30 de abril de 2006
GIRÓN el primer capítulo de nuestra resistencia
Granma comenzará a publicar a partir de hoy una serie de trabajos sobre las agresiones armadas y las actividades terroristas promovidas contra Cuba por el Gobierno de los Estados Unidos desde mediados de 1958 en medio de la lucha guerrillera contra la dictadura de Fulgencio Batista y hasta desembocar en la invasión mercenaria de Playa Girón. En las páginas que siguen no se pretende agotar el catálogo de modalidades de agresión ni mucho menos la cronología de todas las acciones emprendidas por el Gobierno de los Estados Unidos y sus agentes oficiales y oficiosos contra Cuba y la Revolución Cubana en estos cuarenta y siete años de verdadera guerra sucia contra nuestro pueblo. Son tantos miles y miles de agresiones que sería imposible enumerarlas en espacio tan relativamente reducido. Simplemente se han apuntado algunas de las líneas de agresión y algunos de los casos específicos que pudieran ilustrar el carácter y el alcance de esa constante política agresiva. Pero los lectores podrán apreciar en esas narraciones la intensa actividad desplegada en aquel periodo inicial donde las administraciones de Dwight D. Eisenhower y John F. Kennedy hicieron lo indecible por aniquilar a la Revolución y atentar contra la vida del Comandante en Jefe
La característica general de las relaciones del Gobierno de los Estados Unidos y sus agencias con Cuba, desde el triunfo de la Revolución Cubana el 1ro. de Enero de 1959, ha sido la invariable política de hostilidad y la agresión constante.
Desde la lucha guerrillera en la Sierra Maestra, el Gobierno de Estados Unidos actuó con prepotencia injerencista para tratar de impedir la victoria revolucionaria.
Esta agresión ha adoptado todas las formas posibles, desde los ataques verbales y las campañas de difamación hasta la agresión armada directa, pasando por los intentos de aislamiento político y diplomático, la subversión, la promoción de sabotajes, los secuestros de aviones y embarcaciones, las infiltraciones de agentes y las incursiones piratas, el fomento de bandas contrarrevolucionarias, el asesinato y los planes de atentados contra dirigentes cubanos, las agresiones biológicas, los hostigamientos militares, las presiones económicas y, finalmente, el bloqueo económico y comercial, que dura ya casi cuarenta y cinco años.
En esta sostenida campaña contra Cuba, el objetivo estratégico del Gobierno de los Estados Unidos no ha sido otro que la destrucción de la Revolución Cubana.
En el arsenal de recursos puestos en práctica contra nuestro país, siempre han figurado de manera muy destacada, a lo largo de estos cuarenta y siete años, las agresiones armadas y las actividades terroristas.
El recuento que haremos en estos días no es ni mucho menos completo, pero demuestra de manera elocuente que las más recientes manifestaciones de terrorismo contra Cuba no son hechos aislados, sino parte de una política criminal sistemática.
De hecho, los antecedentes de esa política están presentes en el apoyo material y moral brindado por el Gobierno de los Estados Unidos a la dictadura sangrienta y opresiva de Fulgencio Batista. Baste recordar el sólido respaldo ofrecido al régimen batistiano casi hasta el último momento, cuando ya los estrategas políticos norteamericanos se dieron cuenta de que la permanencia del tirano en el poder perjudicaba sus futuros proyectos de dominación en Cuba. Las fuerzas armadas de Batista, empeñadas en una cruel y sanguinaria lucha contra el pueblo y responsables de incontables crímenes, no dejaron en ningún momento de recibir el apoyo logístico y el suministro de armas y pertrechos de los Estados Unidos, aun después del embargo de la exportación de armamentos a Cuba decretado por razones políticas por el Gobierno de ese país a mediados de 1958. El asesoramiento militar de especialistas norteamericanos se mantuvo hasta el momento mismo de la victoria revolucionaria del pueblo.
Fidel, acompañado del doctor Antonio Núñez Jiménez, en el momento de la firma de los primeros títulos de propiedad a los campesinos en mayo de 1959. La Ley de Reforma Agraria fue utilizada como pretexto para recrudecer las agresiones de todo tipo contra la nación cubana.
Durante el último semestre de la guerra en Cuba, se hicieron cada vez más claras las manifestaciones de prepotencia injerencista y los intentos de coacción de las fuerzas revolucionarias, y en particular del Ejército Rebelde, por parte de las autoridades norteamericanas. Recuérdense las insolentes declaraciones del vocero del Departamento de Estado, Lincoln White, a finales de octubre de 1958, o los desplantes amenazadores al mes siguiente en ocasión del incidente de la caída de un avión de pasajeros en la bahía de Nipe.
En los dos casos estaba presente la amenaza de una intervención de los Estados Unidos en el conflicto en marcha en Cuba. Pero con lo que no habían contado los estrategas de Washington era con la firmeza de los revolucionarios cubanos, como quedó expresada en la respuesta de Fidel a este segundo intento de amedrentamiento:
Como una intervención armada perjudicaría tanto a los Estados Unidos como a Cuba, y sería además una intervención sangrienta, porque encontraría la más decidida resistencia de nuestro pueblo, esperamos que Estados Unidos convenga con nosotros en la necesidad de evitarla a toda costa.
Finalmente, la actitud contrarrevolucionaria de los Estados Unidos quedó de manifiesto con los desesperados esfuerzos realizados por las autoridades norteamericanas durante las semanas finales de la dictadura por escamotear la victoria de la Revolución, desde los intentos por persuadir a Batista para que entregara el poder a una junta cívico-militar hasta la conspiración final del general Eulogio Cantillo, ejecutada con concurso y el respaldo de la Embajada norteamericana.
LAS PRIMERAS MANIFESTACIONES HOSTILES A LA REVOLUCIÓN
Los estrategas de la política exterior norteamericana recibieron con inocultada preocupación la victoria del 1ro. de Enero de 1959. El Gobierno de los Estados Unidos sobrestimó su propia capacidad de maniobra, subestimó la fuerza de la Revolución, el valor y la dignidad del pueblo cubano.
Tras este hipócrita saludo, Richard Nixon, entonces vicepresidente de los Estados Unidos, sugirió el derrocamiento de la Revolución.
Los gobernantes norteamericanos se encontraron de súbito con que ya no contaban con generales ni tropas para hacer prevalecer sus intereses en nuestro país. No obstante, disponían en aquellos momentos de un vasto y, al parecer, irresistible arsenal de medidas para tratar de poner de rodillas a nuestro pueblo y destruir en última instancia a la Revolución, derivadas de la férrea dependencia económica, política, cultural e ideológica de nuestro país en relación con su inmediato vecino del Norte. No faltaban incluso quienes creían que Cuba no podría librarse de sus ataduras neocoloniales con los Estados Unidos, convencidos de que la espesa madeja de esas relaciones era imposible de romper y del funcionamiento de supuestas leyes de determinismo geopolítico.
Pero si estos recursos no bastaban, el Gobierno norteamericano tenía además a su disposición la capacidad de la Agencia Central de Inteligencia para fomentar la subversión interna, introducir armas, organizar bandas contrarrevolucionarias, realizar invasiones mercenarias, promover sabotajes, llevar a cabo ataques piratas y preparar atentados contra la vida de los principales dirigentes de la Revolución Cubana. Quedaba, por último, la posibilidad de una agresión directa, con la participación de las propias fuerzas armadas norteamericanas.
Apenas se inició la aplicación de las primeras medidas —el merecido castigo a los criminales de la tiranía, la confiscación de los bienes robados por los personeros del depuesto régimen, la disolución del viejo ejército y demás cuerpos represivos, y el saneamiento de la administración—, la Revolución tuvo que enfrentarse a las presiones diplomáticas norteamericanas y a la venenosa campaña de las agencias de noticias y demás poderosos medios de prensa de Estados Unidos.
Esto ocurría cuando la Revolución en el poder aún no había cumplido su primer mes.
Al momento mismo del triunfo de la Revolución, el 1ro. de Enero de 1959, se produjo el primer acto de hostilidad por parte del Gobierno de los Estados Unidos al ofrecer hospitalidad y asilo en el territorio de ese país a decenas de criminales de guerra que huyeron ese día. Repugnantes asesinos y torturadores como Esteban Ventura, Pilar García, Orlando Piedra, Hernando Hernández, Julio Laurent, Lutgardo Martín Pérez, Ángel Sánchez Mosquera, Rolando Masferrer, Conrado Carratalá, Merob Sosa, Alberto del Río Chaviano, Leopoldo Pérez Coujil, Irenaldo García Báez, José María Salas Cañizares y muchos otros, y desvergonzados ladrones como algunos de los principales colaboradores políticos del dictador Fulgencio Batista, encontraron inmediata o posteriormente apacible refugio en los Estados Unidos.
Las justas sanciones dictadas por los tribunales revolucionarios, en aquellas primeras semanas de 1959 contra los criminales de guerra, provocaron las primeras manifestaciones de hostilidad. El Gobierno de Estados Unidos protegió a muchos de aquellos asesinos y quería evitar que se hiciera justicia ante genocidas como este personaje cínico que sembró el terror entre los indefensos campesinos orientales y que fue Sosa Blanco.
En ese país no solo fueron acogidos como respetables ciudadanos, sino que, a pesar de las reiteradas demandas formales del Gobierno Revolucionario de Cuba, el Gobierno de los Estados Unidos se negó, en todo momento, a permitir la extradición de estos delincuentes comunes aun cuando estaba en pleno vigor un tratado suscrito a tal efecto por ambos países.
Algunos de estos delincuentes viven todavía hoy tranquilamente en la Florida y otros estados norteamericanos, donde siguen disfrutando de total inmunidad y de las enormes fortunas que casi todos robaron al pueblo. Muchos de ellos participaron en algún momento en organizaciones contrarrevolucionarias dedicadas a la promoción de agresiones armadas y acciones terroristas contra Cuba. José Eleuterio Pedraza, por ejemplo, fue el jefe de la llamada conspiración trujillista responsable de organizar una infiltración armada en 1959, y a principios de la década de los 60 participó en la preparación de numerosas acciones de sabotaje y encabezó el denominado Ejército Anticomunista de Cuba. Esteban Ventura mantuvo hasta el último instante sus vínculos con la Fundación Nacional Cubano Americana y, en particular, con quien es uno de los principales directivos de estos grupos mafiosos y terroristas, Roberto Martín Pérez, hijo del asesino Lutgardo Martín Pérez.
Se sostiene comúnmente que fue la promulgación de la Ley de Reforma Agraria el 17 de mayo de 1959, al anunciar el carácter cabalmente revolucionario del proceso social y político en marcha en Cuba y su proyección liberadora y antimperialista, el hecho que marcó el tránsito de la actitud hostil a la agresión directa de los Estados Unidos contra Cuba. Sin embargo, basta enumerar algunos acontecimientos de esos primeros meses del poder revolucionario para llegar a la conclusión de que los gérmenes de esa intención agresiva ya estaban presentes desde mucho antes.
Las justas sanciones impuestas a los criminales de guerra que pudieron ser capturados, autores de crímenes abominables con un saldo que se ha estimado en casi 20 mil muertos, pronto provocaron las primeras manifestaciones de hostilidad verbal y política hacia la Revolución en los Estados Unidos. En fecha tan temprana como el 15 de enero de 1959, un grupo de congresistas norteamericanos pidió la intervención de los Estados Unidos. El representante Wayne Hays declaraba que debía considerarse el envío de tropas a Cuba, además de la aplicación de sanciones económicas como la rebaja de la cuota azucarera y el embargo comercial. Poco importó a la maquinaria de propaganda de la gran prensa norteamericana el hecho de que el pueblo cubano hubiese expresado de manera casi unánime y evidente su pleno respaldo a la necesaria justicia revolucionaria.
El 2 de febrero de 1959, apenas un mes después del triunfo de la Revolución, fue arrestado y puesto a disposición de los tribunales el ciudadano norteamericano Allen Robert Mayer, quien se había introducido ilegalmente en territorio cubano a bordo de una avioneta con el propósito de atentar contra la vida del Comandante en Jefe Fidel Castro.
El 30 de marzo, el general Maxwell Taylor, Jefe del Estado Mayor del Ejército de los Estados Unidos, declara ante el Congreso de ese país que "la Revolución Cubana podría ser el comienzo de una serie de convulsiones en América Latina, que darán oportunidades a los comunistas para tomar posiciones".
En abril de ese mismo año, Fidel viaja a los Estados Unidos. En Washington no es recibido, en manifiesta intención de desaire, por el Presidente de los Estados Unidos Dwight D. Eisenhower, y se entrevista en cambio con el entonces Vicepresidente, Richard Nixon.
Tras la reunión, en memorándum secreto, Nixon escribía su impresión de que Fidel era comunista o era sumamente ingenuo, y sugería implícitamente que se comenzara a pensar en el derrocamiento del flamante poder revolucionario en Cuba.
Tres semanas después de la promulgación de la Ley de Reforma Agraria, el 11 de junio de 1959, el Gobierno de los Estados Unidos, en nota diplomática entregada por su Embajador en La Habana, expresaba: "Los Estados Unidos reconocen que, según el derecho internacional, un Estado tiene la facultad de expropiar dentro de su jurisdicción para propósitos públicos y en ausencia de disposiciones contractuales o cualquier otro acuerdo en sentido contrario; sin embargo, este derecho, debe ir acompañado de la obligación correspondiente por parte de un Estado en el sentido de que esa expropiación llevará consigo el pago de una pronta, adecuada y efectiva compensación".
En la respuesta del Gobierno cubano a esta nota, se reiteraba que "es facultad inalienable del Gobierno Revolucionario dictar, en el ejercicio de su soberanía y al amparo de tratados, convenciones y pactos de carácter universal, las medidas que juzgue más adecuadas para impeler y asegurar el desarrollo económico, el progreso social y la estabilidad democrática del pueblo cubano". En consecuencia, declaraba la nota cubana, el Gobierno Revolucionario "se arroga la facultad de decidir lo que estime más acorde con los intereses vitales del pueblo cubano, y no admite, ni admitirá, ninguna indicación o propuesta que tienda a menoscabar, en lo más mínimo, la soberanía y la dignidad nacionales".
