
I) El Ché en Ñancahuazú
El Ché estaba sentado en un tronco. Fumaba deleitándose con la
fragancia del humo. Tenía la gorra puesta. Cuando nuestro grupo llegó,
sus ojos relampaguearon de alegría.
El hombre más buscado por el imperialismo, el guerrillero legendario,
estratega y teórico de proyecciones mundiales, bandera de lucha y esperanza,
estaba allí, metido tranquilamente en el corazón de uno de los
países más oprimidos y explotados del continente. Era la noche
del 27 de noviembre de 1966. Su viaje a Bolivia había sido uno de los
secretos más fascinantes de la historia. Pronto sus enemigos y el mundo
entero serían testigos de su "resurrección". Esta imagen
se me ocurrió al recordar que los cables de las agencias imperialistas
habían extendido su certificado de defunción " victimado
por el paredón castrista". Me golpearon varias reacciones: turbación
por el respeto que le tenía (y mantendré siempre), emoción
profunda, orgullo de estrecharle la mano, y una satisfacción difícil
de describir al saber con absoluta seguridad que en ese momento me convertía
en uno de los soldados del ejército que dirigiría el más
famoso Comandante Guerrillero.
El Ché, o Ramón, como lo presentaban a la tropa, saludó
con afecto al grupo. Indicando con la mano me dijo:
-Tú eres Inti.
Me sentí más cohibido. Algunos compañeros le habían
dado antecedentes míos y sabía que yo llegaba en ese grupo. Por
mi parte también tenía conocimiento que el Ché estaba en
el monte, esperándonos. Aun así no logré dominar mis sentimientos.
Nos sentamos en unos troncos. Al poco rato Pombo me entregó una carabina
M-2 (mi primera arma) y el equipo de combatiente. Todo sucedió en forma
increíblemente sencilla. Sin embargo, esa noche comenzó mi vida
de revolucionario. La conversación brotó fácil, animada
en torno a temas generales. Yo hablé poco, porque aún estaba impactado
por este encuentro. Momentos más tarde el grupo brindó por el
éxito de la lucha guerrillera y por la confianza que existía en
la victoria final. Avanzada la noche, Tuma, uno de los hombres que se convirtieron
con el transcurso del tiempo en uno de los seres más queridos por nosotros,
me ayudó a armar la hamaca. No tuvimos tiempo para dormir. Cerca de las
dos de la mañana los que aún permanecíamos despiertos debutamos
con la "góndola", término que se haría popular
mundialmente con el desarrollo de la guerra. La "góndola" consistía
simplemente en ir desde nuestro campamento hasta la Casa de Calamina a cargar
víveres, armas, municiones. Era una tarea dura, pero Tuma con ese carácter
alegre que dinamizaba a nuestra columna, bautizó este trabajo con el
nombre de "góndola", comparándolo irónicamente
con los autobuses destartalados que recorren las ciudades bolivianas y llevan
ese nombre. La noche estaba muy oscura. En la casa de Calamina el Ché
nos dio su primera lección práctica de lo que debía ser
un jefe sencillo y capaz: eligió el saco más pesado y lo colocó
en su espalda, iniciando el camino de regreso. En el trayecto se tropezó
y se cayó porque se veía muy poco. Recogió nuevamente su
carga y continuó al campamento. Nosotros seguimos su ejemplo. El ejército
guerrillero empezaba a desarrollarse.
II) Bolivia: país de vanguardia
El último día que estuve en La Paz fue el 25 de noviembre de 1966.
Cerca de la medianoche salimos en un jeep con Joaquín, Braulio y Ricardo.
En otro vehículo más adelante iban Urbano, Miguel, Maimura y Coco.
Doce horas después estábamos en Cochabamba. Allí me despedí
de mi compañera, que estaba viviendo en casa de mi suegro. La conversación
fue tranquila, desprovista de dramatismo. Ella ya estaba informada de que partía
definitivamente al monte. Antes de salir besé a mis hijos.
Mi decisión de ingresar en el proceso de la lucha armada fue producto
de una serie de consideraciones que estaban madurando desde hacía tiempo.
Militante del Partido Comunista de Bolivia junto con Coco desde 1951, conocí
la estrategia, táctica y mecánica de este partido. También
por haber convivido con ellos, sabía perfectamente cuál era la
mentalidad de la dirigencia. Pero también es justo dejar establecido
que mientras no hubo perspectivas reales de lucha armada en Bolivia, nosotros
participamos y estuvimos plenamente de acuerdo con las decisiones de esa dirección.
Ésta es una experiencia qua estimamos puede ser recogida por otros militantes
de partidos comunistas en alguna parte del continente que confunden la "incondicionalidad"
con la fidelidad a los principios. Para nosotros sólo los principios
tienen valor permanente.
La política de la mayoría de los PC latinoamericanos es llegar
“al borde de la lucha armada". Es una especie de juego peligroso
en el que han adquirido gran maestría, en ese límite se detienen
y vuelven a sus posiciones originales para reiniciar la conciliación
o sumergirse en la institucionalidad. Cuando han llegado al "borde de la
guerra", comercian los principios, se olvidan de sus muertos y adecuan
la teoría de su conducta reformista o traidora. El PCB no era ni es una
excepción. Comprometido con muchos meses de anticipación en la
lucha guerrillera de nuestro país, había escogido a un grupo de
compañeros para este trabajo. Pero la dirección, manteniendo una
conducta dual que nosotros captábamos sin esfuerzo, siempre estaba indecisa,
a la expectativa. Nosotros perdimos la confianza en esos dirigentes y, personalmente,
no creía que el PC fuera a ingresar a la guerra como partido, o que prestara
toda su colaboración, esforzándose al máximo y con lealtad.
El grupo asignado para el trabajo preparatorio, entre los que se encontraban
el Ñato, el Loro, Rodolfo, Coco, etcétera, estaba claro, sin embargo,
de cuál era nuestra única e irrenunciable estrategia, y nuestra
decisión de luchar hasta el final se mantuvo siempre firme. Esto es natural
y ha sucedido también en otros países. Muchos militantes situados
"al borde de la guerra", lejos de retroceder con sus direcciones conciliadoras
dan un paso decisivo y se sitúan en la vanguardia. Se alza una nueva
fuerza, dinámica, agresiva y valiente: es la guerrilla. Incluso remontándonos
a antecedentes históricos, estábamos conscientes de que nos encontrábamos
al borde de una oportunidad que podría marcar una nueva etapa en el destino
de Bolivia.
Para nosotros la separación del Alto Perú del imperio español
fue un proceso de emancipación interrumpido. Las bases sociales no se
alteraron. El poder político y económico fue transferido a la
aristocracia criolla y a los españoles ricos asentados en el país.
El pueblo, principal actor de esa gesta del siglo pasado, no disfrutó
ni siquiera de las migajas del poder, aunque a lo largo de casi siglo y medio
de lucha ha pugnado por romper sus cadenas.
Oportunidad histórica
La oportunidad histórica de obtener la verdadera y definitiva independencia,
se presentaba ahora, con el desarrollo de la guerrilla cuyo embrión estaba
germinando en plena selva boliviana.
Por lo demás esta forma de lucha está enraizada en la tradición
del pueblo. Durante quince años -desde 1810 a 1825- guerrilleros como
Padilla, Moto Méndez, el cura Muñecas, Warnes, Juana Azurduy y
otros, combatieron heroicamente contra los colonialistas españoles enarbolando
las banderas de emancipación continental de Bolívar y Sucre.
Naturalmente entendíamos y estábamos plenamente conscientes de
que las condiciones eran y son completamente diferentes. Los patriotas del siglo
pasado enfrentaron a un imperialismo decadente, acosado por otras potencias
imperialistas, que surgían con ambiciones de dominación mundial.
Ahora nos enfrentamos al imperialismo norteamericano hegemónico, la potencia
industrial - militar más poderosa del mundo, que ejerce su dominio con
crueldad, sin escrúpulos, brutalizado, rapaz y genocida. Por otra parte
también las motivaciones son distintas: ahora luchamos como vanguardia
del pueblo por la conquista del poder, para construir el socialismo y formar
el hombre nuevo, eliminando al imperialismo y sus lacayos. Es necesario advertir,
además, que en el pueblo latinoamericano se ha desarrollado un gran sentimiento
chauvinista, estimulado, fundamentalmente, por el imperialismo. Este nacionalismo
deformado se ha empleado como instrumento para dividir a los pueblos y desatar
entre ellos guerras fraticidas. Los partidos tradicionales de izquierda, lejos
de combatir esta tendencia, la han fomentado e incluso defendido como principio
elemental, contribuyendo con la táctica impuesta por el enemigo. Bolivia
en esta etapa de lucha guerrillera no fue una excepción. Este planteamiento
nos rondaba por la mente al conocer, cada vez con mayor certeza, que el PCB
no se integraría a la guerrilla. De todas maneras, nosotros estábamos
dispuestos a combatir hasta las últimas consecuencias, independientemente
de la actitud que asumiera el PC. Cuando supimos que el Ché dirigiría
la lucha tuvimos la absoluta seguridad de que el proceso revolucionario sería
verdadero, sin claudicaciones. Por eso al ver esa noche de noviembre a Ramón,
la emoción del encuentro fue tremenda.
Al día siguiente llamó a Coco, al Loro y a mí, para conversar
sobre el carácter de la lucha. Fue la primera conversación política,
interesante y profunda como todas las que tuvimos durante la guerra. El primer
concepto que fluyó en forma categórica fue el de la continentalidad.
El Ché nos explicó con su franqueza habitual que la lucha tendría
estas características claras: dura, larga y cruel. Por lo tanto nadie
debía acomodar su mentalidad a situaciones "corto-placistas".
Enseguida expuso por qué se había escogido a Bolivia como escenario
de la guerra.
Por qué Bolivia
Su elección, afirmó, no es arbitraria, "está ubicada
en el corazón del Cono Sur de nuestro continente, limitada con cinco
países que tienen una situación político-económica
cada vez más crítica, y su misma posición geográfica
la convierte en una región estratégica para irradiar la lucha
revolucionaria a naciones vecinas. Hay que tener presente que Bolivia no puede
liberarse sola, o por lo menos es extremadamente difícil que ello ocurra.
Aun derrotando al ejército y derrotando al poder, el triunfo de la revolución
no está asegurado, puesto que los gobiernos lacayos dirigidos por el
imperialismo o directamente el imperialismo con la colaboración de los
gobiernos lacayos tratarán de aplastarnos. Sin embargo si en el desarrollo
de la lucha se nos presenta la alternativa de tomar el poder, no vacilaremos
en asumir esta responsabilidad histórica. Claro que ello encierra una
gran cuota de sacrificio de los revolucionarios bolivianos. El Ché nos
explicó luego lo que él entendía por "cuota de sacrificios"
de los revolucionarios bolivianos. Nos dijo que había elaborado un documento
para la reunión tricontinental de los pueblos que se realizaría
en La Habana en julio de 1967. En ese documento, recalcó, expone lo siguiente:
"Solamente podremos triunfar sobre ese ejército en la medida que
logremos minar su moral. Y ésta se mina infligiéndole derrotas,
y ocasionándole sufrimientos repetidos."
"Pero este pequeño esquema de victorias encierra dentro de sí
sacrificios inmensos de los pueblos, sacrificios que deben exigirse desde hoy,
a la luz del día, y quizás sean menos dolorosos de los que debieran
soportar si rehuyéramos constantemente el combate, para tratar que otros
sean los que nos saquen las castañas del fuego."
"Claro que, el último país en liberarse, muy probablemente
lo hará sin lucha armada, y los sufrimientos de leí guerra tan
larga y tan cruel como la que hacen los imperialistas, se le ahorrará
a ese pueblo. Pero tal vez sea imposible eludir esa lucha y sus efectos, en
una contienda de carácter mundial, y se sufrirá igual o más
aun. No podemos predecir el futuro, pero jamás debemos ceder a la tentación
claudicante de ser los abanderados de un pueblo que anhela su libertad, pero
reniega de la lucha que ésta conlleva, y la espera como UN mendrugo de
victoria."
Para el Ché la cuota de sacrificios significaba la participación
del pueblo boliviano como abanderado de la lucha guerrillera, y de ninguna manera
la postergación de la toma del poder. En otros términos, nosotros
nos convertíamos en un pueblo de vanguardia que obtendría la liberación
combatiendo y no como un "mendrugo de victoria”
III) Hacia un nuevo Vietnam
El Ché fue certero también al definirnos la relación que
existe entre la lucha del heroico pueblo de Vietnam contra el imperialismo norteamericano
y la guerra de guerrillas en nuestro continente. La guerra de Vietnam, afirmó,
es una parte, pero la más importante, de la lucha mundial contra el imperialismo.
La guerra de Vietnam es nuestra propia guerra, ese heroico país ha sido
convertido en un laboratorio de experimentación imperialista para aplicar
después las desarrolladas técnicas guerreras de destrucción
contra el pueblo de todo nuestro continente. Allí se ha visto claramente
cómo el imperialismo no solamente viola las fronteras, sino que las borra,
reivindicando su "derecho" de perseguir a los patriotas de las FAPLN
a través de Camboya o Laos, bombardea las aldeas de esos países
y extiende impunemente su brutal genocidio.
Lo mismo pasará en América Latina, explicó el Ché.
Las fronteras son conceptos artificialmente impuestos por el imperialismo para
separar a los pueblos. Los pueblos que reconocen fronteras están condenados
al aislamiento y su liberación será más lenta y dolorosa.
