EL APARATO REPRESIVO.
Recibimos de Gonzalo Rodríguez     

     Una de tantas consignas de antaño, aunque parezca exagerada esa palabrita, que alude quizá a lo arcaico, muy lejano, antiguo, fue aquella que versaba “Desmantelar el aparato represivo”. Consigna que fue premeditadamente hundida, como tantas otras, en el olvido, y hasta seguramente tenidas por muchos como anacrónicas, patrimonio de los radicales, ultras, y siempre tratando de interiorizarme en esas mentes progresistas que se casaron y entregaron sus almas con y a aquello de no tener ojos en la nuca – mentes a las que trato de entender y no puedo y de las que quiero salir lo antes posible pues me producen náuseas, no lo puedo evitar  - interiorizarme, decía, para hurgar en su entrega e ignorancia, así como mezquindad. Desapareció del patrimonio reivindicativo social tan vital exigencia, pues alude nada menos que al más infame instrumento de sostén de cualquier régimen totalitario, aunque disfrazado de democracia. Aparato represivo. Cobarde y peligrosísima maquinaria de miedo que funciona tal como lo hizo en dictadura y que la actual democracia mantiene y utiliza demostrando una vez más en qué tipo de sistema político estamos sobreviviendo. No escapa a mi experiencia el conocimiento de qué tipo de seres humanos habitan el llamado interior de la República, gracias a numerosos recorridos por todo el país. En general, la calidez, sencillez, humildad y confianza en el otro que demuestra la gran mayoría de la gente que vive lejos de Montevideo – claro que habrá excepciones, mas reitero que basado en mi experiencia, son muy pocas -. Sin duda en la capital la situación es muy otra, así como en ciertos centros turísticos que inevitablemente traen consigo todo tipo de bajezas humanas. Pero reivindico la inocencia de aquellos a quienes tenemos por gente de afuera. En todo caso, menos mal que están afuera. No estuve allí, no vi lo que pasó, no fui una de las víctimas de ello, pero conociendo el paño, por decirlo en forma doméstica, no tengo la menor duda de que lo sucedido en Bella Unión acaeció como lo escuché en vuestra radio – no creo que se hayan referido al tema en forma objetiva en cualquier otro medio, también conociendo el paño -. Me pregunto qué estarán esperando los actuales y anacrónicos frenteamplistas. Quizá esperen que a alguno de ellos o a alguno de sus hijos los picaneen, los esposen, los insulten, y hasta los maten, para poner en movimiento algo que tienen, supongo, dentro de sus cráneos y que se llama cerebro. Tampoco me extrañaría saber que muchos de los mencionados piensen o digan: Bueno, algo habrán hecho, estarán drogados, tomaban cerveza. Eso que supuestamente tienen en sus cráneos debiera plantearles algunas interrogantes: ¿Qué hacen en las comisarías instrumentos como picanas, cachiporras y gas pimienta? ¿Cómo es posible que aun estando esposados se les aplique ese instrumento eléctrico y se les golpee con cachiporras? ¿Cómo es posible que aun a seres humanos enfermos no se les brinde asistencia? ¿No son éstos los mismos elementos que desde tantos años ha actuaron y actúan de igual forma, sea en democracia como en dictadura y que así se les permita? ¿Por qué esos cobardes no se atreven contra los verdaderos delincuentes y asesinos que no son otros que los traficantes de armas y drogas? ¿Por qué se ensañan siempre, siempre, contra los indefensos? ¿No será que se trata de cuerpos represivos integrados por elementos tan mentalmente enfermos y cobardes como las autoridades que los mal manejan? Claro, no entran éstas preguntas en cayos cerebrales que tienen puertas y ventanas cerradas al razonamiento más elemental, y que son culpables por mantener a un gobierno tan indigno como el actual. Con mi habitual realismo, no pesimismo, veo claramente llegar en un futuro no muy lejano, el momento en que esas oscuras fuerzas que añoran entrar en acción tengan nuevamente la impunidad, que actualmente ostentan con el único limitado control de la hipócrita coyuntura presente. Algo así como, y me lo imagino: “Muchachos, tranquilos, no tenemos más remedio que aguantar, que apalear de vez en cuando aquí o allá, hasta que llegue otra vez nuestro momento.” Las mezquinas mentes de muchos que pusieron en sus asientos de lujo a tantos ineptos e inescrupulosos, y que los van a volver a poner, no hacen sitio para pensar que la gente, la gente sincera, sufrida, pobre, humilde - no la gente alienada - siempre aguanta, soporta, sufre toda ésta cobardía, la cobardía más infame que se descarga sobre jóvenes que como en el caso de Bella Unión, busca alguna alternativa para salir de la chatura impuesta. A ellos, los gobernantes, no les importa apalear y reprimir, puesto que tienen segura una masa informe que volverá a votarlos. Yo tengo miedo, tanto como tristeza e impotencia. Mis hijos y los de tantos otros seres humanos pacíficos heredan ya, hoy mismo, un país degradado e invadido por la ignorancia sutilmente planeada e impuesta. Solo nos queda a quienes todavía tenemos un cerebro no privilegiado ni genial, sino normal, luchar con todas las armas pacíficas que tenemos a nuestro alcance, como la tan románticamente llamada pluma para denunciar, también la capacidad e infinita paciencia para tratar, por lo menos, de concientizar a los pocos que se permitan abrir las puertas y ventanas de su alma. Esto es una lucha, una lucha contra la más indigna ignorancia y sordera, autoimpuesta en muchos casos. Claro está, en lo personal ni siquiera me tomaría la molestia de hablar con una piedra, que las hay y muchas, pues es tiempo perdido. Sí sigo confiando en gente sana y solidaria, que por suerte y por ahora, todavía sobrevive en éste suelo.
     Desmantelar el aparato represivo: ya es una utopía.

Gonzalo Rodríguez