No obstante, en cuanto a las condiciones de pago exigidas en la nota norteamericana, el Gobierno Revolucionario argumentaba la imposibilidad material para cumplirlas y proponía la negociación de otras alternativas de compensación. Esta última propuesta fue desconocida por las autoridades norteamericanas, que se aferraron a las impracticables condiciones planteadas y encontraron por fin en la respuesta cubana el pretexto para comenzar el despliegue de su política de represalias y agresiones económicas, políticas y militares contra Cuba.
La suerte estaba echada.
Girón el primer capítulo de nuestra resistencia (II parte)
Durante los primeros tres años de la Revolución, cada acción del enemigo encontró la réplica adecuada en una nueva ley o medida justiciera, y en cada caso estuvieron presentes la batalla en el terreno de las ideas y la movilización popular. Así el pueblo cubano se enfrentó resueltamente a los ataques enemigos, cada vez más violentos, y al mismo tiempo a males profundamente enraizados en la sociedad neocolonial, como la odiosa discriminación racial, los privilegios y el exclusivismo implantados por el orden social anterior en comercios, bancos, hoteles, centros de recreo y las mejores playas del país. Apenas dos meses después del triunfo revolucionario se dispuso la drástica rebaja de los alquileres abusivos que pagaba el pueblo por la vivienda, con lo que comenzó el agudo enfrentamiento a las clases explotadoras.
Centenares de vuelos piratas tuvieron lugar sobre ciudades y poblados rurales cubanos en los primeros años de la Revolución, cuyos indiscriminados bombardeos y lanzamiento de sustancias explosivas ocasionaron numerosas víctimas y daños a la economía. En la foto, una avioneta derribada en mayo de 1960 en la carretera que conduce al Mariel.
A raíz de la Reforma Agraria, medida soberana de profundo beneficio popular y nacional, comenzó una vasta y sistemática campaña de sabotaje y terrorismo, incursiones piratas de aviones procedentes de territorio norteamericano, agresiones políticas y diplomáticas y fomento y apoyo de bandas armadas y células contrarrevolucionarias. Prófugos de la justicia popular y elementos de la reacción interna, reclutados, entrenados y abastecidos por la CIA, produjeron los primeros alzamientos en zonas montañosas del país. Comenzó a prepararse la invasión mercenaria que supuestamente daría el golpe definitivo a la Revolución.
La respuesta de nuestro pueblo no se hizo esperar. Frente a las agresiones y las amenazas crecientes, los obreros, empleados, campesinos y estudiantes se organizaron, entrenaron y armaron en las Milicias Nacionales Revolucionarias, y el pueblo todo se volcó a la vigilancia en los Comités de Defensa de la Revolución, cuya creación fue anunciada por Fidel sobre el eco de los estallidos de petardos contrarrevolucionarios. El Ejército Rebelde y los Órganos de la Seguridad del Estado elevaron su capacidad organizativa y combativa. La Revolución aseguró un flujo creciente de armas procedentes de los países socialistas. Cuba se convirtió desde entonces en un pueblo de trabajadores y soldados.
Frente a las agresiones y amenazas crecientes, las fuerzas populares se organizaron, entrenaron y armaron en las Milicias Nacionales Revolucionarias, y Cuba desde entonces se convirtió en lo que el inolvidable Camilo Cienfuegos llamó el pueblo uniformado.
Paralelamente, el Gobierno de Estados Unidos pasó también a acciones de fondo en el orden económico. La primera medida fue la orden a las compañías petroleras norteamericanas de reducir el suministro de combustible a Cuba, del cual tenían hasta ese momento el monopolio absoluto. La intención evidente era paralizar el país. Ante el gesto solidario de la Unión Soviética, que asumió el abastecimiento de petróleo a un país lejano de sus costas; el siguiente paso fue la negativa de las refinerías norteamericanas en Cuba, en junio de 1960, a procesar el crudo soviético, seguido poco después por otros dos golpes al parecer demoledores: la supresión total de la cuota azucarera cubana en el mercado de Estados Unidos, hacia el cual, como ya se ha dicho, se exportaba la mayor parte de ese producto fundamental de nuestra economía, y el embargo a las exportaciones norteamericanas hacia Cuba. Poco después quedó establecido el bloqueo económico total contra nuestro país, reforzado progresivamente hasta niveles increíbles, que todavía hoy se mantiene a contrapelo de la ley y la opinión internacionales.
La batalla de la Revolución por su supervivencia había entrado en una fase decisiva. Frente a la agresión económica abierta, la Revolución replicó en forma contundente con la nacionalización de los monopolios y todas las empresas de propiedad norteamericana en Cuba, y en vista de la hostilidad declarada de la oligarquía nativa, en activa postura contrarrevolucionaria, procedió a privarla de su base económica nacionalizando también sus bancos y empresas.
La conciencia de nuestro pueblo maduró vertiginosamente en esos meses cruciales de 1960. Se derrumbó el efecto acumulado de medio siglo de coloniaje cultural, adoctrinamiento ideológico e ignorancia o indiferencia políticas. La propia lucha elevó la conciencia de las masas, aceró su voluntad y les mostró cuál era el verdadero y único camino: luchar en defensa de su Revolución.
PROMOCIÓN DE ORGANIZACIONES CONTRARREVOLUCIONARIAS DENTRO DE CUBA
Ya desde mediados de 1959, ex militares y politiqueros vinculados a la tiranía derrocada, oportunistas que participaron de la lucha contra Batista y elementos de las capas sociales más altas que empezaban a ser afectadas por las leyes y medidas reivindicadoras de la Revolución, asumen una actitud abiertamente contraria al proceso revolucionario y comienzan a nuclearse, con el aliento y complicidad de agentes diversos del Gobierno norteamericano y, dentro de Cuba, de la Embajada de los Estados Unidos, en organizaciones de carácter contrarrevolucionario cuyos planes estaban encaminados a destruir el proceso de transformación que se iniciaba.
Surge así La Rosa Blanca, la primera organización de este tipo, integrada por elementos del régimen anterior, como el ex teniente coronel Antonio Soto —segundo jefe de la aviación batistiana—, Luisito Pozo —hijo del ex alcalde de La Habana—, Rafael Díaz Balart —político batistiano quien funje como secretario general de la organización—, el criminal de guerra Merob Sosa y muchos otros personajes de similar calaña, junto con algunos profesionales y representantes de la oligarquía desplazada del poder. Esta organización mantenía nexos con el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo y otros círculos gubernamentales en Santo Domingo. La actividad de La Rosa Blanca no pasó de la esfera de la organización, la conspiración y la elaboración de planes que en su inmensa mayoría fueron abortados.
En el mes de octubre de 1959 se integra el llamado Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR), cuyos dirigentes y miembros procedían fundamentalmente de la Agrupación Católica Universitaria y de la Juventud Obrera Católica. Esta organización y su principal cabecilla, Manuel Artime, van a ser escogidos posteriormente por la Agencia Central de Inteligencia para recibir un papel protagónico dentro de sus planes de agresión contra Cuba.
A finales del propio 1959 se van creando una cantidad considerable de organizaciones contrarrevolucionarias, que se iban formando sobre la base de la psicología social de grupos —por las relaciones religiosas, políticas, estudiantiles, etcétera—, lo cual propiciaba que los diferentes grupos se integraran con una psicología propia y un fin común. Así, por ejemplo, de los círculos religiosos surgen el Directorio Revolucionario Estudiantil, el Movimiento Democrático-Cristiano y el Movimiento Revolucionario del Pueblo; de los viejos partidos políticos surgen la Organización Auténtica y el Movimiento Rescate; de los primeros elementos disidentes de la Revolución nace el Movimiento 30 de Noviembre.
En el período que comprende los años 1960-61, las organizaciones contrarrevolucionarias crecieron en número y hombres. Se ha estimado que en esta época llegaron a existir más de 300 organizaciones, en muchas de las cuales los Órganos de la Seguridad del Estado lograron un alto nivel de infiltración hasta el punto de que sus agentes llegaron a ocupar posiciones de dirección en varias de ellas. No obstante, en sentido general estas organizaciones desarrollaron una cantidad considerable de actividades criminales contra el poder revolucionario, en algunos casos con recursos propios, en otros con los que recibían de la CIA, que, como se ha dicho, alentaba y dirigía las acciones de estos grupos.
La contrarrevolución interna desata una ola de sabotajes y acciones de todo tipo que cobran particular intensidad en los primeros meses del año 1961, como parte de la creación de un clima que la CIA consideraba propicio para el lanzamiento de la invasión mercenaria por Playa Girón.
SABOTAJES, INCURSIONES PIRATAS Y OTRAS ACCIONES TERRORISTAS
El 8 de julio de 1959, apenas mes y medio después de la firma de la Ley de Reforma Agraria, el Congreso de los Estados Unidos acordó otorgar mayores facultades al Presidente para suspender la ayuda extranjera a todo país que “confiscara propiedades americanas sin justa compensación inmediata”. Es el mismo lenguaje de las notas diplomáticas enviadas a Cuba. Una semana después, la Subcomisión de Seguridad Interna del Senado norteamericano da inicio a una serie de audiencias a desertores de las fuerzas armadas cubanas y del Gobierno Revolucionario y a criminales de guerra de la tiranía derrocada, reclamados como tales por las autoridades cubanas. El 12 de agosto comienza sus sesiones en Santiago de Chile la Quinta Reunión de Consulta de los Ministros de Relaciones Exteriores de la Organización de Estados Americanos, convocada para considerar “la situación de tensión internacional en la región del Caribe”. Entra en escena por primera vez la desprestigiada OEA como uno de los instrumentos que a partir de ese momento utilizarán preferentemente los Estados Unidos en su ofensiva diplomática y política contra Cuba.
El Gobierno norteamericano emprende simultáneamente una campaña de actividades subversivas utilizando a sus representantes diplomáticos en La Habana. El 8 de agosto las autoridades cubanas detienen al sargento Stanley F. Wesson, acreditado como miembro del Servicio de Seguridad de la Embajada de los Estados Unidos, y a otra empleada de la sede diplomática, en una reunión de elementos contrarrevolucionarios en la que se preparaban actos de sabotaje coordinados con los planes de invasión a Cuba que se fraguaban por esa fecha en la República Dominicana.
Comienza en estos meses la campaña de vuelos sobre territorio cubano de pequeños aviones procedentes de territorio norteamericano, con misiones tales como la infiltración de agentes, armas y otros medios de apoyo a la actividad organizada de la contrarrevolución interna, y la realización de actos de sabotaje. El 6 de octubre de 1959 el Gobierno Revolucionario impuso de esta actividad pirata al de los Estados Unidos, y solicitó la inmediata adopción de medidas por las autoridades norteamericanas para evitarlos. Sin embargo, pocos días después estas incursiones se intensificaron. Quedaba desde ese momento en evidencia que el Gobierno de los Estados Unidos no era ajeno a estas acciones, ejecutadas por sus agencias o toleradas por ellas.
El 26 de octubre el Gobierno de los Estados Unidos negaba la utilización de su territorio como base para los vuelos piratas sobre Cuba. Pocas horas más tarde el desertor Pedro Luis Díaz Lanz, ejecutor de muchas de estas acciones, reconocía públicamente que los aviones empleados en ellas tenían sus bases en la Florida y el 1ro de noviembre era descubierto uno de esos aparatos en el aeropuerto de Pompano Beach.
A continuación, algunas de las acciones de este tipo más notorias durante esos meses:
El 11 de octubre de 1959 un avión lanzó dos bombas incendiarias sobre el central Niágara, en la provincia de Pinar del Río. El 19 de octubre otras dos bombas fueron arrojadas desde el aire sobre el central Punta Alegre, en la provincia de Camagüey. El 21 de octubre un avión bimotor ametralló la ciudad de La Habana, provocando varios muertos y decenas de heridos, mientras otra avioneta arrojaba propaganda contrarrevolucionaria. El 22 de octubre fue ametrallado un tren de pasajeros en la provincia de Las Villas. El 26 de octubre sendas avionetas atacaron los centrales Niágara y Violeta.
A partir del mes de enero de 1960, ya en pleno desarrollo la zafra azucarera de ese año, se multiplicaron los vuelos sobre cañaverales. El día 12 solamente fueron incendiadas desde el aire 500 mil arrobas de caña en la provincia de La Habana. El día 30 se perdieron más de 50 000 arrobas en el central Chaparra, en Oriente, y el 1ro de febrero fueron incendiadas más de 100 000 arrobas en la provincia de Matanzas. Pero no cesaron otras acciones de terrorismo aéreo: el 21 de enero un avión arroja cuatro bombas de cien libras sobre la zona urbana de Cojímar y Regla, en La Habana.
El 7 de febrero de 1960 una avioneta incendia 1,5 millones de arrobas de caña en los centrales Violeta, Florida, Céspedes y Estrella, en Camagüey.
El 18 de febrero un avión que bombardeaba el central España, en la provincia de Matanzas, fue destruido en el aire por una de sus propias bombas. El piloto fue identificado como Robert Ellis Frost, ciudadano norteamericano. La carta de vuelo registraba la salida del avión del aeropuerto de Tamiami, en la Florida. Por otros documentos hallados en el cadáver se descubre que en tres ocasiones anteriores el piloto había realizado incursiones piratas sobre Cuba.
El 23 de febrero varias avionetas riegan cápsulas incendiarias en las fábricas de azúcar Washington y Ulacia, en Las Villas, así como en Manguito, región de la provincia de Matanzas. El 8 de marzo otra avioneta lanza materias inflamables en la zona de San Cristóbal e incendia más de 250 000 arrobas de caña.