El concepto de frontera será roto por la acción. Cuando nuestra
guerrilla se desarrolle, los gobiernos vecinos enviarán primero armas,
asesores, aprovisionamiento. Tratarán de cercarnos. Luego su lucha será
coordinada. Los ejércitos se unirán en acción antiguerrillera.
Cuando sean incapaces de vencernos intervendrán los "marines"
y el imperialismo desencadenará todo sU poder mortífero. Entonces
nuestra lucha será idéntica a la que libra el pueblo vietnamita.
Los revolucionarios comprenderán, si es que todavía no sienten
esa necesidad, que es preciso unirse para enfrentar coordinadamente y como una
sola fuerza, a los opresores.
Muchas de las frases previstas por el Ché se cumplieron.
Indudablemente las restantes también se habrían puesto en práctica,
ya que el imperialismo, en esa época, había concentrado sus estudios
de inteligencia y análisis en los escritos de nuestro Comandante y, con
mucha agudeza, había captado la dirección de su estrategia. El
Ché también estaba consciente de este problema, como lo veremos
más adelante. Por desgracia, sólo las fuerzas "progresistas"
o las que se autodenominan "vanguardia" eran extremadamente miopes
o cobardes. Por eso eludían, distorsionaban o no entendían el
sentido de la lucha.
Durante el desarrollo de la guerra, los norteamericanos enviaron a Bolivia gran
cantidad de armamento moderno, de inmenso poder mortífero, que ya había
sido experimentado en Vietnam, y "asesores" con larga experiencia
en contraguerrillas. Estos últimos estaban encargados de convertir a
los soldados en autómatas, con una mentalidad sádica, en seres
inhumanos e inescrupulosos, como lo demostraron más tarde.
Por otra parte la CIA instaló su cuartel general en el Palacio Quemado
en forma grosera, mostrando a Barrientos como lo que es: una simple figura decorativa;
luego ordenó a los gobiernos limítrofes que cerraran sus fronteras
a los revolucionarios, e impidieran cualquier tipo de colaboración.
Las huellas digitales del imperialismo aparecían grotescas cuando después
de cada batalla capturábamos fusiles SIG (una variación del FAL
belga), granadas norteamericanas con inscripciones de la ÑATO o latas
de alimentos enviadas como "fraternal" contribución por los
ejércitos de Argentina, Brasil, Paraguay o Perú, transportadas
impunemente por territorios de esos países.
IV) La deserción del P. C.
El Ché era hombre de una sola palabra y con un sentido de lealtad extraordinariamente
desarrollado. Si se examina su Diario en la fecha correspondiente al 27 de noviembre
de 1966, aparecen dos problemas que a simple vista no tienen mayor importancia,
pero que con el transcurso de los días cobrarían gran relieve.
Dice: "Ricardo trajo una noticia incómoda: el Chino está
en Bolivia y quiere mandar veinte hombres y verme. Esto trae inconvenientes
porque internacionalizaremos la lucha antes de contar con Estanislao".
Luego anota:
"En conversación preliminar con el Inti, éste opina que Estanislao
no se alzará, pero parece decidido a cortar amarras".
Estos breves apuntes del Ché, consignados sólo para su uso personal,
tienen antecedentes más sólidos que los que pude conocer y apreciar,
porque me dio una amplia información y luego porque fui testigo de muchos
acontecimientos.
Ramón tenía esperanzas de que el Partido Comunista cumpliera fielmente
su compromiso. "Los Partidos Comunistas latinoamericanos" -nos explica
al día siguiente de nuestra llegada- tienen una estructura institucional
inadecuada para las condiciones de la lucha actual. Tal como están constituidos
son incapaces de tomar el poder, y derrotar al imperialismo. Incluso muchos
de sus dirigentes, como Jesús Farías, Vittorio Codovilla, etc.,
se han anquilosado, son arcaicos."
Luego de hacer este análisis hizo resaltar su fe de que en alguna parte
de este continente alguno de estos partidos podría asumir una conducta
revolucionaria. El Ché pensaba que ese papel lo podría jugar el
PCB.
"Me da esa impresión, afirmó, porque el Partido es nuevo,
sus dirigentes son jóvenes y, especialmente, por el inmenso peso moral
de los compromisos que han adquirido, desde hace bastante tiempo, con la revolución
continental".
Este planteamiento refleja la pureza moral del Ché, su acendrada lealtad
y firmeza para respetar los compromisos.
Pero el Partido y sus dirigentes, especialmente Monje, cuyo nombre clandestino
era Estanislao, no tenían esa escala depurada de valores morales. Acostumbrados
a pactar con partidos corrompidos, con dirigentes traidores y oportunistas,
con políticos venales que comerciaban sus principios, habían adquirido
esas mismas taras. Por eso le dije a Ramón que estaba seguro que el Partido
no se alzaría y mucho menos lo haría Monje, a quien ya consideraba
un cobarde.
Este juicio no era arbitrario. Monje había recibido entrenamiento militar
junto con otros compañeros que más tarde murieron con el Ché.
En esa oportunidad, por propia iniciativa, propuso un "pacto de sangre"
que los ataba, defendiendo la lucha armada hasta la muerte.
Esta conducta había impresionado a muchos. Pero tal imagen se borraría
pronto. Monje estaba informado de la preparación del foco, y nueve meses
antes del primer combate, en julio de 1966, ya estaba en contacto directo en
La Paz con Ricardo y Pombo. En esa época se había comprometido
a designar a veinte hombres del PCB para que se incorporaran a la lucha armada.
Un mes más tarde, cuando los compañeros le preguntaron por esos
veinte guerrilleros en potencia, contestó -¿Qué veinte
hombres?
Días después Monje amenazó con retirar a los cuatro compañeros
bolivianos que trabajaban con los compañeros cubanos en la preparación
del foco desde hacía meses. Tal conducta era no sólo la de un
hombre vacilante, sino también la de un político extorsionador
que quiere sacar el mejor provecho posible a situaciones conflictivas creadas
por él mismo.
El 28 de setiembre en una reunión que tuvo con Ricardo y con Pombo en
La Paz sugirió que se asignaran tareas a diversos núcleos del
Partido para garantizar una "mejor organización" de la lucha.
En esa oportunidad fue desleal incluso con su organización, porque planteó
"despistar al Secretariado del PCB" ya que hablan mucho. Incluso informó
de que en el Congreso del Partido Comunista del Uruguay, Kolle había
dado cuenta de los planes que existían sobre Bolivia, y Arismendi exigía
que todos los Secretarios Generales de PC conocieran el problema. Según
Monje el Secretario General del PC uruguayo había amenazado con informar
personalmente si los bolivianos no se decidían a hacerlo. A principios
de octubre Monje se reunió nuevamente con los compañeros anunciando
que el CC del PCB "había dado un paso positivo al aceptar unánimemente
la línea de la lucha armada como la vía correcta para llegar al
poder". Agregó despectivamente: "Muchos apoyan la lucha armada
sólo verbalmente porque son físicamente incapaces de participar
en ella."
Pero días más tarde volvió a crear problemas exigiendo
incluso dinero para financiar los sueldos de los funcionarios del partido, cuestión
a la que los compañeros accedieron.
En esas condiciones llegamos al monte. Mi desconfianza en la dirección
del PCB se había ahondado por otra serie de conversaciones que había
sostenido con él. Sin vacilaciones saltaba de un extremo al otro. Sus
dudas políticas las justificaba con el amor a la familia. Querer a la
familia es un acto natural de un guerrillero porque la lucha, si bien es cierto,
es dura, está motivada por un profundo sentimiento de amor. Por eso le
dije en alguna oportunidad:
-Creo que amo a mi familia tanto o más que tú. Pero mi mundo no
es sólo mi familia: es todo el pueblo. Porque yo no quiero que mis hijos
vivan en una sociedad canibalesca, donde el más fuerte devora al más
débil, y el más débil es siempre el hijo del pueblo. Debemos
mejorar esta sociedad y ella no se mejora si tenemos actitudes escapistas o
cobardes. Es necesario combatir.
De allí que en la primera conversación que tuve con el Ché
le manifesté con franqueza mi desconfianza en la acción del partido
y en la conducta de Monje. Incluso le propuse que, dado el cargo que aún
ocupaba en el Comité Regional de La Paz, podía reclutar a la mejor
gente para ingresarla a nuestro núcleo guerrillero.
El Ché me respondió que esta actitud era equivocada pues con el
Partido las relaciones debían desarrollarse en un plano de mutua lealtad.
En la misma oportunidad recalcó con firmeza: "Estoy siempre dispuesto
a entregar toda mi experiencia guerrillera al PCB e incluso darles la dirección
política de la guerra."
Por eso en el Diario aparece como una frase en clave la referencia al Chino
y a Estanislao, aunque como dos cuestiones separadas. Pero es evidente que tienen
relación: el Ché no quería que se incorporaran combatientes
de otros países sin definir la situación con Estanislao, a pesar
de que la conducta de éste no había sido honesta. De todas maneras
Monje conocía con anterioridad cuál iba a ser el alcance de la
guerra y estaba de acuerdo. Pero el Ché quería reiterárselo
personalmente.
Llegada al primer campamento
Así llegamos a la víspera del Año Nuevo. El 31 de diciembre
llegaron a la Casa de Calamina Monje, Coco, Tania y Ricardo, que desde ese día
se quedaría definitivamente con nosotros.
Con el Ché nos trasladamos al primer campamento.
Monje estaba muy nervioso. En el trayecto de la ciudad a la finca Coco le había
dicho que Ramón estaba dispuesto a darle la dirección política
de la guerrilla al partido, pero que no le entregaría la dirección
militar, lo que él, Coco, consideraba justo. Luego presionó a
Monje para que se decidiera a incorporarse pronto a nuestro núcleo. Monje
nos dio la mano muy fríamente.
Mientras el Ché saludaba a los otros compañeros me preguntó:
-¿Y cómo esta aquí la cosa?. Le repliqué: -Está
muy bien, ya lo verá. Además llegas oportunamente porque la guerra
hay que empezaría pronto. Decídete a luchar con nosotros.
Monje contestó: -Ya lo veremos, ya lo veremos...
Ché y Monje partieron solos y conversaron durante unas horas. Tarde regresaron
al campamento base. Cuando llegó vio a nuestra gente, la saludó
y empezó a hablar con todos. Luego examinó la disposición
del campamento y entonces hizo el siguiente comentario:
-Éste es un verdadero campamento. Cómo se nota que aquí
hay dirección efectiva que sabe lo que quiere, aquí tiene experiencia.
Luego alabó la defensa que el Ché había planificado y la
división de nuestra columna en vanguardia, centro y retaguardia. Dijo
otra frase que recuerdo bastante bien:
-Todo esto demuestra una preparación combativa eficaz.
Al poco rato Monje me pidió conversar con los compañeros bolivianos.
Inmediatamente consulté con el Ché para preguntarle si esto era
posible. Ché contestó afirmativamente. Se inició entonces
una reunión dramática, tensa a veces persuasiva en otros momentos,
dura en otros pasajes. Monje relató a rasgos generales su conversación
con Ramón, y luego centró el problema a tres puntos fundamentales,
que son los que aparecen en el Diario:
1) - Renunciaré a la Dirección del Partido, porque creo que el
Partido como tal no entrará en la lucha, pero por lo menos trataré
de lograr su neutralidad. También trataré de sacar de la organización
algunos cuadros para la lucha.
2) - Le exigí al Ché que la dirección político-militar
de la lucha debe corresponderme en forma exclusiva a mí por lo menos
mientras ésta se desarrolle en Bolivia. Cuando se continentalice podemos
hacer una reunión con todos los grupos guerrilleros y en esa oportunidad
yo haré entrega del mando al Ché, delante de todos.
3) - Le propuse al Ché manejar las relaciones con otros partidos comunistas
latinoamericanos y tratar de convencerlos para que apoyen a los movimientos
de liberación. Enseguida explicó con más detalles estas
cuestiones y agregó con firmeza:
-No hemos llegado a ningún acuerdo.
La actitud del representante del PCB
Las palabras de Monje no nos sorprendieron, pero causaron un impacto doloroso,
sobre todo en compañeros que aún tenían esperanzas en él
y el partido.
Surgieron preguntas exigiendo mayores antecedentes. Monje desarrolló
de la siguiente manera sus planteamientos:
-Esta guerrilla debe dirigirla el Partido. Por eso como Primer Secretario debo
tener la dirección total en lo militar y en lo político. Yo no
puedo quedarme en un lugar secundario porque donde quiera que esté represento
al Partido. El mando militar es una cuestión de principios para nosotros,
tan de principios que el Ché no me lo quiere entregar. Por eso nuestro
desacuerdo es absoluto aun cuando en otros aspectos coincidamos o él
accede a nuestras peticiones. Sentenciosamente agregó: -Cuando el pueblo
sepa que esta guerrilla está dirigida por un extranjero le volverá
la espalda, le negará su apoyo. Estoy seguro que fracasará porque
no la dirige un boliviano, sino un extranjero. Ustedes morirán muy heroicamente,
pero no tienen perspectivas de triunfo. Las palabras de Monje nos indignaron
sobre todo cuando calificó al Ché de "extranjero", negándole
estúpidamente su calidad de revolucionario continental. Pero su desvergüenza
llegó a extremos cuando nos propuso desertar.
-Ustedes, dijo, tienen libertad y garantías para abandonar la lucha.
Váyanse ahora conmigo. Nosotros sólo tenemos un compromiso: aportar
cuatro compañeros para trabajar con el Ché en cualquier parte.
