17 de agosto de 2006

MENSAJE DE LA 36

CHE
“Ernesto Guevara en Punta del Este y Montevideo”

Ernesto Guevara, el “Che”, visitó a Uruguay en el año 1961 desde el 4 hasta el 18 de agosto, donde vino a participar como representante cubano en la Conferencia del Consejo Interamericano Económico y Social (CIES) realizado en Punta del Este.
Sin embargo, los uruguayos de izquierda recuerdan prácticamente, su comparecencia en el Paraninfo de la Universidad de la República. Guevara durante su estancia en Uruguay pronunció un discurso en la Quinta sesión Plenaria del Consejo Interamericano Económico y Social en Punta del Este el 8 de agosto de 1961.
En la segunda oportunidad, el Che se presentó en una Conferencia de Prensa en Montevideo, fue el 9 de agosto.
La tercera oportunidad que intervino públicamente el Che en Uruguay, por lo menos que hemos registrado nosotros, fue en la intervención en la reunión del CIES el 16 de agosto.
Por último, a su regreso de Uruguay, el Comandante Ernesto Che Guevara compareció en una conferencia de prensa televisada en Cuba sobre la Conferencia de Punta del Este.

El Che arribó a Montevideo el 4 de agosto y la izquierda uruguaya fue masivamente a recibirlo al Aeropuerto de Carrasco. El 5 daba comienzo la conferencia de Punta del Este y el Che se presentó con su traje verde olivo. Con sus auriculares puestos, Guevara anotaba la intervención del delegado de los Estados Unidos. La prensa de la época recoge el hecho de que una vez terminada la intervención del representante estadounidense, cuando recibía el aplauso de la concurrencia, el Che se levantó y se fue.

Ernesto Guevara tuvo su principal intervención durante la Asamblea de la Conferencia del CIES en Punta del Este el último día, para abstenerse en la votación general del documento que creaba la Alianza para el Progreso. Una especie de Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA), aunque visto ahora con el paso del tiempo, cien veces más benévolo.

Desde Punta del Este el Che viajó a Montevideo donde brindaría una conferencia en el Paraninfo de la Universidad de la República. Desde tempranas horas de la tarde la gente comenzó a llegar al Paraninfo, entre los que ingresaron grupos de derecha fascistas rompiendo vidrios y lanzando bombas de gas.
El discurso del Che en el Paraninfo de la Universidad del Uruguay adquiriría una enorme trascendencia política e ideológica. Desde la época en que fuera pronunciado, su contenido, y el debate que procesaba en la izquierda uruguaya.

Durante esa década en las elecciones de 1962 volvía a triunfar el Partido Nacional por una escasa diferencia de votos, apenas 23 mil sería la ventaja. En la lucha interna de los blancos la UBD había superado ampliamente a los herreristas y ruralistas. Esto significaba que la titularidad del Poder Ejecutivo, la Unión Blanca Democrática con Daniel Fernández Crespo, Washington Beltrán, Carlos María Penadés, Luis Giannasio y Alberto Heber. En tanto, Alberto Abdala, Amilcar Vasconcellos y Oscar Gestido, estaban como representantes del Partido Colorado.

