Discurso del Doctor Jorge Batlle en el Parlamento Nacional en oportunidad de prestar juramento como presidente de la República.
Recorte presupuestal, rigurosidad fiscal, acuerdo con el FMI, reforma del Estado y anuncios de sacrificios y dificultades debidas a la sequía, y las economías de la región.
Llama la atención que en marzo del 2000 el ex mandatario se refiriera al proyecto como de los “diez años siguientes”.


José Luis Vázquez: Vamos a empezar con este programa especial que vamos a hacer esta mañana. Les pido especial atención porque es un material imperdible para que en dos o tres horas logren sacar muchas conclusiones.
Los hechos, hechos son. Empezamos escuchando el discurso del Dr. Jorge Batlle del 1º de marzo del 2000.

"Mis saludos a los Señores Presidentes de las Repúblicas hermanas de este continente, al cual hace ya muchos años que hemos estado allegados, y a los señores ex presidentes que nos honran con su presencia.
Mis saludos al Señor Presidente electo de Chile, a los señores vicepresidentes que nos acompañan hoy, así como a los Señores Representantes y Presidentes de organismos internacionales y de las naciones hermanas que se adhieren a la fiesta de la democracia del Uruguay.

Mi saludo al Joven Príncipe de Asturias y al representante de la Santa Sede y a todos los demás delegados que han llegado a nuestra casa.

Mi saludo al Señor Presidente de la Suprema Corte de Justicia.

Mis saludos a los señores dirigentes políticos del Uruguay, actores fundamentales en el acontecer de la vida pública nacional, a los señores integrantes de la Asamblea General, con quienes a lo largo de los próximos cinco años procuraremos establecer un diálogo abierto, franco y sincero.

Y finalmente mis saludos al pueblo del Uruguay; al pueblo del Uruguay, razón y fin de todas las cuestiones que preocupan al gobernante puesto que él es el origen y la causa de nuestra existencia y nuestra razón de ser como nación.

Esta es la primera y la única oportunidad que tengo en los próximos cinco años de poder dirigirme a los integrantes de esta Asamblea General. Siento pues que es mi obligación expresar, más allá de lo que entiendo que el Gobierno debe realizar, aquello de lo que estoy convencido que al Uruguay le tocará vivir en los tiempos que corren.

Hubiera sido yo u otro el que hubiera llegado a este cargo al cual hoy he tenido el honor de jurar para cumplir con la Constitución y con la ley, sagrado en esta República. No deja de ser un lugar común decir que vivimos en una época de creciente globalización. Sin embargo, es esta la primera vez en la historia reciente de nuestra civilización atlántica que eso ha ocurrido.

Los tiempos del mercantilismo proteccionista comenzaron a caer y quedar atrás a partir de 1820, y las transferencias tecnológicas de entonces, la baja abrupta en los precios y en los fletes de los transportes, las inmigraciones masivas, los flujos de capital, que por entonces y en términos desestacionados eran mayores en aquella época que los que aún son hoy, las inmigraciones como decía permitieron asistir, en la segunda mitad del siglo XIX y en los primeros años del siglo XX, a un mundo abierto, en el cual aún las naciones más débiles que recién nacían a la vida institucional pudieron crecer y pudieron desarrollarse. Al influjo de pueblos decididos y de gobiernos ilustres, los países de nuestra América alcanzaron niveles de justicia, de equidad y de desarrollo que los colocaron, por cierto, en muchos casos, a la vanguardia del crecimiento. El Uruguay sin duda fue uno de ellos.

Los acontecimientos posteriores desde 1914 a 1945 echaron por tierra aquel sistema económico. Lo que para los países del viejo mundo fue dolor y desolación, para algunos de nosotros significó un importante aumento de ingresos.

De 1950 a 1989 vivimos la vorágine de la guerra ideológica y política y es recién en los últimos 10 años que el mundo se ha lanzado a un nuevo ciclo de apertura y globalización, proceso sostenido y alentado por los formidables cambios científicos y tecnológicos de los que hoy somos testigos.