Junto a las misiones de bombardeo, ametrallamiento y quema, se suceden en esta etapa los vuelos sobre La Habana y casi todas las demás provincias del país con el propósito de diseminar propaganda subversiva. Solamente en los tres primeros meses de 1961 se registraron decenas de vuelos de ese tipo. En un informe elaborado a raíz de la derrota de la invasión por Playa Girón, el entonces inspector general de la CIA, Lyman Kirkpatrick, apuntaba “que en el momento de la invasión se había dejado caer sobre Cuba un total de 12 millones de libras de volantes” de propaganda contrarrevolucionaria.
Mientras se desarrollaba esta escalada de acciones terroristas desde el aire, el Gobierno de los Estados Unidos había emprendido una serie de maniobras diplomáticas destinadas a obstaculizar la adquisición por parte de Cuba de los medios necesarios para la defensa del territorio frente a estas incursiones aéreas piratas, incluida la presión sobre el Gobierno de Gran Bretaña para impedir la venta a Cuba de quince aviones de combate. El 13 de noviembre de 1959 el Gobierno Revolucionario de Cuba acusó al de Estados Unidos por estas maniobras destinadas a impedir su legítimo derecho de adquirir los medios para la defensa del país. Cinco días después ratificó su decisión de adquirir esos medios donde pudiera conseguirlos.
El hecho más significativo en la cronología de acciones dirigidas a impedir el reforzamiento de la defensa del país, fue la voladura del vapor francés La Coubre el 4 de marzo de 1960. El buque había cargado en puertos europeos un importante lote de armamentos y parque adquirido por el Ejército Rebelde. El cargamento fue saboteado por agentes de la CIA en alguno de los puertos de embarque, y los artefactos explosivos colocados hicieron explosión ese día en el puerto de La Habana mientras se realizaban las operaciones de descarga. Las cargas fueron programadas de suerte que la segunda estallara con un intervalo suficiente como para asegurar que el buque y el muelle aledaño estuviesen lo más llenos posible de personal que habría acudido en auxilio de las víctimas de la primera explosión. Las explosiones dejaron un saldo de más de 100 muertos y más de 200 heridos.
El 21 de marzo es derribada cerca de Matanzas la avioneta pilotada por los norteamericanos Howard Lewis Rundquist y William J. Shergales, y el 12 de mayo es abatida al este de La Habana, cerca de la costa, otra avioneta pilotada por el también norteamericano Edward Duke, cuyo cadáver es entregado a la representación diplomática de los Estados Unidos.
En los meses de marzo y abril los vuelos sobre cañaverales fueron casi diarios. A partir del mes de mayo de 1960 se hicieron menos frecuentes, a la vez que comenzaba el incremento de actividades de sabotaje de otra índole, tales como secuestros de aviones, atentados terroristas y otros actos que culminaron en la destrucción de la tienda El Encanto el 13 de abril de 1961. La complicidad, y participación directa en muchos casos, de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos en estos hechos quedó demostrada también por las declaraciones posteriores de diversos cabecillas contrarrevolucionarios, responsables directos de estas actividades.
Paralelamente a esta campaña de terrorismo desde el aire, durante los meses finales de 1959 la contrarrevolución interna, con el apoyo directo de las agencias del Gobierno de los Estados Unidos, incrementó sus actividades subversivas y terroristas de otra índole. A continuación una brevísima enumeración de algunas de las principales acciones de ese tipo y otros hechos relacionados con ellas en esta etapa.
El 21 de septiembre de 1959 son detenidos en el curso de una reunión con alrededor de veinte elementos contrarrevolucionarios los norteamericanos Austin Young, alias Jim Smith —jefe de los conspiradores—, y Peter John Lamblon, mientras planificaban la realización de acciones terroristas. El 15 de junio de 1960 tocó el turno a los agregados de la Embajada de los Estados Unidos, Edwin L. Sweet y William G. Friedman, agentes del FBI, quienes son sorprendidos en plenas faenas conspirativas y expulsados del país.
Los locales de los periódicos Revolución y La Calle, órganos de prensa revolucionarios, son objeto de ataques con granadas o cócteles Molotov. El 15 de febrero de 1960 es incendiada la tienda por departamentos Ten Cent de la ciudad de Santa Clara. Cines, tiendas, oficinas, fábricas, escuelas, son objeto de atentados terroristas con explosivos o sustancias incendiarias, casi siempre en momentos en que están llenos de público. El 27 de octubre de 1960 muere el niño de 13 años Juan Alberto Jiménez Yupart como resultado de uno de estos atentados en la calle Estrella, en La Habana.
En ese mes de octubre fue denunciada la actividad de la estación de la CIA en la Embajada norteamericana en La Habana, en las personas del coronel Erickson S. Nichols y el mayor Robert Van Horn, ambos agregados militares. El objetivo de estos espías era estimular la contrarrevolución en la ciudad de La Habana mediante la puesta en práctica de un amplio plan subversivo que incluía la voladura de la refinería de petróleo Ñico López y de la planta eléctrica de Tallapiedra.
Durante los meses anteriores a la invasión cobra impulso la actividad de infiltración clandestina de agentes y grupos en territorio cubano, lo cual resultaba coherente con la intención de crear todas las condiciones internas posibles para el éxito de lo que se consideraba el puntillazo al régimen revolucionario. Para tan delicada misión la CIA decidió utilizar muchas veces a agentes norteamericanos.
El 5 de octubre de 1960 desembarca en la bahía de Navas, entre Moa y Baracoa, en la cosa norte de la provincia de Oriente un grupo de 27 infiltrados al frente de los cuales venían cuatro norteamericanos, pero son todos capturados por fuerzas rebeldes y de las milicias campesinas. Otro grupo de seis norteamericanos es descubierto poco tiempo después tras haber desembarcado por un punto de la costa norte de Pinar del Río.
En diciembre de 1960 se decretaría la primera movilización de combate del pueblo miliciano de Cuba ante las amenazas anunciadas de una invasión, previo al cambio de mandato presidencial de Eisenhower a Kennedy que se produciría el 20 de enero. Por lo pronto el 3 de enero se llevó a cabo el rompimiento de relaciones entre ambos países.
GIRÓN el primer capítulo de nuestra resistencia (III parte)
En los primeros meses de 1961 fueron ocupados en algunos cayos de las costas de Pinar del Río y Las Villas y en otros puntos dentro del territorio de la Isla grandes lotes de armas introducidos clandestinamente. En abril fue descubierto y capturado en Pinar del Río un cargamento de ocho toneladas de armas, explosivos y pertrechos introducidos por dos infiltrados norteamericanos que fueron capturados.
El 3 de enero de 1961, el Gobierno de Estados Unidos rompió relaciones diplomáticas con Cuba. La gráfica captó el instante en que el vendedor del periódico Revolución, órgano oficial de la Revolución, voceaba las principales noticias del día precisamente frente a la agitada sede de la embajada norteamericana, la hoy Oficina de Intereses.
El 13 de marzo de 1961 es infiltrado en Cuba el traidor Humberto Sorí Marín con un gran cargamento de armas e indicaciones de la CIA de gestionar la unión de la mayor cantidad posible de organizaciones contrarrevolucionarias. Una misión no menos priorizada de este agente fue crear condiciones para la realización de un atentado al Comandante en Jefe.
En pleno apogeo de la campaña de sabotajes, promoción de organizaciones y bandas contrarrevolucionarias y terrorismo desde el aire, llevada a cabo con el estímulo y la evidente participación y complicidad de las autoridades de los Estados Unidos, el 26 de enero de 1960 el Presidente norteamericano, Dwight D. Eisenhower, declara públicamente que "el Gobierno de los Estados Unidos se adhiere estrictamente a su política de no intervención en los asuntos internos de otros países, incluida Cuba", y afirma con insuperable cinismo que, al propio tiempo, "ve con creciente preocupación la tendencia de los voceros del Gobierno cubano [...] a crear la ilusión de actos agresivos y actividades conspirativas dirigidas contra el Gobierno cubano y atribuidas a las autoridades o agencias de los Estados Unidos". Al día siguiente, el Gobierno Revolucionario reitera de nuevo su disposición a negociar las diferencias de opinión existentes con los Estados Unidos y a discutirlas "sin reservas y con absoluta amplitud" sobre la base del respeto mutuo y el beneficio recíproco.
Pero aún el fariseísmo llegaría más lejos: el 8 de abril, en carta a un grupo de estudiantes chilenos, el Presidente norteamericano sostuvo oficialmente, por primera vez, la especie de la "traición" a los ideales revolucionarios por parte del Gobierno cubano —argumento usado desde entonces por la contrarrevolución—, y expresó paladinamente: "Permítaseme asegurarles que la idea de una intervención extranjera en los asuntos cubanos es tan desagradable a los Estados Unidos como lo es la intervención en los asuntos internos de cualquier otra república americana".
El fenómeno del bandidismo fue estimulado, organizado, dirigido y apoyado por la CIA como parte fundamental de su estrategia contra la Revolución Cubana. En la foto, milicianos en el Escambray, durante aquellas combativas jornadas de 1960, en el momento en que recobran uno de los paracaídas que trasportaban armamentos.
Ya para entonces, el propio Eisenhower había firmado la orden ejecutiva en la que autorizaba la ejecución de los planes para la invasión a Cuba: el 17 de marzo, en efecto, el Presidente norteamericano había ordenado al director de la CIA, Allen Dulles, que comenzara "la preparación de una fuerza armada de cubanos exiliados que sería utilizada para invadir a Cuba, derrocar la Revolución y restablecer el sistema demócrata representativo".
Como ya se dijo, en los meses inmediatamente anteriores a la invasión por Playa Girón se intensifica la campaña de sabotajes y otras acciones terroristas como parte de un plan deliberado de la CIA para crear un clima que los estrategas norteamericanos considera-ban propicio, a partir de su errónea evaluación del grado real de malestar y oposición interna al Gobierno Revolucionario. Un análisis de los servicios de seguridad cubanos, elaborado el 16 diciembre de 1960, evidenciaba la creciente actividad contrarrevolucionaria. Entre los meses de septiembre y diciembre, se cometieron más de cincuenta violaciones aéreas en la provincia de La Habana, muchas de ellas con la finalidad de distribuir propaganda contrarrevolucionaria y lanzar bombas sobre objetivos estratégicos de la capital. En ese mismo periodo se reportaron más de cien acciones de sabotaje y actos terroristas contra la población.
Entre los hechos más significativos que ocurren en el mes de diciembre de 1960, cabe mencionar el incendio provocado el día 15 en los estudios de la emisora radial CMQ en La Habana; la bomba colocada en la Universidad de La Habana que, además de los daños causados, hirió gravemente a un estudiante; el sabotaje del cine Caridad, en Marianao, con un saldo de siete jóvenes heridos, y la destrucción total y parcial, respectivamente, por el fuego de las tiendas La Época y Flogar, dos de las mayores de La Habana. En el resto del país también se incrementó la actividad terrorista: incendios de casas de tabaco en Pinar del Río, 39 acciones de diverso tipo en Las Villas, 16 sabotajes y un asalto a una estación de policía en Camagüey y siete sabotajes de envergadura en Santiago de Cuba.
El 26 de febrero de 1961 es colocado fósforo vivo en la tienda El Encanto, de Santiago de Cuba. Dos días después ocurre un atentado terrorista a la Nobel Academy en La Habana, que produce un saldo de nueve estudiantes y una profesora heridos.
El 3 de marzo una bomba colocada en el Consolidado de la Construcción en Rancho Boyeros ocasiona la muerte del obrero de 18 años José María Méndez Marrero. Tres días después era asesinado el miliciano Carlos Rodríguez Borbolla, en el interior de una nave de almacenamiento de papel periódico, en La Habana, incendiada posteriormente. El día 11 un sabotaje efectuado a las torres de servicio eléctrico en el barrio habanero de la Víbora deja sin fluido eléctrico a una amplia zona de La Habana. El día 14 estallan incendios simultáneos en las sucursales de los establecimientos denominados Ten Cent en las calles Monte, Obispo y Habana, en la capital del país. El 21 de marzo es asesinado en Puerto Padre, Oriente, el miliciano Ángel Torres López.
El 2 de abril un sabotaje a la revista Verde Olivo ocasiona la muerte al obrero Rigoberto Sierra. Ese mismo día se frustra el sabotaje al cine City Hall, en La Habana, al ser capturado el saboteador con cinco frascos de fósforo vivo. El día 4 un incendio provocado destruye un almacén y 180 000 sacos de azúcar en el central Hershey, en Santa Cruz del Norte. El día 7 es saboteada la conductora central de agua de la Cuenca Sur y se interrumpe el suministro de agua en gran parte de la ciudad de La Habana por 48 horas. El 13 de abril, dos días antes del lanzamiento del ataque aéreo previo a la invasión de Girón, un sabotaje con fósforo vivo destruye totalmente el edificio ocupado por la tienda El Encanto, en la capital, y ocasiona la muerte de la trabajadora y miliciana Fe del Valle.
FOMENTO DE BANDAS ARMADAS: LA LUCHA CONTRA BANDIDOS
La primera banda contrarrevolucionaria apareció ya a principios de abril de 1959 en la provincia de Pinar del Río, cuando un cabo del Ejército batistiano, Luis Lara Crespo, se escapó de la prisión donde se encontraba y contactó con un grupo de elementos comprometidos con la dictadura con el propósito de emigrar clandestinamente, pero sometido a una tenaz persecución se vio obligado a alzarse en las montañas. La última banda organizada que resultó liquidada fue la de Juan Alberto Martínez Andrade, cuyos integrantes fueron capturados en octubre de 1965.
Puede afirmarse categóricamente que la inmensa mayoría de estas agrupaciones, y prácticamente la totalidad de ellas a partir de la segunda mitad de 1960, fueron promovidas, organizadas, abastecidas y apoyadas de diversas maneras por la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos. Las evidencias documentales, testimoniales y factual que constan al respecto en los archivos de los Órganos de Seguridad cubanos, son tantas que resulta imposible describirlas en este recuento. La propia documentación secreta norteamericana que ha ido siendo desclasificada en los Estados Unidos en los últimos años, corrobora de manera inequívoca que el fenómeno del bandidismo fue estimulado, organizado, dirigido y apoyado por la CIA como parte fundamental de su estrategia contra la Revolución Cubana.