El resto debe partir. El que quiera quedarse puede hacerlo. El Partido no tomará
ninguna medida represiva. Pero como Primer Secretario les aconsejo que se vayan
conmigo.
El solo hecho de que nos pidiera abandonar al Ché en el monte era una
actitud traicionera. Tal vez pensó que alguno iba a aceptar su miserable
proposición. Todos le replicamos con firmeza que no nos íbamos.
Que él se quedara, que era un falso orgullo revolucionario negarse a
estar bajo las órdenes de otro, sobre todo cuando ese "otro"
era nada menos que el Ché, el revolucionario más completo y más
querido, el hombre junto al cual querían luchar miles de latinoamericanos.
Algunos compañeros, el Ñato Méndez entre ellos, le rogaron
que se quedara. El Ñato, que quería mucho al Partido, pero que
amaba más profundamente a la revolución, le dijo con palabras
que denotaban emoción:
-Quédate, Mario. Tu permanencia con nosotros significará levantar
el prestigio del PCB y de todos los partidos comunistas latinoamericanos, que
han perdido toda autoridad por falta de acción, por su conciliación
con el enemigo. Salva tu prestigio de comunista y quédate.
Luego intervino Carlos tres o cuatro veces insistiendo:
-Mario, no te vayas. Tú no debes asumir una posición tan claudicante.
Es increíble que el partido se porte en forma tan vacilante. Nosotros
estamos seguros que triunfaremos.
"Jamás hemos pensado en un fracaso. Estamos seguros de la victoria.
Sin el Partido nos costará un poco más, pero tenemos al Ché.
En él tenemos confianza y sabemos que nos llevará a la victoria.
Nuestra revolución triunfará porque el pueblo comprenderá
tarde o temprano que nuestro jefe no es un "extranjero", como tú
dices, sino un revolucionario, el mejor de todos, y la tarea tuya y la del Partido
es, precisamente, esclarecer en el pueblo que el Ché es un revolucionario
continental y no un extraño.
Otros compañeros le dijimos a Monje que el internacionalismo proletario
no debe aprisionarse en un marco tan estrecho. La presencia del Ché entre
nosotros, le recalcamos, es una verdadera muestra de internacionalismo proletario.
Más adelante nos aseguró que renunciaría a la Dirección
del Partido, porque ya nada tenía que hacer dentro de la organización.
-Para mí, afirmó, es evidente que el único camino es la
lucha armada, pero no ésta, sino una forma de sublevación general.
Como este planteamiento no es posible hacerlo dentro del Partido, mi cargo no
tiene mayor validez. Quedaré como un pobre diablo. Por eso es mejor que
me vaya.
Le preguntamos: -¿Qué vas a hacer? ¿Te dedicarás
a tu profesión de maestro o a otra actividad?
Respondió: -Posiblemente me tengan a su lado como un combatiente más.
Yo no tengo otra salida que la revolución. Más tarde conversando
con otros compañeros bolivianos les manifestó que él no
quería convertirse en un traidor al Partido (sin embargo ya había
traicionado a la revolución). Como broche de oro colocó a la conversación
el siguiente final:
-Yo no estoy para convertirme en un Van Troi.
Con ello quería significar que Van Troi, el héroe vietnamita asesinado
por los norteamericanos, joven que es ejemplo para todos los revolucionarios
del mundo, se había convertido en un "mártir inútil".
Basta esa frase para sentir por Monje un profundo desprecio. Pero el tiempo
lo mostraría enfangando aun más su conducta y la de su partido.
La reunión fue penosa en sí, no tanto por el impacto emocional
que había provocado entre los compañeros bolivianos, sino más
bien por su actitud y sus conceptos que lo retrataron como cobarde, traidor
y chauvinista. Esa noche se hizo un brindis. Yo no estuve, porque a esa hora,
cuando en la ciudad estaban anunciando con cohetes y campanas al vuelo el advenimiento
del año 1967, me tocaba hacer posta. Los compañeros me contaban
que Monje, alzando su copa, afirmó que allí en Ñancahuazú
se iniciaba una nueva gesta libertaria y deseó éxito a nuestra
guerrilla. El Ché respondió que efectivamente se iniciaba una
nueva gesta libertaria y que este grito de independencia era similar al que
había iniciado Pedro Domínguez Murillo. Tal vez muchos, dijo Ramón,
no lleguen a ver el triunfo final. Pero para triunfar hay que dar la primera
batalla. Y ese momento ha llegado, agregó.
-Éste es un grupo decidido a combatir, no como soldados suicidas, sino
como hombres que saben que obtendrán la victoria. Pero aun suponiendo
que en esta etapa no se logre el triunfo definitivo, estamos seguros que este
grito de rebeldía llegará al pueblo. A la mañana siguiente
Monje se despidió abruptamente. El Ché lo invitó a quedarse
hasta la tarde, hora en que regresaba el jeep a la ciudad.
-¿Qué vas a hacer solo en el primer campamento? - le preguntó.
-Prefiero estar solo allá, respondió Monje.
Era evidente que estaba nervioso y no se atrevía a quedarse con nosotros
porque se sentía incómodo. En la tarde el Ché nos reunió
a todos y nos explicó la actitud de Monje, sus exigencias, y la forma
en que había forzado la ruptura. Dirigiéndose a los combatientes
bolivianos anunció:
-Especialmente para ustedes vendrán días difíciles, momentos
de angustia moral, conflictos emocionales. Puede ser que en algún momento
de la lucha recuerden este episodio, la falta de apoyo del Partido y piensen
que a lo mejor el PC tiene razón. “Mediten mucho. Todavía
es tiempo. Más tarde será imposible. A los que tengan problemas
trataremos de solucionárselos mediante la discusión colectiva
o a través de los comentarios”. En esa misma oportunidad nos comunicó
que contactaría con todas las fuerzas que quisieran incorporarse a la
revolución.
Le informé plenamente a Ramón la conversación que Monje
había tenido con nosotros y las objeciones que hacía.
-Son las mismas que me hizo a mí, contestó.
Luego me dio a conocer otros detalles que no aparecen consignados en su Diario.
El diálogo, tal como me lo contó Ramón, lo recuerdo claramente:
MONJE: Mientras la guerrilla se desarrolle en Bolivia exijo la dirección
total. Si la lucha se efectuara en Argentina estoy dispuesto a ir contigo aunque
nomás fuera para cargarte la mochila. Pero mientras estemos aquí
en Bolivia el mando absoluto lo debo tener yo.
Ché: Esto es un criterio estrecho y absurdo respecto al internacionalismo
proletario. El tipo de lucha que estamos planteando sobrepasa los marcos nacionales.
Aun cuando estuviera dentro de ese esquema ¿crees tú que es una
posición marxista exigir el mando como un derecho de nacionalidad? Tú
estás equivocado. Eso no es internacionalismo proletario. Te voy a poner
el siguiente ejemplo: si Fidel fuera a Argentina a iniciar la guerra, yo me
pondría de nuevo incondicionalmente a las órdenes de Fidel, por
la posición histórica que él tiene, y porque tú
bien sabes que lo considero mi maestro. Por ese mismo cariño y respeto
que yo tengo a Fidel aceptaría gustoso su mando. ¿O crees que
haría cuestión de nacionalidad? Esa misma relación existe
entre tú y yo. Las circunstancias históricas me han situado en
determinado lugar. Tengo una experiencia militar que tú no tienes. Tú
no has participado en ninguna. Ahora te pregunto: ¿tendrías la
misma posición si en este momento no estuviera yo contigo aquí
en Ñancahuazú sino Malinovski?
MONJE: Ni aun cuando viniera Lenin. Mi conducta sería la misma. Irónicamente
el Ché replicó.
Ché: Si estuviera Malinovski aquí estarías hablando en
otros términos.
En otro momento de la conversación Ramón le dijo con firmeza:
Ché: yo ya estoy aquí, y de aquí sólo me sacan
muerto;
Este es nuestro territorio.
Cada vez que se le terminaban los armamentos, Monje volvía al círculo
vicioso del mando total y a la categoría de "extranjero" de
Ramón y enredando sus propias contradicciones e inseguridades que se
aprecian claramente en sus diálogos. Más adelante la conversación
continuó así:
Ché: Bien, el problema es de mando efectivo. Imagínate que tú
seas el jefe de la guerrilla. Pero ¿qué pasará cuando se
sepa que aquí están Ché Guevara y Mario Monje? Nadie va
a creer que Mario Monje está dirigiendo la guerrilla y que Ché
Guevara está a las órdenes de Monje. Independientemente de que
eso fuera así, todo el mundo sabe que yo tengo mas capacidad que tú
para dirigir esta columna. La falsa modestia no nos conduce a nada. Tú
puedes aparecer como jefe, firmar todos los comunicados en nombre de nosotros,
pero la dirección real y efectiva la tengo yo.
MONJE: La dirección tiene que ser real y desde el principio debe estar
en mis manos. Por mi falta de experiencia te pediré consejo y asesoramiento
hasta que yo adquiera capacidad de dirección y pueda hacerme cargo solo
de Ia guerrilla. Tú puedes ser mi asesor más importante.
Ché: Aquí no soy asesor de nadie. No soy partidario de eludir
las responsabilidades y un asesoramiento significa eso: eludir responsabilidades.
Nunca me consideré asesor.
MONJE: Pero es ridículo que yo aparente ser jefe. Tú sabes que
la CIA puede infiltrar esta guerrilla y el agente de la CIA se dará cuenta
inmediatamente de que yo no soy el jefe efectivo. Esa noticia saldrá
afuera y todo el mundo pensará que soy un "monigote".
Ché: Sí de eso se trata estoy dispuesto a levantarme todas las
mañanas, cuadrarme delante de ti en presencia de la tropa y pedirte las
instrucciones para dejar satisfecho al agente de la CIA.
A pesar de la actitud a veces agresiva de Monje, Ché mantuvo siempre
gran serenidad. Cuando Monje le planteó que renunciaría al Partido,
le contestó que ése sería un problema personal, pero que
lo consideraba un error, porque protegía el nombre de quienes debían
ser condenados históricamente por su posición claudicante.
También aceptó que Monje solicitara ayuda a otros partidos comunistas
latinoamericanos para la lucha guerrillera aunque le advirtió que era
una gestión inútil, condenada al fracaso; le dijo:
-Pedirle a esos partidos que colaboren con la lucha armada es exigirles que
renuncien a su razón de existir; solicitarle a Codovilla que apoye a
Douglas Bravo es igual que exigirle que perdone un alzamiento dentro de su partido.
Otro aspecto conflictivo tratado en esa oportunidad fue la contactación
con el grupo de Moisés Guevara. Monje se oponía tenazmente pero
sólo daba razones de tipo partidario sin consistencia. Calificaba a Moisés
como un "pro-chino". Eso bastaba para estigmatizarlo. Ché le
planteó a Monje:
-¿Por qué tienes esa posición tan sectaria? Nuestra guerrilla
debe abrirles las puertas a todos los que quieran participar. Tenemos una concepción
de la toma del poder revolucionario y si hay gente honesta que coincide con
nosotros no debemos rechazarla. Es absurdo asustarnos porque el poder para el
pueblo lo tome, en determinado momento, un grupo que se llame tal o cual cosa.
Del seno de la lucha armada surgirán los nuevos dirigentes y no es justo
tener prejuicios al respecto, pues la dirección la asumirán siempre
los más consecuentes.
"La convivencia diaria, las batallas que se dan juntos, el permanente jugarse
la vida, va desarrollando una hermandad de sangre, mejora a los hombres, los
convierte en seres más honestos, más puros. Así como hay
gente buena y mala dentro de lo que tú llamas "pro-chinos",
también hay gente buena y mala dentro del PC.
El tiempo daría la razón al Ché y reivindicaría
a Moisés Guevara. En cambio condenaría como traidores y cobardes
a Monje y los otros dirigentes claudicantes. Moisés Guevara era un hombre
honesto. Dirigente minero combativo, querido por sus bases, amaba la revolución.
Se incorporó al Partido Comunista Pro-Chino convencido de que Zamora
y su dirección sinceramente se incorporarían a la lucha armada,
con un contingente proletario numeroso. Pronto se dio cuenta de que Zamora era
tan oportunista y falso como otros autodenominados "vanguardistas".
Sin embargo dentro del Partido peleó por el cumplimiento de las promesas
que se hacían al pueblo: iniciar la lucha armada. En una conferencia
partidaria realizada en Huanani, precisamente la zona donde Moisés tenía
mayor ascendiente, el PC pro-chino lo expulsó, acusándolo de estar
en "contubernio con la camarilla de Monje" para ingresar a la guerrilla.
Aunque la incorporación de Guevara y otros compañeros de ese grupo
se produce mientras nosotros realizábamos la marcha de exploración
con el Ché, es necesario examinar este problema en el presente capítulo.
La gente que trabajaba con nosotros en la ciudad había contactado a Moisés
a mediados de 1966. Él se había comprometido a entrar al monte
con veinte hombres. Después del regreso de Monje desde Ñancahuazú,
Ramón decide hablar directamente con Guevara, y exigirle que su incorporación
debe ser incondicional, incluyendo la disolución de su grupo. Existía
un leve temor de que en algún instante pudieran producirse roces entre
estos compañeros y los que ya estábamos dentro, por las discrepancias
chino-soviéticas.
Moisés llegó a nuestro campamento y conversó con el Ché.
Con una modestia y sinceridad extraordinarias, planteó: "Yo no vengo
aquí a poner condiciones, sino a solicitar mi ingreso como un soldado
más. Para mí es un honor combatir al lado del Ché, el revolucionario
que más admiro."
