
22 de octubre del 2004
MENSAJE DE LA 36
En la vida las personas definen en forma distinta su actitud antes las situaciones
de injusticia y no pocos deben vencer la resistencia de quedarse al margen de
los acontecimientos.
“El hombre puede fundamentar su decisión de quedarse al margen
por motivos justificables, sanos, humanos y hasta elevados. Ese papel de observador
tiene muchas ventajas, pero también no pocos riesgos, porque si alguien
se mantiene demasiado tiempo “vichando la cosa” puede perder todos
los sentimientos humanos.
Los anuncios de triunfo frenteamplista siguen agitándose en la gran prensa. Y muchas personas observan los hechos electorales desde posiciones justificables y humanamente elevadas. Porque en definitiva acosados por las difíciles condiciones de existencia la mayoría de los uruguayos desean que la realidad cambie de una buena vez.
Anoche precisamente, observábamos el acto final de una importante fuerza
política y la escasa concurrencia no era representativa de una de los
grupos que logra mayores adhesiones del electorado.
Para los hombres de izquierda lo humano siempre va ligado con la responsabilidad
representada en la lucha activa y participativa contra las influyentes fuerzas
reaccionarias.
Todos los militantes de izquierda deben reafirmar su humanismo en su práctica
social.
Hoy a pocos días de las elecciones los datos que los compañeros
nos acercan de forma permanente son alentadores. Esos militantes zonales y responsables
que orientan la labor práctica sobre el terreno son optimistas acerca
del crecimiento de la izquierda y el triunfo en la primera vuelta.
También se precia junto a los logros políticos de los militantes,
los signos físicos del esfuerzo y la entrega permanente.
Es por esto que nos atrevemos a solicitar a nuevos compañeros y amigos
de la izquierda su participación y cooperación decidida para consolidar
el triunfo definitivo de la izquierda.
Esta es la esencia del humanismo que tiende al desarrollo libre de los individuos
sobre la base de los intereses sociales y particulares. En esta oportunidad
representados por los objetivos de alcanzar una representación parlamentaria
y ganar en primera vuelta.
Más para ganar y alcanzar estos objetivos hay que caminar venciendo la
resistencia de las fuerzas reaccionarias y antihumanistas. La relación
entre el militante y la sociedad contribuye al desarrollo del individuo y no
exhorta a la conciliación sino a la lucha contra todo lo que se alza
en el camino hacia la felicidad del hombre.
Hoy a poco de alcanzar el Gobierno no podemos dejar una sola de esas resistencias
en pie y habrá que superarlas una a una hasta alcanzar los objetivos
principales.
Conocemos a muchos uruguayos que están lejos de tener una visión
de izquierda de la vida pero que sienten con agudeza las injusticias e infortunios
del mundo en que viven. ¿cuantas veces hemos escuchado su testimonio
honrado y veraz que contribuye a destruir la decoración de falso bienestar
que los propagandistas y defensores del régimen capitalista aplauden
y tratan de mantener?
Esos compatriotas honestos están muy cercanos a nuestros ideales y su
participación consciente depende muchas veces de nosotros de que les
ofrezcamos un lugar en la lucha y por la gran verdad de nuestro tiempo.
Hoy las frases pomposas sobre el elevado amor a los pobres y humildes debemos
acogerlas con una sonrisa. La vida siempre termina confirmando la marchita mentira
de los sentimentales charlatanes. Las sensiblerías tejen nuevas redes
de frase huecas y dulzonas haciendo abstracción de las contradicciones
reales de clase, de la lucha entre la reacción y las fuerzas de izquierda
esa gente llama al idilio de que nadie ofenda a nadie.
Nosotros debemos decirlo en forma clara que no solo la lucha a de darse en el
campo ideológico, sino también en los aspectos prácticos
de la acción.
El verdadero cambio social que preconiza la fuerza del progresismo no ha de
llegar por el lado de la “ayuda social”.
El verdadero cambio social, ha de contribuir a la emancipación de los
trabajadores y sectores populares mediante las transformaciones económicas
de la producción por la “liberación humana”.
Toda lucha popular cuyo contenido caiga en una prédica salvadora y amorosa
siempre terminará en el sueño de la reconciliación general.
Por eso los representantes de la izquierda deben terminar con todas las frases
que ocultan estas contradicciones y permiten a muchos adversarios acercarse
a los trabajadores en el terreno de las ilusiones filantrópicas.
Anoche veíamos a un poderosos representante de la Secta Moon explicar
frente a la televisión como había hecho para “comprar”
la voluntad y el apoyo al Puerto de Rincón del Cerro mediante la “ayuda
social” a los equipos de baby fútbol y otras obras sociales.
