¿POR LA SENDA DE SENDIC?
En Uruguay la corrupción política no tiene consecuencias. En Suecia, por un chocolate renunció la Viceprimera Ministra

Este jueves 8 de junio aparece una nota en el semanario Búsqueda que da cuenta sobre el uso (o abuso) que hizo el vicepresidente de la República, Raúl Sendic, de la tarjeta corporativa cuando fungía como directivo de ANCAP. Según la información, Sendic usó tarjeta de Ancap en tiendas de ropa, electrónica, supermercados y hasta para comprar joyas. Este mismo jueves el involucrado salió a hablar con los medios para intentar justificar los hechos, que según parece quedará en eso. Pero no tendría que ser así, y hay antecedentes por ejemplo en Suecia, donde una Viceprimera Ministra debió renunciar por comprar con una tarjeta del Estado una barra de chocolate. Claro, eso fue en Suecia. ¿Y en Uruguay qué va apasar?

 

cuadro.jpgEl vicepresidente Raúl Sendic siendo integrante del directorio de Ancap —tanto vicepresidente como presidente— utilizó una tarjeta corporativa para comprar en tiendas de ropa, electrónica, joyería, supermercados y locales de muebles, tanto en Uruguay como en otros lugares del mundo, según informa Búsqueda.
La información surgió de un pedido de informes sobre los estados de cuenta de todas las tarjetas corporativas de Ancap. No obstante, Búsqueda solo analizó los gastos con las tarjetas Visa del Banco República ya que los estados de cuenta de las MasterCard del BROU no incluyeron información detallada, añade. Ancap en su respuesta dejó constancia que "en muchas ocasiones se hicieron reembolsos", pero no determinó de quiénes ni por cuánto dinero.
Luego de asumir la presidencia en 2005, Daniel Martínez, recibió una tarjeta con un tope de $ 800.000 con la que hizo 19 compras en tres años: cinco en restaurantes, tres estadías en el extranjero, nueve inscripciones a eventos y dos compras en Duty Free.
La tarjeta de Sendic, quien ejercía el cargo de vicepresidente en 2005, tenía un tope de $ 160.000.
Según el informe de Búsqueda Sendic realizó 76 pagos de los cuales 39 fueron en comidas en restaurantes locales e internacionales, 20 cargas de combustible, cinco estadías en hoteles y dos pagos a Antel. Las restantes 10 se reparten entre tiendas de ropa y compras en el Duty Free.
Sendic volvió a Ancap en 2010 como presidente. Entre ese año y 2013 utilizó la tarjeta 320 veces y lo hizo en restaurantes locales e internacionales, hoteles, pasajes de avión, combustible y cerca de 30 locales que van desde ropa a joyas y supermercados.
Los gastos fueron hechos pese a que Ancap definió un protocolo en 2011 de que las tarjetas corporativas eran para "gastos imprevistos que surjan en sus misiones de trabajo", informa Búsqueda. 
En tanto, el entonces vicepresidente de la petrolera, Germán Riet, usó su tarjeta corporativa 72 veces entre 2010 y 2013 en restaurantes locales e internacionales, hoteles, combustible, inscripciones a congresos y regalos empresariales, señala el informe.
El colorado Juan Justo Amaro, a su vez, utilizó la tarjeta corporativa 62 veces todas para pagar en restaurantes y el hoy senador Carlos Daniel Camy, que integraba el directorio, la utilizó 86 veces en estaciones de servicio, restaurantes, pasajes de avión, hoteles en Montevideo y en extranjero.

 

Raúl Sendic: Fue "para cubrir necesidades de la función"

Una vez divulgada la información, el vicepresidente Raúl Sendic ofreció una conferencia de prensa en la que justificó en conferencia de prensa los gastos realizados con una tarjeta corporativa de Ancap cuando se desempeñaba como vicepresidente y luego presidente del ente estatal.