En el Uruguay, recién a partir de 1985 y en las administraciones sucesivas del Doctor Sanguinetti primero, del Doctor Lacalle después, del Doctor Sanguinetti finalmente, comenzamos a tomar conciencia de la necesidad de incorporarnos a esta nueva realidad. Han sido 15 años de procesos difíciles, iniciados con la apertura cambiaria en la década del 70 y alcanzados, finalmente, en esta administración a través de la reforma de la Seguridad Social, el comienzo de la reforma del Estado y el consenso de que el país sólo crece sin inflación, sin déficit fiscal y con estabilidad cambiaria. Ello está sin duda definitivamente arraigado entre nosotros.

Hoy, al admitir que un tiempo ha concluido y que son importantes los logros y cambios positivos que la sociedad uruguaya ha alcanzado, reconocemos implícitamente que otro es el período que comienza.

Por cierto que tiene importantes diferencias con aquél tanto hacia el exterior como hacia lo interno. Actualmente no contamos como entonces con un mercado europeo abierto a nuestros productos primarios, que es notorio que América los produce en igual calidad y mejor precio que cualquier otro productor. Pero tampoco es similar hacia adentro, puesto que es una contraditio in se no advertir que para integrarse a un mundo globalizado no se puede estar, al mismo tiempo, abierto hacia afuera y cerrado hacia adentro.

Las regulaciones, los monopolios, los oligopolios, las trabas en todas sus formas, los mercados protegidos, tanto a los sectores públicos como a los privados, dificultan y entorpecen la evolución de esta sociedad uruguaya. Este tema será inexorablemente el asunto central de los próximos años. Y este país y este Parlamento y el gobierno lo deben considerar, sin temor, en un diálogo en donde la realidad ocupe la cabecera de la mesa y presida nuestro análisis.

Todo esto forma parte de lo que la sociedad uruguaya siente, expresa y llama el “costo uruguayo”, que nos limita en nuestra capacidad de competir, y que no se resuelve de ninguna manera por el camino coyuntural de la política cambiaria, sino atacando de raíz las causas de su existencia.

Los temas de la sociedad uruguaya son ahora las reformas de segunda generación y sus lógicas “reingenierías” institucionales, tanto en el sector público como en el sector privado. Quiero ser claro en esto porque lo siento así, lo he sentido siempre así y hoy desde el gobierno y a la edad en la que estoy, no solamente sigo pensando igual sino que sigo creyendo en ello y por eso lo transmito: porque lo siento y porque espero poder trabajar con ustedes para analizar como dije con sinceridad, con franqueza y con apertura de pensamiento y de alma las cosas que entre todos, sólo entre todos, vamos a poder hacer para poner al Uruguay en el mundo real.

En ese sentido nos proponemos:

En primer lugar, el Gobierno Central debe reordenar y disminuir el gasto muchas veces innecesario y redundante.

En segundo lugar, las empresas públicas tienen que continuar mejorando las condiciones de calidad y precio de sus servicios. Tanto ellas como las empresas privadas deben establecer sus objetivos, no en el mercado nacional sino en el regional, buscando las asociaciones que hoy en el mundo están a la orden del día, para consolidar, como ya se ha hecho en algún caso, su exitosa presencia en los mercados.

En tercer lugar, otro cambio no menos importante será el perfeccionamiento de la relación institucional del gobierno central con las intendencias, en la base del principio de descentralización previsto en la Constitución de la República. Se trata de llegar a un acuerdo sobre el nivel y el destino de las transferencias de orden financiero que habrá de apoyar la acción municipal, así como sobre las reformas estructurales que permitirán a éstas una gestión más eficiente.