La conducta de Moisés fue magnífica. Nunca hubo problemas con
él, y ese temor de que afloraran discrepancias políticas se disipó
inmediatamente. Se produjo lo que el Ché había previsto: la lucha
hermana a los hombres, desarrolla los sentimientos solidarios y fortalece la
ideología. Murió meses más tarde, combatiendo heroicamente
junto al grupo de Joaquín.
Distinto fue el destino de Zamora. El hombre que aparecía como ultrarrevolucionario
condenó a los que ingresaban a la guerrilla. El Ché también
tenía un juicio formado sobre Zamora. En La Habana, cuando aún
desempeñaba su cargo de Ministro de Industrias, había conversado
durante un tiempo con él. Zamora, militante del PC, le contó al
Ché que volvería a La Paz a dividir el Partido y que formaría
otro porque el PCB era incapaz de hacer la revolución.
Ramón le manifestó: "La división del Partido para
formar otro no tiene objeto, es inútil, no contribuye en nada al desarrollo
de la lucha armada. Muchas veces esos grupos son los más sectarios o
los más obcecados enemigos de la guerrilla o de cualquier otro tipo de
lucha que no se ajuste exactamente el pensamiento de Mao.
"Yo estoy de acuerdo que un grupo se separe del Partido si evidentemente
va a ingresar a la lucha armada porque el Partido mantiene una posición
claudicante. Pero la división porque sí se llama simplemente politiquería.
Zamora obtuvo el ofrecimiento de valiosa ayuda para desarrollar la lucha armada.
Incluso si empezaba los trabajos se le asignaría, como un colaborador
importante, un hombre que más tarde continuaría jugando un gran
papel en el trabajo de preparación del foco guerrillero: Ricardo. Ché
pensaba que las condiciones objetivas y subjetivas más ricas para iniciar
la lucha de liberación en el cono sur del continente estaban en Bolivia.
Allí iba a partir a mediados de 1965, luego de finalizar su gira por
Asia y África.
Pero a pesar de tener gente de experiencia a su lado Zamora se preocupó
más de dividir al PCB y a desatar rencillas de tipo personal, que en
dedicarse honestamente a la preparación de un trabajo tan importante
y delicado. Desaprovechó esta oportunidad histórica, postergó
la apertura del foco y esterilizó la acción. Más tarde
tuvo la osadía de condenar a los militantes de su fracción que,
convirtiendo en realidad los planteamientos que formulaban, se incorporaron
con nosotros a la guerrilla.
La vergonzosa deserción del Partido Comunista
nos provocó graves problemas. En la ciudad nos quedamos prácticamente
sin organización. El trabajo de Coco, Loyola, Rodolfo y Tania era insuficiente
para atender nuestras necesidades, cada vez más crecientes.
Estábamos en los umbrales de la guerra y era necesario armar una red
clandestina que funcionara en La Paz, se ramificara a otras ciudades y pueblos
hasta desembocar en nuestro centro militar. Éstas eran las tareas asignadas
al PCB. Todavía teníamos que trasladar hasta el monte gran cantidad
de provisiones, armas y hombres que se integrarían a nuestra columna.
El trabajo de Coco y Rodolfo fue abrumador. Una serie de acontecimientos que
ocurren más tarde, aparecen como "errores tácticos".
La verdad es que no los hubo. Si tal situación se produjo fue por efecto
de la traición de Monje, que agravó su cobardía saboteando
la labor de los compañeros que no acataron sus órdenes y se integraron
lealmente a la lucha guerrillera. Un ejemplo: La finca donde estaba la Casa
de Calamina debía protegerse con una buena "fachada legal".
Ché era partidario de que allí se llevara un ingeniero agrónomo
para que hiciera producir, ya que era sospechoso que tan extensa propiedad sólo
estuviera cultivada por cinco hectáreas de maíz. En cada viaje
que venían compañeros de la ciudad, Ramón insistía
en el ingeniero agrónomo. La finca no era para nosotros una zona de operaciones.
Pero los compañeros no pudieron conseguir el agrónomo -problema
que tenía que solucionar el Partido- -, porque se dedicaron a atender
las necesidades más urgentes de la guerra.
El Ché decía: -Si la finca se "quema", que no sea por
culpa de nosotros. Que la descubra el ejército, pero nosotros no se la
entregaremos porque sí.
Por las razones explicadas, nunca se pudo dar a esa propiedad una fachada legal.
Por otra parte, cuando Coco regresa a la ciudad, después de dejar a Monje
nos informa de los primeros aprestos del Partido contra la guerrilla. El famoso
Estanislao, hombre que en entrenamiento militar había hecho un "pacto
de sangre" jurando no abandonar jamás la lucha armada, alertaba
al Comité Central diciendo que en Ñancahuazú había
un grupo armado que iniciaría la lucha guerrillera, formado por muchos
extranjeros y un núcleo de bolivianos.
Algunos miembros del Comité Central decidieron apoyar activamente nuestra
lucha, pero entonces Monje, esgrimiendo sus mejores recursos de politiquero
corrompido, tocó las fibras sectarias de los dirigentes del PCB y nos
acusó de ser "pro-chinos", fraccionalistas y enemigos del Partido
que se han aliado con la "camarilla de Zamora". Zamora por su parte
condenó a los guerrilleros por "fraccionalistas", revisionistas,
enemigos del Partido que se alían con la "camarilla de Monje".
¡Los enemigos irreconciliables unidos por su odio a la lucha armada de
liberación de Bolivia!
Pero la traición no tuvo límites. Monje y el PCB se movilizaron
por todo el país alertando a las bases contra el "grupo fraccional",
impidiendo con engaños que algunos militantes honrados se incorporasen
al trabajo en la ciudad e interceptaban a los hombres que regresaban al país
con entrenamiento militar y los convencieron de que no ingresasen a la guerrilla.
La conducta de los que estaban preparados para luchar y no lo hicieron por presión
del Partido no debe calificarse de debilidad ideológica, realmente fue
cobardía.
V) el monte: escuela para el
Hombre nuevo
Los problemas provocados por la deserción del Partido en el instante
que más precisábamos de él no fue obstáculo para
que nuestro grupo guerrillero elevara su moral y realizara trabajos preparatorios
que tenían carácter educativo.
El Ché estimaba que el hombre, cuando esta metido en el monte, proscribe
los hábitos de la ciudad, no sólo por la dureza con que se desarrolla
la lucha y falta de contacto con algunas formas culturales o de "civilización".
La vestimenta andrajosa, la falta de higiene personal, la comida escasa y a
veces primitiva, muchas veces la carencia de utensilios domésticos, obliga
al guerrillero a adoptar ciertas actitudes semi-salvajes.
Ché combatía con energía esta conducta y orientaba el trabajo
para estimular un espíritu constructivo y creador del guerrillero, la
preocupación por la ropa, las mochilas, los libros y todo lo que constituía
nuestros "bienes materiales". Por eso dirigió con cariño
las "obras públicas" del segundo campamento, ubicado a unos
ocho kilómetros de la Casa de Calamina. Rápidamente se construyeron
bancos, un horno para el pan, que estaba a cargo de Apolinar, y otro tipo de
"comodidades". Regularmente ordenaba lo que él bautizó
como "guardia vieja": una limpieza a fondo de todo el campamento.
Algunos periodistas y críticos de nuestra guerra han considerado que
ese campamento era la base de operaciones estables. Es una apreciación
falsa. Ramón nunca pensó quedarse ahí definitivamente.
Todo el trabajo realizado, con excepción de las cuevas estratégicas,
tuvo el carácter ya descrito: para que el hombre estuviera en permanente
actividad y no perdiera sus costumbres adquiridas.
Primera escuela de “cuadros”
Allí surgió también lo que podría denominarse la
primera "escuela de cuadros". Todos los días de 4 a 6 de la
tarde los compañeros más instruidos, encabezados por el Ché,
daban clases de gramática y aritmética, en tres niveles, historia
y geografía de Bolivia y temas de cultura general, además de clases
de lengua quechua. En la noche, a los que deseaban asistir voluntariamente (las
clases de la tarde eran obligatorias). Ché les enseñaba francés.
Otro tema al que le daba primerísima importancia era el estudio de la
Economía Política.
Frecuentemente nos señalaba el papel de "vanguardia de la vanguardia"
que tiene el guerrillero. Pero para hacer honor a esa denominación, afirmaba,
es necesario que ustedes se conviertan en cuadros dirigentes.
-El guerrillero, recalcaba Ramón, no es un simple tira-tiros.
Es el gobernante en potencia, el hombre que en algún momento se convertirá
en el conductor de su pueblo. Por eso debe estar preparado para cuando llegue
ese momento. Siempre buscaba la oportunidad para ponernos de ejemplo a Fidel
y la Revolución Cubana, especialmente cuando se refería a la necesidad
urgente de consolidar y desarrollar la revolución después de la
victoria.
-Cuando nosotros triunfamos y tomamos el poder en Cuba, nos decía, nos
encontramos con un problema más difícil que el de la guerra: no
teníamos gente capacitada para asumir responsabilidades. En un principio
los cargos burocráticos se designaron prácticamente "a dedo".
La rápida ruptura con el imperialismo nos mostró la dramática
realidad: nos faltaban expertos para dirigir la economía, las industrias,
la agricultura. Especialmente doloroso resultó comprender que no teníamos
gente preparada en niveles intermedios, para orientar y dirigir a la masa que
en contacto con la revolución había adquirido una sensibilidad
extraordinaria y estaba ansiosa de aprender. Nos faltaban cuadros, es decir,
hombres con un adecuado desarrollo político para interpretar las directivas
que emanaban del poder central, convertirlas en realidad, trasmitiéndolas
sin distorsiones a ese conglomerado de hombres y mujeres que tenían fe
en nosotros, y a la vez poseer la suficiente sensibilidad como para percibir
las manifestaciones más íntimas de ese núcleo humano y,
a su vez, darlas a conocer al poder central.
Para el Ché, el cuadro debía reunir, entre otras, las siguientes
cualidades:
-Gran valor físico y moral, desarrollo ideológico que le permita
defender con su vida los principios revolucionarios, capacidad de análisis
para tomar decisiones rápidas y adecuadas, sentido de la creación,
disciplina y fidelidad.
El Ché quería que nosotros nos desarrolláramos no tan sólo
como cuadros, sino también como hombres nuevos dentro del proceso de
la lucha guerrillera. Constantemente nos repetía que teníamos
que ser los mejores, el núcleo que debía convertirse en maestro
de los nuevos combatientes que se fueran incorporando.
Pero esa formación del '”hombre del futuro", la toma definitiva
de conciencia de clase que nos debía convertir en agente catalizador
de las aspiraciones e inquietudes de la masa, teníamos que adquirirla
en el transcurso de la guerra.
El Ché consideraba que el hombre es un ser fácilmente moldeable.
Esta verdad la había descubierto la sociedad capitalista, por eso nos
había educado en el respeto hacia el sistema. En las frecuentes conversaciones
que teníamos durante las caminatas o en las exploraciones, nos instaba
a eliminar las taras de la vieja sociedad decadente, "tomar conciencia".
La conciencia era para él un valor fundamental. Su definición
era breve y certera:
-No puede verse el comunismo meramente como un resultado de contradicciones
de clase en una sociedad de alto desarrollo, que fueran a resolverse en una
etapa de transición para alcanzar la cumbre; el hombre es un actor consciente
de la historia. Sin esta conciencia, que engloba la de su ser social, no puede
haber comunismo.
La toma de conciencia que significa romper las cadenas que atan al hombre con
la sociedad decadente, equivale a su realización plena como criatura
humana.
Otro de los rasgos que estimulaba era el amor hacia sus semejantes.
A mi juicio uno de los trabajos que retrata mejor al Ché como hombre,
como político revolucionario, como el hermano más generoso de
los pueblos oprimidos, es "El Socialismo y el Hombre en Cuba" en el
que plantea:
"Déjeme decirle, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario
verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible
pensar en un revolucionario auténtico sin esa cualidad. Quizás
sea uno de los grandes dramas del dirigente; éste debe reunir a un espíritu
apasionado una mente fría y tomar decisiones dolorosas sin que se le
contraiga un músculo. Nuestros revolucionarios de vanguardia tienen que
idealizar ese amor a los pueblos, a las causas más sagradas y hacerlo
único, indivisible. No pueden descender con su pequeña dosis de
cariño cotidiano hacia los lugares donde el hombre común lo ejercita."
Ché fue generoso siempre. Fuimos testigos de cómo trató
sin rencor a los soldados enemigos, curó sus heridas aun restando medicamentos
a nuestra propia gente, les dio trato digno y justo. Más tarde ellos,
animalizados por el imperialismo, responderían a este gesto asesinándolo
cobardemente.
Las lecciones del Ché estén vigentes y creemos que se plasmarán
en los hombres del E.L.N., el ejército que él fundó.
VI) el nacimiento del ELN
En vísperas de la caminata que se inició el 1º de febrero,
cuya duración estaba programada para aproximadamente 20 días,
ya se podía hablar de un núcleo guerrillero vertebrado, que se
dividía en vanguardia, centro y retaguardia. A mediados de diciembre
Ché había hecho los primeros nombramientos, que recayeron en Joaquín
como segundo jefe militar, y jefe de la retaguardia, Marcos jefe de la vanguardia,
Alejandro como jefe de operaciones; Pombo de servicios; Ñato de abastecimientos
y armamento y Rolando y yo como comisarios políticos. Además se
me encargaron las tareas de finanzas. Moro fue designado jefe de los servicios
médicos. De esta manera, al iniciar nuestra larga exploración,
la columna ya estaba estructurada, para rendir su primera prueba de fuego. Los
objetivos que el Ché había planteado para esta maniobra militar
eran los siguientes.
