas las formalidades, llenaría una solicitud de empleo en la oficina de personal que el banco había abierto temporalmente en Montevideo con vistas a la reunión.
Comencé, pues, como uno de los auxiliares de White, poco después fui ascendido a Asistente General y, en virtud de esto, quedé al frente de todo el personal uruguayo de las oficinas de Instalaciones, que comprendía desde la ubicación de las oficinas destinadas a las labores de la Conferencia, hasta el mobiliario, los teléfonos, el transporte, la recepción y el embarque de documentos y equipos de almacén.
El sustituto de Cantrell no viajaría a Punta del Este, pero habría un funcionario de la CIA que se pondría en contacto conmigo oportunamente y me daría instrucciones adicionales. El agente resultó ser el segundo guardaespaldas del Secretario del Tesoro de Estados Unidos, el cual se hospedó en el edificio Lafayette.
Una noche estuve en ese edificio con Jorge Vázquez, quien, ufano, me presentó a toda la escolta del Secretario norteamericano. Bebimos hasta tarde y Jorge se mostraba muy orgulloso de aquellas nuevas amistades. Esa mañana yo había estado en el mismo apartamento, recibiendo instrucciones, y Jorge nunca pudo saber lo irónico de nuestra visita. Al yanqui sólo lo volví a ver durante la Conferencia, corriendo como un descosido con un aparatito de radio en los oídos.
En realidad tuve poco que hacer. Ya el grupo operativo se había ocupado de visitar la boite Barrabás, en busca de lugares para sus pacíficas labores. Este cabaret sería el único autorizado a funcionar durante la Conferencia -ya había terminado la temporada- y a él acudirían delegados y personal del Secretariado en busca de esparcimientos después de las áridas discusiones económicas.
Mientras, yo quedaba vigilando, discretamente, a los funcionarios del Banco República, quienes trabajaban en la parte organizativa en su condición de miembros del país sede. Lo único interesante que averigüé, consistió en la forma en que sacaban ganancias extras en los contratos de transporte con la empresa Cuñetti.
Yo debía obtener "changadores" para mover ciertos muebles. El BID pagaba bien. Hablé con toda la "barra" del restaurante para saber si estaban dispuestos a realizar ese trabajo y reunir una cantidad sustancial para pagar sus deudas. Es verdad que la pasamos bien, moviendo muebles como locos y cuidando la cármica del edificio Punta del Este.
Fueron cuatro semanas intensas. La CIA se ocupó de todo. White dedicó el tiempo a la pesca, yo a pasear en compañía de los jefes del operativo uruguayo de Seguridad, el mayor Albornoz y el capitán Muñoz, ambos oficiales de la Guardia Republicana. El comisario Lucas pasó con su gente por mi restaurante, pero la mayor parte del tiempo se dedicaron a vigilar a la policía femenina.
El día de mayor agitación fue el de la visita de Pacheco Areco a la Conferencia. Durante el discurso de Areco, Muñoz y yo nos paramos detrás de la cortina del estrado presidencial. Habíamos clausurado las ventanas posteriores para eliminar el peligro de un franco-tirador. También echamos una ojeada bajo la plataforma, dada la posibilidad de que alguna bomba hubiera sido colocada y podernos poner fuera de su alcance si explotaba. Estábamos bien armados y cuidamos celosamente la retaguardia del Presidente.
Terminada la reunión del BID, en vez de regresar a Montevideo, recibí instrucciones de permanecer un tiempo más en Maldonado, aunque continuaría viajando periódicamente a la capital debido a otras funciones que surgían. La Guardia republicana se había amotinado y la zona del Este era el punto de reunión de políticos y militares.
Había particular interés en conocer la actitud del sector herrerista, partidario del enfrentamiento total con el gobierno, o sea, un grupo apreciable de los políticos de Héber, sin incluir a los hermanos. Yo tenía relaciones de amistad con Alfredo Lara, caudillo fernandino del grupo. También en aquellos momentos se insinuaba en las Fuerzas Armadas una corriente al estilo de la vieja línea constitucionalista y con inquietudes sociales.