El verdadero humanismo no es este por supuesto, el de los explotadores que
envenenan el medio ambiente y les niegan el salario a los trabajadores.
El humanismo real del que hablaba Marx y Engels es parte de la preocupación
por el bien de la gente y sobre todo el afán de crear condiciones dignas
para la vida de las personas y sobre todas las cosas, para el desarrollo de
su personalidad. Afirmando su dignidad y unido a una profunda comprensión
de las relaciones reales de las fuerzas de clase a la actividad de la lucha
social emancipadora y transformadora de las capas populares y el reconocimiento
de los trabajadores y las ideas de izquierda.
La izquierda es parte de este triunfo aunque llegue con sus fuerzas diezmadas
y hasta dispersas todavía, el triunfo ayudará a consolidar su
estrategia futura.
Estrategia de unidad y compromiso con los trabajadores y sectores sociales con
enorme significación humana aunque sin desconocer las fuerzas sociales
concretas ni pensar en elevarse más alto que ellas. Por el contrario,
la izquierda debe encarnar las aspiraciones y la energía de los trabajadores
y sectores populares y de una parte considerable de otros sectores de clase
que han adherido a la lucha contra el capitalismo.
El socialismo definitivamente no ha de ser solo la aspiración de los
trabajadores sino de toda la humanidad.
El humanismo real de la izquierda no son solo frases bonitas sobre la dicha
de la gente, muchas se han pronunciado hasta ahora. Si no que hay que buscar
las vías acertadas para transformar la sociedad con el fin de liberar
al pueblo de la injusticia de un régimen explotador e injusto.
No se trata de negar todo valor histórico a los afanes de otras teorías
humanistas que han precedido las nuevas oportunidades que se generarán
a partir del nuevo Gobierno progresista.
Para la izquierda la pasividad y el alejamiento del individuo respecto a la
sociedad, el hermetismo egoísta o la indiferencia ante la vida real y
la sociedad, son incompatibles con el compromiso socialista.
La consciencia social de nuestras ideas de izquierda propias del humanismo real
de una fuerza destinada por la historia a liberar a lo uruguayos de la envidia,
la avaricia, las banalidades y pavadas que durante más de ciento setenta
años los gobiernos blancos y colorados han deformado, a los hombres de
trabajo.
Por eso hablamos de trabajo, salario y oportunidades de decisión real
y no de canastas de alimentación y asistencialismo social. Que obligue
a los beneficiarios a inventar trabajos estilo cuartelero de: “pintar
todo lo que esté quieto y sancionar todo lo que se mueva”.
Nuestro humanismo de izquierda procede de las ideas de los trabajadores, es
el humanismo socialista que por naturaleza ha de ser combativo, liberador, creador
y cohesionador del pueblo.
Pero deberemos estar alertas porque por naturaleza propia una fuerza por combativa
que esta sea si pierde claridad de sus posiciones desaparecerá, el espíritu
combativo y con ello la fuerza eficaz del humanismo.
Es por esto que la participación militante de los viejos y nuevos militantes
de izquierda resulta más que necesaria y lógica, imprescindible.
Solo con esa fuerza participando se mantendrán los viejos principios
originales de nuestro programa de treinta medidas primarias de gobierno.
Hoy vemos como desde algunas posiciones se muestra al Uruguay y al hombre a
la luz de los ideales de un artista que solicita que empecemos a soñar.
Pero los ideales no son para nosotros una categoría abstracta y especulativa
de lo que debe ser.
El ideal se forma sobre la base de la honda penetración en la realidad
objetiva con sus leyes y tendencias rectoras.
Los fundadores de los ideales socialistas advertían que no se debe consentir
en la construcción de caminos mejores y más cortos. Los ideales
más altos no valen un centésimo hasta que no se unen a los intereses
de los que participan en la lucha económica con las “limitadas”
y pequeñas cuestiones de la vida cotidiana de la lucha de clases.
Más allá de la comprensión actual de nuestras ideas igualmente
debemos reconocer que su fuerza reside en la vitalidad en que comprenden las
relaciones reales y las leyes de desarrollo de la sociedad. No se trata de ideales
abstractos, soñadores o desproporcionados sino próximos a la realidad
fiel a ella y que ayudará a reconstruir la nueva sociedad uruguaya.
Nosotros no hablamos de una sociedad socialista inmediata sino que nos referimos
a un sistema económico y social que beneficie la producción social,
las formas de producción colectiva, autogestionaria y cooperativa, en
lugar de privilegiar -como hasta ahora- los intereses de apropiación
y producción capitalista.
Hoy se ha comenzado a hablar en serio por parte de algunas de las fuerzas políticas
que integran el progresismo de la importancia de darle contenido moral social
al proceso uruguayo con el comienzo de un nuevo Gobierno a partir de marzo.