-Dar un fuerte entrenamiento al núcleo guerrillero para que adquiriera
experiencia, se endureciera, aprendiera a sobrevivir en las condiciones más
difíciles, conociendo lo que es el hambre, la sed, la falta de sueño,
las caminatas agotadoras de día y de noche, y al mismo tiempo aprender
en el terreno nociones tácticas más profundas.
-Examinar las posibilidades de formación de núcleos campesinos,
contactándonos con ellos para explicarles el objetivo de nuestra lucha.
Ramón estaba plenamente consciente de que en el primer momento el campesinado
tiene más bien una actitud de desconfianza, que en la segunda etapa mantiene
una posición de neutralidad, y en la tercera, cuando la guerrilla se
desarrolla, está francamente de parte de las fuerzas liberadoras. Por
lo tanto debíamos pasar por la experiencia de la primera etapa y tratar
de formar bases de apoyo en el campo, aun cuando fueran débiles. Estamos
seguros que, de sobrepasar ese período, los campesinos habrían
estado de parte nuestra, como indudablemente ocurrirá en el futuro.
-Por último, conocer en detalle el terreno en el cual íbamos a
operar. Desde el momento en que el Ché ingresó al monte con otros
dos compañeros las perspectivas de combatir eran inmediatas. En ningún
instante se planteó la disyuntiva de que nos fueran a apresar mansamente,
sin oponer resistencia.
Por eso destinó cuatro compañeros para la defensa del campamento
principal, a pesar de que éste no tenía características
de "base de operaciones". Ellos fueron Arturo, Ñato, Camba
y Antonio. Coco se quedó en la casa de Calamina, esperando a Moisés
Guevara y sus hombres. Previniendo la posibilidad de una sorpresa dejó
un plan de emergencia, una forma de alarma para advertir si había ocurrido
algún ataque, instrucciones para la retirada, un esquema del recorrido
que nosotros haríamos, y por último, recomendó que cada
uno de los hombres llevara siempre dinero de reserva consigo.
Desde el principio la exploración fue durísima, un adelanto de
lo que vendría más tarde. En los primeros días muchos compañeros
quedaron prácticamente sin zapatos y la ropa se fue destrozando lentamente.
La zona estaba prácticamente deshabitada, a pesar de que en los mapas
oficiales estaban marcadas varias casas. El día 10 de febrero establecimos
contacto con el primer campesino. Resultó ser Honorato Rojas, un hombre
al que Ramón calificó inmediatamente de "potencialmente peligroso".
Más tarde Honorato Rojas se convertiría en un delator y principal
colaborador del ejército en la emboscada en la que perdieron la vida
Joaquín y el grupo de la retaguardia. Yo me presenté a Rojas como
"cazador" y el Ché asistió en carácter de "ayudante"
mío. Moro, nuestro médico, curó a los hijos del campesino
que tenían gusanos en distintas partes del cuerpo. Incluso uno de ellos
tenía varios hematomas, producto de una patada que le había dado
una yegua. Después de pedirle datos sobre casas por la cercanía,
ubicación de otros campesinos, posibilidades de comprar alimentos, etc.,
nos despedimos, comprometiéndose él a colaborar con nosotros.
La idea del Ché era llegar hasta el río Masicurí, para
que viéramos a los soldados, decisión sicológica importante,
aunque no deberíamos entablar combate con ellos en esos momentos.
Casi al terminar el mes ocurren dos hechos dolorosos: el primero de carácter
conflictivo y el segundo, la pérdida de uno de nuestros hombres antes
de combatir. Dos compañeros, Marcos y Pacho, tuvieron un incidente de
proporciones, motivado no solamente por el carácter de ambos, sino también
por las condiciones en que íbamos marchando, con alguna gente enferma,
sin comida, en condiciones que durante algunos días fueron infernales.
Me tocó conocer el problema, pues en mi carácter de comisario
político junto con Rolando debía intervenir en la solución
de ellos. Un mes más tarde el Ché conocería de otras actitudes
de Marcos y lo amenazó con expulsarlo deshonestamente de la guerrilla.
Marcos contestó que antes prefería morir fusilado. Por desgracia
el Diario del Ché es sólo la recopilación de apuntes para
su uso personal donde consignaba fundamentalmente los errores que debían
corregirse. Por eso no colocó algunos hechos que demuestran la firmeza
ideológica y el coraje de los compañeros.
Después de estos incidentes en que Marcos fue sustituido de la vanguardia,
mantuvo una conducta de absoluta disciplina, y se empeñó por ser
el mejor de todos. Incluso se destacaba por cargar, en condiciones cada vez
más difíciles, la mochila más pesada, y además de
su fusil Garand, una ametralladora 30. Marcos y Pacho murieron combatiendo heroicamente,
convirtiéndose en hombres ejemplares y queridos. El otro hecho penoso
fue la muerte de Benjamín, un joven boliviano de físico muy débil;
sin embargo tenía un carácter fuerte, una posición ideológica
muy desarrollada, y una decisión inquebrantable de defender con su vida
nuestros ideales. Ché quería mucho a Benjamín, y en los
meses que permaneció con nosotros, siempre lo estimuló a seguir
adelante. En el Río Grande Benjamín caminaba muy agotado y tenía
dificultades con su mochila. Cuando marchábamos por una faralla hizo
un movimiento brusco y cayó al río que iba muy crecido, y con
fuerte corriente. No tuvo fuerzas para dar unas cuantas brazadas. Corrimos a
salvarlo e incluso Rolando se tiró al agua y buceó tratando de
rescatarlo. No lo pudimos ubicar. Estos problemas hicieron impacto en nosotros.
Fue allí cuando afloró nuevamente el genio del Ché quien
nos dio lecciones de solidaridad, disciplina y moral.
Las principales armas de un ejército revolucionario
En los momentos más angustiosos nos decía:
-Las principales armas de un ejército revolucionario son su moral y disciplina.
La moral tiene dos sentidos: uno ético y otro heroico. En nuestros guerrilleros
deben reunirse las dos condiciones. Ustedes, por ejemplo, no pueden saquear
una población si ésta cae en poder de nosotros, ni maltratar a
sus habitantes, ni faltarles el respeto a las mujeres. Esto en lo ético.
En el sentido heroico es la decisión que debe tener cada uno de ustedes
para vencer, para combatir hasta la muerte en defensa de la revolución.
Ésa es la fuerza que nos llevará a realizar las más extraordinarias
hazañas. A estas dos condiciones hay que agregar la disciplina, que no
es la tradicional, la que ustedes han podido apreciar en los ejércitos
represivos. Disciplina para nosotros no es cuadrarse ante un superior jerárquico.
Ésta es una actitud extrema, formal, automática. Nuestra disciplina
es consciente, motorizada por una ideología. Ustedes saben por qué
luchan, por qué aspiran a tomar el poder. Los soldados de los ejércitos
represivos son entes fríos, mecánicos, vacíos por dentro.
Ésa es la diferencia entre ellos y nosotros. Y esa diferencia radica
en que ellos no tienen conciencia de lucha. Nosotros sí la tenemos.
También estimulaba el desarrollo de la solidaridad entre nosotros. En
una oportunidad nos dijo:
-Es nuestro deber rescatar a los guerrilleros muertos y darles sepultura. Pero
si por esa acción se va a perder otra vida, nadie debe correr ese riesgo.
Con nuestros heridos la sensibilidad debe ser mayor. Debemos jugamos por rescatarlos.
El esfuerzo por salvarlos debe ser real. La solidaridad entre los combatientes
es una muestra acabada de humanismo.
Estas conversaciones se realizaban cada vez que hacíamos un alto en la
marcha o cuando nos reuníamos en tomo a una fogata a comer una alimentación
pobre de proteínas.
Durante la exploración el Ché se enfermó. Sin embargo nos
estimulaba con su ejemplo. Nosotros sabíamos que iba mal, pero él
continuaba sin ceder un instante, con una voluntad férrea. Incluso se
enojaba cuando tratábamos de atenderlo o aliviarlo o si el cocinero trataba
de darle preferencia en la comida, o si veía que se le cambiaban las
postas por horarios más cómodos.
Hombre sensible, la muerte de Benjamín también lo golpeó.
Por eso habló nuevamente de la necesidad de recibir estos hechos con
estoicismo como un riesgo de la guerra.
-No deben desmoralizarse recalcó. Hay ocasiones en que parece que las
energías hubieran llegado al límite de nuestras fuerzas. Es entonces
cuando ustedes deben apelar con energía a su voluntad y dar un paso más.
Después de eso otro y otro, sin detenerse nunca.
Una anécdota de la que fui testigo muestra otra de las ricas facetas
de su personalidad. Por desgracia ella tampoco aparece reflejada en su Diario.
El 5 de febrero la vanguardia encontró dos animales: una yegua y un potrillo.
Como no había casas a muchos kilómetros de distancia, entendíamos
que esos animales no tenían dueño. Seguramente algún arriero
pasó por aquí con su tropilla y los animales se extraviaron, quedándose
en el monte. El hambre que pasamos en el período subsiguiente fue tan
grande que muchos hicimos comentarios de que regresando, los mataríamos
para comerlos. Ese comentario se convirtió luego en una actitud mental,
una especie de obsesión que nos intranquilizaba. Ché había
dicho que esos animales los llevaríamos a la finca para emplearlos en
labores agrícolas, ya que veía los acontecimientos con perspectivas
futuras. Faltando tres días para volver al campamento, hinchados por
la carencia de proteínas, de grasas, hambrientos, cansados, el problema
de los animales recrudeció. Hubo un instante en que el Ché amenazó
a dos compañeros con dejarlos sin comer si volvían a insistir
en el tema, sobre todo porque ya estábamos cerca de nuestro destino.
Él deseaba que nos forjáramos un carácter tal que nos permitiera
vencer todos los obstáculos, especialmente éste que podría
presentarse más adelante.
Algunos compañeros salieron a cazar pero sólo mataron unos pocos
pajaritos. En estas circunstancias Ché cambió de actitud y ordenó
matar al potrillo para que toda nuestra gente repusiera sus energías.
¿Qué significa esto? Simplemente que el Ché era un hombre
de buen criterio, que sabía analizar con serenidad todas las circunstancias
y resolver con justicia los problemas. No era un hombre obcecado que defendiera
porque sí las decisiones. Sabía cambiarlas si a su vez las circunstancias
se modificaban. La pérdida de otro hombre -Carlos-, volvió a entristecemos.
Era un combatiente que pertenecía a la retaguardia. De él dice
el Ché en su Diario:
"Hasta este momento era considerado el mejor hombre de los bolivianos,
en la retaguardia, por su serenidad, seriedad y entusiasmo."
Su muerte fue similar a la de Benjamín. Cruzando el Río Grande
en la desembocadura del Ñancahuazú, la balsa fue arrastrada por
la fuerte corriente. Un remolino lo sacó con violencia, junto a Braulio,
y se perdieron en las aguas turbias del río. Braulio se salvó,
Carlos fue arrastrado, al parecer inconsciente. Joaquín, que había
salido más adelante con el resto de la gente de la retaguardia, no lo
vio pasar.
El Ché conoció esta nueva pérdida luego que Miguel y Tuma,
que se habían adelantado para llevar comida a la gente de la retaguardia
comandada por Joaquín, regresaron de su misión. Habíamos
perdido otro hombre sin entrar en combate. Esta experiencia lamentable también
fue aprovechada para sacar conclusiones y estimular a los compañeros
a que siguieran adelante sin vacilaciones. En una de sus frecuentes charlas
en este período subrayó:
Vencer a la naturaleza, sin desafiarla ciegamente
-A la naturaleza hay que vencerla. El hombre siempre triunfará sobre
ella. Pero no hay que desafiarla ciegamente. La valentía debe estimularse
siempre que no se convierta en imprudencia. En esta oportunidad el río
venía muy crecido, con una corriente violenta. Tal vez se pudo esperar
mejores condiciones. En todo caso en el futuro debe tenerse en cuenta esta situación.
El 19 de marzo tuvimos el primer presagio de que algo importante ocurriría
al ver una avioneta que sobrevolaba en insistente misión de reconocimiento
por la zona. Casi al llegar al campamento Ché se encontró con
el Negro (el médico peruano que venía a quedarse con nosotros)
y con Benigno, quien se había adelantado para llevarnos comida. Las noticias
que nos dieron fueron nutridas. En el campamento principal estaban esperándonos
Debray, el Chino, Tania, Bustos y Guevara, con los nuevos combatientes. El ejército
había atacado nuestra finca después que dos hombres habían
desertado entregando valiosa información, luego de ser apresados en Camiri.
Es necesario referirse a los desertores con el objeto de trasmitir nuestra experiencia
a otros revolucionarios latinoamericanos: A la guerrilla se ingresa en muchas
ocasiones con escasa preparación ideológica, motivados por las
hazañas épicas, episodios heroicos o simplemente por intuición
político-militar. Se produce entonces un proceso de idealización
falsa de la lucha y de la vida guerrillera, fenómeno que se acentúa
más entre los estudiantes, universitarios especialmente. Se tiene la
equivocada impresión de que el guerrillero está cómodamente
instalado en su campamento, durmiendo en una hamaca, comiendo poco. Desde allí
planifica una batalla, se enfrenta con el ejército, alza sus muertos
y heridos y regresa al campamento a reponer energías. Por eso cuando
llegan y se enfrentan con la realidad, sufren un fuerte impacto. Eso no es lo
que ellos pensaban, una vida extremadamente dura, el constante "gondoleo"
o tareas de constructor, la carga pesada de la mochila que a veces dobla las
piernas, el hambre que a veces se clava en el estómago como un cuchillo
afilado, las caminatas largas por terrenos difíciles, y la siempre latente
posibilidad de encontrar soldados emboscados, influye en la mente de esa gente
débil ideológicamente. Por eso es necesario tener un criterio
muy selectivo en el reclutamiento de hombres para la guerrillas teniendo siempre
en cuenta que ésta es la "vanguardia de la vanguardia".