En este marco se produjo el amotinamiento de la Republicana. Los rebeldes se pusieron en contacto con el reducido grupo progresista dentro de las fuerzas de Héber y existía cierta preocupación en los medios oficiales y norteamericanos. Para colmo, la información suministrada por el capitán Somma era insuficiente.
La explosión de la Republicana era inevitable y podía haber ocurrido en cualquier otro cuerpo. El movimiento Tupamaros le había hecho llegar varias proclamas a los agentes, mediante las cuales les hacía saber que con su pasividad se estaban solidarizando con la política represiva del gobierno y con los crímenes que se cometían en otras dependencias de la Jefatura.
La inquietud creció con la entrega -a punta de pistola- de una carta a un sargento donde se reiteraban los planteamientos en términos más severos. Los coraceros solicitaron autorización para trasladarse al cuartel vestidos de civil y, una vez allí, ponerse el uniforme. La solicitud fue denegada; con la insinuación, además, de que eran unos cobardes.
Existía malestar anterior en la Republicana. Los coraceros realizaban guardias en empresas particulares que pagaban directamente al Comando. Muchos millones de pesos, provenientes de esos aportes y destinados a mejorar las condiciones de vida en el cuartel, habían desaparecido. Los milicos se sentían burlados, pero callaban. Lo ocurrido no era nada nuevo.
En esta atmósfera se desarrollaron los acontecimientos. Un día, un coracero se dirigió al segundo jefe, mayor Albornoz, para solicitar una licencia de 24 horas con el fin de ver a su hijo gravemente enfermo. Albornoz se la negó, aduciendo que a causa de las medidas urgentes de seguridad, todos los permisos habían sido cancelados. Pero el angustiado padre conocía que, diariamente, algunos de sus colegas salían del cuartel para terminar la construcción de la residencia particular del propio Albornoz. Un grupo de coraceros pidió entonces al mayor que reconsiderara su decisión, en atención a las razones de esa licencia. Albornoz los increpó por lo que calificó de sedición. Los peticionarios se retiraron al salón de la tropa, donde se les unieron más compañeros.
El mayor mandó a formación, pero los congregados se negaron a acatar el llamado. Algunos oficiales encabezados por el teniente Lobatti -ex instructor de los cursos de entrenamiento en el interior- aconsejaron a los recalcitrantes, instándolos a no cometer una locura. Descontrolado, el segundo jefe amenazó a los coraceros y a los oficiales intermediarios, sugiriendo que éstos actuaban por cobardía, pues trataban de evitar un enfrentamiento con sus hombres.
En este sentido, llegó incluso a insultarlos a todos. Sólo la intervención de Lobatti y otros oficiales evitó que fuera linchado allí mismo. El resto de la tropa y parte de la oficialidad se solidarizaron con los amotinados. Se congregaron todos a deliberar en el salón. Albornoz avisó a la Jefatura de Policía y a seguidas salieron varios grupos de choque de la Metropolitana dispuestos a someter a los rebeldes. Al llegar a las proximidades del cuartel de Centenario y enterarse de su misión, se negaron a competir contra sus compañeros; acto seguido regresaron a la unidad.
Unos días después los amotinados se rindieron pero el gobierno no se atrevió a tomar medidas drásticas. Los oficiales fueron confinados a sus habitaciones y la tropa al salón que ocupaban. Todos, teóricamente, bajo arresto.
Esta ambigua situación duró varias semanas. La inquietud del gobierno y de la Embajada aumentó al saberse que Lobatti y otros oficiales habían desconocido la orden de permanecer en sus habitaciones, y se habían dirigido al órgano herrerista El Debate, a la sazón en coqueteos tercermundistas, pero regresaron después al cuartel. Los contactos se mantuvieron con Lara -ex oficial del ejército-, así como con otros herreristas anti-pachequistas. La tensión, por fin, fue diluyéndose, pero el incidente ofrece un sugestivo indicio de las tremendas contradicciones que laten en el seno de las fuerzas represivas.


