PIRRO VISITA PARAGUAY
Análisis de la situación política paraguaya, 04 de mayo de 2018

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Escribe José Antonio Vera desde Asunción para Radio Centenario

En las elecciones nacionales del domingo 22 en Paraguay, se produjo el fenómeno de que tres, entre los muchos actores que participaron, ganaron y, a su vez perdieron, mientras Cartes, derrotado su interpósito candidato hace cuatro meses en las internas del Partido Colorado, continúa sumando triunfos, aupado en fraudes, sobornos, chantajes, ilícitos de toda laya, y en  la torpeza, liviandad, improvisación y cortoplacismo de la oposición.
El Partido Colorado ganó gracias a una descomunal estafa electoral y, aunque parezca extraño en un país políticamente mediocre y tramposo, es  inédita en su dimensión  fraudulenta, al punto de que el espectáculo disgustó a algunos observadores de la impudorosa Organización de Estados Americanos (OEA).
Contra lo vaticinado por las empresas encuestadoras que, desde un mes antes le daban entre 20 a 30 puntos de ventaja sobre su contrincante, el liberal Efraín Alegre, candidato de la Alianza GANAR, conformada con el Frente Guasu, de Fernando Lugo y otros emblemas menores, Mario Abdo Benítez se impuso apenas con 3.6 puntos del total de los votos computados, que no es lo mismo, en este caso, que los emitidos en las urnas, dado que muchas de éstas fueron violadas, en un colosal despojo de la voluntad popular mayoritaria, favorable al cambio.
Nueve de diez encuestadoras se han embolsado un buen dinero, pero nada estimula su futuro, dado el masivo descrédito ciudadano que se han granjeado con su venalidad y grosera manipulación y falsificación del ambiente preelectoral, en beneficio del candidato oficialista, escándalo que agravaron con sus informes de bocas de urnas desde las primeras horas del sufragio, provocando desaliento entre el electorado, desmovilización y desánimo, inestabilidad emocional y pasividad que desembocó en una abstención cercana al 40 por ciento de los cuatro millones y algo inscriptos. La OEA expresó desagravio ante el uso abusivo de ese recurso electorero exitista.
La idea de que todo estaba cocinado de antemano por los colorados, reforzó esa maniobra, al tiempo que perjudicó las chances de la Alianza, porque Cartes y Abdo Benítez, poniendo miles de vehículos del Estado en manos de los seccionaleros, mitad mercenarios del partido y la otra fanatizados, arrearon desde su domicilio y hasta las urnas, a un alto porcentaje de los 330 mil funcionarios públicos y a sus familiares.
Delegados de mesa, incluso artistas y periodistas conocidos, se han encontrado que su voto no aparece en ningún acta, en el conteo que recién terminaría este sábado, en medio de una irregularidad espantosa, pues las actas firmadas al término del sufragio, están siendo abiertas de nuevo, en absoluta ilicitud, bajo la supervisión de delegados colorados.  
Veedores, entre ellos observadores extranjeros, han comprobado que en algunos locales aparecen guarismos altos a favor de Abdo Benítez y cero voto para la Alianza o, también, que, en algunos conteos, ha desaparecido el último cero, es decir, si eran 200 boletas para la oposición, en las actas figuraban 20 o, en ocasiones, ninguna.
El dolo electoral es tal que, ante la masiva protesta ciudadana, con plantones frente al Tribunal Electoral, que continúan, los ministros del Tribunal Superior Electoral, han dado orden de dar algunos resultados diferentes al verificado en el conteo del domingo y lunes 23, rebajando los números colorados y dándole una limosna a la oposición para que se calme. El Presidente de ese organismo, anunció a media mañana del domingo, a las tres horas de abrirse las mesas, que Abdo Benítez era el virtual ganador.
Esa victoria es pírrica, y poco convence a las propias filas coloradas, que han ingresado en viejas peleas internas que resurgen con fuerza. La celebración pública es discreta, a diferencia de otros años, incluso en el 2013, cuando Cartes superó a Alegre, festejado con una algarabía ensordecedora. Clara  evidencia de que un importante sector del pueblo está harto de los políticos, de sus partidos y de sus disputas intestinas, que tienen poca repercusión entre la gente, a diferencia de lo que exhiben los mentimedios.
Por los guarismos, el triunfo de Abdo Benítez es decepcionante al interior del propio coloradismo, donde se incuba la preocupación de que el nuevo gobierno, que se instalará el 15 de agosto, día de fundación de Asunción, deberá enfrentar un vendaval  político que está pariendo la división de todas las fuerzas en carrera, con inocultable zozobra, porque, entre otras cosas, abundan los reproches entre dirigentes en sí mismos, haciéndose eco de la reacción negativa de las bases, ante lo poco conseguido.
Un enfrentamiento mayor puede comenzar a darse el uno de julio, cuando Lugo, en su condición de Presidente del Senado, tiene el deber de convocar, el día antes, a todos los parlamentarios electos, 80 diputados, 45 senadores y los representantes ante el Mercosur.
El ex Obispo ha declarado que no convocará a ninguna persona electa si con ese acto está violando la Constitución, situación protagonizada por Cartes, su ex Vice Juan Afara y Nicanor Duarte Frutos (2003/2008).