Es en estos años cuando empieza a surgir a la luz pública la actividad del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros.
En un principio, cuando empezaron a conocerse las primeras acciones armadas, como por ejemplo el robo de armas en el Club de Tiro de Colonia Suiza; la opinión pública ignoraba la naturaleza de esas acciones pensando que eran realizadas por delincuentes comunes.
Eran tiempos donde operaban en el país las famosas bandas argentinas, el mismo día que llegaba el Che a Montevideo los uruguayos observaban en la prensa uruguaya la muerte del “Mincho Martincorena” ocurrida la noche anterior.
El 29 de setiembre de 1965, cuatro asaltantes argentinos, ex miembros de la famosa banda de Argañaz, asaltan una furgoneta del banco de la Provincia de Buenos Aires fugándose hacia Uruguay.
EL 6 de noviembre luego de intensos operativos de rastrillaje, la banda es localizada. Se preparó una “ratonera” en un apartamento ubicado en Julio Herrera y Obes 1182. La policía uruguaya esperaba una rendición pacífica. Sin embargo los pistoleros argentinos decidieron enfrentarse a sangre y fuego. Mientras quemaban el dinero robado para eliminar los gases lanzados por la policía y no entregar el botín a la policía comenzaba el infierno del Liberaj.
A la media noche, comenzaba la batalla del Liberaj y se extendió hasta las doce del medio día siguiente. Durante los enfrentamientos los policías utilizaron gran cantidad de efectivos, así como una gama muy amplia de armamentos tales como granadas, ametralladoras y bombas de nafta.
Después de desalojar el edificio enfrentado al Liberaj se apostaron agentes armados de metralletas Thompson y granadas, a su vez un carro de bomberos fue debidamente acondicionado para ubicar un piquete de ametralladoras. Mientras un grupo de la metropolitana intentaba escalar el edificio, muriendo el famoso Comisario Washington Cabris y el sargento Aranguren.
La silueta de los asaltantes argentinos Dorda, Mereles y Brignone apenas eran percibibles tras la inmensa cortina de gases y humo. Acorralados por todos lados y sin escapatoria posible la policía tomó el apartamento 9 utilizando un martillo neumático abriendo un agujero en la pared desde el apartamento vecino.
Por el boquete los policías lanzaron miles de proyectiles en el apartamento. Mereles moribundo, seguía insultando a la policía y mofándose de ellos porque no iban a poder quedarse con el dinero del robo.

En el plano sindical durante los convulsionados años sesenta se destacaron las huelgas de los servicios públicos y de docentes, así como la gran cantidad de paros generales y ocupaciones de fábricas. El gobierno respondió con Medidas Prontas de Seguridad intentos de reglamentación sindical y el reemplazo de huelguistas por personal militar en UTE y ANCAP. Los enfrentamientos callejeros entre obreros, estudiantes y la policía se volvieron parte de la cotidiano de los uruguayos.

Toda la izquierda uruguaya era profundamente influida por la Revolución Cubana, se puede decir que toda la izquierda latinoamericana en general transitaba idéntico proceso. Por lo cual la comparecencia de Ernesto Che Guevara tenía un gran peso político e ideológico en el propio debate interno del movimiento uruguayo.

En su alocución el guerrillero argentino cubano dijo entre otras cosas en aquel discurso del Paraninfo “Las aspiraciones del desarrollo económico que son en definitiva las aspiraciones de bienestar en cualquier forma que sea y como quiera llamársele la aspiración del pueblo a su bienestar se puede lograr por medios pacíficos, eso es lo ideal y eso es por lo que hay que luchar”.
Fue allí cuando a raíz de los gritos “viva la guerrilla” proferidos por un grupo de estudiantes, que el Che dijo: “Paren muchachos; mientras haya democracia hay que defenderla, porque cuando se tira el primer tiro no se sabe cuando siguen los otros”.
Minutos después sonaban los primeros siete disparos fascistas y caía el primer asesinado.

Una vez finalizado el acto, cercano a las diez de la noche en la calle Eduardo Acevedo los fascistas asesinaron de siete disparos calibre 7.65 al profesor del IAVA, Arbelio Ramírez, que había estado escuchando las palabras del Che. El asesino siempre quedó impune porque la Justicia y la Policía nunca descubrieron al autor de los disparos.

Ya que el discurso del Che en la Universidad es el más conocido, hoy daremos a conocer la intervención íntegra y algunos aspectos de las otras intervenciones referentes a la Conferencia de Punta del Este.
La historia necesita que se le respete íntegramente y no solamente en aquellos aspectos favorables a nuestros propios intereses. Y hemos encontrado en el espacio del tiempo de 14 días de agosto del año 1961 el pensamiento económico y político del Che, que no se limitó a dirimir una lucha ideológica de aquel momento del proceso uruguayo si “lucha armada si o lucha armada no”.