En una guerra irregular como la que los Estados Unidos impusieron a la Revolución Cubana apenas triunfó, es muy difícil obtener datos estadísticos precisos ni reconstruir cronologías exactas, sin correr el riesgo de olvidar hechos importantes. No obstante, en el caso de la lucha contra las bandas contrarrevolucionarias se pueden citar algunas cifras que permiten ilustrar la violencia que caracterizó este enfrentamiento.
Aunque, como es sabido, el teatro principal de operaciones de estas bandas fue la zona del Escambray, en la antigua provincia de Las Villas, el fenómeno de las bandas contrarrevolucionarias tuvo alcance nacional, con incidencia mayor o menor en cada una de las seis provincias en que estaba dividido el territorio nacional. A continuación se ofrece un resumen por provincias del desarrollo de este enfrentamiento.
En la provincia de Pinar del Río existió un total de 21 bandas que agruparon alrededor de 255 hombres alzados y decenas de colaboradores. Estas agrupaciones llevaron a cabo en siete años, entre 1959 y 1965, más de 50 acciones de diferentes tipos, como asaltos a casas de campesinos, granjas y tiendas del pueblo, donde robaban y quemaban todo lo que podían, ataques a medios de transporte y pequeños objetivos militares —a los que en muchas ocasiones también incendiaban—, sabotajes contra objetivos económicos, incluidos cañaverales, atentados contra milicianos aislados y asesinatos de civiles. Como consecuencia de estas acciones se produjeron 14 asesinatos de personas indefensas, 14 muertos en combate por parte de las fuerzas revolucionarias entre miembros del Ejército Rebelde, las Milicias y la Seguridad del Estado, 25 heridos entre los registrados en los enfrentamientos y los campesinos que sufrieron heridas a manos de los bandidos y 3 asesinatos de alzados a manos de sus propios compinches.
En las zonas rurales de la provincia de La Habana hubo que enfrentar a 9 bandas que llegaron a incorporar a unos 78 alzados apoyados por decenas de colaboradores, quienes durante varios años se dedicaron a agredir la economía agrícola, principalmente a quemar cañaverales, sabotear la producción de leche y dañar la masa ganadera. También incendiaron viviendas, escuelas, ómnibus y otros objetivos, asaltaron granjas, agredieron a campesinos e incluso atentaron contra la vida de dos dirigentes campesinos. Además de todos estos hechos, estas bandas se dedicaron a robar arroz, carne salada, conservas, aves de corral, carneros, escopetas de caza y cartuchos y de todo lo que pudieron para poder sobrevivir.
Al verse obligados a enfrentar las operaciones militares de las fuerzas revolucionarias, causaron un muerto y cinco heridos. En otras acciones asesinaron a un agente de la Seguridad del Estado y a un colaborador. Asaltaron a varios milicianos aislados con un saldo de tres muertos, dieron muerte en una emboscada a un sargento del Orden Público y un miliciano, y asesinaron a cinco civiles en distintas acciones. Y, como si fuera poco, fueron los actores directos de la muerte de un niño de 11 años. En total, en La Habana hubo un saldo de 21 personas afectadas por la acción de los bandidos: 13 muertos y 8 heridos, además de los daños materiales causados.
La guerra contra las bandas fue más costosa en la provincia de Matanzas, tanto en pérdidas humanas como materiales. En el territorio actuaron 43 bandas, que llegaron a agrupar alrededor de 605 alzados y varios centenares de colaboradores. Las principales acciones combativas reportadas sumaron 21, con 30 combatientes muertos y 36 heridos.
Como consecuencia de las acciones de los bandidos, se registraron dos niños muertos y otros dos y la madre heridos graves en un solo hecho, un niño asesinado en otro incidente y un maestro secuestrado y asesinado.
Los hechos cometidos por las bandas pueden resumirse como sigue: catorce emboscadas contra vehículos, cuatro asaltos a trenes, dos ataques a puestos de milicias, con un muerto y dos heridos, dieciséis ataques a bateyes y viviendas campesinas, once ataques a cooperativas, tiendas y granjas del pueblo, dieciséis asaltos a milicianos aislados, más de veinte sabotajes contra el tendido eléctrico, instalaciones agrícolas, cañaverales y otras cosechas, incendios de viviendas, escuelas rurales, una tienda del pueblo y cuatro vehículos, secuestros de campesinos. Se produjeron además innumerables robos de armas, ropa, calzado, reses, aves y productos agrícolas, fundamentalmente en granjas estatales.
El saldo final de bajas entre la población rural y las fuerzas revolucionarias fue de 61 muertos y 70 heridos. En total, unas 133 personas sufrieron directamente las consecuencias de esta confrontación.
La antigua provincia de Las Villas fue, como ya se ha dicho, la zona donde más desarrollo alcanzó este tipo de lucha, debido al apoyo material y financiero que recibió por parte de la CIA por intermedio de las principales organizaciones contrarrevolucionarias y donde el enemigo encontró mejores condiciones geográficas y socioeconómicas. En total se registraron unas 168 bandas que sumaron 2 005 alzados contrarrevolucionarios y varios miles de colaboradores, fundamentalmente familiares de los bandidos. Solamente en el Escambray operaron 136 bandas.
Entre los principales hechos cometidos se incluyen asaltos a casas de campesinos, cinco ataques a pequeños puestos militares, una treintena de ataques a diferentes objetivos civiles, el secuestro de 18 personas y el asesinato de 12 milicianos, 70 civiles (principalmente campesinos y trabajadores agrícolas), tres maestros voluntarios (Conrado Benítez, Manuel Ascunce y Delfín Sen Cedré), un militar y dos agentes de la Seguridad del Estado. El 30 de noviembre de 1960 cae durante las operaciones contra las bandas el comandante del Ejército Rebelde Piti Fajardo. En todos estos hechos no están incluidos los innumerables robos cometidos en los lugares que asaltaban. En materia de sabotajes contra la economía agrícola se destacan los cientos de miles de arrobas de caña quemadas.
En total se han registrado en la lucha contra bandidos en Las Villas 145 muertos y 103 heridos, sumando las bajas en combate de las fuerzas revolucionarias y los asesinatos cometidos por los bandidos.
En Camagüey actuaron solamente cuatro bandas que llegaron a aglutinar unos 23 alzados. Los bandidos llevaron a cabo 49 acciones de cierta envergadura, entre ellas quemas de escuelas, viviendas y tiendas del pueblo, asaltos y tomas de caseríos, ataques directos a objetivos económicos y a pequeños puestos de milicias y asaltos a vehículos de transporte. Igual que en otras provincias, también quemaron cañaverales para afectar el principal rubro económico nacional. Como consecuencia de sus acciones causaron la muerte a 14 personas, en su mayoría milicianos, y heridas a 25.
Por último, en la antigua provincia de Oriente, donde el fomento de las bandas de alzados contrarrevolucionarios estuvo particularmente estimulado desde la base naval de los Estados Unidos en Guantánamo y por más de catorce infiltraciones de grupos comandos entrenados, armados y financiados por la CIA, hubo 54 bandas de alzados contrarrevolucionarios que sumaron 1 029 bandidos. Entre sus principales fechorías se cuentan ataques a tiendas del pueblo y granjas, asesinatos de milicianos, quemas de escuelas y otras instalaciones, para un total registrado de 79 acciones. Las bajas de las fuerzas revolucionarias fueron 23 muertos, casi todos caídos en combate, y 30 heridos. Una de las víctimas fue el comandante del Ejército Rebelde Pancho Tamayo, asesinado el 7 de abril de 1960 por un bandido.
Las bandas contrarrevolucionarias recibieron en todo momento apoyo material directo por parte del Gobierno de los Estados Unidos y sus agencias oficiales. Eran frecuentes los vuelos de aviones y avionetas, procedentes del territorio norteamericano, sobre las montañas del Escambray y otras zonas de operaciones de las bandas, en los que se dejaban caer en paracaídas lotes de armas, municiones y otros pertrechos militares. No pocos de estos envíos caían en manos de las fuerzas revolucionarias cubanas, con lo que resultaba muy fácil probar la procedencia de esa ayuda.
El primer envío registrado ocurrió el 27 de junio de 1959 en la provincia de Pinar del Río, y las armas lanzadas fueron recuperadas por campesinos de la zona y entregadas al Ejército Rebelde. El 26 de enero de 1960 se efectuó el primer envío registrado en la provincia de Las Villas.
El 10 de octubre de 1960 fueron capturados 102 contrarrevolucionarios en el Escambray y ocupado abundante equipo militar de características tales que probaban que solo el Gobierno de los Estados Unidos podía haberlo suministrado. El 7 de enero de 1961 fuerzas del Ejército Rebelde ocupan gran cantidad de armas de fabricación norteamericana lanzadas por aviones procedentes de los Estados Unidos sobre las sierras cercanas a la ciudad de Trinidad, en la provincia de Las Villas. El lanzamiento masivo de pertrechos bélicos para las bandas que operaban en el Escambray, codificado por la CIA con el nombre de Operación Silencio, fue descifrado y neutralizado por los Órganos de Seguridad cubanos gracias, entre otras razones, a la labor de agentes cubanos infiltrados en las filas contrarrevolucionarias. Muchas de estas armas y medios bélicos norteamericanos fueron exhibidos en la base del monumento a José Martí, en la Plaza de la Revolución de La Habana.
El propio inspector general de la CIA en la época, Lyman Kirkpatrick, reconoció no solo la existencia de estas operaciones de suministro de las bandas que operaban en Cuba, sino también su fracaso, en un informe recientemente desclasificado por el Gobierno de los Estados Unidos: "En total, alrededor de 151 000 libras de armas, municiones y equipos se enviaron por aire. Pero no se lanzaron realmente más de 69 000 libras de todo eso, pues el resto fue devuelto a la base. De estas 69 000 libras, por lo menos 46 000 fueron capturadas por las fuerzas de Castro, que se apoderaron de diez cargamentos, mientras que nuestros agentes solo pudieron recuperar tres".
En resumen, entre 1959 y 1965 actuaron a todo lo largo y ancho del territorio nacional 299 bandas que sumaron 3 995 alzados contrarrevolucionarios, organizados, dirigidos, financiados, abastecidos y estimulados por los servicios de espionaje y subversión de Estados Unidos, que utilizaron a varias organizaciones contrarrevolucionarias como fachada para encubrir su participación directa en esta guerra. Unos 100 000 hombres participaron en total en la lucha contra los alzados en las seis provincias. El total general de bajas que tuvo que sufrir el pueblo fue de 285 muertos y 261 heridos.
Girón el primer capítulo de nuestra resistencia (IV Parte)
Los planes de atentados contra Fidel. La intensa actividad de la CIA, por mandato del presidente norteamericano “Ike” Eisenhower, para aniquilar a la Revolución cubana
Costoso y sangriento ha resultado para nuestra nación enfrentar la brutal agresión yanki, como lo evidencian los 549 compatriotas caídos en la lucha contra las criminales bandas contrarrevolucionarias, tal y como fue certificado, caso a caso, en la Demanda del Pueblo de Cuba al Gobierno de los Estados Unidos.
Los presidentes John F. Kennedy y Dwight D. Eisenhower encabezaron las dos primeras administraciones que iniciaron la guerra sucia contra la Revolución cubana. “El proyecto para derrocar a Castro se convirtió en la principal actividad de la Agencia con la aprobación de las altas esferas de la política”, aseguró el Inspector General de la CIA en el informe que sería desclasificado casi 30 años después.
Otro de los epicentros de la guerra contra Cuba es la realización de planes de asesinato contra los dirigentes de la Revolución y, sobre todo, contra el Comandante en Jefe Fidel Castro.
Fidel, como dijo Roger Noriega, en pleno apogeo de su mandato como subsecretario de Estado, es el “obstáculo principal” para llevar adelante la “transición” del Plan Bush.
Los planes de asesinato contra la vida del Comandante en Jefe comenzaron a fraguarse desde antes del triunfo revolucionario y fueron intensos, como veremos en la siguiente muestra:
En septiembre de 1960, la CIA utilizó a elementos de la mafia, y organizó el asesinato del Comandante en Jefe, mediante la colocación de una carga explosiva cerca de la tribuna donde Fidel haría uso de la palabra en el Parque Central de Nueva York, en ocasión de su primer viaje a las Naciones Unidas.
El 28 de diciembre de 1958 fue descubierto y detenido por fuerzas rebeldes en la Sierra Maestra, el norteamericano Aller Robert Nye, a quien se le ocupó un fusil Remington calibre 30.06 con mira telescópica, con cuya arma pretendía asesinar al Comandante en Jefe.
Nye era agente del FBI y el Gobierno de Estados Unidos se lo facilitó a Batista y a su cúpula militar para que lo contrataran para esa misión. Esta historia fue revelada en enero de 1959 en la revista Carteles. Se disponen de algunas notas diplomáticas que la Embajada de Estados Unidos en La Habana envió a nuestras autoridades intercediendo por dicho agente.
El 2 de febrero de 1959, fue detenido el agente de la CIA y mercenario Allen Robert Mayer, quien ilegalmente penetró en nuestro territorio a bordo de una avioneta con el propósito de asesinar al Comandante en Jefe, lo cual no pudo ejecutar al ser descubierto y detenido por los entonces incipientes Órganos de la Seguridad del Estado.
El 28 de marzo de 1959, las fuerzas de la Policía Nacional Revolucionaria descubrieron y desarticularon un plan dirigido por la CIA para asesinar al Comandante en Jefe, a través del esbirro batistiano Rolando Masferrer, quien había huido hacia Estados Unidos al triunfar la Revolución y desde ese territorio, con el conocimiento y apoyo de dicha Agencia, preparó el plan.