Tal cosa ocurrió con algunos hombres. La realidad los asustó y
desertaron. Un desertor siempre es un delator en potencia. Cuando llegaron a
Camiri el ejército los detuvo presumiendo que venían de la finca
donde ellos creían que se fabricaba cocaína. Lo demás es
conocido como para abundar en detalles: hablaron, dijeron que había un
grupo alzado pero no pudieron dar mayores antecedentes, porque nosotros estábamos
en exploración y ellos no nos vieron. Sin embargo entregaron algunos
indicios de que en Nacahuazú podía estar el Ché, pues habían
escuchado algunas infidencias. También sabían que habían
hombres de otras nacionalidades.
Ramón conversó con el Chino, que venia a incorporarse con otros
tres compañeros peruanos a nuestro grupo guerrillero el día 20
de marzo, el Ché me relató más tarde aspectos sobresalientes
de esta charla, y profundizó la idea sobre algunas cuestiones tácticas
con relación a la continentalidad de la lucha, y la conducta que debía
seguirse en ese momento. El Chino planteó entrenarse con nosotros en
forma práctica, participando en algunos combates, para luego alzarse
en el Perú. En su Diario Ramón explica escuetamente:
"Hablé preliminarmente con el Chino. Pide cinco mil dólares
mensuales durante diez meses y de La Habana le dijeron que discutiera conmigo.
.. Le dije que en un principio si, sujeto a que en seis meses se alzara. Piensa
hacerlo con 15 hombres y él como jefe en la zona de Ayacucho. Convinimos
además, en que le recibiría cinco hombres ahora y quince más
con algún lapso y los enviaría con sus armas luego de entrenarlos
en combate."
Ché tampoco quería que la Internacionalización de la lucha
trascendiera rápidamente los ámbitos bolivianos, y se conociera
su presencia allí por razones puramente tácticas. En diversas
conversaciones me dijo que si el imperialismo ignora en la primera etapa su
presencia, y la composición de la guerrilla, sólo iba a entregar
armas y "asesoramiento" al ejército. Sin embargo si conocía
en forma inmediata las perspectivas de la lucha entraría con todas sus
fuerzas en forma directa como lo ha hecho en Vietnam para aplastar el foco en
su embrión.
-Esto ocurrirá tarde o temprano -decía el Ché-, pero mientras
más se retrase tanto mejor. Ello nos permitirá foguearnos, adquirir
experiencia, endurecer nuestras fuerzas y convertirlas en un núcleo mucho
más eficiente.
"Sabemos que finalmente enfrentaremos en forma directa al ejército
imperialista, pero de todas maneras es necesario por ahora, tomar ciertas medidas
de tipo táctico. Independientemente de esa cuestión, si es necesario
enfrentar ahora al ejército imperialista, lo haremos sin vacilaciones.
Hasta la víspera de nuestro primer combate guerrillero -la emboscada
de Ñancahuazu- nuestra columna no tenía nombre. Existía
como un ejército diminuto, pero decidido a dar batalla, en cualquier
instante. Es cierto que todavía se observaban algunas debilidades, pero
éstas eran producto de su incipiente formación. Sin embargo ya
habíamos tenido una prueba de fuego durante la marcha de 47 días
que endureció a nuestros hombres y afloró en toda su inmensa realidad
las características de la lucha, que tendría dimensiones épicas.
Los lineamientos programáticos de nuestro núcleo se habían
estudiado suficientemente durante nuestra marcha de exploración, de manera
que todos conocíamos por qué pelearíamos, y cuales eran
nuestras perspectivas futuras. Sin embargo el Ché, en una actitud pedagógica
característica en él, decidió dictarnos un manifiesto que
se distinguía por carecer de todo tipo de signos gramaticales. Cada vez
que se refería a nuestra guerrilla dejaba un espacio en blanco, con el
objeto de que nosotros la "bautizáramos". Su explicación
fue la siguiente:
-Este manifiesto que les he dictado tiene dos objetivos: el primero tiene carácter
de cultura general (ustedes deben poner la puntuación y corregir la redacción);
el segundo tiene carácter político. Es necesario que lo lean bien,
agreguen antecedentes, eliminen lo que crean conveniente, definan qué
somos y para qué estamos aquí. Por último coloquen el nombre
que tendrá nuestro ejército.
Durante la exploración continuamos con cierta irregularidad nuestros
estudios habituales, pero no fue posible examinar debidamente el documento.
De regreso encontramos que los acontecimientos se precipitaban aceleradamente:
Llegaron los visitantes, entró el ejército a la finca, y luego
se produjo la primera emboscada netamente exitosa para nosotros. Fue entonces
cuando hubo necesidad de divulgar nuestro primer manifiesto, redactado completamente
por el Ché, y que por su valor histórico lo reproducimos íntegramente:
D XVII Comunicado Nº 1 AL PUEBLO BOLIVIANO
Frente a la mentira reaccionaria, la verdad revolucionaria.
El grupo de gorilas usurpadores, tras asesinar obreros y preparar el terreno
para la entrega total de nuestras riquezas al imperialismo norteamericano, se
burló del pueblo con una farsa comicial. Cuando llega la hora de la verdad
y el pueblo se alza en armas respondiendo a la usurpación armada con
la lucha armada, pretende seguir su torneo de mentiras.
En la madrugada del 23/III fuerzas de la IV División, con acantonamiento
en Camiri, en número aproximado de 35 hombres al mando del mayor Hernán
Plata Ríos se internaron en territorio guerrillero por el cauce del río
Ñancahuazu. Si grupo íntegro cayó en una emboscada tendida
por nuestras fuerzas. Como resultado de la acción quedaron en nuestro
poder 25 armas de todo tipo, incluyendo 3 morteros de 60 mm con su dotación
de obuses, abundante parque y equipos. Las bajas enemigas fueron siete muertos,
entre ellos un teniente, y catorce prisioneros, cinco de los cuales resultaron
heridos en el choque, siendo atendidos por nuestros servicios sanitarios, con
la mayor eficiencia que permiten nuestros medios. Todos los prisioneros fueron
puestos en libertad previa explicación de los ideales de nuestro movimiento.
La lista de bajas enemigas es la siguiente:
Muertos: Pedro Romero, Rubén Amézaga, Juan Alvarado, Cecilio Márquez,
Amador Almasán, Santiago Gallardo, y el delator y guía del ejército
apellidado Vargas.
Prisioneros: Mayor Hernán Plata Ríos, Cap. Eugenio Silva, soldados
Edgar Torrico Panoso, Lido Machicado Toledo, Gabriel Durán Escobar, Armando
Martínez Sánchez, Felipe Bravo Siles, Juan Ramón Martínez,
Leoncio Espinoza Posada, Miguel Rivero, Eleuterio Sánchez, Adalberto
Martínez, Eduardo Rivera y Guido Terceros. Los cinco últimamente
nombrados resultaron heridos.
Al hacer pública la primera acción de guerra establecemos lo que
será norma de nuestro ejército: La verdad revolucionaria. Nuestros
hechos demostraron la justeza de nuestras palabras. Lamentamos la sangre inocente
derramada por los soldados caídos, pero con morteros y ametralladoras
no se hacen pacíficos viaductos, como afirman los fantoches de uniformes
galonados, pretendiendo crearnos la leyenda de vulgares asesinos. Tampoco hubo
ni habrá un solo campesino que pueda quejarse de nuestro trato y de la
forma de obtener abastecimientos salvo los que, traicionando a su clase, se
presten a servir de guías o delatores.
Están abiertas las hostilidades. En comunicados futuros fijaremos nítidamente
nuestra posición revolucionaria; hoy hacemos un llamado a obreros, campesinos,
intelectuales, a todos los que sientan que ha llegado la hora de responder a
la violencia con la violencia y de rescatar un país vendido en tajadas
a los monopolios yanquis y elevar el nivel de vida de nuestro pueblo. EJERCITO
DE LIBERACION DE BOLIVIA
De acuerdo con los planteamientos tácticos formulados desde un principio
por el Ché el documento estaba dirigido "al pueblo boliviano",
denunciaba que el país estaba "vendido en tajadas a los monopolios
yanquis" y entregaba una relación estrictamente verdadera de lo
ocurrido. Estaba fechado el 23 de marzo de 1967 y lo firmaba el "Ejército
de Liberación Nacional de Bolivia". Más tarde otros comunicados
se abreviaron firmando simplemente "E.L.N.".
Los acontecimientos guerrilleros que conmovieron a la opinión pública
durante los ocho meses siguientes popularizaron el nombre de "E.L.N.",
su denominación actual.
En los documentos falta nuestra consigna de ¡VICTORIA O MUERTE! creada
también por el Ché. Ella no es una simple frase. Tiene una motivación
muy importante que fue desarrollada de esta manera por Ramón:
El pueblo tiene una sola alternativa: la victoria. Nuestros enemigos también
tienen una sola alternativa: la muerte. Podemos ser vencidos, o nuestra lucha
puede sufrir tropiezos, pero independientemente de esas dificultades transitorias,
el pueblo vencerá. Ésta es una verdad indiscutible. La alternativa
de victoria o muerte -ambas- son para nosotros, los guerrilleros. Podemos llegar
a ver el triunfo final, o podemos caer en el camino, Pero si morimos la lucha
seguirá adelante sin detenerse.
VII) Los primeros combates
El programa preliminar del Ché, descansar varios días, para reponer
energías mientras se entrenaban loa nuevos compañeros, fue bruscamente
alterado. El 17 de marzo alrededor de 60 soldados se habían metido por
el camino de Algarañaz y se llevaron preso a Salustio. Uno de los reclutas
que debutaba como mensajero. En el ataque a la Casa de Calamina, el Lorito había
matado a uno de los guardias. Al conocer la noticia, Marcos ordenó la
retirada porque estimaba que no se debía defender posiciones. En el Diario
del Ché aparece descrito el problema en la siguiente forma:
-Rolando había sido enviado para organizar la retirada de todo, un clima
de derrota imperaba. Poco después llegó un médico boliviano
recién incorporado con un mensaje para Rolando en el que se le comunicaba
que Marcos y Antonio estaban en la aguada, que fuera a entrevistarse. Le mandé
a decir con el mismo mensajero que la guerra se ganaba a tiros, que se retiraran
inmediatamente al campamento y allí me esperaran. Todo da la impresión
de un caos terrible, no saben qué hacer.
Más tarde el Ché me explicó su decisión. El criterio
de que la guerra no defiende posiciones es correcto, pero hay que tomar en cuenta
una serie de factores que se habían acumulado hasta ese momento.
En primer lugar, nosotros no "defendíamos una posición"
puesto que el campamento no tenía ese carácter. Además
en el trabajo preparatorio de las acciones militares habían quedado demasiadas
huellas por la falta de cuadros para realizar una serie de labores preliminares.
Eso nos obligó a "quemar" compañeros. La misma Casa
de Calamina se había convertido en un foco de sospecha y Algarañaz
incluso nos había enviado un cazador para que nos vigilara constantemente.
Retirarse en ese momento, sin dar batalla cuando la guerrilla había sido
detectada por los datos que habían entregado los desertores, significa
simplemente que se iniciara una persecución contra nosotros por un ejército
con energías, fresco, con moral elevada. Por el contrario, combatir significaba
foguearse para afrontar con decisión las futuras batallas. Hay que tener
en cuenta que de todas maneras, tendríamos que combatir en los días
subsiguientes, por los factores ya mencionados. Otra alternativa, aunque parezca
extremista, habría sido desaparecer como guerrilla hasta crear las condiciones
en la ciudad, tomar contactos nuevamente, reclutar nuevos elementos para recomenzar.
Esto era absurdo. Por otra parte, por las penurias que nos ocasionó la
marcha de exploración, veníamos con la moral no muy alta, no con
buena disposición combativa. El momento táctico se presentaba
ahora con todas sus perspectivas favorables para nosotros. Por eso el Ché
consideró un grave error retirarse en esos momentos y ordenó a
Rolando tender una emboscada río abajo. Enseguida ordenó la defensa
en la entrada del campamento y envió a un grupo de compañeros
a explorar río abajo.
El día 22 de marzo fue de tensos preparativos. A las 7 de la mañana
del 23, mientras Rolando revisaba las posiciones de los guerrilleros emboscados,
se sintió un chapoteo por el río. Rápidamente se situó
en su lugar y esperó que la tropa fuera avanzando lentamente. Se mantuvieron
en silencio hasta que penetró un grupo grande. Rolando, como responsable
de esta primera acción nuestra, abrió fuego sorpresivamente. Muchos
soldados se desplegaron en posición combativa. Los pocos que hicieron
frente fueron abatidos en forma rápida. El resto huyó. El fuego
duró aproximadamente unos seis minutos, según informó Rolando
al Ché, hasta que las fuerzas enemigas se rindieron.
En estos combates participaron Rolando, Benigno, Coco, Guevara, Pablito, Ernesto,
Apolinar y Walter, los que mataron a 7 soldados, hirieron a 6 y tomaron 11 prisioneros.