Creemos más útil en este momento, cuando la izquierda uruguaya llegó al poder mediante la vía pacífica, luego de haber pasado por todos los métodos de lucha, incluida la violenta, tratar de razonar bajo el análisis político económico del Che.
Y sobre todo comparar sus planteos económicos y políticos desde aquella intervención de la Conferencia del CIES que daría origen a la “Alianza para el progreso” impulsada por los Estados Unidos durante el gobierno de Robert Kenedy. Y los actuales Tratados de Libre Comercio que el gobierno progresista se prepara para firmar con Estados Unidos.

Dice Ernesto Che Guevara en su Comparecencia televisada acerca de la Conferencia de Punta del Este el 23 de agosto de 1961 en La Habana lo siguiente:

“Empezaremos por explicar que es la Conferencia del CIES. El CIES es un organismo colateral de la Organización de Estados Americanos que se ocupa de las cuestiones económicas de la América, organismo tradicionalmente dominado por la influencia imperialista norteamericana, que se suponía hasta ese momento respondía totalmente a esa influencia”.
“Estaba destinada a establecer una “Alianza para el Progreso” anunciada por Kennedy y naturalmente a encadenar más a los países latinoamericanos a las organizaciones financieras de Wall Street a aislar a Cuba y si se pudiera organizar el ataque armado ulterior contra Cuba”.
“Nosotros teníamos entonces tareas muy importantes y algo diferentes. Teníamos la tarea de ir a trabajar con las hermanas repúblicas de Latinoamérica, ir a tratar de movilizar la Conferencia hacia planes más acordes con el interés de los pueblos, a desenmascarar al imperialismo y a tratar de contraponer sus intereses de aislarnos a nosotros y aislarlos a ellos”.
“En primer lugar quedó demostrada la naturaleza falsa de la “Alianza Para el Progreso”, la intención imperialista que tiene, quedo demostrado para los gobiernos en todos los trajines, en todos los pequeños comités que se hacían fuera de la Conferencia, las intenciones norteamericanas de aislarnos; y quedó también, para los gobiernos, bien clara la impresión de que no es por el camino de Wall Street, como los pueblos y los gobiernos pueden ir adelante. Incluso los países que han salidos más beneficiados de esta “Alianza para el progreso” presumiblemente aunque naturalmente, todavía no se puede saber los resultados exactos de la “Alianza para el Progreso”, pues se basa en un armazón de suposiciones y falsedades que en el mejor de los casos debe ser todavía sancionado por la realidad y, lo más probablemente, la realidad demostrará que se estaba frente a una gran estafa que se hace a los pueblos de América”.

La INTERVENCIÓN EN LA REUNIÓN DEL CIES del 16 de agosto de 1961 del Che en el CIES decía textualmente.

“Señor Presidente:
Cuba se ve en la necesidad de abstenerse en la votación general del Documento y va a pasar a explicar, con algún detalle, las razones de esta abstención.

Señor Presidente: En el discurso pronunciado durante las plenarias inaugurales, esta Delegación advirtió de los peligros que traía la reunión de la “Alianza para el Progreso”, y creyó ver en ella el principio de una maniobra encaminada a aislar a la Revolución cubana.
Sin embargo, la Delegación de Cuba explicó que venía dispuesta a trabajar en armonía, a discutir de acuerdo con principios que son rectores de nuestra Revolución, y a tratar de coordinar con todos los países una acción conjunta, para llegar a documentos que expresaran, no sólo la realidad, sino las aspiraciones comunes de todos los pueblos.