La moralidad social nunca habrá alcanzado un sitial tan alto como ahora.
Tiempos de nobleza y de cristalinidad serán los que lleven a los tribunales
a los pillos y ladrones del pasado pese a los restos de toda la vieja inmundicia
porque nos esforzaremos en limpiar de los pecados heredados del pasado a la
nueva sociedad.
Abordar los temas éticos y morales no es huir de la vida social sino
por el contrario se trata de irrumpir activamente en ella.
En general el humanismo de manera vaga, ese que no obliga a nada ese compromiso,
que solamente induce a votar que permite escapara a la lucha real contra enemigos
reales de los intereses de los trabajadores, esos cambios sociales envueltos
en frases sobre la contemporaneidad, el desarrollo científico técnico,
la estrategia modernista etcétera, es una arma peligrosa que nuestros
adversarios ideológicos tratarán de enderezar contra nosotros.
Estos son tiempos de irracionalidad cada vez más poderosa engendros tanto
en la ciencia, como en el arte y la literatura del poder único neoliberal
y la globalización influyen sobre todo el planeta.
El mundo sensible pierde prestigio y desaparece la inmunidad de la pureza.
La razón denigrada y el triunfo de lo absurdo. La razón, parecería
que ya no desarrolla ningún papel y el abstraccionismo es la avanzada
del movimiento ideológico actual.
Tiempos nos tocan vivir caros compañeros, camaradas de lucha, militantes
de fierro, “donde los argumentos de la razón no los vemos ni en
calidad de enemigos siquiera”.
La política sin argumentos y razones válidas son como un ciego
que puede moverse pero no ve todo lo que lo rodea, sin puntos de orientación
y al azar, se pierde la dirección en medio de la indiferencia del infinito.
Es por ello que sin esta dirección de trabajo el pesimismo o el desconcierto
adquieren proporciones gigantescas.
A pesar del triunfo momentáneo en términos históricos reales,
el proyecto reaccionario de la derecha se encuentra en un atolladero sin salida.
Las fuerzas de clase de la sociedad basada en la explotación que han
dado origen a ella y la concesión reaccionaria del mundo está
en bancarrota.
Por eso su desconcierto y el temor a que esta vida ligada a la lucha consciente
de los trabajadores y sectores populares no se detenga en el triunfo electoral
sino que continúe sus aspiraciones liberadoras hacia el socialismo.
Compañeros de la izquierda, hombres, mujeres, jóvenes militantes,
trabajadores, desocupados, estudiantes en general el mayor crimen que se puede
cometer contra el espíritu vivo y creador de las fuerzas populares es
aislarse de la realidad.
Mostrarse indiferente ante la sociedad y el hombre.
Esa sociedad uruguaya tan duramente golpeada y de cuyos golpes no somos ajenos
ni indiferentes. A veces seguramente con derecho a sentirse más golpeados
y agredidos que nadie, pero sin embargo recordemos que es parte de los sacrificios
a los cuales quedamos expuestos voluntariamente, cada vez que pongamos en peligro
el poder de la reacción.
Otros sacrificios han aparecido en el horizonte de nuestro pueblo, el de tantos
ciegos que van al azar y en este rumbo actual de las fuerzas mayoritarias, han
hallado una esperanza salvadora.
Y antes de desarmarlos, la izquierda deberá contribuir tenaz y pacientemente
a construirles un nuevo esqueleto político consciente.
Alguien podrá pensar y tal vez con razón que un pequeño
hombrecito y su punto, con sus pequeños hombrecitos y sus puntos y comas,
líneas curvas y quebradas, manchas sucias sobre un papel y palabras desgranadas
por una radio hacen pasar los frutos de un pensamiento pobre y queriendo aferrarse
a la vida real como si se tratara de un arte nuevo y antiguo a la vez.
Pero la vida debe ser como la palabra que condense las leyes de la verdad y
la belleza del lugar como medio de conocer la realidad aún pariéndose
dentro de un pequeño estudio de radio detrás de los cristales
mientras el operador espera impaciente la llegada de la nueva tanda comercial.
OJALÁ LOS QUE FALTAN COMPRENDER ENTIENDAN QUE HACE FALTA SALVAR ENTRE
TODOS LAS IDEAS DE IZQUIERDA.
PORQUE EN NUESTRA ÉPOCA SE NECESITA UNA GRAN LABOR PARA DEFENDER LO MUCHO
QUE HAY QUE DEFENDER Y ES MUCHO LO QUE HAY QUE CASTIGAR.
¡GANAMOS Y CON EL VOTO CONSCIENTE ASEGURAREMOS EL CAMBIO!