DAN ANTHONY MITRIONE


A principios de 1970 Cantrell me dio cita en su casa de Montevideo con el fin de comunicarme su próxima partida rumbo a Washington motivada por su nombramiento para un nuevo cargo. Hablamos largamente en torno a la situación de Uruguay y a la mía en particular.
El norteamericano preveía que, a lo sumo, yo podría permanecer en Punta del Este otro año más. Ya demasiados integrantes del aparato paralelo y de la Dirección de Información e Inteligencia me ubicaban en mis verdaderas funciones y esas cosas a la larga trascienden, lo que no me permitiría seguir en la Sección Política.
Cantrell contemplaba tres alternativas. Si deseaba regresar a Estados Unidos, no tendría el menor problema en obtener la ciudadanía transcurrido el tiempo necesario y, mientras tanto, la CIA se encargaría de mantenerme en actividad. Si decidía permanecer en Uruguay, podía seguir en el giro gastronómico, aunque para contar con el apoyo de "nuestro programa" y seguir en la Sección Política, tendría que abandonar la zona de Punta del Este, donde alguien que no estuviese quemado me reemplazaría.
La tercera variante consistía también en permanecer en Uruguay, donde la situación económica continuaba deteriorándose, regresar a mi antiguo cargo en la Misión, pero conservando los lazos con "nuestro programa". Ellos mantenían las mejores relaciones con el nuevo jefe de la División de Seguridad Pública, Dan Mitrione, quien había sustituido a Saenz unos meses atrás.
Por último, quedaba mi alternativa, la real y por la cual pude escribir mis memorias: en el propio Uruguay contactaría a otro agente de la Seguridad cubana, quien también había sido reclutado por la CIA para realizar espionaje en ese país.
La primera noticia de Mitrione la tuve pocos días antes de la partida de Saenz. Cantrell estaba muy satisfecho. Confiaba en poder realizar una labor mucho más eficaz ahora, al desembarazarse del inestable Asesor Jefe. Conocía superficialmente a su sustituto pero quedó muy impresionado por su historia, ya que en Brasil había tenido una participación destacada.
También pude conocer en esta etapa al sustituto de Cantrell, el señor Richard Martínez, indiado oriundo de Nuevo México. A partir de ese momento éste sería mi nuevo jefe.
La partida de Noriega fue mucho más precipitada. Se produjo días antes de haberse hecho público el hallazgo de la centralita telefónica clandestina que le fuera colocada tanto a la Embajada soviética como a otras sedes diplomáticas del barrio Pocitos. Cuando Noriega abandonó el país, ya había indicios relativos a que los soviéticos sospechaban algo. La centralita fue colocada por técnicos de la propia Sección Política, en tanto los trabajos de aseguramiento fueron realizados por el personal del aparato operativo bajo las órdenes directas de éste.
Era cierto que Juan se había tornado descuidado, pues había actuado al descubierto y por ende aniquilado futuras actividades. Todo el personal que utilizó fue norteamericano, con la única excepción de Lemos Silveira. Esta tarea había sido clasificada de ultrasecreta. Incluso hasta el siempre bien informado Bardesio sólo supo que Lemos realizaba un trabajo de gran importancia.
También Bernal estaba por irse. En menos de un año se renovó a todo el personal yanqui de la Misión. Habían permanecido cuatro años en Uruguay. Sus nombres aparecían con demasiada frecuencia en las acusaciones de la prensa progresista. Estaban gastados.
(...) Martínez por fin me acompañó a ver a Mitrione, con quien departí por espacio de dos horas. Sus ojos parecían de plástico, miraban sin vida. Mitrione me explicó cuáles serían mis funciones, extendiéndose en torno a los cambios que habrían de producirse respecto a método y enfoque.
Del desarrollo de esta entrevista, y de charlas posteriores con Martínez, resultaba obvio que los norteamericanos consideraban concluída la primera fase de su trabajo en Uruguay. La Dirección de Información e Inteligencia ya estaba consolidada. Hasta a Otero lo habían eliminado. La infiltración y el dominio de la Jefatura de Montevideo y del Ministerio del Interior eran satisfactorias.
Hasta ese momento se habían celebrado cerca de seis cursos de entrenamiento y sentado las bases para la penetración en el interior de la República. Los programas de radiocomunicaciones estaban en marcha. Los hombres de la primera etapa estaban quemados y consecuentemente eran sustituidos.
En cuanto a mí, aún podía asumir funciones importantes en la Jefatura, siempre que evitara sobresalir y destacarme. Martínez no sólo sustituiría a Cantrell, sino también a Bernal, en cuanto llegara el sustituto de éste, a cuyo arribo Martínez conservó Investigaciones y Entrenamiento, que pasaba así al ámbito directo de la CIA.
Se decidió entonces mi regreso a la Misión. A pesar de haber conocido ya a Mitrione, Bernal me acompañó a la Embajada para presentármelo. Estos equívocos fueron la constante en estos años. Hablamos diez minutos en presencia de César y estudiamos la posibilidad de mi reingreso a la oficina en la jefatura.
En los días previos al amotinamiento, sostuve otra entrevista con Mitrione. En ella me explicó que el cambio de método exigía que él y los demás asesores se hicieran ver lo menos posible por la Jefatura. Yo estaría al frente de esa oficina y mi tarea consistiría en cooperar con Martínez en los cursos, atender a los funcionarios policiales y servirle a él de intermediario.
El nuevo asesor se reservaba como tarea principal el adiestramiento de ciertos oficiales y policías en la técnica de interrogatorios a detenidos políticos. Por Cantrell sabía que esa había sido su principal actividad en Brasil. Mitrione iba a dirigir personalmente el adiestramiento especial, por lo que el mismo no se efectuaría en la jefatura. Eso sí, asistiría periódicamente a las oficinas de Inteligencia y a las celdas políticas para supervisar las prácticas.
Habíamos obtenido una casa en Malvín, la cual reunía los requisitos mínimos: sótano adaptable a modo de pequeño anfiteatro, provisto de aislantes a prueba de sonidos, garage con puerta interior a la residencia y vecinos distantes.
A partir de ese momento Mitrione comenzó a transformarse hasta convertirse en un perfeccionista, que lo verificaría todo personalmente. ¡Hasta cada parte de la instalación eléctrica! Pero volvamos otra vez a la casa. Debía poner un tocadisco a todo volumen en el sótano-le encantaba la música hawaiana- mientras permanecía sentado en la sala, pero satisfecho, pues no logró escuchar nada. A pesar de todo no era suficiente. Hubo que disparar también con una Magnum.
-Bien, muy bien -dijo-. Esta vez tampoco pude percibir nada en absoluto. -Ahora, quédate tú, mientras voy al sótano. Y así hasta el infinito.


