¿Quién fue Manuel Marulanda?
Manuel Marulanda Vélez
Un hombre legendario y emblemático*
Por Carlos Hernández Ruiz
Dirigente comunista antioqueño de los años 30 y 40
Compañero de militancia de Marulanda


MANUEL Marulanda Vélez fue, como hombre, como militante comunista y conductor de multitudes, uno de los dirigentes más destacados y de más brillante trayectoria que haya aparecido en la escena del movimiento revolucionario de Colombia.

Nació en el seno de una modesta familia de pura raigambre obrera por allá en las medianías del año 1903, en el municipio de La Ceja.

Desde su infancia conocerá en carne propia las humillaciones y rudezas de la esclavitud económica, unas veces colaborando con su padre como ayudante de albañilería y otras independientemente hasta escalar la posición de maestro u oficial de obra en esta ingrata profesión. Tiempos difíciles y amargos, que fueron la mejor escuela para la templanza de su espíritu de mulato rebelde, indómito y bravío.

De las toldas del Socialismo Revolucionario donde militó desde su fundación, ingresa al nuevo Partido Comunista de Colombia en 1930 y forma parte del primer Comité Regional de Antioquia, del cual fueron miembros María Cano (“La flor del trabajo” como la llamaba cordialmente el pueblo y la primera gran revolucionaria de América), Ángel María Carrascal, Arturo Guillén Villamil, Carlos Arturo Aguirre, Gilberto Mejía, Juancho Toro, Víctor M. Figueredo y Fernando Posada.

En unión de tan selecta nómina de camaradas y con la presencia de Ignacio Torres Giraldo recorre de punta a punta su tierra antioqueña, propiciando la organización política y sindical de obreros y campesinos. Su figura como líder popular asume contornos propios, inconfundibles y definidos, principalmente al calor de las grandes batallas huelguísticas de los años 34 y 35 y por sus indiscutibles méritos entra a formar parte de la suprema dirección del PCC.

Su acción traspasa las fronteras regionales y además de los esclarecidos nombres ya citados se vincula a una cruzada sin precedentes, por lo heroica y apostólica, por todos los abruptos caminos de la patria con Raúl Eduardo Mahecha, José Russo, Jorge del Bosque y Alberto Castrillón, primer candidato del PCC a la presidencia de la República en oposición a Olaya Herrera, y quien había sido condenado a 20 años de prisión por su beligerante participación en la gran huelga de los trabajadores de la zona bananera, inmisericordemente explotados por el pulpo imperialista de la United Fruit Company, de la nefanda recordación en nuestra patria. Bajo la presión de un poderoso movimiento popular que encontraría eco y respaldo en las nuevas promociones liberales con Jorge Eliécer Gaitán y Gabriel Turbay a la cabeza, recién iniciados en las faenas parlamentarias, los militares fueron obligados a revocar el veredicto condenatorio de un consejo de guerra.

Marulanda Vélez es figura prominente en la organización de la “marcha del hambre” que tuvo resonancia internacional y en general en las históricas jornadas contra la desocupación y la miseria que azotaban por entonces a la población colombiana.

En 1934, su perfil de dirigente obrero, sus innatas condiciones de caudillo, su sinceridad y abnegación lo hacen merecedor a la postulación de su nombre como candidato del pueblo al Concejo de Medellín, siendo elegido por caudalosa votación como el primer edil comunista en la ciudadela industrial de Colombia.

Su ingreso a la Corporación el día de la instalación fue sencillamente espectacular y produjo sensación entre sus miembros que lo eran connotados representantes de la burguesía industrial y comercial. Él se presentó desembarazado y altivo, cubriendo su cuerpo de 1,85 de estatura con flamante mandil, franela roja cruzada a rayas blancas, los pies descalzos, vestimenta muy común entre las gentes del pueblo por aquella época y ante el estupor de sus “colegas” se toma súbitamente la tribuna y con voz de trueno pronuncia tremenda y agresiva catilinaria contra la explotación del hombre por el hombre, contra las injusticias sociales y fustiga sin compasión al ya languidecente régimen pro yanqui de Olaya Herrera hecho que registró la prensa del país como insólito, descomunal y sin antecedentes en la vida política Nacional.

El Frente Popular fue organizado por el año de 1936 para respaldar la política reformista burguesa de López Pumarejo y combatir las fuerzas de la reacción goda y fascista; su principal impulsor fue el Partido Comunista y tuvo en Marulanda Vélez, Ángel María Carrascal y Arturo Guillén las figuras más descollantes en Antioquia.

El Comité Central del PCC resuelve trasladar a la capital de la República al ya prestigioso cuadro nacional Manuel Marulanda Vélez y colocarlo al frente de la organización gremial de los obreros bogotanos. Manuel acomete esta importante misión con perseverancia y método, aportando el acervo de sus ricas experiencias en este campo de la actividad revolucionaria; se afilia al Sindicato de la Construcción donde al poco tiempo es promovido al cargo de Presidente Ejecutivo. Bajo su dirección y con el concurso de destacados dirigentes gremiales de la talla de Melco Galindo, Manuel Abella, Fermín Hernández y otros, cuyos nombres se escapan de la memoria, el populoso y sufrido gremio de la construcción obtiene significativas ventajas económicas, sindicales y sociales y se erige en una de las organizaciones más respetables a escala nacional por su volumen, disciplina y combatividad, constituyéndose en el más firme soporte de la Federación Sindical de Trabajadores de Cundinamarca, de reciente creación y donde Manuel Marulanda Vélez fue designado como su primer Secretario General, posición que ocupó con lujo de competencia por espacio de 15 años, hasta su muerte, acaecida como consecuencia del flagelo y las espantosas torturas a las que se les sometió en las mazmorras del régimen sanguinario y oprobioso de Laureano Gómez. Su actitud gallarda, varonil, de revolucionario integral ante las amenazas de muerte por los esbirros de la reacción, es paradigma para la militancia revolucionaria y en general para todos los inconformes con el sistema de injusticia y explotación imperantes.