En cuarto lugar, haremos todos los esfuerzos por lograr la total transparencia y objetividad en el régimen de compras del Estado y en las concesiones de obras y de servicios. Presentaremos un proyecto de ley conteniendo normas que aclaren en forma definitiva los aspectos más discutibles de nuestra actual ley de contrataciones administrativas. Pondremos a disposición de los ciudadanos en forma electrónica la información necesaria a los efectos que sepan fehacientemente en qué gasta el Estado los ingresos de los ciudadanos y en qué forma. Como parte de este proceso de transparencia, presentaremos un proyecto de ley con el propósito de instaurar una “Auditoría Gubernamental” para la formación de funcionarios públicos, de forma de capacitarlos adecuadamente en esta tarea.

En quinto lugar, procuraremos la desregulación de todas aquellas actividades del sector privado en las que la normativa legal o reglamentaria hoy permite, y aún facilita, la formación de situaciones monopólicas o de acuerdos de cartelización. Aspiramos a reducir al mínimo posible las trabas administrativas para el ingreso de nuevas empresas a todos los sectores de la vida económica del país, con excepción de aquellos en los cuales la ley establece limitaciones basadas en razones de interés nacional. En particular, se habrá de propiciar la aprobación de una ley que defienda el principio de la libre competencia en toda la actividad económica y que prevea sanciones para todas las formas irregulares de poder monopólico u oligopólico sobre los mercados. Impulsaremos, en esta misma línea de trabajo, ciertas leyes esenciales a los efectos de lograr los objetivos antes señalados, tales como leyes antimonopolios, fideicomisos, quiebras, concursos, concordatos, y otras leyes afines y necesarias e impostergables.

En sexto lugar, procuraremos impulsar una clara separación entre el “estado-empresario” y el “estado-regulador”, lo que ayudará a poner reglas claras para el funcionamiento de los distintos mercados en los que se muevan las empresas públicas, y que coayudará al mejoramiento de sus servicios y a la integración con la región en la que estamos y a la que estamos definitivamente unidos.

Finalmente, el país a través de la reforma de la Seguridad Social genera la existencia de una masa de ahorro público que no puede estar únicamente destinada a comprar deuda pública. Los ahorros deben ser utilizados en proyectos sensatos de expansión nacional, referidos a las distintas actividades productivas nacionales, así como a proveer recursos para mejorar el uso, por parte de la ciudadanía, de los servicios básicos instalados: saneamiento, agua potable, infraestructura básica, etcétera.

A lo largo de mi vida he tratado de hablar claramente siempre sin medir ventajas o desventajas en ello, y por lo tanto en mi calidad de Presidente de la República debo decir que el año que corre será para el Uruguay un año difícil; será un año difícil especialmente en el primer semestre, comenzando a mejorar en el segundo y afirmándose dicha tendencia hacia fines de año.

El Uruguay ha sufrido desde las postrimerías de 1998 y durante 1999 los efectos negativos de acontecimientos ajenos, totalmente ajenos, a nuestra voluntad.

La crisis asiática que determinó la baja de los precios de los productos primarios, la suba desmedida de los precios del petróleo, la crisis cambiaria en la región y finalmente una tremenda sequía de primavera. Todo ello produjo la pérdida de ingresos a la Tesorería, así como la disminución general de nuestras actividades económicas, causándonos las dificultades que hoy estamos decididos a enfrentar y a resolver con éxito.

El gobierno que llega sabe que para mantener la inflación anual en niveles internacionalmente aceptables que aseguren la inversión, así como la estabilidad de los precios y en su política cambiaria, es su obligación aplicarse con energía al reordenamiento del gasto público manteniendo, por lo tanto, una estricta política de austeridad en el gasto y una estricta política de responsabilidad fiscal.

El gobierno se siente comprometido con este objetivo, y tanto quien habla como los señores ministros que lo integran, participan de esta decisión. Ella nos permitirá superar con éxito las dificultades que hoy vivimos y alcanzar, en el marco de las economías de la región, que todas por suerte presentan signos positivos de crecimiento, una razonable expansión al final del año.