El curso especial se realizó por grupos de no más de una docena de alumnos. El primero se constituyó con antiguos agentes, de reconocido crédito, adscritos a la Dirección de Información e Inteligencia. Para el segundo se seleccionaron oficiales graduados de la Academia de Policía de Washington, y asimismo se reservaron cuatro plazas para las jefaturas de Cerro Largo, Maldonado, Rivera y Salto. A sus candidatos no se les exigió la condición de egresados de la Academia, pero sí la de haber participado en alguno de los cursos de entrenamiento ofrecidos localmente por la Misión, así como tener sus fichas psicológicas actualizadas.
Richard Martínez era el encargado de completar la matrícula del tercer curso especial, presuntamente, con miembros del aparato paralelo. Se habló de la futura participación de oficiales de las Fuerzas Armadas uruguayas y ya existía una coordinación al respecto entre la Misión Militar y la CIA, pero no se había concretado todavía la manera de llevar "el pan de la enseñanza" a ese sector.
Sin embargo, algunos militares interesados por su superación cultural y profesional, movieron influencias y lograron su inclusión en el primer grupo. Ese es el caso del coronel Buda, específicamente. El coronel Hontou y un tal De Michelis, teniente coronel, también obtuvieron matrículas en el primer grupo, pero por alguna razón fueron sustituidos por un capitán de Paysandú y otro oficial del interior.
Las clases comenzaron insinuantes: anatomía y descripción del funcionamiento del sistema nervioso humano, psicología del prófugo y psicología del detenido, profilaxis social -nunca llegué a saber en qué consistía y la considero un elegante eufemismo para evitar otra denominación más severa-, etcétera.
Pronto las cosas tomaron un giro desagradable. Como sujetos de las primeras pruebas se dispuso de tres pordioseros, conocidos en Uruguay como bichicomes, habitantes de los suburbios de Montevideo, así como de una mujer, aparentemente de la zona fronteriza con Brasil. No hubo interrogatorio, sino una demostración de los efectos de diversos voltajes en las partes del cuerpo humano, así como el empleo de un vomitivo -no sé por qué ni para qué- y otra sustancia química.
Los cuatro murieron.
En el transcurso de estas primeras pruebas, el oficial Fontana fue separado del curso y por toda explicación se adujo el ingreso de los militares, en tanto se anunciaba su participación para el siguiente. En realidad Fontana demostró tener un estómago débil. Quién lo hubiera dicho ¡Fontana!, el terrible torturador de los tiempos de Otero.
Pero no era para menos. Lo que ocurría en cada clase, era de por sí repulsivo. Lo que les daba un aire de irrealidad, de particular horror, era la fría y pausada eficiencia de Mitrione; su vocación docente, su atención a los detalles, lo exacto de sus movimientos, el aseo e higiene que exigía a todos, tal como si estuviesen en la sala de cirugía de un moderno hospital.
Insistía en la economía del esfuerzo, como él lo llamaba. Ningún gasto inútil. Ningún movimiento fuera de lugar. Para eso estaba la sesión previa del ablandamiento. Que toda acción estuviese encaminada al resultado final de obtener información. Le molestaba la fruicción con que Buda manipulaba los genitales masculinos. El lenguaje soez de Macchi le resultaba chocante: "Comisario -le señalaba-, es más apropiado si nos referimos a esas partes por su nombre correcto. Le rogaría mantuviera la digna disciplina del buen funcionario policial".