raulsendic.JPGSendic manifestó que "los criterios con los que siempre se manejaron las tarjetas corporativas que tiene la compañía fueron absolutamente estrictos en cuanto a que la tarjeta es para cubrir necesidades relacionadas con la función dentro de la compañía" y que "ninguno de los directores de Ancap usa la tarjeta para cubrir gastos particulares o personales".
Además, explicó que en su caso las compras "suman 29 mil pesos en el Uruguay y 3.000 dólares en el exterior". En este sentido, señaló que "todas esas compras tienen que ver con la actividad, con que en algún viaje había que comprar presentes para llevar como en el de la joyería, o corbatas, o libros, o un presente para una visita que podíamos tener en el Uruguay, como ocurre también fuera del país. En muchas oportunidades a lo largo de nueve años ocurrió que llegáramos a un lugar y que el equipaje en vez de llegar junto con nosotros llegara después. Hay un agenda para cumplirla en el día y hay que hacer determinada compra de ropa para cubrir esa agenda y no podemos suspender una agenda por 24 horas en una visita al exterior".
Sobre los gastos en un supermercado, dijo que "en alguna oportunidad tuvimos una reunión con el equipo gerencial y se mandó a hacer una compra".
"Tengo una absoluta tranquilidad sobre esto, me parece una verdadera canallada que en una empresa que facturaba 12 millones (de dólares) por día como en esos años y que compraba 6 millones por día, después de que la dieron vuelta como una media, porque buscaron si había corrupción en contratos petroleros, en negocios con Ecuador, en la contratación de agencias de publicidad, que estén publicando la lista de pasajeros que bajaban en la avioneta de ALUR o la lista de compras que hizo un director en situaciones extremas con una tarjeta me parece poco serio desde el punto de vista periodístico", afirmó.
El vicepresidente se mostró "absolutamente tranquilo no solamente por mí sino por los directores del Frente Amplio, el Partido Nacional y el Partido Colorado que integraron el directorio con nosotros", porque "todos los eventos relacionados con las tarjetas corporativas están absolutamente justificados por la actividad al frente de la empresa que cada uno de nosotros tuvo que cumplir".
También explicó que no le respondió al semanario cuando fue consultado sobre sus gastos porque "yo a Búsqueda no le doy entrevistas".

 

En Suecia es distinto: Viceprimera Ministra
renunció por una barra de chocolate

 

Mientras en Uruguay la cosa va a quedar por ahí como tantas otras veces, hay antecedentes en Europa de casos de corrupción por el uso fraudulento de los dineros del Estado que llegaron a obligar a sus responsables a renunciar a altos cargos gubernamentales. Así pasó en Suecia y por una tableta de chocolate Toblerone. Así lo consigna una nota publicada en Internet por Mónica Mullor, en 2014, que transcribimos:

Uno de los grandes problemas de España es la sensación que tienen los ciudadanos de que la corrupción política apenas si tiene consecuencias. El escándalo de las ‘tarjetas negras’ (uso fraudulento de dinero del Estado) donde estarían  implicados militantes y consejeros de todos los partidos, ha traído consigo apenas algunas dimisiones y no se habla de la exigencia de la devolución de los dineros, sino de posibles acciones disciplinarias por el uso fraudulento de las tarjetas. Tal vez resulte oportuno aprender del ejemplo que se da en otros países de Europa y del mundo. En especial tomaré el caso de Suecia, que nunca podría haber ocurrido en España.
Mona_Sahlin.jpgLa protagonista  es la ex viceprimera ministra sueca Mona Sahlin. Mona que protagonizó buena parte de la vida política sueca de los años 90, llegó a culmen de su carrera en 1994, cuando fue nombrada viceprimera ministra y principal aspirante a sustituir a Ingvar Carlsson, primer ministro y líder del Partido Socialdemócrata sueco. Sus esperanzas se vieron truncadas un año más tarde, cuando decidió presentarse tras un escandaloso caso de corrupción. Su error, como el de muchos políticos españoles, fue utilizar su Riksdag credit card (la tarjeta de crédito que poseen los altos cargos políticos suecos) para compras personales.
¿Y qué es lo que compró?  Mona Shalin cayó en la tentación de comprar con esta tarjeta dos barras de chocolate Toblerone y un vestido dilapidando nada menos que 35, 12 euros de las arcas del país escandinavo. El escándalo pasó a conocerse como “l’affair Toblerone”. El pueblo sueco indignado se levantó contra la entonces viceprimera ministra y a los pocos días Mona presentó su dimisión y años más tarde, escribió un libro en el que ofrecía sus disculpas y su versión de lo sucedido. En 2007 fue elegida presidente del Partido Socialdemócrata de Suecia.
Y por supuesto, tuvo que devolver el dinero gastado el cual no le pertenecía. Su peor castigo fue el desprecio del pueblo sueco quienes jamás han estado dispuestos a mantener a los políticos para que lleven una vida de lujos y menos permitirles que abusen del dinero que ellos aportan.