Otros 8 soldados escaparon. Como se puede apreciar las fuerzas enemigas eran
cuatro veces más grandes que la nuestra. Nosotros no tuvimos bajas. Además
quedaron en nuestro poder 3 morteros de 6O mm, y ocho cajas de granadas, una
ametralladora calibre 30 con 500 tiros, 2 ametralladoras BZ, 2 metralletas UZI,
16 Mauser con dos mil cartuchos, 2 aparatos de radio y otros elementos.
Coco llegó a las 8 de la mañana a nuestras posiciones para dar
cuenta del resultado de la batalla. Inmediatamente Ché ordenó
que Marcos saliera por el camino de maniobras número 1 con el objeto
de cortarle la retirada por detrás al ejército si éste
avanzaba por el cañón del río tratando de llegar al campamento
y a Braulio lo envió con la retaguardia por el camino número 2
para impedir que saliese del cañón que era una verdadera trampa
mortal. El centro atacaría desde las posiciones que ya estaban ocupadas.
Ché me ordenó interrogar a los prisioneros y presentarme como
jefe. Esta misión la cumplí durante todo el transcurso de la guerra.
El trato que ordenaba dar a los prisioneros
El mayor Plata, jefe de las fuerzas prisioneras, lloriqueó largamente
mientras los soldados nos pedían que lo fusiláramos por los malos
tratos y los abusos que cometía. Por encargo del Ché le dije que
todos los prisioneros quedarían en libertad, que le dábamos plazo
hasta el 27 a las 12 del día para retirar a sus muertos. Muy asustado
manifestó que se retiraría del ejército. Nos dio una serie
de datos importantes sobre las operaciones que se estaban realizando. Por ejemplo,
nos dijo que ese ataque estaba programado junto con un bombardeo que se iniciaría
a mediodía. Ellos debían dejar señaladas sus posiciones,
con el objeto de que no sufrieran bajas. La emboscada los hizo perder contacto
radial e impidió que la aviación actuara. En realidad, el bombardeo
se realizó al día siguiente. El capitán Silva, otro de
los prisioneros, también habló mucho informando que había
reingresado al ejército por petición del PCB, que tenía
un hermano estudiando en Cuba y luego dio los nombres de otros dos oficiales
que podían ser colaboradores. Les quitamos toda la ropa a los prisioneros,
excepto a los dos oficiales que conservaron sus uniformes, y les dimos nuestras
vestimentas civiles que estaban guardadas en las cuevas. También curamos
a los heridos y les explicamos a los soldados los objetivos de nuestra lucha.
Ellos nos contestaron que no sabían por qué los habían
mandado a combatirnos, que estaban de acuerdo con lo que nosotros decíamos
y nos reiteraban la petición de fusilar al mayor Plata, oficial que tenía
una actitud déspota en la unidad pero que ahora, delante de la tropa,
se comportaba como un cobarde. Le explicamos que nosotros no matábamos
a enemigos desarmados y tratábamos a los prisioneros como seres humanos,
con dignidad y respeto.
Los días siguientes a la emboscada fueron de euforia y presión
y alegría porque se iniciaba una etapa histórica con una fuerza
combativa, pequeña pero con la moral muy alta. Además el resonante
y sorpresivo triunfo revelando la presencia de un foco guerrillero acaparaba
el primer lugar de las noticias que escuchábamos por radio. La presión
era producto de la presencia de los dos visitantes: Régis Debray y Ciro
Bustos (el Pelao). Tania había sido detectada y forzosamente tenía
que quedarse con nosotros hasta esperar una oportunidad adecuada para que saliera
con la más absoluta seguridad. El Chino, que también había
quedado como visitante, decidió quedarse como combatiente. Pero Debray
y Bustos debían salir en el menor tiempo posible. En una reunión,
realizada el 27 de marzo, Ché planteó que las tareas inmediatas
eran:
a) Sacar a los visitantes por un camino seguro, cercano a la ciudad.
b) Esconder todo el armamento y materiales que habían caído en
nuestro poder después de la primera emboscada más algunas cosas
nuestras para lo cual era necesario abrir otra cueva estratégica, labor
que estaría a cargo de Moisés Guevara.
c) Enviar 10 hombres a buscar maíz a la finca, tarea que debían
realizar con mucho cuidado para evitar que el ejército los sorprendiera.
Al día siguiente cuando nuestros hombres fueron a la finca a buscar el
maíz se encontraron con que la cueva táctica había sido
revisada por el ejército. Sorpresivamente llegaron también siete
funcionarios de la Cruz Roja, varios soldados sin armas y dos médicos.
Más tarde apareció un camión lleno de soldados, pero nuestros
compañeros les ordenaron retirarse, cuestión que el ejército
cumplió obedientemente.
Estos acontecimientos se producían 24 horas después del plazo
que les habíamos dado para que recogieran sus muertos, lo que demuestra
la desmoralización que había en sus filas y el respeto a nuestros
hombres.
Mientras tanto Debray planteó que para él era un deber moral integrarse
en nuestro núcleo guerrillero.
El famoso autor de "Revolución en la Revolución", conocido
entre nosotros por Dantón, quería demostrar que no era un simple
teórico, sino también un hombre de acción. Ché nos
explicó que en esas circunstancias el filósofo francés
era más necesario afuera que dentro. Dantón podría servir
para dirigir un gran movimiento de solidaridad con nuestro foco, obtener declaraciones
de intelectuales, reunir dinero, hacerse cargo de la propaganda, etc. Por lo
escueto y personal, el Diario del Ché no refleja la opinión cabal
que tenía sobre Debray, hombre al que estimaba mucho y le concedía
gran valor intelectual, Ché le dijo que en ese momento debería
salir y que más tarde tendría suficiente tiempo para realizar
su experiencia guerrillera.
Con el objeto de sacar a los visitantes y cambiar nuestra zona de operaciones,
conforme a los planes trazados previamente por Ramón, nos dirigimos a
Gutiérrez porque el camino a Muyupampa, según nuestras primeras
informaciones, estaba cortado por el ejército; sin embargo en Pirirenda
nos enteramos de que en Gutiérrez también había tropas,
por lo que decidimos regresar a Ñancahuazú, luego de la fuga de
uno de los pobladores que, supusimos, informaría de nuestra presencia
al ejército.
En Iripítí nos juntamos con la retaguardia que estaba al mando
de Rolando y con el personal enfermo en el que estaba Joaquín. Ahí
acampamos y se iniciaron las exploraciones para dirigirnos nuevamente a Gutiérrez,
lugar que parecía más indicado para evacuar a los visitantes,
Iripití fue el escenario de nuestro segundo combate y la tumba de nuestro
primer compañero, el Rubio, José Suárez Gayol, un hombre
de magníficas condiciones humanas, excelente compañero, con una
moral sencilla y valiente, Vice-Ministro del azúcar, dejó todo,
familia, honores para incorporarse a nuestra lucha.
A las 10 de la mañana del 10 de abril, nuestra retaguardia que estaba
emboscada avistó una patrulla del ejército de varios hombres.
La dejó avanzar hasta una distancia prudente. Veinte minutos más
tarde comenzaba el combate con un saldo de tres muertos, un herido y siete soldados
capturados. En nuestro poder cayeron también 6 fusiles Garand con una
carabina M-1 y 4 fusiles mausers. Por nuestra parte perdimos al Rubio.
Cuatro soldados escaparon. Por esta razón, Ché ordenó adelantar
la emboscada, esperando que el ejército enviara refuerzos de tropas a
investigar lo ocurrido.
Nuevamente me tocó interrogar a los prisioneros. Nos dijeron que formaban
parte de una compañía, que estaba río arriba, en Ñancahuazú,
que había atravesado el cañón, recogido sus muertos y tomado
el campamento.
Tal como se pensaba, una compañía de aproximadamente 120 hombres
al mando del mayor Sánchez, entró en nuestra emboscada. A las
17:10 empezó de nuevo el combate con una victoria para nosotros, y un
saldo negativo para el enemigo de 7 muertos, 6 heridos y 13 prisioneros, incluyendo
al jefe de la columna. Además ocupamos una Browning, un mortero, 15 garands,
4 M-3, 2 M-1 y 5 mausers. Inexplicablemente, esta columna entró confiada
a nuestra emboscada, sin tomar ninguna medida de seguridad. Cuando se les abrió
fuego trataron de buscar protección. Como no encontraron dónde
cubrirse se dispersaron y el resto de la tropa huyó internándose
en el monte. Comenzamos entonces una persecución con tiros esporádicos
contra los soldados. En ella Coco apresó al mayor Sánchez, al
que Rolando. que estaba cerca, lo conminó a que diera la orden de rendición
a su tropa. Sánchez ordenó a su gente que se retirara
El mayor Sánchez pensó que lo íbamos a fusilar y cuando
lo interrogué me pidió por favor se le permitiera enviar un recado
a su esposa con uno de los soldados. Como lo había hecho anteriormente
con el cobarde mayor Plata, le dije al mayor Sánchez que era norma nuestra
respetar al enemigo vencido, garantizarle su vida, curar a sus heridos y permitirle
llevarse a sus muertos junto con sus efectos personales. Le pregunté
enseguida por qué había entrado tan confiado en el cerco y contestó:
-Veníamos a buscar a nuestros muertos y a investigar lo ocurrido. Como
nos han enseñado que el guerrillero da un golpe y se retira no nos imaginamos
que ustedes estaban aquí de nuevo esperándonos.
La respuesta del mayor Sánchez es una lección para las fuerzas
guerrilleras. No debemos regirnos por esquemas, debemos crear siempre, desconcertar
al enemigo. En la mañana siguiente pusimos en libertad a los prisioneros
y les permitimos llevarse a los muertos y heridos de ambas batallas. También
les concedimos una tregua de 24 horas.
El interrogatorio hecho a los prisioneros nos había llevado a la conclusión
de que las tropas que cerraban el Ñancahuazú arriba eran las que
se habían desplazado hasta la Casa de Calamina. Por lo tanto, el camino
a Muyupampa estaba expedito. Como ya estábamos detectados en la zona
de Iripití, Ramón cambió de itinerario y en lugar de partir
hacia Gutiérrez iniciamos la marcha hacia Muyupampa, siempre con el objetivo
de sacar con seguridad a Debray y a Bustos.
Emotivo acto por la primera sangre caída, cubana...
La muerte de Rubio conmovió a todos. Yo había visto que ocupaba
una mala posición, pues era visible desde el río. Por eso le sugerí
que la corrigiera. Cuando lo fueron a ver luego del tiroteo de la emboscada
de la mañana, tenía una bala en la cabeza y murió a los
pocos instantes. Fue su primer y único combate. Ché hizo un emotivo
acto de recordación resaltando que la primera sangre caída era
cubana, por lo que era necesario más que nunca integrarse con afecto
y eliminar cualquier tendencia chauvinista.
El 17 de abril nos quedamos esperando que avanzara el ejército, después
que un campesino se escapó. No sucedieron acontecimientos guerreros.
Ese mismo día "El Pelao" habló con Pombo y le planteó
que estaba muy inquieto por sus hijos, que no les había dejado recursos
económicos para subsistir y tenía que cumplir otra serie de misiones
en Buenos Aires. Le solicitó también que la salida no se realizara
por un lugar donde la guerrilla hubiese operado para no llamar la atención
del ejército. Pombo le contestó que no había por qué
agitarse y esperara tranquilo el momento oportuno. Ya se notaba en él
los primeros síntomas de desesperación.
En lo sucesivo es necesario mencionar una serie de fechas, pues se producen
hechos que tienen una secuela de consecuencias posteriores. Ese mismo día
Ché dio orden a Joaquín que se quedara con cuatro hombres considerados
"resacas" y agregó al grupo de Moisés Guevara, Alejandro
y Tania, pero estos últimos en calidad de enfermos. Moisés había
sido afectado por un fuerte cólico hepático y Tania junto con
Alejandro tenían el cuerpo hinchado y fiebre que oscilaba entre los 38
y 39 grados. Joaquín debía esperar por la zona, maniobrar pero
sin chocar frontalmente contra el ejército. Como se puede apreciar se
preveían dos cuestiones: nuestro pronto regreso (3 a 5 días) después
de evacuar a los visitantes y la posibilidad de reintegro a la escuadra del
centro que mandaba el Ché, de cuatro compañeros: los tres enfermos
más el médico -Negro- que se había quedado con ellos. Éste
fue, sin embargo, el último contacto que tuvimos con la retaguardia por
una serie de factores que narraremos más adelante. Debemos destacar que
siempre, en toda oportunidad, tratamos de ubicar a estos compañeros:
incluso pensamos que Joaquín iría al Rosita, región que
habíamos explorado en febrero-marzo y que era uno de los lugares de maniobra
que el Ché había dado a conocer al jefe de la retaguardia. Nosotros
sabíamos que Joaquín no tenía fuerza combativa con cuatro
hombres/resacas, tres enfermos de consideración y sólo 10 compañeros
que tenían que llevar todo el peso de las operaciones, de manera que
nuestro afán por contactar con él fue permanente.
El 18 fue de caminata y exploración. Además detuvimos a algunos
campesinos para que nos vendieran alimento y nos entregaran información.
Al día siguiente se produjo otro acontecimiento novedoso: llegó
hasta nosotros el periodista anglo-chileno George Andrew Roth, guiado por unos
muchachitos del lugar por donde se había quedado operando Joaquín.