En el transcurso de las clases, también se discutían los interrogatorios que los alumnos llevaban a cabo en la Jefatura, y se señalaban aciertos y errores. Gradualmente las clases de la calle Rivera habían ido alcanzando un nivel de espanto dentro de su atmósfera de asepsia clínica. Con el tiempo llegaron a efectuarse allí interrogatorios verdaderos. (Sólo describo los de práctica, ya que prefiero no referirme a los reales). Afortunadamente sólo presencié dos de estos interrogatorios verídicos. La limitante de mis viajes desde Maldonado así lo determinó. Por otra parte, desde hacía tiempo andaba en otros trajines.
En el húmedo invierno uruguayo de 1970 tuve la oportunidad de atravesar la barrera lacónica de Dan Mitrione. Había llegado alto tarde de Maldonado y, en vez de dirigirme a la Embajada, lo llamé a su casa. Me pidió que lo fuera a ver. nos sentamos frente a frente en una salita de su acogedora residencia. Todavía hoy no sé el motivo por el que me pidiera que lo fuera a ver; durante tres horas nos limitamos a tomar unas copas y a conversar sobre su filosofía de vida.
Mitrione consideraba el interrogatorio un arte complejo. Primero debía ejecutarse el período de ablandamiento, con los golpes y vejámenes usuales. El objetivo perseguido consistía en humillar al cautivo, hacerle comprender su estado de indefensión, desconectarlo de la realidad. Nada de preguntas, sólo golpes e insultos. Después, golpes en silencio exclusivamente.
Sólo después de todo esto, el interrogatorio. Aquí no debía producirse otro dolor que el causado por el instrumento que se utilizara.
- Dolor preciso, en el lugar preciso, en la proporción precisa elegida al efecto.
Durante la sesión debía evitarse que el sujeto perdiera toda esperanza de vida, pues ello podría llevarlo al empecinamiento.
- Siempre hay que dejarles una esperanza (...) una remota luz.
- Cuando se logra el objetivo, y yo siempre lo logro -me decía-, puede ser oportuno mantener un rato más la sesión o aplicarle otro ablandamiento, pero ya no para extraer información, sino como arma política de advertencia para crear el sano temor a inmiscuirse en actividades disociadoras.
Luego me expresaba cómo, al recibirse un sujeto, lo primero que se hacía era determinar su estado físico, su grado de resistencia mediante un exhaustivo examen médico.
- Una muerte prematura -subrayaba-, significaría el fracaso del técnico.
Otra cuestión importante consistía en saber a ciencia cierta hasta dónde se podía llegar en función de la situación política y de la personalidad del detenido. Dan proseguía alucinado, necesitaba una audiencia que había encontrado en mí. Y continuaba: "Es importantísimo saber con antelación si podemos permitirnos el lujo de que el sujeto muera". Fue la única vez que en aquellos meses sus ojos plásticos cobraron algún brillo.
Por último concluyó:
- Pero ante todo: eficiencia. Causar solamente el daño que sea estrictamente necesario, ni un ápice más. No dejarnos llevar por la ira en ningún caso. Actuar con la eficacia y la limpieza de un cirujano, con la perfección del artista. Es ésta una guerra a muerte. Esa gente es mi enemiga. Este es un duro trabajo, alguien tiene que hacerlo, es necesario. Ya que me tocó a mí, voy a hacerlo a la perfección. Si fuera boxeador, trataría de ser campeón del mundo, pero no lo soy. No obstante, en esta profesión, mi profesión, soy el mejor.