Desgraciadamente, entiende la Delegación cubana que esa aspiración de su parte no ha podido ser cumplida integralmente. Cuba, Señor Presidente, trajo 29 Proyectos de Resolución, en donde se trataban muchos de los problemas fundamentales que según nuestro país, afligen a América, distorsionan su desarrollo y lo condicionan a la acción de los monopolios extranjeros.
Cuba señaló la contradicción entre la insignificancia de los objetivos y la grandiosidad de las proclamas. Se habló aquí de un reto con el destino; se habló de una alianza que iba a asegurar el bienestar a todos los habitantes de América, y se usaron muchas palabras grandilocuentes.

Sin embargo, cuando se llega a precisar lo que va a ser el “decenio de progreso democrático” nos encontramos con que, con una tasa de crecimiento neto anual de 2,5 % por habitante, se requiere aproximadamente un siglo para alcanzar el nivel presente de los Estados Unidos, que evidentemente es un alto nivel de vida, pero no es una meta inalcanzable ni puede considerarse cómoda para los países del mundo y los países de América.

Además, calculando naturalmente un cálculo que no tiene una base científica y sólo sirve como medio de expresión de ideas que el proceso de desarrollo de los países actualmente subdesarrollados y el de los países industriales se mantuviera en la misma proporción, los subdesarrollados tardarían 500 años en alcanzar el mismo ingreso por habitante de los países desarrollados.
Entendemos nosotros que, cuando la situación de América está como está -y por algo nos hemos reunido en esta conferencia económica, no podemos hablar de fines tan grandes y plantearnos objetivos tan pequeños.

En materia de educación y salud, las metas han sido también muy modestas; en algunos casos, más modestas que las propuestas por organismos internacionales, como la UNESCO, hace ya algunos años. Metas que nuestro país ha excedido en algunos casos, pero en un todo piensas exceder antes de cinco años.
En materia de vivienda no hay definición de metas y ni siquiera encontramos una definición cualitativa de lo que van a ser el desarrollo industrial.

Además, notamos cierta imprecisión de objetivos en materia agraria, donde se considera en un mismo plano al latifundio, el minifundio, y en donde no se trata en ningún punto la acción de los latifundios extranjeros, perturbadores de la economía de muchos de los países de América.
Cuba interpreta que si se mantenían muchas de estas metas, ya enunciadas más o menos en forma igual en los documentos originales puestos a nuestra consideración, y, si se mantenía el sistema de las inversiones privadas directas desde el extranjero, no se iba a poder lograr las bases necesarias para establecer de verdad el derecho a empezar que tienen los pueblos de América, el derecho de establecer las bases de una economía sana que permitiera ritmos elevados de crecimiento.

Además, durante el curso de la Conferencia, la Delegación de Cuba preguntó en reiteradas oportunidades cual era el mecanismo de la distribución de los recursos en la llamada “Alianza para el Progreso”, y si Cuba podía recurrir a esos recursos. Estas dos interrogaciones no han sido contestadas.

Con respecto a la integración económica de América Latina, señaló Cuba que la integración no es panacea ni puede servir de alternativa a reformas socio económicas básicas y preguntó, sin embargo, si caven en la integración países con distintas formas de organización económica y social, pues Cuba se muestra dispuesta a adherirse a la integración económica de América Latina siempre que se respeten sus peculiaridades socio económicas.

Cuba, además, indicaba como requisito previo a una integración sólida, la plena soberanía de los países en todo su territorio y se refirió concretamente a la Base de Guantánamo, que existe en el territorio de Cuba, y el Canal de Panamá.
Además, se hicieron otra serie de pedidos, algunos de los cuales en una forma u otra, a veces bastante limados de su intención original, han sido incorporados a los documentos definitivos de esta reunión. Pero hay otros, como la exigencia de garantía para las naves y aeronaves de todos los países miembros, que no fueron siquiera tratados.

Con respecto a los productos primarios, se señaló la inestabilidad de los precios y de los mercados de los productos; se denunció la agresión económica y pidió que se la condenara y proscribiera; señaló la necesidad de diversificar las exportaciones de los países latinoamericanos, aumentando la elaboración de productos primarios, incorporando nuevos productos a las exportaciones, abriendo nuevos mercados, y señaló explícitamente el mercado del mundo socialista, que tiene actualmente una tasa global de crecimiento del 10 %.