En 1959, el agente de la CIA, Frank Sturgis, conocido también por Frank Fiorini, en 1958 aterrizó en la Sierra Maestra, por instrucciones de la Agencia, pilotando una avioneta cargada de armas para el Ejército Rebelde, con el objetivo de incorporarse a las fuerzas revolucionarias y cumplir diferentes misiones de Inteligencia. Esta misión logró cumplirla. Al triunfo de la Revolución, y dadas sus estrechas relaciones con Pedro Luis Díaz Lanz, entonces jefe de la fuerza aérea rebelde, fue designado para ocupar un cargo de responsabilidad en dicho mando, desde el cual preparó varios planes para asesinar al Comandante en Jefe, en ocasión en que el compañero Fidel concurriera a dicha unidad, planes que no logró materializar por diferentes razones.
Sintiéndose en peligro de ser descubierto huyó a Estados Unidos, desde donde continuó sus acciones contra nuestro país. Años después, en abril de 1977, revelaría al periodista Ron Rosenbanm, de la revista norteamericana High Times, que entre 1959 y 1960 preparó varios planes de atentado contra Fidel en la Base Aérea. Este mismo sujeto, además, participó conjuntamente con el traidor Pedro Luis Díaz Lanz en el bombardeo a la ciudad de La Habana el 21 de octubre de 1959.
Los planes antes citados demuestran que al contrario de lo que señaló William Colby, director de la CIA entre 1973 y 1976, ante el Comité Selecto del Senado (conocido como Comité Church, apellido del senador que lo presidió) creado para investigar las actividades de la comunidad de Inteligencia estadounidense y en particular los planes de asesinatos a dirigentes políticos, no fue a mediados de los 60 cuando comenzaron los esfuerzos por asesinar a nuestro Comandante en Jefe.
En el descalificado Memorando del 24 de abril de 1959, John Hill, ayudante especial del Subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos del Departamento de Estado, redactó después de regresar a Estados Unidos de un viaje realizado a La Habana, que las opiniones recibidas sobre qué pasaría si Castro fuese asesinado o incapacitado de otra manera, coincidían en “que la situación (en Cuba) se desintegraría con probabilidad peligrosamente... ya que no existiría ninguna fuerza capaz de resistir cualquier histeria masiva que pudiera sobrevenir”.
En la parte final del documento, Hill señala: “considero, además, que existe una necesidad urgente para la Embajada y las Agencias en Washington, en cuanto a enfocar más cuidadosamente lo que haríamos si: a) Castro fuera asesinado; b) Llegáramos a la conclusión de que él pondría en peligro nuestros intereses esenciales; o, c) la situación en Cuba se desintegra”, y añade: “De manera particular, debiéramos examinar cómo podríamos, en la medida en que la situación se desarrolle, identificar y promover una alternativa aceptable para nosotros”.
Lo anterior prueba que desde el propio año 1959, no solo la CIA, sino también el Departamento de Estado, manejaban la posibilidad del asesinato de Fidel y evaluaba las posibles consecuencias que ello podría traer.
También lo prueba el conocido Memorando de la CIA fechado el 11 de diciembre de 1959 y firmado por J. C. King, entonces jefe de la División del Hemisferio Occidental de dicha Agencia y que aparece entre los documentos desclasificados citados en la Demanda, en el cual propuso “considerar la eliminación física del Comandante en Jefe”, también mucho antes de la fecha citada por Colby.
Lo cierto es que a partir de 1960, la CIA intensificó la dirección de planes para asesinar al Comandante en Jefe y a partir de esa fecha son la mayoría de los planes revelados en el informe de la Comisión Church y los que aún no se han revelado.
Lo que también es cierto es que contra ningún otro dirigente político en el mundo se han gestado tantos planes de asesinato, ni ninguno ha sido sometido a tal persecución, tanto dentro como fuera de su país.
En 1960, los oficiales de la estación de la CIA en la embajada norteamericana en La Habana, Mayor Robert Van Horn y Coronel Jack Nichols, quienes encubrían sus acciones subversivas y terroristas bajo el manto de agregados militares, utilizaron a la también agente de la CIA Geraldine Shamma, para organizar un plan de asesinato al Comandante en Jefe en ocasión de una de las visitas que asiduamente hacía a la casa de otro dirigente de la Revolución. El plan, previamente aprobado por James Noel, jefe de la referida estación CIA, y supervisado por Lois Herbert, responsable de la CIA para el área de Centro América y el Caribe, consistió en dispararle desde un lugar cercano por parte de elementos terroristas de la organización contrarrevolucionaria Milicias Anticomunistas Obreras, con quienes Geraldine Shamma mantenía el enlace.
Este peligroso plan fue descubierto y neutralizado oportunamente por la Seguridad del Estado, sus actores detenidos, entre ellos la mencionada Shamma y las armas ocupadas.
También en 1960, los terroristas Leonel Pérez Bernal; José A. Martí Rodríguez, Francisco Pujols Someillán; Javier Someillán Fernández y Roger Hernández Ramos, concibieron asesinar al Comandante en Jefe durante su probable desplazamiento por una carretera de la capital. Para ello planearon hacer estallar una poderosa carga explosiva y a la vez dispararle con potentes armas. Fueron descubiertos y neutralizados durante la preparación del plan.
En 1960, un grupo de elementos contrarrevolucionarios vinculado con ex miembros del Ejército de la tiranía, planearon asesinar al Comandante en Jefe, mediante la colocación de cargas explosivas en un lugar por donde suponían que pasaría, la cual harían estallar por control remoto desde la casa del ex batistiano Raúl Nieves Sosa. Dicho plan, oportunamente descubierto, pudo ser neutralizado.
En 1960, los agentes de la CIA Armando Cubría Ramos y Mario Tauler Sagué, dirigidos desde Miami por el también agente Eladio del Valle Gutiérrez, se infiltraron por la costa norte de la provincia de Matanzas para asesinar al Comandante en Jefe. Descubiertos y perseguidos, fueron capturados ocupándoseles las armas, granadas, detonadores y equipos de control remoto que traían.
En septiembre de 1960, la CIA utilizó a elementos de la mafia, y organizó el asesinato del Comandante en Jefe, mediante la colocación de una carga explosiva cerca de la tribuna en que Fidel hacía uso de la palabra en el Parque Central de Nueva York, en ocasión de su viaje a las Naciones Unidas. Dicho plan quedó neutralizado al ser detenido su autor, el mafioso Walter Martino, por la policía de seguridad que custodiaba el acto. Este sujeto era hermano de otro mafioso nombrado John Martino, quien meses antes había sido detenido en Cuba por sus actividades subversivas.
En 1961, los contrarrevolucionarios Nobel Goderich Rodríguez, José René Martínez Carratalá, Abelardo González Fernández, conocido por “El Manquito”, todos con antecedentes gansteriles durante anteriores gobiernos, conjuntamente con Roberto Manuel Pérez Dulzaides, Roberto Rubio Ferres y otros, planearon asesinar al Comandante en Jefe en ocasión del recibimiento del dirigente argelino Ahmed Ben Bella durante su visita a nuestro país. El plan consistió en hacer estallar una carga explosiva en un lugar por donde suponían debían pasar los dirigentes. Descubierto oportunamente el plan, pudo ser neutralizado por la Seguridad del Estado.
En marzo de 1961, la CIA, a través de Rafael Díaz Hanscom, designado coordinador civil del “Frente Interno de Unidad Revolucionaria” organizado para dirigir las acciones contrarrevolucionarias en apoyo a la invasión mercenaria que se gestaba, planeó el asesinato del Comandante en Jefe en ocasión de una de sus frecuentes visitas a las obras en construcción por el Instituto Nacional de Ahorro y Viviendas. El plan consistía en hacer estallar un potente artefacto explosivo. En apoyo a este plan se produjo la infiltración de un comando de la CIA encabezado por el traidor Humberto Sorí Marín y otros, quienes introdujeron los explosivos y un número considerable de armas que serían, además, utilizadas en otras acciones. Este peligroso plan fue frustrado al ser descubiertos y detenidos todos los terroristas y ocupadas las armas.
En 1961, en víspera de la invasión mercenaria por Playa Girón, los terroristas Reynold González, jefe de la organización contrarrevolucionaria MRP (Movimiento Revolucionario del Pueblo), Antonio Veciana Blanch, Bernardo Paradela Ibarrichi y otros agentes de la CIA, planearon asesinar al Comandante en Jefe, en unión de los principales dirigentes de la Revolución reunidos en la terraza norte del antiguo Palacio Presidencial, en ocasión de estar celebrandose un multitudinario acto. El plan consistía en disparar contra la tribuna con armas automáticas y una bazuka, a la vez que serían lanzadas granadas contra el pueblo allí concentrado.
En apoyo a esa acción serían incendiadas las tiendas Sears, Fin de Siglo, J. Vallés y otras, y la realización de otros actos terroristas, como parte de la Operación Liborio, código con que la CIA denominó este vasto plan subversivo. La única tienda que lograron destruir totalmente fue El Encanto, donde pereció la compañera Fe del Valle Ramos.
Este plan, se ubica entre los de mayor peligrosidad que se han concebido, pues los terroristas ocuparon un apartamento próximo y situaron en él las armas, en espera del día del acto. Días antes de este, la Seguridad del Estado detuvo a la terrorista Dalia Jorge Díaz, miembro del grupo, al ser sorprendida cuando colocaba una petaca explosiva en la tienda Sears. También fue descubierto otro artefacto explosivo ya colocado en la tienda Fin de Siglo. Se intensificaron las investigaciones y se logró neutralizar los planes que estaban ya en sus comienzos de ejecución y la Seguridad del Estado pudo ocupar las armas y granadas situadas en el citado apartamento, deteniéndose a la mayoría de los terroristas.
EL PLAN DE INVASIÓN DE LA CIA
La desclasificación en los Estados Unidos del informe del inspector general de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Lyman Kirkpatrick, elaborado en octubre de 1961, en el que se evalúan las razones del fracaso de la invasión que los norteamericanos llaman de Bahía de Cochinos, prueba que las operaciones encubiertas organizadas desde Washington contra Cuba comenzaron en el verano de 1959, algunas semanas después de la firma de la Ley de Reforma Agraria. En su informe, el Inspector General de la CIA describe los pasos que a partir de agosto de 1959 había comenzado a dar un grupo paramilitar de la Agencia que cuatro meses más tarde, en diciembre de 1959, había elaborado “un plan para el entrenamiento de un grupo de exiliados cubanos como instructores paramilitares que serían usados en el entrenamiento de otros reclutas cubanos en un país de América Latina para su posterior infiltración clandestina en Cuba con el objetivo de proporcionar un líder a los disidentes anticastristas”. Y más adelante dice: “El 18 de enero de 1960, la División WH organizó el Buró 4 (WH/4), un grupo de tareas expandibles para llevar a cabo la propuesta operación cubana. La Mesa de Organización inicial tuvo un total de 40 personas, con 18 en el Cuartel General, 20 en la Estación Habana y dos en la Base Santiago”.
Así nació la Operación 40, que tomó el nombre en honor a la designación que recibía el Grupo Especial formado en el seno del Consejo Nacional de Seguridad para el seguimiento del caso cubano, presidido por el entonces vicepresidente Richard Nixon e integrado, entre otros, por Allen Dulles, el director de la CIA. El alto mando de la Agencia designó al experimentado oficial Tracy Barnes como jefe de la Fuerza de Tarea Cubana. Barnes convocó a una reunión ese propio 18 de enero al equipo que tuvo bajo su responsabilidad dirigir los planes para derrocar en 1954 al régimen de Jacobo Arbenz, en Guatemala.
Fuentes norteamericanas revelaron años después que Nixon en persona era el “oficial de caso” para Cuba, y había reunido a un importante grupo de hombres de negocios, encabezados por George Bush y Jack Crichton, ambos petroleros de Texas, para la recaudación de los fondos necesarios para la Operación. Nixon era un protegido del padre de Bush, Preston, que en 1946 apoyó su promoción al Congreso. De hecho, este era el ideólogo de la campaña electoral que llevó a Eisenhower a la presidencia y a Nixon a la vicepresidencia de los Estados Unidos.
Ya en mayo de 1959 había tenido lugar una reunión secreta en Washington con la participación de Nixon y los directivos de la Pepsi Cola International, la Standard Oil, la United Fruit Company y representantes de la mafia. Los asistentes sellaron un pacto mediante el cual el primero se comprometía a derrocar al Gobierno Revolucionario cubano a cambio de su próxima elección como presidente.
La actividad del Grupo Especial fue intensa durante las semanas siguientes: iniciaron conversaciones para un sitio de entrenamiento en Panamá; hicieron un reconocimiento del Caribe en la búsqueda de un sitio para una poderosa estación de radio de onda corta y onda media y, al mismo tiempo, el Cuartel General y la estación de la CIA en La Habana realizaron un estudio de las principales figuras de la oposición cubana para prepararlos con vistas a la creación de un frente político unificado, incluidos los batistianos, que sirviera como instrumento de cobertura para las operaciones clandestinas y como punto de unión para los cubanos anticastristas.
Dice el informe de Kirkpatrick:
“La adopción formal del proyecto por parte del Gobierno de los Estados Unidos tuvo lugar el 17 de marzo de 1960 cuando, después de preparativos preliminares por parte de la Agencia, el presidente Eisenhower aprobó un documento titulado `Un programa de acción encubierta contra el régimen de Castro' y mediante esto autorizó a la Agencia a poner en práctica:
a) La formación de una organización cubana en el exilio para atraer a los leales a Cuba, dirigir las actividades de oposición y proporcionar cobertura a las operaciones de la Agencia;
b) desatar una ofensiva propagandística en nombre de la oposición;
c) crear dentro de Cuba un aparato clandestino de recopilación de datos de Inteligencia y de acción que respondiera a la dirección de la organización en el exilio;
d) desarrollar fuera de Cuba una pequeña fuerza paramilitar para introducir en Cuba con el objetivo de organizar, entrenar y dirigir a los grupos de la resistencia.”