Fue nuestra última conversación. Antes de partir vi a Dan Mitrione una vez más, pero ya no teníamos nada que conversar.

La Habana, junio de 1972


DAN MITRIONE: ¿HÉROE O TORTURADOR?

Juan Lázaro Fuentes
tomado de Rodelú

El nombre de Dan Mitrione esculpido en la pared de la Escuela de Policía de la Academia Nacional del FBI, lo revela como un "héroe que perdió su vida por defender los valores democráticos". Durante su entierro, el 15 de Agosto de 1970 le rindieron homenaje por ser el hombre que "sacrificó su vida por el desarrollo pacífico del mundo occidental y hasta Frank Sinatra y Jerry Luis le dedicaron canciones como a un "hombre perfecto y gran humanista".

Mientras tanto en el otro extremo del continente americano, en Uruguay, Montevideo, la gente comentaba con alivio disimulado pero con miedo, debido a la represión despiadada ordenada por el gobierno, que por fin fue ajusticiado uno de los torturadores más grandes en toda la historia de ese país.

¿Quién fue Daniel Mitrione para merecer dos títulos tan contradictorios? Para un habitante común y corriente, Dan Mitrione era un típico norteamericano de los que llegaban a Montevideo para trabajar en una organización o compañía estadounidense de las que se instalaron allí en los años 60. Su llegada no provocó ningún comentario. Era un hombre tranquilo y en su barrio lo conocían como un padre perfecto y respetuoso con sus vecinos sin acercarse demasiado a ninguno de ellos. Se sabía que era un representante de la Agencia del Desarrollo Internacional de EE.UU. (USAID) y era normal que tuviera carro con chofer asignado por el gobierno uruguayo.

Para los empleados de la USAID, Mitrione era el jefe de la Oficina de la Seguridad Pública con oficinas instaladas en el edificio central de la policía. Su trabajo consistía en instruir a la policía uruguaya a base de la tecnología y métodos norteamericanos para lograr su mayor efectividad en la lucha contra el crimen. Sin embargo los delincuentes comunes no le interesaban. Era el final de los años 60 y el comienzo de los años 70. Uruguay atravesaba una severa crisis económica bajo el gobierno de Jorge Pacheco Areco (1967-1972). El famoso acuerdo de austeridad firmado en 1968 con el Fondo Monetario Internacional sumergió a este diminuto país en el caos con más de 7,000 huelgas de trabajadores, marchas de protesta, censura de la prensa, y para el colmo del gobierno, los "Robin Hoods locales", los Tupamaros, llamados cariñosamente por el pueblo Tupas habían incrementado sus acciones. Eran estos misteriosos, bien informados y bien educados revolucionarios que dejaban sin paz y frecuentemente sin sueño a Mister Mitrione.

Esperando al guerrillero

No sabía mucho de los Tupas y trataba de descifrar qué es lo que los motivaba y como podían subsistir en condiciones de extrema represión sin llegar a contestar a la violencia del gobierno con la violencia revolucionaria.

Se limitaban a hacer públicos los decretos y acuerdos más secretos del gobierno uruguayo, secuestraban a los funcionarios más corruptos del gobierno y los sometían al Juicio Popular. También divulgaban el rol de los EE.UU. y de la CIA en la ola represiva y en la violación de los más mínimos derechos humanos en el Uruguay. Denunciaban el abuso y espectacularmente robaban los bancos. Los ricos nacionales ponían el grito al cielo y exigían la mano dura, el estado de sitio y el fin para los Tupas.

Con el pasar del tiempo, Dan Mitrione logró formar un escuadrón operativo de policías selectos e instruidos por él mismo y así supo que el Movimiento de Liberación Nacional —Tupamaros empezó a gestarse desde 1963 cuando su futuro líder, Raúl Sendic escribió un artículo titulado, ESPERANDO AL GUERRILLERO.

Supo que la visita a Cuba que Raúl Sendic hizo en 1960 fue un momento culminante para que este líder reorientara su modelo de lucha, del sindicalismo a la revolución guerrillera.