El sepelio del “Negro” Marulanda, como se le llamaba cariñosamente, fue multitudinario y una sincera demostración de pesar por la ausencia definitiva del amigo, camarada y maestro, pero también aguerrido acto de repulsa y airada protesta popular contra la violencia reaccionaria, sus asesinos a sueldos y los cómplices de todos los pelambres...

... Quedaría trunco este sucinto intento biográfico de Marulanda Vélez si no dijéramos unas breves palabras sobre su pronunciado y recio humanismo proletario y sus titánicos esfuerzos de superación personal en el campo intelectual del conocimiento de las doctrinas filosóficas, económicas y sociales del marxismo-leninismo.

Fue un hombre honesto en la más completa acepción de la palabra. Por naturaleza, era fraternal y solidario con las angustias y problemas de sus hermanos de clase, con los pobres de todos los apellidos políticos. De una simpatía y sencillez cautivantes. Los postulados de justicia social y redención económica de los modernos esclavos del capitalismo le circulaban por la sangre, estremeciendo su espíritu. Se le criticaba con frecuencia su exagerado filantropismo y servicios apostólicos a los trabajadores, con mengua de los intereses políticos.

Su muerte, vil y sádico crimen perpetrado por la reacción oficial y patronal, lo sorprendería en la más absoluta y conmovedora miseria económica. Pernoctaba en un cuchitril que con el nombre de “Hotel Tolima” funcionaba en la carrera 13 con calle 11, de Bogotá, lugar por entonces escogido por lo más paupérrimo de las clases desvalidas para traficar en el comercio de ropavejeros, suministro de envases de segunda mano, fritanguerías y chicherías. Una rápida mirada por su cuartucho de 3 metros cuadrados era suficiente para inventariar sus enseres y pertenencias personales. Una rústica cuja mal vestida; un pequeño baúl de madera resguardaba del polvo sus camisas y ropa interior ganchos metálicos apuntillados a la pared sostenían 2 raídos vestidos de paño; sobre una mesa coja reposaban varios libros, revistas y documentos sindicales. Al respaldo de la puerta de la habitación colgaba un tiple vernáculo símbolo de su raza alegre y trovera, que en sus escasos ratos de descanso hacía cantar con voz melancólica y evocadora para disipar sus preocupaciones cotidianas como supremo dirigente de los trabajadores organizados de la capital y el departamento de Cundinamarca. Para el “Negro Manuel” esta fue siempre la manera habitual y corriente de existir, pues a través de su agitado y fecundo tránsito por el mundo nunca tuvo patrimonio distinto al de sus firmes convicciones revolucionarias...

... Dos años de escuela primaria formaban todo el bagaje pedagógico de Manuel cuando entregó su vida a los rudos ajetreos revolucionarios. Imposible creerlo después de habérsele escuchado una de sus muchas, densas y eruditas exposiciones sobre los problemas sindicales, sociales, económicos y políticos del país, o sobre la historia universal del movimiento obrero, su organización gremial y cooperativista. ¡Qué nutrición de ideas y facilidad de expresión se conjugaban en sus disertaciones! Elocuente y fogoso orador que desenvolvía sus tesis dentro de las más convincentes normas dialécticas.

Las precarias condiciones económicas de la Federación Sindical de Cundinamarca hacían difícil el sostenimiento de un equipo de asesores jurídicos y las exigencias oficiales en este terreno eran cada vez mayores, siendo indispensables para obtener legalmente tramitación y solución para los múltiples problemas y reclamaciones laborales. El “Negro Marulanda” resolvió ponerse al frente de esta dispendiosa y burocrática labor, llegando en poco tiempo a tal grado de conocimientos y especialización en estos menesteres legalistas, que difícilmente podían superarlo los doctos en la materia. A propósito se cuenta anecdóticamente que el erudito profesional, autoridad reconocida en Derecho del Trabajo y demócrata revolucionario de tiempo completo, Jorge Enrique Sánchez, refrendaba con su firma los memoriales y alegatos jurídicos escritos por Marulanda Vélez sin leerlos, por que los sabía magistrales, ajustados a la realidad y a los cánones procedimentales vigentes. Marulanda Vélez fue un autodidacta completo, fabuloso, sorprendente.

Pedro Antonio Marín, alias “Tiro Fijo”, el más acreditado de los guerrilleros revolucionarios del país, cuyas grandes proezas militares en el Tolima, donde en muchas ocasiones derrotó al ejército reaccionario, principalmente durante los gobiernos de Laureano Gómez y Urdaneta Arbeláez, y cuya resistencia y retirada de Marquetalia están consideradas como una de las más geniales operaciones tácticas de la guerrilla colombiana, tomó el nombre de Manuel Marulanda Vélez para sí, como homenaje póstumo a su memoria y como enseña de combate del pueblo colombiano por su liberación.

* Texto suministrado a Delimiro Moreno por su autor en 1986, con destino a una revista crítica que nunca se publicó.

María Cano "La flor del trabajo" como la llamaba cordialmente el pueblo y la primera gran revolucionaria de América fue junto con Manuel Marulanda Vélez una de las fundadoras del Partido Comunista de Colombia en 1930.



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