Todo el país, y no sólo el gobierno, se siente obligado con la producción agropecuaria, y con su consecuente y necesaria transformación industrial. Las dificultades vividas por ella llevan al gobierno a anunciar que pese a nuestra situación está resuelto a hacer esfuerzos de distinto orden para restablecer su actividad. Suspenderemos, por este año, los aportes patronales al Banco de Previsión Social, buscando se establezca en el Presupuesto General de Gastos un régimen distinto y mejor que el actual. Auxiliaremos a las finanzas municipales con el propósito de aliviar la presión de la Contribución Inmobiliaria Rural sobre la producción agropecuaria.

También en oportunidad de la discusión del Presupuesto General de Gastos propondremos un sistema que genere un entendimiento de los municipios con el poder central, para ordenar las políticas financieras, las políticas salariales, las políticas de recursos humanos y de ingresos, de forma que el poder central esté en condiciones de contribuir al tesoro municipal, beneficiando a los productores rurales en el pago de los impuestos a la tierra.

Para alcanzar los niveles de exportación que Uruguay necesita, el agro sigue siendo un factor de enorme y principal importancia en Uruguay. Utilizar mejor nuestros recursos hídricos, impulsar aun más nuestra mejor genética animal, así como la tasa hoy muy baja de nuestros procreos, atender la comercialización por las vías modernas y adecuadas son, entre otros, temas esenciales para lograr en 10 años niveles y volúmenes similares a los que hoy nos muestra nuestro par Nueva Zelanda. En este sentido, continuaremos con la política iniciada por el PRENADER. Aplicaremos el plan ganadero siguiendo las sugerencias de nuestros técnicos y los aportes de las sociedades agropecuarias, particularmente los expuestos y realizados por la sociedad agropecuaria de Durazno. Para dirigir esta política hemos convocado al gabinete, como Ministro de Ganadería Agricultura y Pesca, a quien fuera por dos veces decano de la Facultad de Agronomía, el Ingeniero Agrónomo Gonzalo González, que lo integra no en su condición de blanco, que lo es, y menos en su condición de votante colorado, que no lo es, para que desde la libertad de su experiencia como productor y de su conocimiento académico elija los colaboradores que entienda mejor capacitados, sean quienes sean, vengan de donde vengan y hayan votado a quien hayan votado.

Todo esto mejorará nuestro nivel de vida, afincará a los productores en el campo, dará trabajo a la industria, abatirá el desempleo en el interior de la República tanto como en la capital, y atenderá al destino natural de esta nación.

Nuestra industria nació al amparo de dos vertientes: una vinculada con nuestras ventajas comparativas cuando los mercados estaban abiertos, y más tarde, durante el régimen de sustitución de importaciones. Nuestra industria ha sufrido también por obra y gracia de los cambios que se vienen dando en el mundo. Reinvirtiendo y modernizándose ha podido ir superando las dificultades, y hoy muestra una capacidad nueva que le permite enfrentar el porvenir con un conocimiento cabal de cuál es el camino necesario para alcanzar la excelencia. Esta transformación también viene procesándose en el sector sindical con la misma fuerza y con la misma claridad que ha tomado, en buena medida, conciencia de las realidades actuales. Ambos sectores tanto el patronal como el sindical reclaman por los perjuicios que les generan lo que todos calificamos como “el costo uruguayo”. Tienen razón. Reinvirtiendo, mejorando la productividad, buscando la excelencia, profundizando los procesos de asociación, y trabajando en estas cosas juntos los sindicatos y las asociaciones empresariales, al tiempo que reciban del Estado mejores condiciones para competir, nuestra industria no tiene por qué temerle al porvenir.

Uruguay, como todas las naciones desarrolladas del mundo, se ha transformado en un país de servicios, y éstos ocupan progresivamente un porcentaje cada día mayor de la mano de obra ofrecida.