La invasión norteamericana a Santo Domingo en 1965 y la ruptura de relaciones del Uruguay con Cuba aceleraron el proyecto de Sendic de formar la organización clandestina, el Movimiento de Liberación Nacional - Tupamaros adoptando el método de la guerrilla urbana. Su proyecto se hizo realidad en 1967.

Para Dan Mitrione, la infiltración en las células de Tupamaros, que le sugirieron los oficiales de la CIA que dirigían la lucha contrarevolucionaria en toda América Latina, era un método válido, pero tomaría mucho tiempo. Las células de los Tupas eran pequeñas de tres a cinco miembros con un líder en cada uno. Los líderes no se comunicaban entre ellos directamente sino a través de un intermediario que tenía el enlace con algún otro intermediario y así sucesivamente hasta llegar al comité central compuesto de tres a cinco hombres.

El dolor exacto en el lugar exacto

Meditando, camino a su casa, después del interrogatorio de uno de los tupas detenidos, Daniel Mitrione recordó que su experiencia en la República Dominicana en 1965 durante la invasión norteamericana fue reveladora. Fue allí donde quedó convencido que la tortura a los subversivos detenidos, daba resultados más efectivos que un lento proceso de infiltración.

En una conversación con el agente de la CIA, el cubano Manuel Hevia Cosquilluela que estuvo de acuerdo con el que el interrogatorio era un arte y requería un profundo conocimiento de psicología humana y la lectura de Freud y Jung. Le decía a Manuel que el ser humano más fuerte también era vulnerable. El truco era lograr un dolor exacto en la parte precisa del cuerpo humano administrándole una descarga eléctrica de acuerdo a su condición física. Para esto también se necesitaba la presencia y participación de un médico.

Le contó a Manuel su experiencia en el Brasil donde se entrenaba a la policía, torturando a vagabundos. Así logró su primer invento, la silla para los choques eléctricos, bautizada por la policía brasileña como la "silla del dragón." Aprendió la técnica de producir la contradicción máxima entre el cuerpo del detenido y su mente, utilizando una descarga eléctrica precisa en el punto más vulnerable del ser humano.

Aquella sensación no solamente producía un dolor extremo al preso sino la sensación de humillación de no poder controlar los movimientos del cuerpo que exigía a la mente la rendición y sumisión para salir del infierno de dolor que seguía intensificándose implacablemente.

En el Brasil, la tortura daba resultados muy buenos, casi todos los detenidos hablaron. Sin embargo en el Uruguay se producía un fenómeno diferente. No todos hablaban, parece que muchos Tupas poseían un método de defensa y resistencia a la tortura que era cercano a un cierto misticismo difícil de entender. La mayoría tenían la convicción de que luchaban por una causa justa y valía la pena, inclusive, sacrificar la vida por esa causa.

El último viaje

La noche el 30 de Julio de 1970 al regresar a la casa, Dan Mitrione sentía que estaba acercándose al núcleo de los Tupas. Ya tenía unos 150 detenidos, algunos en el sótano de su casa donde tenía una habitación herméticamente cerrada, a prueba del sonido, donde daba clases de tortura usando a "bichicomes" (mendigos) de Montevideo. Lo que no intuyó esa noche es que los Tupas ya habían llegado a él y decidido acabar su carrera de torturador. Al día siguiente, a unas cuatro cuadras de su casa, el paso de su carro fue cortado sorpresivamente por un automóvil del cual salieron tres hombres que dejaron inconsciente a su chofer y trasladaron a Mitrione a otro carro que desapareció en las calles de Montevideo. No se resistió, sin embargo, en el ajetreo del traslado fue herido en el hombro. Después de unos cuantos minutos ya estaba en la Cárcel del Pueblo de los Tupamaros recibiendo atención médica de alta calidad.

En los primeros días de cautiverio se sentía altanero y seguro de si mismo. Sabía que los Tupas excluían la tortura y no poseían la famosa silla del dragón. Como un oficial de policía sabía que el gobierno de Norteamérica no acostumbraba de intercambiar presos para salvar la vida de un policía. Pero como oficial de la CIA tenía la esperanza de un posible canje. Recién al quinto día de su detención, el día 4 de Agosto, cuando cumplió 50 años, entendió que el presidente Richard Nixon, no ordenaría al gobierno de Areco Pacheco, liberar a los 150 Tupas detenidos para salvar la vida de Daniel Mitrione. Se ablandó entonces el "místico" de la tortura e inclusive se enfrascó en discusiones ideológicas con sus captores. Tenía la esperanza de que el credo de los Tupas salvaría su vida.

