Carta de renuncia del Cr. Oscar Torielli, Director de Unidad de Auditoría Interna y Control de Gestión presentada al Intendente de Maldonado Oscar de los Santos “Renuncio, porque la verdad es que desde hace ya bastante tiempo no me siento cómodo en este clima interno de desconfianza y tirantez. También me ofende que mis actos no se evalúen desde lo ético y lo técnico, sino desde la conveniencia política de unos y otros. Rechazo por igual: los interesados halagos de los corruptos de ayer y los agravios de los mediocres de hoy”

Maldonado, 7 de diciembre de 2006.

Sr. Intendente Municipal de Maldonado
Oscar de los Santos
Su Despacho:

De mi consideración:
Por intermedio de la presente elevo a Ud. mi renuncia como funcionario de la Intendencia Municipal de Maldonado.
Renuncio con un nudo grande en la garganta, pues llevo veintiséis años trabajando en el Municipio y eso es más de la mitad de mi existencia. En ese período me fue posible crecer profesional y humanamente, acceder a capacitación, adquirir experiencia y también compartir mi función con un puñado de excelentes colaboradores.
Con mi conducta y mi accionar creo haberme ganado el respeto de la mayoría de mis compañeros y superiores. Ellos saben que nunca claudiqué ante las presiones, ni engrosé las comitivas de alcahuetes, ni utilicé mi cargo para obtener beneficios personales. Les consta que no evalué costos a la hora de atacar la corrupción y jugarme por lo que consideraba justo. Tienen sobradas pruebas de que, siempre que pude y me dejaron, trabajé para lograr una Intendencia más eficiente, más moderna y más “limpia”.
No oculté mi condición de militante de izquierda, ni aún durante el gobierno militar. Trabajé para la refundación de ADEOMM bastante antes del advenimiento de la democracia y ya siendo Director, ejercí su Secretaría en una de sus primeras directivas.
Mi trabajo en la Intendencia me dio muchas satisfacciones, pero también numerosas decepciones. En algunos de esos momentos de gran desaliento, pensé que la renuncia era la forma de sortear las dificultades. Pero siempre terminé desechándola, con la esperanza de un día poder apoyar desde adentro, un gobierno departamental de otro signo y con otros valores.
Vengo desde 1971 militando para hacer realidad ese sueño, felizmente concretado en las últimas elecciones. He estado en todos los lugares donde se me necesitó: pinté, hice pegatinas y barriadas, repartí listas y volantes, fui secretario departamental de finanzas, coordinador de la Comisión de Programa y fui proclamado en la plancha de suplentes de los Diputados Ramón Guadalupe y Heriberto Sosa.
Por todo eso, me dolió mucho cuando Ud. en un reciente programa de televisión y como para marcar diferencias, dijo que yo “había trabajado mucho por la candidatura de Darío”. Hubiese preferido oírle decir que había trabajado mucho por el Frente y reconocer que, gracias a esfuerzos como el mío, Ud. hoy es nuestro Intendente.
A Ud. le consta que no me seducen los cargos ni las remuneraciones. Antes de asumir me ofreció una Dirección General y yo la rechacé, luego me designó como cargo de confianza y yo le pedí que me mantuviera como funcionario de carrera. Sólo dos cosas le solicité: que me permitiera colaborar desde el puesto del cual me había desplazado el Ing. Antía y que me habilitara a recomponer el equipo con el que siempre trabajé y que también había sufrido la persecución.
En los primeros meses de su gobierno fui invitado a participar de las reuniones de Gabinete y en las mismas, siempre intenté aportar sin retaceos, mis modestos conocimientos y experiencia. También ayudé incondicionalmente a todos los nuevos directores a resolver problemas de gestión, toda vez que me lo solicitaron, incluso en la instrumentación de algunas soluciones con las cuales no estaba de acuerdo, como por ejemplo las medidas tomadas en materia de subrogaciones y recontrataciones.
Poco tiempo después, se me dejó de convocar a las reuniones de Gabinete y lo único que le reprocho es que nadie haya tenido la delicadeza de explicarme los motivos que llevaron a esa decisión.
A partir de ese momento, limité mi aporte al ámbito específico de la Dirección de Auditoría Interna y Control de Gestión, desde donde siempre pensé que podía ser muy útil a la nueva administración, tanto en el área de modernización de la gestión, como en el control y detección de los desvíos que pudieran ocurrir.
Lamentablemente en esta última tarea no tuve el respaldo que esperaba. Estoy convencido que asegurar la transparencia y actuar con energía frente a las irregularidades es la mejor forma de defender y consolidar este gobierno. Sin embargo, con mucha pena, pude comprobar que se sigue dando lo que ya viví en todas las administraciones anteriores y es que, por gruesas que sean las faltas, la dureza en reprimirlas es inversamente proporcional a la amistad o a la cercanía política con los involucrados.
En el episodio del Departamento de Cultura, a pesar de las evidencias, la falta de apoyo fue notoria: declaraciones públicas defendiendo lo indefendible, veladas atribuciones de intencionalidad política en mis actos, resoluciones tomadas tarde y mal, tergiversaciones, ocultamientos y hasta incluso hubo algún intento de iniciarme una investigación administrativa.
También hubo otras instancias en las que se desoyeron mis informes y en las que finalmente los desvíos de conducta denunciados se resolvieron en forma por demás benévola. A pesar de la gravedad de estos temas, a Ud. nunca le interesó conversar personalmente conmigo sobre los mismos. Tal vez en el mano a mano, hubiese podido hacerle entender que en mis acciones no hay intenciones ocultas ni ánimo de conspiración, sino que simplemente responden a la coherencia con mis principios, que por otra parte son los mismos que nuestro partido siempre dijo defender.
Renuncio, porque la verdad es que desde hace ya bastante tiempo no me siento cómodo en este clima interno de desconfianza y tirantez. También me ofende que mis actos no se evalúen desde lo ético y lo técnico, sino desde la conveniencia política de unos y otros. Rechazo por igual: los interesados halagos de los corruptos de ayer y los agravios de los mediocres de hoy.
Me retiro, porque no me interesa asumir el papel de verdugo y fiscal de su administración, pero tampoco aceptaré convertirme en objeto de decoración ni transformarme en espectador silencioso de actos con los que siempre he discrepado profundamente.
Mario Benedetti en uno de sus poemas habla de “Defender la alegría como una trinchera / defenderla del escándalo y la rutina / de la miseria y los miserables / de las ausencias transitorias y las definitivas”.
Estoy convencido que la alegría que vivimos en las últimas elecciones, debe ser defendida y preservada con más ahínco que el que está poniendo su gobierno. En su equipo hay excelentes compañeros que están dando lo mejor de sí, pero también hay otros, que con su torpeza o incapacidad, siguen alimentando la cadena de errores y lo están exponiendo constantemente a conflictos y al descrédito.
Aún le queda mucho tiempo a su gobierno para rectificar rumbos, corregir desprolijidades, reemplazar a los incompetentes, superar el sectarismo, erradicar la mediocridad y el oportunismo y hacer de la cristalinidad una religión. Espero que pronto se ilumine en ese camino y de ese modo nos asegure la alegría y la esperanza por muchos años más.

Cr. Oscar José Torielli Acuña