El sector más importante es el turístico. Tampoco allí hay más clientes cautivos. Ya sea por diferencias cambiarias o por otras razones, competimos con el mundo entero. Nuestro turismo sigue siendo básicamente regional, y es hora de que con imaginación y creatividad le mostremos al mundo las muchas cosas que el Uruguay ofrece.

Si en la era industrial la brecha entre los países poderosos y los menos desarrollados se ensanchó, ayudada por la tecnología, hoy en la era de la información ésta desdibuja aquel esquema de ventajas y desventajas, y es concebible para un país como el Uruguay un rápido posicionamiento en varias áreas claves del milenio que empieza.

De igual modo que las grandes redes ferroviarias, las autopistas, los grandes puertos, las represas constituyeron la piedra angular de la sociedad industrial, los sistemas de información son hoy la infraestructura básica del nuevo tiempo.

Todos nuestros jóvenes (y aún aquellos que no lo son tanto) tendrán que ser alfabetos electrónicos de la misma forma como antes aprendíamos los palotes, las primeras letras, a leer y escribir. En la actualidad, los países que están a la vanguardia en el mundo ya no son más aquéllos con grandes riquezas naturales solamente. Los vientos que soplan en estos momentos han reemplazado algunos paradigmas. Términos abstractos como “información”, “conocimiento” hoy son pilares concretos de poder y las autopistas de la información (como la Internet) han cambiado realmente no solamente las economías de los países sino la vida de los países.

Un aspecto insospechado de las tecnologías de la información es que la gente desde las zonas rurales más remotas se siente en el centro del mundo; desde allí puede trabajar; allí puede recibir toda la cultura; allí puede aprender y desde allí puede crecer. El Estado tiene en todo esto un papel central, absolutamente central: será el motor de la implementación de la visión estratégica aquí referida que es esencial para el Uruguay todo en los próximos años. Es hora de que el Estado, pues, asuma en este caso su papel integrador, superando antagonismos anacrónicos. En el mundo que adviene, a la Universidad, a todo el sistema educativo, público y privado, a nuestra empresa de telecomunicaciones, les corresponde jugar un papel excepcional. El Estado será junto a la sociedad civil un gran factor de unión y de reencuentro, reincorporando así, en un mundo en el que las fronteras físicas tienden a desaparecer, a multitud de uruguayos que hoy residen fuera del país, para que compartan la gran causa del despegue de esta sociedad.

A esto estamos comprometidos.

El Uruguay, país abierto y de vocación internacional, respetuoso de las leyes y de las libertades, no podía menos que integrar, desde el primer día, como su Constitución lo establece, el Tratado de Asunción. Hemos crecido en el Mercosur, aspiramos a seguir creciendo en el Mercosur. Creemos en el Mercosur y no nos molestan las crisis, ellas sirven para corregir los errores. Hemos avanzado en pocos años más que otras naciones en muchos. Nuestro objetivo en el Mercosur, como uruguayos, es ampliarlo, es consolidarlo. Sentimos al Mercosur, integrado y abierto al mundo, ordenado en su funcionamiento por una Secretaría Técnica, confirmado en sus instituciones por soluciones arbitrales, en la búsqueda permanente de ampliar la región con la incorporación de otras naciones de América, para que en algún momento éstas, que tienen por su origen histórico una vocación de unidad heredada de nuestros grandes libertadores, conformen un mercado formidable desde Alaska hasta Ushuaia.