Cuba criticó los subsidios y el “dumping” de productos primarios por parte de los países industrializados, y señaló los riesgos que la acumulación de excedentes agrícolas o las reservas estratégicas de minerales pueden traer a los mercados de productos primarios. Las proposiciones y advertencias de Cuba encontraron eco en algunos países, y en las de otros puede decirse que Cuba se hizo eco de ellas, pues, naturalmente, muchos de estos problemas son comunes a nuestros países subdesarrollados.

Sin embargo, el documento final ha, prácticamente, limado la intención verdadera de los promotores de las ideas, de tal forma que quedaron totalmente inocuas.
Por ejemplo, mientras la Delegación de Cuba planteaba la abolición de las restricciones a la importación y los subsidios a la producción interna de productos primarios, por parte de los países industrializados, el documento final sólo habla de “reducir hasta abolir, si es posible, dichas restricciones”.
En muchos casos ha sucedido lo mismo. Las proposiciones concretas que llevaban un fin determinado se convierten en declaraciones vagas, donde se incluyen las frases: “si es posible”, “dentro de los reglamentos”, “cuando las condiciones lo permitan”, “si así lo requieren”, o “si así lo permiten”, etcétera, de tal forma que inmediatamente se establecen las cláusulas de escape.

Como dato, podemos decir que, según la FAO, los Estados Unidos han dado, por concepto de sustentación de precios en la agricultura, en el año 1955 son los datos que teníamos a mano la suma de 2.525 millones de dólares, suma mucho mayor que la que hasta ahora se ha dado en un año a los países de la Alianza.
El presente documento no ofrece, ni siquiera, la garantía efectiva de que la producción subsidiada interna de Estados Unidos no seguirá expandiéndose.

Sería muy largo continuar con la lista de todas las proposiciones en que Cuba participó con espíritu constructivo, tratando de que se lograran resoluciones efectivas que, sin lesionar la soberanía de ningún país miembro ni aún la de aquel país poderoso que, por razones de su desarrollo industrial, está en especiales condiciones frente a los demás, pudieran determinar un entendimiento que diera garantía cabal a los países más pequeños y a los países subdesarrollados en general, de que se iba a poder iniciar esta nueva era de que tanto se habla.

Después se hizo la declaración que ayer fue presentada y sobre la que trabajamos, y con respecto a la cual Cuba se abstuvo por encontrar varios puntos controvertidos, algunos absolutamente de fondo y otros de forma, como ha venido ocurriendo en el transcurso de esta reunión.
El punto fundamental es que, una vez más, los Estados Unidos no contestaron a la interrogación cubana, de tal forma que el silencio debe interpretarse como una negativa y Cuba no participará en la “Alianza para el Progreso”.
Mal se puede apoyar una alianza en la cual el aliado no va a participar para nada. Además, no se ataca la raíz fundamental de nuestros males, que es la existencia de monopolios extranjeros que distorsionan nuestras economías y atan, incluso, nuestras políticas internacionales a dictados exteriores.

No se condena la agresión económica, una de las importantes aspiraciones de Cuba, que ha sentido en su carne los rigores de esta agresión.
Se insiste en solucionar los problemas de América a través de una política monetarista, en el sentido de considerar que son los cambios monetarios los que van a cambiar la estructura económica de los países, cuando nosotros hemos insistido en que solamente un cambio en la estructura total, en las relaciones de producción, es lo que puede determinar que se creen, de verdad, condiciones para el progreso de los pueblos.