Por su parte, el presidente Eisenhower cuenta en sus memorias: “El 17 de marzo de 1960 yo le ordené a la Agencia Central de Inteligencia que comenzara a organizar el entrenamiento de los exiliados cubanos, principalmente en Guatemala, para un posible día futuro en que ellos pudieran regresar a su país. Otra idea fue que comenzáramos a construir una fuerza anticastrista en la propia Cuba. Algunos pensaron que debíamos poner la Isla en cuarentena, argumentando que si la economía declinaba bruscamente los propios cubanos derrotarían a Castro”.
Comunicado de Fidel al pueblo cubano
A las seis de la mañana del día de hoy, 15 de abril de 1961, aviones B-26 de fabricación norteamericana, bombardearon simultáneamente puntos situados en la ciudad de La Habana, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba, según informes recibidos hasta el presente.
Nuestras baterías antiaéreas abrieron fuego sobre los aviones atacantes, alcanzando a varios de ellos, uno de los cuales se retiró envuelto en llamas.
Aviones de la Fuerza Aérea Revolucionaria despegaron inmediatamente en persecución del enemigo.
Hasta el momento en que se redacta este informe continuaban escuchándose numerosas explosiones, como consecuencia de haber quedado envuelto en llamas un depósito de municiones cerca del campo de aviación de las FAR. Hasta ese momento no se han reportado muertos, aunque sí numerosos heridos. El ataque se produjo en forma sorpresiva y cobarde.
Nuestro país ha sido víctima de una criminal agresión imperialista que viola todas las normas del Derecho Internacional.
La delegación cubana ante la ONU, ha recibido instrucciones de acusar directamente al gobierno de los Estados Unidos como culpable de esta agresión a Cuba.
Se ha dado la orden de movilización a todas las unidades de combate del Ejército Rebelde y de las Milicias Nacionales Revolucionarias. Todos los mandos han sido puestos en estado de alerta.
Si este ataque aéreo fuese el preludio de una invasión, el país en pie de lucha resistirá y destruirá con mano de hierro cualquier fuerza que intente desembarcar en nuestra tierra.
El pueblo será ampliamente informado de todo. Cada cubano debe ocupar el puesto que le corresponda en las unidades militares y centros de trabajo sin interrumpir la producción, ni la campaña de alfabetización, ni una sola Obra Revolucionaria.
La Patria resistirá a pie firme y serenamente cualquier ataque enemigo, segura de su victoria.
“Patria o Muerte”
“Venceremos”
Fidel Castro Ruz
Girón el primer capítulo de nuestra resistencia (Parte V)
La intensa actividad conspirativa del Gobierno de Estados Unidos contra la Revolución y el proyecto "Pluto"
El 4 de marzo de 1960 se había producido en el puerto de La Habana la explosión del barco "La Coubre", que traía armas y municiones destinadas a la defensa de la Revolución. Fue una operación de la CIA: varios saboteadores penetraron al buque en su puerto de origen y colocaron explosivos detonantes por un dispositivo de alivio de presión, que funcionaría cuando la carga fuera movida en su lugar de destino.
En Retalhuleu, Guatemala, se adiestraron militarmente los mercenarios de la brigada invasora de Playa Girón bajo la instrucción directa de la Agencia Central de Inteligencia y del Pentágono.
"Como resultado de esta intensa actividad", señala el Inspector General de la CIA, "al cabo de un período relativamente corto la Agencia fue capaz de informar un considerable progreso preliminar cuando realizó su petición al Presidente [Eisenhower] de aprobación de la política a mediados de marzo."
Agrega el alto oficial que entre los logros informados estaban los siguientes: "que la Agencia se encontraba en contacto con líderes de tres importantes grupos de cubanos anticastristas de los que tenían mayor reputación, cuyos representantes, posiblemente con otros, podrían formar un consejo unificado de oposición en un término de treinta días; que la Agencia estaba ya apoyando las transmisiones de la oposición desde Miami [...]; que se había coordinado una edición desde el exilio de un periódico confiscado en Cuba; que un grupo controlado de acción estaba distribuyendo propaganda fuera de Cuba y que conferencistas anticastristas habían sido enviados a giras por América Latina."
El Presidente, asevera a continuación, "fue posteriormente informado de que una organización de acción e inteligencia dentro de Cuba, que respondiera a la dirección de la oposición en el exilio, podría ser creada en un término de 60 días y que los preparativos para el desarrollo de una fuerza paramilitar adecuada requeriría de un mínimo de seis meses y probablemente cerca de ocho meses".
Discusiones a altos niveles del Gobierno de los Estados Unidos precedieron a la presentación de este programa al Presidente Eisenhower. En el informe desclasificado de la CIA se afirma: "El proyecto para derrocar a Castro se convirtió en la principal actividad de la Agencia con la aprobación de las altas esferas de la política, comprometiendo la actividad a tiempo completo del personal de un buró operativo que se expandía rápidamente, requiriendo de una gran cantidad de atención diaria detallada de las altas esferas de la Agencia y una frecuente vinculación con otras Agencias y departamentos del Gobierno".
El año 1960 era de contienda electoral en los Estados Unidos. Desde entonces, la nación cubana estaría sometida a los locos vaivenes de la política electorera. Es interesante lo que escribe al respecto el Secretario de Prensa de Nixon, Herbert G. Klein, en un artículo publicado el 25 de marzo de 1962 en el periódico San Diego Union: "Desde el principio de la campaña de 1960 muchos de nosotros estábamos convencidos de que Cuba podía ser la cuestión decisiva de una elección reñida. Ciertamente, mirando el asunto retrospectivamente, fue uno de los factores decisivos en lo que resultó la más reñida elección presidencial en la historia moderna. [...] Solo cuatro de nosotros entre los asesores de Nixon compartíamos el secreto de que se estaban adiestrando refugiados para un posible ataque contra Castro y una vuelta a Cuba. [...] Por largo tiempo, mientras hacíamos campaña a lo largo del país, mantuvimos la esperanza de que el adiestramiento se realizara con la rapidez suficiente para permitir el desembarco. La derrota de Castro hubiera sido un poderoso factor para Richard Nixon. Pero el entrenamiento no fue lo suficientemente rápido para un desembarco antes de las elecciones".
Como prueba de la urgencia de la tarea, en los primeros días de abril el Director de la CIA dijo en una reunión del Grupo Especial que él reclutaría a personas de cualquier lugar del mundo si fuesen necesarias en el proyecto. El Inspector de la Agencia reconoce que "de enero de 1960, cuando contaba con 40 personas, el buró se expandió a 588 para el 16 de abril de 1961, convirtiéndose en uno de los más grandes burós en los servicios clandestinos".
En el propio mes de abril de 1960 son creadas las Brigadas Internacionales Anticomunistas, una organización fantasma dirigida por el agente de la CIA Frank Sturgis, con el propósito de acondicionar una red secreta de casas de seguridad, instalaciones navales, barcos, aviones, almacenes, en fin, todo lo necesario para que los reclutados pudieran actuar desde una base segura. La organización también estaría responsabilizada con el reclutamiento de exiliados, la administración de los campamentos de entrenamiento y la coordinación de las misiones para el abastecimiento de los grupos contrarrevolucionarios en Cuba.
El 1ro. de mayo de 1960, ante la acumulación de evidencias obtenidas por distintas vías por el Gobierno Revolucionario cubano acerca de los preparativos en Guatemala de una invasión a Cuba, el Comandante en Jefe Fidel Castro los denunció públicamente y responsabilizó a la Agencia Central de Inteligencia y al Gobierno norteamericano.
Dos semanas después, el Departamento de Estado emitió una declaración en la que "rechaza vigorosamente la repetición por parte del Primer Ministro Castro de acusaciones e implicaciones de que los Estados Unidos contemplan planes de agresión contra el Gobierno de Cuba". La mentira deliberada quedaría en evidencia mucho tiempo después.
De nuevo el 27 de junio, en un memorando presentado al Comité Interamericano de Paz, el Gobierno de los Estados Unidos se refirió a los "esfuerzos irresponsables por parte del Gobierno cubano para hacer aparecer al Gobierno de los Estados Unidos en posición de planear un ataque armado" contra Cuba, y afirmó que las acusaciones cubanas "reflejan una política provocadora destinada a fomentar la tensión y a minar las bases de la solidaridad y la cooperación interamericanas".
El descaro llegaba a su punto máximo al querer calificar de provocaciones cubanas a las múltiples agresiones de todo tipo perpetradas hasta ese momento contra nuestro país.
El 18 de julio, en reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas solicitada por Cuba para conocer de las amenazas, represalias y agresiones a que estaba siendo sometida, el representante norteamericano, Henry Cabot Lodge, afirmó rotundamente que "los Estados Unidos no tienen propósito agresivo alguno contra Cuba".
Según el informe de la CIA, en abril los oficiales del proyecto habían logrado un acuerdo con el Servicio de Inmigración y Naturalización acerca de un procedimiento especial de entrada en los Estados Unidos de cubanos de interés para la operación. Igualmente, se realizaron consultas con la Voz de las Américas y la Agencia de Información de los Estados Unidos acerca de operaciones de propaganda. El Departamento de Estado era consultado regularmente acerca de cuestiones políticas.
El 17 de mayo de 1960 inició sus transmisiones Radio Swan, la estación radial acerca de la cual había sido informado Eisenhower. Esta emisora pretendía confundir a la opinión pública cubana con informaciones groseramente manipuladas sobre los acontecimientos políticos que ocurrían en la Isla.
Después de varios meses de intensificados esfuerzos por organizar un frente del exilio, y tras complejas reuniones en Nueva York y Miami, fue creado el 11 de mayo un nominalmente unificado Frente Revolucionario Democrático compuesto por varias facciones contrarrevolucionarias cubanas.
La base de la CIA en Miami se inauguró el 25 de mayo en el distrito comercial de Coral Gables bajo cobertura de una firma de Nueva York, respaldada por un contrato del Departamento de Defensa, y el 15 de junio, según el Inspector Kirkpatrick, se inauguró un centro de comunicaciones con cobertura del Ejército en la antigua estación aeronaval de Richmond, que había sido arrendada por la Universidad de Miami.
Los primeros reclutas que debían ser entrenados en las artes de la subversión, el sabotaje y el asesinato, arribaron en junio a la pequeña isla de Usseppa, en la cayería floridana. En el grupo inicial iban 25 hombres, casi todos ex oficiales del Ejército de Batista. El 5 de junio de 1960 se proclamó en Costa Rica la fundación de la organización contrarrevolucionaria Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR), que se proclamaba la mejor estructurada en Cuba.
Varios días más tarde, el 22 de junio, se reunían en México los hombres seleccionados por la CIA para constituir la "oposición responsable" que aunaría los esfuerzos del exilio. Cada cual fundó su propio grupo y así nacieron las organizaciones contrarrevolucionarias Rescate, Montecristi, Triple A y Movimiento Demócrata Cristiano.
El agente de la CIA Howard Hunt, quien trabajó en la operación contra Guatemala e integró el Grupo de Trabajo contra Cuba, y más tarde alcanzó renombre mundial por su participación en el caso Watergate, cuenta en su libro Memorias de un espía: "Barney me dijo que mi trabajo en el nuevo proyecto sería esencialmente el mismo que había efectuado en la campaña contra Árbenz, es decir, jefe de acción política. [...] El proyecto estaba recomendado por el Consejo de Seguridad Nacional y aprobado por el Presidente Eisenhower".
"En la operación trabajarían los mismos funcionarios que actuaron contra Guatemala en 1954. Sin embargo, en la presente ocasión, no debía aparecer el menor signo de intervención norteamericana, por lo que los dirigentes cubanos y yo no residiríamos en la zona de Miami, sino que iríamos a Costa Rica, en donde el ex presidente José `Pepe' Figueres, nos había ofrecido las instalaciones precisas."
El gobierno costarricense, sin embargo, se arrepintió a última hora de su proposición inicial, y la dirección del frente se trasladó a México en cumplimiento de la orden tajante de la Casa Blanca de mantener fuera del territorio norteamericano a los cabecillas contrarrevolucionarios. Pero estos comenzaron a tener dificultades con el Gobierno mexicano. El asunto fue descubierto, resultaron detenidos y fueron obligados a firmar un documento en el que se comprometían a respetar las leyes de neutralidad del país. Así, retornaron a Miami.
En julio, por iniciativa del Director de la CIA, el candidato presidencial John F. Kennedy sostuvo una entrevista secreta con los principales dirigentes contrarrevolucionarios cubanos. Allen Dulles se proponía el objetivo de poner en conocimiento del candidato demócrata los planes que estaban en marcha y presentarlos a los "futuros dirigentes del vecino país". Kennedy diría en uno de sus discursos electorales: "Hagamos con Cuba lo que hicimos con Guatemala, pero diciéndolo."
En agosto de 1960, la planificación de la Operación 40 cambió drásticamente su curso. Los informes que llegaban de Cuba eran alarmantes, pues revelaban un alto nivel de apoyo popular a la Revolución. Por esas razones, el énfasis se dirigió a la organización de una expedición armada que con apoyo interno o sin él barriera al Gobierno de la Isla. Se destinaron 13 millones de dólares para la formación de una brigada mercenaria de aproximadamente 600 hombres. La CIA confiaba en que, como en Guatemala, todo sería fácil.
De acuerdo con el Inspector General de la CIA, el informe presidencial de agosto de 1960 esbozó el plan de operaciones como sigue:
"La fase inicial de las operaciones paramilitares prevé el desarrollo, apoyo y guía de los grupos disidentes en tres áreas de Cuba: Pinar del Río, el Escambray y la Sierra Maestra. Estos grupos serán organizados para acciones guerrilleras concertadas contra el régimen.
"La segunda fase será iniciada con un asalto combinado por mar y aire de las fuerzas del FRD sobre la Isla de Pinos en coordinación con la actividad general de la guerrilla en la isla principal de Cuba. Esto establecerá una base cercana para futuras operaciones.
"La última fase será un asalto aéreo sobre el área de La Habana con las fuerzas de la guerrilla en Cuba moviéndose también hacia el área de La Habana."