Sin embargo, la ola de represión que desató el gobierno, nunca vista en el país, para encontrar a Mitrione, aceleró su destino final. El 10 de Agosto de 1970 fue ejecutado por decisión unánime de los líderes del movimiento y su cuerpo fue encontrado en la mañana en un carro robado.

Con la muerte de Mitrione no cesaron las torturas, tal vez las habría continuado y perfeccionado su sucesor. Hoy, ya no necesitan las "sillas del dragón". Una droga determinada suministrada en la cantidad precisa a un detenido convierte, a un hombre lúcido en un estúpido completo. Así de simple. Pero esto no logró verlo el "místico de la tortura" Daniel Mitrione. Tampoco pudo enterarse que su confidente, el agente de la CIA, Manuel Hevia Cosculluela, era en realidad un agente de la Seguridad de Estado de Cuba que después regresó a su tierra natal y escribió el libro, "Pasaporte 11333 : Ocho Años con la CIA", describiendo sus charlas con Dan Mitrione. Tampoco pudo saber Mitrione que su hijo, Dan A. Mitrione Jr. siguió su carrera y terminó en la misma Escuela de Policía de la Academia Nacional del FBI como agente antinarcóticos pero tuvo un triste final cuando en 1985 fue sentenciado a 10 años de prisión por tener en su posesión 10 libras de cocaína y 850,000 dólares en cash.


Más sobre Mitrione

Un agente arrepentido de la CIA, Ralph W. McGehee, que formó parte de la organización entre 1952 y 1977, publicó un libro llamado "Deadly Deceits: My 25 years in the CIA" ("Engaños mortales: Mis veinticinco años en la CIA"), donde detalla la participación de EEUU a través de la CIA en la preparación de las dictaduras latinoamericanas y en la represión que impusieron luego de
conquistar el poder.
A partir de la desclasificación de documentos, la historia de la CIA "está haciéndose dolorosamente clara", sostiene el ex agente. El entrenamiento para torturas "que rivalizaron con los nazis" y la asociación de la CIA con los "escuadrones de la muerte" para los que "el Departamento de Información e Inteligencia sirvió de cobertura", son algunas de las confesiones realizadas por el ex agente sobre las operaciones de la CIA en Uruguay. En el rubro torturas destaca particularmente la participación como instructor del "conocido torturador" Dan Mitrione.
Según McGehee la CIA armó directamente "la policía secreta" y "escuadrones de la muerte" en "El Salvador, Guatemala, la Nicaragua presandinista, Corea del Sur, Irán, Chile y Uruguay".

La lección de Mitrione

McGehee asegura que en Uruguay la CIA "estuvo asociada a los escuadrones de la muerte. La estación de la CIA tuvo un control sobre las listas de los más importantes activistas de la izquierda. Entregó nombres de sus familias y amigos. Mediante el servicio de alianza, la CIA obtuvo y entregó (a los servicios de inteligencia y al escuadrón de la muerte) nombres completos, fecha y lugar de nacimiento, nombre de los padres, direcciones, lugar de trabajo y fotografías. Fue una información invalorable para las operaciones de control de los subversivos y una variedad de otros propósitos".
En 1969, la agencia envió a nuestro país al "conocido torturador" Dan Mitrione. El ex agente comenta que hasta ese año, "las fuerzas de derecha solamente habían utilizado la tortura como último recurso. Mitrione los convenció para que la usaran como una práctica rutinaria. Su dicho era: 'El dolor exacto, en el lugar exacto, en la cantidad exacta para obtener el efecto deseado'. Las técnicas de tortura que enseñó a los escuadrones de la muerte rivalizaron con los nazis. Finalmente se volvió tan temido que los revolucionarios lo secuestraron y asesinaron un año después".
Posteriomente McGhehee afirma que entre 1970 y 1972 los oficiales de la CIA "utilizaron el respaldo de informantes para ayudar al Departamento de Información e Inteligencia, que a su vez fue cobertura de los escuadrones de la muerte". El ex agente norteamericano se refiere o al Departamento de Inteligencia y Enlace de la Policía.