Todos estos caminos conducentes a mejorar la economía tienen un solo objetivo, uno sólo: el bienestar de los ciudadanos, la justicia, la solidaridad, la igualdad de oportunidades y la libertad. Estas medidas, entre otras, son las que nos van a permitir atender nuestras obligaciones con la salud (a la cual el Uruguay le destina 10% del Producto), y para cuyo ordenamiento tenemos el honor de haber podido pedirle, y que él haya aceptado, al ex decano de la Facultad de Medicina, el Dr. Touyá, que sea nuestro Director Nacional de Salud. Asimismo nos permitirán ocuparnos de temas fundamentales como educación, seguridad, vivienda. Estas medidas le darán a los ciudadanos del Uruguay las condiciones de vida a la que tienen derecho por el solo hecho de ser, de existir y de vivir en este país de libertad y de justicia.

Solamente las sociedades de economías abiertas y de alta incorporación tecnológica tienen tasas de desempleo aceptables. El Uruguay puede y debe transformarse en una nación de este porte.

La economía, hoy, es la economía del “conocimiento”, y por lo tanto en él se basa esencialmente la expectativa de crecimiento del Uruguay.

Hemos venido desarrollando hasta ahora y con éxito una muy fuerte política de apoyo a la educación en los sectores más débiles de la sociedad y además entre los niños antes de entrar a la escuela. Hemos hecho muchísimo en esa materia. Lo continuaremos haciendo. Atenderemos, con los recursos ya obtenidos, los sectores instalados en los así llamados “asentamientos precarios”. Al tiempo que hemos tomado la decisión de hacer el mayor esfuerzo para erradicarlos, afirmamos que el Gobierno Central, ante el error de algunos municipios en el manejo territorial, está dispuesto a adquirir tierras; más que dispuesto, está decidido a adquirir tierras y a fraccionarlas en lotes con servicios, para evitar que los ciudadanos, en violación de los derechos de propiedad, muchas veces no tengan otro camino que ocupar un terreno para vivir, en un país donde sobra tierra y falta gente. En la educación superior también vamos a poner énfasis. Estamos convencidos que desde la Universidad de la República, con su rector el ingeniero Guarga y desde los sectores de la actividad privada, vamos a poder hacer en común una enorme cantidad de cosas dentro y fuera del país. Y además el Mercosur no es solamente un Mercosur político como lo es y es importante que así lo sea y que lo siga siendo ni tampoco solamente un Mercosur económico, como lo es y es importante que lo siga siendo y se perfeccione. También tiene que ser un Mercosur cultural, un Mercosur científico, un Mercosur tecnológico, en donde el conocimiento de nuestra academia de gente intelectualmente superior de estas naciones se junte para poder hacer cosas en común y desarrollar una civilización no solamente como nos corresponde, sino como estamos obligados a hacerla en esta América que es grande por lo que ha hecho y por lo que puede hacerse entre todos juntos.

Hace muchos años, ya bastantes, en oportunidad de participar de la reforma de la Constitución de 1966, pude contribuir a incluir en su texto algunas disposiciones, una de las cuales para mí es fundamental. La misma tiene que ver con la familia, y dice:

“La familia es la base de nuestra sociedad. El Estado velará por su estabilidad moral y material, para la mejor formación de los hijos dentro de la sociedad”.

Ello quiere decir, en buen romance, que en la vida vale más el “ser” que el “tener”, representado el “ser” por los valores morales, éticos y de conducta, que se aprenden antes que en ningún otro lugar en el regazo de la madre, en el seno de la familia, y también en la escuela, porque la escuela es nuestro segundo hogar, y seguirá siendo por siempre en este país nuestro segundo hogar.

Toda política social tiene, pues, por finalidad vigorizar a la familia, a la familia uruguaya, porque haciéndolo se asientan los valores a los cuales está sujeta nuestra civilización, nuestros orígenes primeros de donde todos provenimos, el único libro que todos hemos leído, aunque lo conjuguemos o no, y que lo leemos desde Alaska hasta Ushuaia, los mismos valores morales que sentimos desde que nacemos. Aunque nadie nos venga a decir cuándo nos portamos mal o cuándo nos portamos bien, cada uno de nosotros sabemos, está dentro de su ser, qué es lo que está haciendo y debe hacer, pero eso es el centro y el corazón de la vida de las sociedades.

