
El análisis político está dominado por politólogos y políticos que basados en “consultas de opinión” y cálculos electoralistas, sostienen que el alejamiento del 26 de Marzo de la estructura de la coalición de izquierdas no debilitaría a la fuerza política. Es más, encandilados por el discurso electoralista, calculadora en la mano y con la táctica dominante de la atracción de los votos del centro, se piensa que hasta podría ser beneficioso. Sin embargo, una mirada más analítica y basada en la historia de la coalición de izquierdas podría sostener que la misma estructura de la coalición se debilita de forma sustancial.
Dentro de las disputas al interior de la izquierda en los últimos años, y con el aliciente del ejercicio del gobierno, se han avivado algunas que hacen al debate sobre el rumbo de los cambios, la unidad, el electorado y el discurso que lo atraería, desarrollándose la contradicción entre el permanecer en el gobierno y afrontar los cambios del programa histórico de la izquierda. En tal entendido, hay posiciones que sostienen que la carreta se puso definitivamente delante de los bueyes, mientras que otros, adhieren al posibilismo de siempre.
Se entreveran los cables de discursos encendidos, llamados a rescatar la historia de unidad, aggiornamiento ideológico, imploración al cariño; y, se confunde, la lucha por el proyecto político con la simple defensa de los instrumentos que lo llevarían a cabo. Muchas veces, en aras de defender esos instrumentos se posterga la participación popular consustancial al proyecto político de la izquierda, lo que va alejando los cambios estratégicos diseñados en medio siglo de lucha y esperanza.
Una de las características identitarias de la izquierda uruguaya era, justamente, la unidad, objetivada en esa capacidad sui generis para tejer una apretada trama de consensos sostenida por profundas diferencias teóricas tanto sobre el pensar como sobre el hacer. Su doble carácter de coalición y movimiento posibilitaba esa articulación y permitía un diálogo fluído con sus bases sociales, donde tomaba cuerpo la estrategia. La estrategia conformaba la esencia del instrumento y las diferentes tácticas articulaban una riqueza que dinamizaba el aprendizaje de la realidad; como corolario, sumaba voluntades y crecía electoralmente.
Por supuesto, eso era en tiempos que el proyecto político emanado de aquel primer Congreso del Pueblo empujaba los cambios y generaba instrumentos varios para la estrategia , entre ellos el mismo FA. Se puede incluso desconfiar hoy, con el diario del lunes, si efectivamente esa “unidad histórica” de los últimos años estaba atada con alambre. No obstante, el hecho es que las escisiones fueron pocas y la izquierda no dejó de crecer en términos cuantitativos . Pero otra hipótesis que podría levantarse, y parcialmente contraponerse, también con el diario del lunes en la mano, es que en el proceso de aggiornamiento ideológico la izquierda se ha ido distanciando de aquellos preceptos históricos que fijaron la estrategia del pueblo hacia los cambios.
El alejamiento del 26 de Marzo y otras posibles escisiones futuras, como lo fueron las pasadas, si bien no está claro qué tanto cuestionarían cuantitativamente las posibilidades actuales de reeditar el gobierno, sí lo hace desde el ángulo cualitativo. A su vez, muchos son los compañeros militantes desilusionados, desesperanzados, hartos, de muchos partidos del FA que bajaron los brazos, se fueron a sus casas. Este goteo; esta erosión todos la reconocen, y tiene un impacto más importante para el futuro. Mucho se sostuvo, desde la conformación del FA que su esencia era la unidad; la pregunta es : ¿está cambiando su esencia?
Lo cierto es que la actualidad de la coalición de gobierno presenta una realidad dual. Por un lado, grupos que proponen cambios radicales (entendido por ello, un modelo de desarrollo diferente y un ordenamiento estructural contrapuesto al actual) y, por otro, los que sostienen el buceo en las condiciones actuales con correctivos que permitan redistribuir mejor el excedente. No emerge, a todo esto, una síntesis estable que conjugue las alianzas necesarias para avanzar en el mediano plazo sin sobresalto.
A la vez, se dibujan en el horizonte por lo menos tres escenarios futuros para la actual coalición de izquierdas. Uno, que podría consolidar un proceso de centrifugado de las fuerzas más radicales y la constitución de una socialdemocracia al estilo europeo; como corolario, la conformación de una izquierda socialista, constituida fuera del FA como un nuevo instrumento para la lucha por los cambios. Otro, que el FA tome más la forma clásica de los partidos históricos, una alianza electoral, alejada de las masas, que se refuerza cada cinco años pero que en el medio vive las contradicciones propias de las diferencias de pensamiento y acción. El último, es el más antiguo, el original: una articulación progresiva de fuerzas sociales, instrumentos estatales y ética solidaria, que exige atacar no los efectos de la crisis, sino su causa esencial, la dominación del bloque de poder (“los dueños del Uruguay”) subordinado al capital imperialista.
Por supuesto, la ocurrencia de los dos primeros escenarios está atada a que se logre o no un nuevo período de gobierno y cómo, incluso, se articulan las alianzas para tales efectos. El tercero es permanente y garantiza no sólo seguir en el gobierno, sino-sobre todo-cumplirle a los uruguayos.
*Sociólogo y Economista , miembro de la Red de Economistas de Izquierda del Uruguay (REDIU)