La Carta Magna, a la que dice aferrarse Lugo, especifica que cada presidente saliente pasa automáticamente al rango de Senador Vitalicio, con voz pero sin voto.  Jamás podrá ser activo, como pretenden esos tres. Juan Carlos Wasmosy, un ingeniero pobre que hoy es multimillonario, tras convertirse en uno de los barones de la binacional hidroeléctrica de Itaipú, dejó la presidencia en el 1998. Asumió el vitaliciado y, aunque rara vez ocupa su curul, cultiva desde las sombras una envidiable influencia sobre los tres poderes del Estado.
El homónimo de su padre, el Secretario Privado del General Alfredo Stroessner, durante 25 de los 35 años que duró su tiranía, se ha hecho de la presidencia desprolijamente, y tendrá que bailar entre el clima generalizado de rechazo ciudadano a su victoria electoral, y las imposiciones de Cartes, que lo sigue como su sombra, con el propósito de jurar como Senador para mantener impunidad y poder, consciente de que, perdida la lapicera, pueden comenzarle a caer cuentas por el imparable endeudamiento del país, por el déficit de su política social, que sufre el grueso de la población, de siete millones de habitantes, y por las numerosas acusaciones, incluso del propio Abdo Benítez, de narcotraficante.
A pesar de los augurios de un crecimiento anual del cuatro por ciento, uno de los mejores de la región, según  los expertos de los acreedores FMI, BID y Banco Mundial, Paraguay tiene la mayor deuda externa de su historia, cercana a los ocho mil millones de dólares, dos tercios contraídos por Cartes en menos de cinco años y el resto por Stroessner en 35 años y cuyos intereses, a pagar cada seis meses, obligará al nuevo gobierno a un mayor endeudamiento, tal la idea coincidente de Abdo Benítez y Efraín Alegre, quienes no ven otra fuente de ingresos.
El colorado rechaza la idea de gravar la agroexportación, en particular de la soja y maíz transgénicos, que arrojarían a las arcas nacionales unos 500 millones de dólares/año, más que las dos hidroeléctricas binacionales juntas, y también es contrario a aumentar los impuestos al tabaco, del que Cartes es el principal fabricante, acusado por diversos organismos de dentro y fuera del país, de ser el principal contrabandista de la región.
Aparte de los hospitales públicos absolutamente abandonados por el gobierno, así como la educación en su conjunto, otro frente que muestra la abyección que representa el actual gobierno colorado, es el empleo, con 370 mil connacionales entre desempleados y subempleados, un 85 por ciento de la población económicamente activa está ocupado en las empresas pequeñas y medianas (pymes), y sólo el 16 por ciento de los asalariados tiene formación terciaria o universitaria.
Una de las maniobras dolosas y más pérfidas, que confirma el poder discrecional de Cartes, se estaría por consumar estos días, por decisión del mandatario de nombrar a la Vicepresidencia de la República, acéfala desde hace dos semanas, a la magistrada Alicia Pucheta, renunciante este lunes de su cargo ministerial en la Suprema Corte, con el fin de asumir esa alta función, lo cual la catapultaría como la mujer más exitosa políticamente en la historia nacional del último siglo.
Si el Senado acepta la renuncia de Pucheta a la Suprema Corte, y Cartes, con la intención de jurar como Senador, renuncia el mes que viene, tal lo que deslizan sus más cercanos, la hija del presidente de la Corte durante la tiranía estronista, Justo Pucheta, automáticamente  se convertirá en la primera mujer paraguaya en llegar a la presidencia de la República.
Pucheta, no obstante la impunidad total con la que se maneja Cartes, es una viuda de 68 años, igualmente violadora de la Constitución y enemiga activa de las luchas populares, como lo ha demostrado en varias ocasiones y ahora, al dejar la Corte sin dictar fallo en el caso de la masacre de 11 campesinos, algunos heridos y rematados por uniformados y de seis policías, el 15 de junio del 2012, operación montada que sirvió para derrocar, una semana después, al Presidente Fernando Lugo con un juicio parlamentario.
“Es una vergüenza para el país, que una Ministra de la Corte Suprema, que no tiene capacidad de decisión, vaya a la Vicepresidencia y quizás a la misma Presidencia de la República. Una ignominia”, declaró el Obispo Emérito Mario Melanio Medina frente al Palacio de Justicia, ante decenas de personas que reclamaban memoria colectiva por ese otro asesinado de labriegos. Los tres camaristas requeridos estaban de acuerdo, Pucheta era uno y al escabullirse sin firmar el fallo, obliga a volver al inicio del proceso.
Estos vaivenes paraguayos, que registra no sólo la actividad política, recuerda el cuento de Atahualpa Yupanqui de que “me va bien y me va mal”, porque vergonzantemente el país expone un sector social, los mil millonarios, los ricos y la clase media alta, a los que siempre les va bien, y muy bien, frente a la mitad de la población y algo más, que sistemáticamente les va mal, y muy mal, con distintos grados de sufrimiento.
La culpa no es de Dios, como lo defienden los creyentes, pero alguien es responsable de tamaña asimetría social, eternizada infamia -que, probablemente ayude a entender el hecho de que esa mayoría marginada y excluida, que reúne a muchos mejores y, sin duda, buenos- sea víctima de agresiones permanentes y de todo tipo, consecuencia de un modelo que necesita esa placenta explotadora y desequilibrante del tejido social, para mantenerse a flote, con el único riesgo de asfixiarse por angurria y avaricia, elementos indispensables para continuar acumulando caudales.