El gobierno que tengo el honor de presidir es un gobierno de unidad. No sólo una unidad política que surge del acuerdo entre partidos, sino que surge además de las disposiciones constitucionales que los uruguayos nos hemos dado. Pero esa unidad, que él representa, no se limita a su gestión, sino que es nuestro propósito extenderla a todos los distintos sectores de la sociedad, tanto de la sociedad política como de la sociedad civil.

Como lo hemos hecho hasta ahora, en los próximos cinco años llegaremos a todos los sectores de nuestra nación para escuchar, para informar, para dialogar y sostener, con la firmeza y claridad con que lo hemos hecho siempre, nuestras ideas y puntos de vista, en procura de los entendimientos y los acuerdos que aseguren la armonía de los uruguayos y sellen, para siempre y sellen para siempre la paz entre los uruguayos. Esa es nuestra obligación. Si tantas cosas hemos pasado y tantas hemos sufrido, y nadie de nosotros puede decir que alguien es culpable o que alguien es inocente, y por tanto éste no es el resultado de un mundo maniqueo de malos contra buenos, es a todos nosotros que nos corresponde como responsabilidad primera sellar para siempre la paz entre los uruguayos

Este año, el 23 de setiembre de 2000, recordaremos los 150 años de la muerte de nuestro héroe el General José Artigas.

Su pensamiento filosófico, político, libertario y económico se expresa con diáfana claridad en las Instrucciones del Año XIII, particularmente en la número III, que nos dice: “Se promoverá la libertad civil y religiosa en toda su extensión imaginable.”

Nuestro compromiso, desde el gobierno de la República, con todos los uruguayos, se afianza no solamente en el juramento aquí pronunciado, sino en la profunda identificación que siento con el ideario artiguista.

Para finalizar, señores, permítaseme una referencia personal: al igual que todos los uruguayos llegamos a estas tierras en búsqueda de libertad, trabajo, familia y destino. Vinimos desde las costas catalanas, del pequeño puerto de Sitges, este año hace 200 años. Durante todo este tiempo, hemos tratado de servir a la Patria. En los campos de batalla, en la revolución del Quebracho, en el Gobierno de la República, en el destierro, en la vida política, en el periodismo, siempre hemos luchado por la libertad y por la justicia social. Ese ha sido, por generaciones, nuestro estilo de vida. Hoy lo comprometo ante ustedes.

Que así sea. Muchas gracias.

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José Luis Vázquez: Allí tenían ustedes la palabra del Dr. Jorge Batlle Ibáñez del 1º de marzo del año 2000.
Muchas cosas para sacar en limpio, pero en unos minutos más vamos a escuchar lo que habló el Contador Danilo Astori, Ministro de Economía en este gobierno, durante una conferencia de prensa después de tener un principio de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.
Fíjense lo que decía el FMI el 2 de marzo del año 2000.
El jefe de la misión del FMI no era Andy, era Bob Trá y decía en el año 2000, que en Uruguay no había atraso cambiario. Lo que había era atraso en las reformas estructurales y ustedes habrán visto que era uno de los pilares de la propuesta del Dr. Jorge Batlle que escuchamos recién: reformas estructurales, no hay atraso cambiario. Hoy están diciendo lo mismo: no hay atraso cambiario. Vieron que las gremiales agropecuarias están pidiendo que el dólar esté a 30 pesos, porque está a 26.

Efraín Churi: Reformas estructurales son privatizaciones, es el equivalente.