El periodista nos pareció sospechoso. Su pasaporte tenia tachada la profesión
de estudiante y cambiado por la de periodista, aunque él decía
ser fotógrafo profesional que trabajaba como "free-lancer"
para algunas publicaciones extranjeras. También tenia documentos como
instructor dé los Cuerpos de Paz, visa de Puerto Rico. Además
en su libreta de apuntes traía un cuestionario de preguntas que, según
él, tenían por objeto confirmar los rumores difundidos por el
ejército de que el Ché estaba con nosotros con el nombre de Ramón,
además de la presencia de Tania y Debray. Estos informes los habían
entregado los delatores.
Nuevamente me correspondió interrogar al prisionero. Contó que
había estado con el ejército en nuestro campamento, y que incluso
se había encontrado un diario de Braulio, donde se decía que Ramón
era el Ché. Roth y los muchachitos guías relataron luego que el
ejército estaba en Lagunillas y conocía nuestra presencia.
Le entregué a Roth una entrevista conmigo -el "Jefe" de la
guerrilla- que había sido redactada por Ché y contenía
un apretado relato de las acciones que habían ocurrido los días
anteriores y los objetivos de nuestra lucha.
Ché se quedó con Pombo, Tuma y Urbano, cerca de Muyupampa. Al
llegar cerca del pueblo dejamos al Pelao, Debray y Roth. Régis me pidió
encarecidamente que le dijera al Ché que él salía en ese
momento sólo por no dejar abandonado a Bustos, el que se encontraba muy
desesperado y con bastante miedo. A esas alturas el Pelao ya mostraba lo que
sucedería en el futuro. Por eso no nos sorprendió mucho que se
convirtiera en eficiente colaborador del ejército, identificara a los
cadáveres de nuestros compañeros muertos e hiciera dibujos de
nuestros rostros, además de entregar una serie de datos característicos.
El objetivo nuestro y la petición de los visitantes estaban cumplidos.
Esa noche no quisimos tomar Muyupampa porque nos informaron que el ejército
nos estaba esperando en el pueblo.
El día 20 fue de agitación, "parlamentarismo" y bombardeo.
En nuestro viaje de regreso para juntamos con Joaquín tratamos de conseguir
alimentos, que ahora se convertía en un serio objetivo.
Llegamos a la casa de Nemesio Caraballo, un hombre que la noche anterior nos
había ofrecido café y había tenido una actitud amable con
nosotros. Ahora no estaba. Se había ido dejando solo a unos trabajadores
que estaban muy temerosos. Les compramos algunos víveres y organizamos
el almuerzo. Pasado el mediodía apareció una camioneta con una
bandera blanca en la que venía un sacerdote, un médico y el subprefecto
de Muyupampa. El cura era alemán. Nos traían en señal de
buena voluntad, algunas golosinas y cigarros. La delegación nos ofreció
"paz de tipo nacional" y nos rogó que no atacáramos
Muyupampa porque el ejército estaba atrincherado. "No queremos derramamiento
de sangre", reiteró.
Derecho de unirse de pobres y revolucionarios
Les contesté que no queríamos una "paz nacional" a menos
que nos entregaran el poder, que era el objetivo de nuestra lucha como vanguardia
del pueblo. Les pregunté cómo vivían los campesinos de
los alrededores, la forma como los explotaban y al médico le exigí
datos sobre la mortalidad infantil. Como en toda Bolivia, el cuadro era allí
deprimente. Les dije: ¿Encuentran justa esa situación? Nosotros
estamos peleando para que los pobres no sean más pobres y los ricos más
ricos. Nosotros estamos combatiendo por el progreso del pueblo, para que no
haya tanta hambre, tanta miseria. Especialmente el cura, contestó en
forma de crítica que con nosotros estaban participando extranjeros. Le
repliqué que los pobres, que los revolucionarios de todos los países,
teníamos derecho a unirnos para luchar contra un enemigo común
que estaba unido antes que nosotros y que era cruel y fuerte que esta situación
daba carácter internacional a la lucha y que por eso nuestro ejército
tenía abiertas las puertas a los patriotas de cualquier parte del mundo
que quisieran participar con nosotros en la gran empresa de libertar a Bolivia.
(Por instrucciones expresas del Ché, yo no debía desmentir categóricamente
la presencia de compañeros de otras nacionalidades, aunque tampoco había
de confirmarla, pues él sabia que este diálogo sería publicado
y difundido Internacionalmente.)
Finalmente les ofrecí una paz para Muyupampa con la condición
de que nos trajeran antes de las seis de la tarde una camioneta con víveres
y medicinas que necesitamos.. Por los mismos personajes nos informamos que Dantón,
Roth y Bustos habían sido detenidos.
La delegación se retiró, pero en lugar de medicinas y alimentos
llegaron los aviones a bombardearnos. Tres AT-6 dejaron caer sus cargas mortíferas
cerca de la casita donde estábamos ubicados y una esquirla hirió
levemente en un pie a Ricardo.
Esa noche salimos rumbo a Ticucha. Desde ese momento tratamos de ubicar a Joaquín
y al mismo tiempo proveernos del máximo de alimentos. El 22 tuvimos un
breve choque con el ejército. En la mañana habíamos sorprendido
al chofer de una camioneta de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos
(YPFB) que estaban examinando nuestras huellas acompañado por un campesino
que habla delatado nuestra presencia. Los apresamos. Enseguida nos emboscamos
para detener otros vehículos y golpear al ejército si se acercaba
hasta nuestras posiciones. Sólo logramos conseguir alguna mercancía
y plátano de un camión que cayó más tarde. A las
8 de la noche, cuando estábamos listos para partir, se sintió
un breve tiroteo. Era Ricardo que sorprendió a un grupo de soldados y
a un guía que llegaban a un firme para enseguida caer sobre nosotros.
No supimos si habíamos ocasionado bajas al enemigo. En esa oportunidad
se nos perdió el Loro Vázquez.
Nuestros hombres estaban emboscados y Rolando había dado orden de abandonar
las posiciones a las 18.30 horas. Después de ese plazo, le esperaron
un largo rato pero no apareció. Días más tarde la radio
anunció que había sido capturado herido. Luego difundió
su "fuga" del hospital de Camiri. Algunos periodistas han divulgado
la idea de que el Ché lo envió en una misión solitaria.
Esto es absolutamente falso.
Nunca supimos qué había pasado con él. El mismo Ramón
explica en su Diario que el saldo es "negativo" entre otros factores,
por la "pérdida" (aunque espero que transitoria) de un hombre...".
Antecedentes que hemos recogido con el tiempo nos permiten conocer, sin embargo,
que Loro murió como un valiente. Herido, fue bestialmente torturado por
los esbirros del presidente Barrientos. Como no le pudieron sacar ni una sola
confesión que nos delatara, se lo llevaron en un helicóptero y
lo tiraron vivo, en medio de la selva. Lorito fue un hombre valiente, audaz,
leal. Fue uno de los cuatro que trabajó incansablemente en la preparación
previa al foco.
Al día siguiente de ese pequeño choque. Ramón envió
a Benigno y Aniceto a una misión de cuatro días para buscar a
Joaquín. Mientras tanto nosotros seguimos en los alrededores, esperando
el cumplimiento de esa misión. El 25 de abril tuvimos otra pérdida
sensible: la de Rolando. Mientras estaban de posta Pombo y Eustaquio descubrieron
una columna del ejército de aproximadamente 30 soldados. Luego regresó
Eustaquio diciendo aun no eran 30 sino 60 los soldados. Ché dispuso ocupar
posiciones en forma rápida, pero nos vimos obligados a luchar en un lugar
no apto para la emboscada. Rolando, que era un hombre de gran coraje, se puso
en la posición más difícil a la salida de una curva y tuvo
que enfrentarse directamente con un ametralladorista que le disparó varias
ráfagas. Un balazo le partió el fémur y todo el paquete
vásculo nervioso. A pesar de los esfuerzos que se hicieron para salvarlo,
se desangró rápidamente. Rolando, comisario político, hombre
de apenas 24 años de edad, tenía un porvenir brillante. Era el
más desarrollado política y militarmente de todos los compañeros
que allí habían.
Ésa fue la emboscada que dirigió personalmente el Ché y
que relata de la siguiente manera:
"Al poco rato, apareció la vanguardia que para nuestra sorpresa
estaba integrada por tres pastores alemanes con su guía. Los animales
estaban inquietos pero no me pareció que nos hubieran detectado, sin
embargo siguieron avanzando y tiré sobre el primer perro, errando el
tiro, cuando iba a darle al guía se encasquilló el M-2. Miguel
mató otro perro, según pude ver sin confirmar, y nadie más
entró en la emboscada. Sobre el flanco del ejército comenzó
un fuego intermitente. Al producirse un alto, mandó a Urbano para que
ordenara la retirada pero vino con la noticia de que Rolando estaba herido,
lo trajeron al poco rato ya exangüe y murió cuando se empezaba a
pasarle el plasma."
La retirada fue lenta y nos preocupamos de salvar todas las cosas y enterrar
a Rolando. Por la tarde nos encontramos con Benigno y Aniceto que habían
perdido las mochilas después del breve tiroteo con el ejército.
Eso determinó una nueva situación. Entre nosotros y Joaquín
se interponían ahora los soldados y nuestras salidas naturales estaban
bloqueadas. Por lo tanto había que tirarse hacia las montañas
abriendo sendas y alejándonos un poco de Joaquín para tratar de
llegar hasta su posición por otro lado.
Hasta ese momento el triunfo era neto para nuestras fuerzas. Debíamos
lamentar la muerte de Rubio, Rolando v la desaparición de Loro. La moral
estaba muy alta y la disposición combativa excelente. Sólo se
hacían denodados esfuerzos para tomar contacto con Joaquín y con
ese propósito estábamos operando.
Primeras batallas ganadas y mentiras de la prensa
En mayo hubo tres batallas mientras dábamos vueltas por la zona realizando
nuestro trabajo de persuasión campesinos y la denodada búsqueda
de Joaquín. Todas fueron victorias, resonantes para nosotros, a pesar
de las radios y los partes oficiales que inventaban "grandes bajas guerrilleras".
La primera fue el 8 de mayo. Ché había dispuesto una emboscada
en Ñancahuazu, en nuestro campamento, que lo habíamos retomado.
Estaba e cargo de Pacho. A las 10.30 de la mañana herimos a dos soldados
que se internaron descuidadamente. Luego de curarles sus heridas los dejamos
prisioneros. A las 12 detuvimos a otros dos que venían desarmados bajando
por el Ñancahuazu. Los cuatro eran unos mentirosos redomados. Trataron
de desinformarnos diciendo que habían salido a cazar pero a su regreso
la compañía había desaparecido. Ahora la andaban buscando.
Todo era falso, la compañía estaba situada más arriba.
La emboscada siguió en su puesto hasta que a las 7 de la tarde, cuando
ya estaba oscureciendo, el ejército se asomó tomando muchas medidas
de seguridad. Llegó hasta la entrada del cañón y se retiró,
al parecer probando si se les disparaba o no. En una de estas oportunidades
se internaron y cayeron en la trampa. El combate fue breve. En la acción
cayó muerto el subteniente Laredo junto con dos soldados. Tomamos seis
prisioneros más, pero el resto del pelotón huyó. El saldo
fue: tres muertos, 10 prisioneros (2 de ellos heridos), siete M-1, cuatro mausers,
equipo personal, parque y un poco de comida.
El subteniente Laredo tenía un diario de campaña y una carta de
su mujer que nos causó tremenda sorpresa. En el diario en la fecha mercada
de 1º de mayo se refería a los trabajadores como holgazanes y otros
adjetivos despectivos. En cuanto a su tropa hablaba de la falta de moral combativa,
mencionando a soldados que lloraban cuando se enteraban de la presencia cercana
de los guerrilleros. La carta de la esposa se refería a la preocupación
que ella tenía por Laredo. pero luego hacía un agregado en el
que más o menos decía lo siguiente: "Nuestra amiga te pide
que nos traigas una cabellera de guerrillero y yo te pido lo mismo para adornar
el living de la casa".
Este episodio nos hace recordar los tristes y siniestros días del nazismo
y la profunda brecha que existía entre la conducta o el animo del ejército
respecto a los guerrilleros, que contrastaba con el trato digno y humano que
nosotros dimos a los prisioneros.
La carta y el diario causaron conmoción y repudio entre nosotros.
El respeto del Ché por la persona humana, independientemente de la conducta
que ésta observara, se puso de manifiesto una vez más al decidir
esperar una oportunidad adecuada para devolver el diario del teniente Laredo
a la madre de éste, puesto que el oficial enemigo así lo hacía
constar. como un deseo expreso, si llegaba a morir en combate o era capturado
por nosotros. El diario de Laredo permaneció en la mochila del Ché
hasta la emboscada de Yuro el 8 de octubre.
El segundo combate del mes de mayo fue el día 30. Habíamos llegado
hasta la línea del ferrocarril a Santa Cruz buscando el Michuri, siempre
con el pensamiento puesto sobre Joaquín que, al parecer, se había
movido hacia el norte. En un camino petrolero Ché dejó una emboscada
mientras se realizaba una exploración en un jeep que se había
requisado a YPFB. A las tres de la tarde se produjo el choque.
Nuevamente dimos un golpe: tres soldados muertos y un herido. Al día
siguiente cerramos el mes de mayo con otro triunfo, aunque menor de lo que esperábamos.
Dos camiones del ejército que avanzaban por el camino fueron atacados
por nosotros. Uno huyó, pero destruimos otro. Pudimos provocar grandes
bajas en sus filas si el Ñato en su apresuramiento, no dispara una granada
con bala de guerra en lugar de ha