
El 14 de abril de 1972, en una casa de la calle Amazonas, en el barrio montevideano de Malvín, morían acribillados el escribano Luis Martirena y su esposa Ivette. Eran los prolegómenos de la cruel dictadura uruguaya que ingresaría al poder tras los escuadrones de la muerte de Pacheco y Bordaberry.
Yo conocí a Luis y a Ivette cuando eran casi dos chicos. A través de mi mujer – a la sazón agregada cultural cubana en Uruguay - Luis se acercó a Prensa Latina, para transformarse luego en su representante en el país vecino. Corría el año 1961 y toda América Latina se estremecía con la Revolución que se levantaba ante las fauces mismas del imperialismo.
Entonces un muy joven Galeano dibujaba para el periódico socialistta “El Sol” y colaboraba en las publicaciones de la Embajada Cubana.
Cuando mi mujer debió volver a Buenos Aires – nuestro domicilio conyugal – el presidente Illia no lo permitió. Debimos pues hacerlo clandestinamente, en un velerito manejado por uno de los mellizos Algañaraz (hoy corresponsales de “Clarín” en Europa).
Antes de emprender la módica aventura de cruzar el Plata, el modesto departamento de los Martirena, en la entonces calle Tarumán, sirvió de refugio a Dysis.
Mantuvimos, a través de los años nuestra amistad y la solidaridad mutuas. Las balas asesinas que abatieron al matrimonio indefenso no alcanzaron a sus hijas Laura y Ana, por apenas unos segundos, ellas y sus primos habían partido al colegio.
Esta matanza – caracterizada por las autoridades como tiroteo - fue recreada en una de las escenas de la película “Estado de Sitio”, del director Costa Gravas. Tiempo después, Julio Maria Sanguinetti, ex-ministro del cuasi dictador Pacheco, de visita en Buenos Aires, mentía sobre estos sucesos. La Argentina se inclinaba ya hacia el despeñadero, pero Jacobo Timmerman me permitió que se publicara una carta abierta de mi autoría donde denunciaba la verdad..
Luis Martirena fue acusado de manejar las finanzas de los tupamaros. Corrieron aguas y sangre bajo los puentes. Cayó la dictadura uruguaya y el Frente Amplio logró superar a los partidos tradicionales, primero en la ciudad capital y luego en todo el territorio.
Pero ni Mujica ni Tabaré ni el Frente recuerdan el asesinato. Las generosas indemnizaciones a los militares hasta el día de hoy no alcanzan a las hijas de los Martirena. El reclamo de la hermana de Luis en busca de un homenaje cayeron en saco roto ante el fundador del MLN –Tupamaros, Julio Marenales.
Para el gobierno que fuera reciente anfitrión de Bush, DE ESO NO SE HABLA.--------------