Mientras tanto, la CIA organizaba en Guatemala y Nicaragua las bases de entrenamiento de la fuerza mercenaria, y adquiría barcos y aviones. Oficiales de las fuerzas armadas de los Estados Unidos servían de instructores. El tráfico aéreo y naval entre Costa Rica, Nicaragua, Guatemala y la Florida era intenso. También, como ya se ha visto, se intensificaba hacia Cuba el trasiego de hombres y armas mediante los teams de infiltración, se lanzaban por vía aérea toneladas de armamento en distintas zonas para preparar la insurgencia interna de apoyo a la operación y se incrementaba la actividad de sabotaje y acciones terroristas.
El 20 de octubre de 1960, durante la campaña para las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, el candidato por el Partido Demócrata, John F. Kennedy, declaró: "Debemos intentar fortalecer las fuerzas exiliadas democráticas anticastristas no batistianas, y también aquellas fuerzas en la misma Cuba que ofrezcan una eventual esperanza de derrocar a Castro. Hasta el momento esos luchadores por la libertad no han tenido virtualmente ningún apoyo en nuestro Gobierno".
En aquel momento, según se reveló después, Kennedy había sido informado detalladamente por el Director de la Agencia Central de Inteligencia, Allen Dulles, de la campaña contra Cuba y de los preparativos que se estaban llevando a cabo para una invasión armada.
Después del triunfo por apretado margen de Kennedy en las elecciones efectuadas el 8 de noviembre, el derrotado Vicepresidente Nixon seguiría unas semanas más como coordinador del Grupo Especial del Consejo de Seguridad Nacional encargado de la operación contra Cuba. En su libro de memorias titulado Seis crisis escribe: "El adiestramiento secreto de los exiliados cubanos se debía, en parte sustancial al menos, a mis esfuerzos [...] y había sido adoptado como política como resultado de mi apoyo directo".
A finales de noviembre de 1960, la CIA presentó un plan revisado al Presidente Eisenhower y a sus asesores, que incluía las siguientes líneas de acción:
· Infiltración en Cuba por aire de 80 hombres en pequeños teams paramilitares, después que los comités de recepción hubieran sido preparados por hombres infiltrados por mar.
· Un desembarco anfibio de un team de 650-700 hombres con un poder de fuego extraordinariamente alto.
· Ataques aéreos preliminares contra objetivos militares.
Días más tarde, en la reunión del Grupo Especial, uno de los subdirectores de la CIA expuso las informaciones sobre el mayoritario apoyo de que gozaba el Gobierno Revolucionario dentro de amplios sectores de la población cubana, por lo que de nada valdrían los 600 hombres que se preparaban. Era necesario aumentar las tropas y dotarlas con las mejores armas del arsenal militar norteamericano. Todos estuvieron de acuerdo en aprobar un aumento del presupuesto y ordenar al Pentágono que facilitara todas las armas y especialistas requeridos para la operación contra Cuba, que ahora recibiría el nombre codificado de "Pluto".
El proyecto "Pluto" no era otro que el viejo plan trujillista ejecutado en 1959 y fracasado por el eficiente trabajo cubano de contrainteligencia, se basaba en desembarcar la brigada mercenaria por las playas cercanas a la ciudad de Trinidad, en el sur de la provincia de Las Villas, tomarla por asalto y luego, con el apoyo de las bandas que operaban en el macizo montañoso del Escambray, cortar las comunicaciones y trasladar hasta allí al gobierno provisional encargado de solicitar el auxilio previsto.
La clave de la operación era poder asentar en territorio cubano al pretendido gobierno provisional, que sería reconocido de inmediato por los Estados Unidos y otras naciones latinoamericanas y solicitaría la ayuda colectiva de la Organización de Estados Americanos, lo cual daría el pretexto para la intervención de fuerzas armadas regulares de los Estados Unidos, ya preparadas de antemano. Todo esto debería ocurrir en cuestión prácticamente de horas.
Según el informe de Kirkpatrick, "el Presidente Eisenhower orientó a la Agencia de forma verbal seguir adelante con los preparativos a toda velocidad. Pero en realidad la fecha propuesta era posterior al 20 de enero de 1961 [cuando se produciría la toma de posesión de Kennedy], por lo que las instrucciones del Presidente eran solamente de proceder y mantener los preparativos hasta que la nueva Administración asumiera y tomara las decisiones definitivas, especialmente bajo qué circunstancias tendría lugar el desembarco." Con esta última frase se aludía al grado de apoyo directo de las fuerzas armadas norteamericanas que tendría el contingente invasor en el momento mismo del desembarco, sobre lo cual no había consenso.
En la base Trax, en Guatemala, la actividad iba en aumento aquel mes de diciembre de 1960. Constantemente arribaban vuelos procedentes de la Florida con decenas de reclutas, que ya incluían a personas de todos los estratos sociales de la Cuba prerrevolucionaria. El 3 de enero de 1961 el Presidente Eisenhower reafirma la determinación de llevar adelante el proyecto de la Operación Pluto y adopta la decisión de romper unilateralmente las relaciones diplomáticas y consulares con Cuba. Al unísono, comienza la realización de maniobras militares cerca de la Isla, que involucran a más de 40 mil hombres y aproximadamente 150 unidades navales de guerra, incluyendo dos submarinos atómicos.
De nuevo Cuba convoca al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas el 4 de enero de 1961 para acusar a los Estados Unidos de estar preparando una agresión militar.
El delegado norteamericano, James Wadsworth, vuelve a negarlo enfáticamente: "Sugerir [...] que nosotros hemos apoyado incursiones militares en Cuba por refugiados cubanos es absolutamente falso. [. . .] El Gobierno de los Estados Unidos no se ha asociado de manera alguna con tales actividades".
Los hechos, en los meses anteriores, en ese momento y, sobre todo, en los meses siguientes, probaban la falsedad paladina de estas afirmaciones.
Comunicado número 1
Tropas de desembarco, por mar y por aire, están atacando varios puntos del territorio nacional al sur de la provincia de Las Villas, apoyadas por aviones y barcos de guerra.
Los Gloriosos Soldados del Ejército Rebelde y de las Milicias Nacionales Revolucionarias han entablado ya combate con el enemigo en todos los puntos de desembarco.
Se está combatiendo en defensa de la Patria sagrada y la Revolución contra el ataque de mercenarios organizados por el gobierno imperialista de los Estados Unidos.
Ya nuestras tropas avanzan sobre el enemigo seguras de su victoria.
Ya el Pueblo se moviliza cumpliendo las consignas de defender la Patria y mantener la producción.
¡Adelante Cubanos! A contestar con hierro y fuego a los bárbaros que nos desprecian y que pretenden hacernos regresar a la esclavitud. Ellos vienen a quitarnos la tierra que la Revolución entregó a campesinos y cooperativistas; nosotros combatimos para defender la tierra del campesino y el cooperativista. Ellos vienen a quitarnos de nuevo las fábricas del pueblo, los centrales del pueblo, las minas del pueblo; nosotros combatimos por defender nuestras fábricas, nuestros centrales, nuestras minas. Ellos vienen a quitarles a nuestros hijos, a nuestras muchachas campesinas las escuelas que la Revolución les ha abierto en todas partes; nosotros defendemos las escuelas de la niñez, y del campesinado. Ellos vienen a quitarles al hombre y la mujer negros la dignidad que la Revolución les ha devuelto; nosotros luchamos por mantener a todo el pueblo esa dignidad suprema de la persona humana. Ellos vienen a quitarles a los obreros sus nuevos empleos; nosotros combatimos por una Cuba Liberada con empleo para cada hombre y mujer trabajadores. Ellos vienen a destruir la Patria y nosotros defendemos la Patria.
¡Adelante Cubanos, todos a los puestos de combate y de trabajo!
¡Adelante Cubanos que la Revolución es invencible y contra ella y contra el pueblo heroico que la defiende se estrellarán todos los enemigos!
¡Gritemos ahora con más ardor y firmeza que nunca, cuando ya hay cubanos inmolándose en combate!:
¡VIVA CUBA LIBRE! ¡PATRIA O MUERTE! ¡VENCEREMOS!
Fidel Castro Ruz
Granma reproduce el comunicado número 2 que el Jefe de la Revolución emitió al pueblo cubano sobre las históricas acciones que concluyeron hace 45 años con la victoria de Playa Girón.
COMUNICADO NÚMERO 2
El Gobierno Revolucionario pone en conocimiento del pueblo que las fuerzas armadas de la Revolución continúan luchando heroicamente frente a las fuerzas enemigas en las zonas del suroeste de la provincia de Las Villas, donde han desembarcado los mercenarios con el apoyo imperialista. En las próximas horas se darán detalles al pueblo de los éxitos obtenidos por el Ejército Rebelde, la Fuerza Aérea Revolucionaria y las Milicias Nacionales Revolucionarias en la defensa sagrada de la soberanía de nuestra Patria y la conquista de la Revolución.
Fidel Castro Ruz
Comandante en Jefe
Primer Ministro del Gobierno Revolucionario
Así como el comunicado número 3 del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas Revolucionarias
COMUNICADO NÚMERO 3
La participación norteamericana en la agresión que se desarrolla contra Cuba ha sido dramáticamente comprobada en la mañana de hoy, al derribar nuestras baterías antiaéreas un avión militar norteamericano pilotado por un aviador norteamericano, que bombardeaba la población civil y a nuestras fuerzas de infantería en la zona del Central Australia.
El piloto norteamericano agresor, cuyo cadáver se encuentra en manos de las fuerzas revolucionarias, se llamaba LEO FRANCIS BERLISS. Fue ocupada la documentación que revela la Licencia de Vuelo 08323-IM expedida con fecha de expiración 24 de diciembre de 1962. La Tarjeta del Seguro Social tiene el número 014-07-6921. El Registro de vehículo-motor se señala en 100 Nassau Street, Boston 14, Mass. La dirección registrada del piloto yanqui es 48 Beacon Street, Boston. La estatura: 5 pies, 6 pulgadas.
Documentos sobre la misión de vuelo agresivo sobre nuestra Patria fueron también hallados en la ropa del piloto yanqui.
Este es uno de los cuatro aviones militares enemigos derribados en la mañana de hoy, al alcanzar el total de nueve aparatos abatidos desde que empezó por la Península de Zapata, el ataque de los mercenarios, cuya total liquidación es ya cuestión de horas.
Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.
Girón el primer capítulo de nuestra resistencia ( Parte VI)
El Gobierno de Estados Unidos empleó a fondo todas sus tácticas de terrorismo de Estado para tratar de aniquilar a la Revolución
Pero la rápida y demoledora respuesta del pueblo cubano causó al imperialismo su primera gran derrota
Despúes de mediados de enero de 1961, el Grupo Especial del Consejo de Seguridad Nacional celebra sus dos últimas reuniones antes del cambio de poderes presidenciales, la última de ellas al más alto nivel con los nuevos secretarios de Estado y Defensa de la Administración Kennedy, para reafirmar los conceptos básicos del proyecto.
Kennedy mantuvo la vinculación de la CIA y los principales jefes del Pentágono en todo el proceso conspirativo contra Cuba.
En su informe, el Inspector General de la CIA dice: “El Grupo Especial, sin embargo, no estaba de acuerdo con el plan sustituto y expresó sus dudas acerca de que algo que no fuera una invasión directa de las fuerzas armadas de los Estados Unidos podría lograr el derrocamiento de Castro. Pero parecía existir un acuerdo sobre el hecho de que cualquiera que fuera la decisión final, sería ventajoso para los Estados Unidos contar con algunos refugiados cubanos entrenados para su uso eventual, y que la CIA debía continuar preparándolos”.
La primera reunión formal del Presidente Kennedy y sus asesores militares y de seguridad sobre el tema cubano, tuvo efecto el 28 de enero de 1961. En esta reunión hubo una presentación, mayormente verbal, del estado de los preparativos y el Presidente Kennedy aprobó su continuación. El 5 de febrero se realizó una nueva reunión y en ella la Junta de Jefes de las Fuerzas Armadas dio su opinión escrita sobre el plan. En este documento se decía que el éxito estaba condicionado por un levantamiento interno de cierta importancia, o bien por el apoyo desde el exterior. Es decir, por una intervención directa de las fuerzas norteamericanas, con auxilio de algunos contingentes simbólicos de otros países latinoamericanos. Kennedy instruyó a Robert McNamara, su Secretario de Defensa, velar cuidadosamente por el aspecto militar del plan, y ordenó a Dean Rusk, el Secretario de Estado, que organizara el trabajo político necesario para aislar a Cuba en el hemisferio, utilizando para ello a la OEA.
“La realidad fue que Fidel resultó ser un enemigo mucho más formidableÁ”, declararía después uno de los más íntimos asesores de Kennedy.
En marzo de 1961, después de estudiado el último informe, se consideró maduro el proyecto y se dictaron las órdenes oportunas. Quince años más tarde este documento fue publicado tras su desclasificación. Vale la pena transcribirlo completo:
La Casa Blanca, Washington, 11 de marzo de 1961
(MUY SECRETO)
MEMORÁNDUM DE DISCUSIÓN SOBRE CUBA
El presidente dio instrucciones de que se tomaran las siguientes acciones:
Hacer todas las gestiones para ayudar a los patriotas cubanos a formar una organización nueva y políticamente fuerte, y junto con esta gestión tratar de hacer la mayor cantidad posible de propaganda para los nuevos líderes políticos de esta organización, especialmente aquellos que sean participantes de una campaña militar de liberación.
Ejecutor: Agencia Central de Inteligencia.
El gobierno de Estados Unidos debe tener listo un libro blanco sobre Cuba y también debe estar listo para dar una ayuda apropiada a los patriotas cubanos.
Ejecutor: Arthur Schlesinger, en cooperación con el Departamento de Estado.
El Departamento de Estado presentará recomendaciones con respecto a la política de la Organización de Estados Americanos, buscando una demanda de elecciones libres, con oportunidades y protección adecuada para todos los patriotas cubanos.