J. L. Vázquez: Exactamente, y se está planteando también por el gobierno.
En ese discurso que pronunció en la Asamblea General, Batlle se comprometió a reorientar y disminuir el gasto público. Esto era el primero de marzo del año 2.000. Fíjense lo que dice Igorra hoy jueves 7 de abril de 2005 sobre el tema de FUCVAM: Opinó que las medidas de austeridad presupuestal no supondrán una menor erogación en el área de la vivienda porque habrá una mejor gestión del estado y esto incluye ejecutar los montos asignados, que fue lo que no hicieron los gobiernos anteriores. Es decir, está hablando de reorientar y disminuir el gasto, aunque lo llame de otra manera.
Pero también quiero comentarles qué decían en el año 2000 otras figuras del ámbito político, partidario y parlamentario.
"Desde la oposición Tabaré Vázquez también destacó elementos del discurso de Batlle. Aseguró que el Frente amplio iba a analizar detenidamente el contenido del discurso. Dijo que el de Batlle fue un discurso importante, que contemplaba distintos aspectos de la vida política del país y que merecía un estudio profundo, una reflexión serena, seria, y con tiempo para emitir opiniones en cuanto a concordar o discordar. No obstante Tabaré Vázquez advirtió que comparte totalmente el concepto establecido por Batlle de buscar caminos de concordancia, de paz, y de buscarle soluciones a problemas profundos que el Uruguay tiene y que como él dijo, no pertenecen al terreno de los buenos o de los malos, sino que pertenecen al terreno de todos los uruguayos. En referencia al llamado a un gobierno de unidad que hizo Batlle en el discurso, Tabaré Vázquez dijo que lo hizo estableciendo la unidad que han logrado en la interna de su gobierno y en la coalición de sus fuerzas políticas, pero quisiera entender que ese llamado a la unidad es también un llamado a la unidad y participación de todas las fuerzas políticas en las tareas a llevar adelante por el país, y agregó que en todos los niveles donde haya participación el Encuentro Progresista va a dar su posición, opinión y va a estar dispuesto a apoyar todo aquello que sea beneficioso para los uruguayos.
Por su parte el ex-presidente del Frente Amplio en aquel momento, Líber Seregni, decía que el nuevo presidente habló sobre la realidad del mundo y la realidad de la región sin concesiones y diciendo con claridad y repetidas veces como acostumbra decir el Dr. Batlle, que va a ser un año difícil.
Sobre el llamado de Batlle a intentar sellar la paz entre los uruguayos Seregni destacó: eso es lo que queremos todos los orientales y esperemos que se haga vigente.
El Senador tupamaro José Mujica afirmaba entonces que el discurso de Batlle fue el de un viejo liberal, mucho más cerca de Adam Smith que de la escuela de Chicago y que tuvo valores que de ninguna manera son despreciables. Sobre el tema de sellar la paz dijo Mujica que está convencido que Batlle, por la forma que plantea las cosas, va a intentar hacer algo.
Cuando venimos de cinco años de gobierno de Sanguinetti, que no pierde la oportunidad de agredir a la oposición cada vez que puede, el discurso de Batlle es la contracara, decía el senador tupamaro, y agregaba que en ese aspecto hay como un abismo por más que ambos pertenezcan al partido Colorado. Mujica establecía una clara diferencia entre Sanguinetti y Batlle. Además hay un abismo en la forma de plantearlo porque Batlle asume la responsabilidad histórica de una generación a la que él y yo pertenecemos. Sale de una visión de malos y buenos y plantea las cosas con mucha hondura.
El entonces Senador del Nuevo Espacio Rafael Michelini, también halagaba el discurso de Batlle: "Tuvo pasajes bien importantes, sobre todo el capítulo referido a la Paz" y añadió que esa afirmación responde al esfuerzo que va a hacer Batlle sobre el tema de las asignaturas pendientes, entre ellas, la de los Derechos Humanos".
Reformas estructurales públicas y privadas, asociaciones, descentralización, transparencia en la gestión estatal, contratos, sueldos, auditorías, que habrá crecimiento pero si somos ordenados y austeros y además responsables.
Que se iba a terminar con los asentamientos irregulares... Cien millones de dólares daba el FMI para asentamientos irregulares; hoy son para plan de emergencia.