Ejecutor: Departamento de Estado.
El Presidente espera autorizar el apoyo de Estados Unidos, a un número apropiado de patriotas cubanos que se regresen a su patria. Él considera que no se ha presentado el mejor plan desde el punto de vista combinado de consideraciones militares, políticas y psicológicas, y que deben concretarse rápidamente nuevas proposiciones.
Ejecutor: Agencia Central de Inteligencia con consulta apropiada.
[Firmado] McGeorge Bundy [Asesor del Presidente para Asuntos de Seguridad Nacional].
El primer punto fue cumplido a medias, pues realmente lo que se hizo fue ampliar el grupo ya formado con las cinco organizaciones mencionadas con la entrada del contrarrevolucionario Manuel Ray, un ingeniero que había sido Ministro de Obras Públicas en los primeros meses de la Revolución y tras su destitución a finales de 1959 había desertado. El grupo ampliado pasó a llamarse Consejo Revolucionario Cubano, y como coordinador fue designado el doctor José Miró Cardona, que no militaba en ninguna agrupación. La protesta iniciada por Tony Varona, coordinador hasta ese momento del Frente, fue acallada cuando se le informó que el Presidente del futuro gobierno provisional no podría aspirar en las elecciones que se organizarían después del triunfo. Durante los días de la invasión, los integrantes de este “gobierno” fueron mantenidos incomunicados a la fuerza en territorio norteamericano, mientras la CIA emitía en su nombre comunicado tras comunicado.
El segundo punto fue cumplido. Se intentó cumplir el tercero, pero la firme solidaridad hacia Cuba de las masas latinoamericanas hicieron vacilar a sus gobiernos, y la actitud de México, secundado por Brasil y Ecuador, impidieron su cumplimiento en la fecha adecuada. El último punto no sólo estaba destinado a expresar algunas de las dudas del Presidente, sino también a obtener el máximo de sus subordinados y obligarlos a encontrar soluciones alternativas.
Cuatro días más tarde, la CIA presentó a Kennedy el nuevo lugar seleccionado para el desembarco de la fuerza que debería establecer la cabeza de playa inicial: la franja costera que circundaba la bahía de Cochinos. Era un lugar ideal, se le dijo, apartado, en una zona carente de teléfonos ni telégrafos, pocos accesos terrestres que podían ser controlados con relativa facilidad y una pista para aviones en Playa Girón. Según el informe, el teléfono más cercano estaba en el central Covadonga, 30 kilómetros al nordeste. Pero hasta en eso la Agencia se equivocaba, pues dentro de la misma zona del desembarco, en el centro turístico de Guamá, en la Laguna del Tesoro, había comunicación telefónica.
Para todos quedó claro que era razonablemente factible establecer una cabeza de playa y luego apoyar la invasión desde el exterior. Trinidad había quedado descartada. En todo caso, la nueva zona escogida estaba relativamente cercana a las montañas del Escambray, en caso de que fuese necesario recabar el apoyo de las bandas contrarrevolucionarias que operaban en ellas.
A principios de abril, Kennedy recibió nuevas informaciones sobre la gran simpatía y el apoyo inmensamente mayoritario del pueblo a la Revolución, y pudieron apreciarse de nuevo en él síntomas de vacilaciones. Según narra Theodore Sorensen, asesor especial del Presidente, en su biografía de Kennedy, el nuevo mandatario norteamericano temía ver envuelta a la mitad de su ejército de tierra en una lucha irregular en Cuba mientras “los comunistas podrían tomar la iniciativa en Berlín o en cualquier otro punto del globo que les conviniera”.
Mientras tanto, como se ha visto, en Cuba se incrementó la ola de terror contrarrevolucionario durante esos primeros meses de 1961. Entre los meses de enero y marzo las fuerzas revolucionarias capturaron varios envíos de armas y pertrechos que la CIA enviaba a sus bandas para ser utilizados en apoyo de la invasión. También se acrecentaban las infiltraciones de diferentes grupos con las instrucciones para asegurar los preparativos.
En los primeros días de abril, se fueron acrecentando las agresiones y los actos terroristas de la CIA. En su edición del 6 de abril, el diario The New York Times publicó un artículo donde predecía grandes revueltas en Cuba. Como se revelaría más adelante, la iniciativa del periódico era una preparación propagandística de la opinión pública para justificar la agresión que se avecinaba. En esos días se produjeron algunos sabotajes importantes para intentar destruir instalaciones industriales o de servicios, escuelas y plantaciones agrícolas. Como se recordará, la campaña culminó con el espectacular incendio de la tienda por departamentos más grande del país.
El 12 de abril, el Presidente Kennedy declaró públicamente en una conferencia de prensa: “Deseo decir que no habrá, bajo condición alguna, una intervención en Cuba por las fuerzas armadas de los Estados Unidos. Este Gobierno hará todo lo que posiblemente pueda [...] para asegurar que no haya norteamericanos implicados en alguna acción dentro de Cuba”. Sin embargo, en ese momento los barcos que transportaban a las fuerzas invasoras se movían ya desde Puerto Cabezas, en Nicaragua, hacia la bahía de Cochinos, escoltados directamente por la flota norteamericana, que tenía la orden expresa de defenderlos con sus aviones y cañones en caso de que fuesen sorprendidos en alta mar. Por otra parte, pilotos, hombres rana y asesores norteamericanos iban a participar en las acciones en aire, mar y tierra. Aviones de la Marina de Guerra norteamericana dieron protección a la aviación del contingente mercenario. Cinco pilotos norteamericanos atacaron a Cuba y cuatro murieron en el empeño. Pero, sobre todo, los buques de guerra permanecerían a la vista de la bahía de Cochinos, dispuestos a intervenir con sus aviones, su artillería y las tropas que transportaban en cuanto las condiciones de la intervención militar directa fuesen creadas de acuerdo con el plan.
El 14 de abril, una agrupación de barcos en misión de la CIA, la mayor parte de ellos buques de guerra de la Marina norteamericana para que pareciese una expedición de mayores proporciones, se acerca a las inmediaciones de la ciudad de Baracoa, en el extremo oriental de la Isla, para producir un desembarco de 160 hombres de una fuerza elite, preparada especialmente en territorio norteamericano, para que distrajera la atención de las fuerzas revolucionarias, mientras el grueso de la brigada invasora desembarcaba por el lugar seleccionado, en la región central de la Isla. La misión, frustrada por la cobardía de los jefes de la expedición al apreciar las sólidas defensas revolucionarias, era no solamente tomar la ciudad de Baracoa, sino marchar hacia la base naval norteamericana de Guantánamo y, simulando que eran tropas cubanas, organizar una provocación atacando la instalación y posibilitar así una respuesta militar norteamericana que diera una motivación formal adicional para intervenir en el conflicto creado por la invasión mercenaria.
Al amanecer del 15 de abril se desata la primera fase de la invasión. Ocho bombarderos B-26 procedentes de su base en Puerto Cabezas y disfrazados con las insignias de la Fuerza Aérea Revolucionaria cubana, realizan un ataque sorpresivo contra los aeropuertos de Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba. El artero ataque dejó un saldo de siete muertos y 53 heridos.
Aunque sin duda esta acción ponía sobre aviso a los cubanos de la inminencia de la agresión militar directa, los dos objetivos que perseguía eran tan cruciales que se había decidido mantenerla en el plan de la operación general. La doble intención era, por una parte, tratar de destruir o inutilizar la mayor cantidad posible de los pocos aviones de combate con que contaba Cuba en ese momento, y, por la otra, crear mediante una desinformación bien orquestada la impresión de que se estaba produciendo una rebelión interna en la Isla, es decir, lo mismo que había anunciado The New York Times el día 6. Lo primero se consideraba vital para garantizar a la hora de la invasión el dominio del aire por la aviación mercenaria. Lo que no supieron ese día los estrategas norteamericanos es que, gracias a las medidas preventivas de dispersión de los aviones tomadas por el mando revolucionario, este primer objetivo no había sido logrado.
El segundo propósito, a su vez, era importante para los fines políticos de justificación de la invasión inicial y de la intervención posterior. Para dar credibilidad a la historia fabricada, la CIA había preparado una amplia operación de propaganda que no sólo comprendía a los medios de prensa, sino involucraba también a la misión diplomática norteamericana en la ONU.
La misma mañana del bombardeo, el Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Raúl Roa, denunció la criminal acción en la Asamblea General de las Naciones Unidas y en su Primera Comisión, y acusó al Gobierno de los Estados Unidos de ser el responsable pleno del acto de piratería aérea. Ante esta acusación directa, el representante norteamericano, Adlai Stevenson, afirmó que los aviones que realizaron el ataque y que aterrizaron posteriormente en un aeropuerto de la Florida, “estaban conducidos por pilotos de la Fuerza Aérea cubana. [...] Ningún personal de los Estados Unidos participó en esta acción, ni ningún avión de los Estados Unidos tomó parte en ella”. Los aparatos, agregó, “son de la fuerza aérea de Castro, y [...] salieron de los propios aeropuertos de Castro”. En realidad, en defensa de Stevenson, quien tenía rango de miembro del gabinete ministerial de Kennedy, hay que aclarar que eso era lo que le habían instruido decir y que lo habían mantenido engañado sobre los planes de la CIA. Nunca antes en la historia había sido tan manifiesta la manipulación hasta de sus propios altos funcionarios y el uso deliberado de la mentira por parte de una gran potencia mundial.
Al día siguiente, en el sepelio multitudinario de las víctimas de la agresión, el Comandante en Jefe Fidel Castro ratificó la acusación a los Estados Unidos, declaró la orden de combate y proclamó el carácter socialista de la Revolución Cubana. La batalla que estaba a punto de comenzar sería librada por todo el pueblo en nombre de su Revolución Socialista.
En la madrugada del 17 de abril de 1961, el ejército de más de 1 500 contrarrevolucionarios cubanos organizado, entrenado, equipado y financiado por la CIA, desembarca, según el plan previsto, por Playa Larga y Playa Girón, en la bahía de Cochinos, con el propósito de establecer una cabeza de playa y constituir un gobierno provisional contrarrevolucionario que solicitaría y obtendría de inmediato la intervención de los Estados Unidos. Las fuerzas agresoras contaban con gran cantidad de modernos armamentos, parque, artillería, tanques y todos los demás medios necesarios para una campaña rápida y exitosa.
Una simple ojeada a la composición del contingente mercenario, que había adoptado el nombre de Brigada 2506, mostraba sus objetivos de restauración oligárquica: 194 ex militares y esbirros de la tiranía batistiana, 100 latifundistas, 24 grandes propietarios, 67 casatenientes, 112 grandes comerciantes, 35 magnates industriales, 179 personas de posición acomodada, 112 elementos del lumpen social. Muchos de los mercenarios eran hijos o familiares de elementos acaudalados que habían perdido sus propiedades y privilegios.
Al día siguiente de entablada la lucha, el 18 de abril, fue confirmada la participación activa norteamericana en el ataque al ser derribado un avión, tripulado por Leo Francis Berliss, ciudadano de los Estados Unidos y piloto de la Guardia Nacional, cuando bombardeaba la población civil y las fuerzas cubanas de infantería en la zona del central Australia, a pocas millas de Playa Larga. Ese mismo día fueron avistados aviones de combate de la Fuerza Aérea norteamericana sobre la zona de operaciones, al tiempo que unidades navales de los Estados Unidos se acercaron a la costa, en cumplimiento de órdenes expresas del Presidente Kennedy, para participar en las operaciones de rescate de los contrarrevolucionarios que ya sentían la inminencia de la derrota por la presión insostenible de las fuerzas del Ejército Rebelde y las Milicias Nacionales Revolucionarias.
El mismo 17 de abril, en las Naciones Unidas, el Canciller cubano denunció la agresión y acusó nuevamente a los Estados Unidos. Otra vez Adlai Stevenson volvió a mentir: “Estas acusaciones son completamente falsas y yo las niego categóricamente. Los Estados Unidos no han cometido agresión alguna contra Cuba, ni han comenzado ofensiva alguna, ni desde la Florida ni desde ninguna otra parte del país. [. . .] Lo que el doctor Roa busca de nosotros hoy es la protección del régimen de Castro contra la natural cólera del pueblo cubano”. Ese mismo día, el Secretario de Estado norteamericano, Dean Rusk, declaró que “no hay ni habrá intervención [en Cuba] por las fuerzas de los Estados Unidos”.
El 18 de abril, al segundo día de combate, el propio Presidente Kennedy reafirmó que “los Estados Unidos no tienen la intención de intervenir militarmente en Cuba”, y agregó en un abierto desplante de cinismo: “Aunque se abstiene de una intervención militar directa en Cuba, el pueblo de los Estados Unidos no oculta su admiración por los patriotas cubanos”.
Ya en ese momento, los presuntos patriotas de Kennedy estaban en camino de la derrota, que se consumaría el 19 de abril. En aproximadamente 66 horas, el poderoso ejército de la CIA se entregaba o huía derrotado. La rápida y demoledora respuesta del pueblo cubano frustraba así los planes tan cuidadosamente elaborados durante más de un año e impedía la intervención militar directa de las fuerzas armadas de los Estados Unidos. Era, como bien dijo después Fidel, la primera gran derrota del imperialismo norteamericano.
La invasión mercenaria por Playa Girón costó al pueblo cubano la vida de 176 de sus hijos. Cientos de combatientes revolucionarios fueron heridos de mayor o menor gravedad en las acciones, de los cuales 50 compatriotas quedaron incapacitados para el resto de sus vidas.
Todavía el 20 de abril, en un discurso público, el Presidente Kennedy pretendió seguir sosteniendo la mentirosa fábula: “He insistido anteriormente que esta era una lucha de patriotas cubanos contra un dictador cubano. Aunque no se puede esperar que ocultemos nuestras simpatías, aclaramos repetidamente que las fuerzas armadas de este país no intervendrían en forma alguna”. Sin embargo, apenas cuatro d&ia