Y se insiste, también, en la libre empresa que, como es de dominio público, filosóficamente es condenada en Cuba al condenar la explotación del hombre por el hombre o, en la práctica, no existe casi en nuestro territorio y no tendrá participación en los nuevos procesos de desarrollo.
Por todas estas cosas, Cuba no puede firmar este documento, señores Delegados.
Sin embargo, quiero dejar constancia de que ha habido un trabajo constructivo; quiero dejar constancia de que Cuba no se ha sentido sola durante el transcurso de la Conferencia. Ha habido muchas reuniones a las cuales no fue invitada y, naturalmente, no puede prejuzgar sobre el contenido de las conversaciones realizadas allí, pero sabemos que el tema principal, en muchas de ellas, fue Cuba, y sabemos, también, que hubo, o buenos amigos, o gente de absoluta convicción en sus ideales y en sus planteamientos, que mantuvo una actitud favorable hacia Cuba.

De tal forma que, hemos podido llegar en armonía al final de la Conferencia, y creemos que hemos podido demostrar que, en todo momento, nuestra intención fue la de colaborar en el engrandecimiento del sistema interamericano, en base a una real independencia y amistad con los pueblos, y no en base a la dependencia de todos bajo la dirección de uno.

Consideramos que Cuba ha obtenido algunas satisfacciones y, fundamentalmente, consideramos que se abre una nueva perspectiva para América, a pesar de que no se puede firmar el documento por parte de nuestra Delegación.
Consideramos que en uno de los parágrafos se admite, explícitamente la existencia de regímenes diferentes a los que tienen la filosofía de la libre empresa y que, por lo tanto, se admite la existencia, dentro del cónclave americano, de un país que presenta una serie de características específicas que lo diferencian de los demás, pero que, sin embargo, le permiten estar dentro del total, desde que se lo define explícitamente en un considerando.

Por tal razón, creemos que se ha establecido el primer vínculo de coexistencia pacífica real en América y que se ha dado el primer paso para que aquellos gobiernos que están decididamente contra el nuestro y nuestro sistema, reconozcan, al menos, lo irreversible de la Revolución cubana y su derecho a ser reconocida como un Estado independiente, con todas sus peculiaridades, aunque no guste su sistema de gobierno.

El gobierno de los Estados Unidos ha votado afirmativamente todas las partes de esta Carta t entendemos, en tal manera, que también ha dado un paso positivo, estableciendo que pueden existir regímenes cuya filosofía afecta el de la libre empresa en esta parte de América. Creemos que ese es un paso muy positivo.
Siempre hemos estado dispuestos a dirimir nuestras dificultades con el gobierno de los Estados Unidos, que han sido motivo de muchas discusiones y de algunas conferencias en estos años en esta parte del mundo y hemos dicho, sistemáticamente, que podemos hacerlo en cualquier lugar y con la única condición de que no haya condiciones previas.

Una vez más, nuestro Gobierno deja expresa constancia de esa disposición. También de que no está mendigando ninguna clase de acercamiento ni está solicitando ningún tipo de tregua, sino, simplemente, fijando su posición y estableciendo, claramente, ante todos los países amigos, que la disposición de Cuba es la de vivir en amistad con todos los pueblos del continente que así lo deseen.

Sin embargo, estimamos que todavía hay peligro flotando en el ambiente. Faltaríamos a las características de la Revolución cubana, de ser crudamente explícitos, si no dijéramos que sabemos, como todos, que esta reunión estaba en alguna forma vinculada a una reunión de Cancilleres, donde se trataría el caso de Cuba. Tenemos entendido que se han hecho muchos viajes en ese sentido, buscando votos afirmativos para la reunión.
Dejamos sentado, sin embargo, un nuevo hecho constructivo. Hace años, para condenar a Guatemala, se reunieron los Cancilleres y después se prometió una conferencia económica. Sucedió más o menos lo mismo en Costa Rica. Hoy se reúne una conferencia económica, para después reunir a los Cancilleres.

Consideramos que es un gran paso de avance y esperamos, además, que no exista esa reunión de Cancilleres, con lo cual el paso será mayor todavía. Pero ahora se plantea el dilema fundamental de esta época, que de verdad es un momento crucial para los pueblos del mundo, y cuya importancia también se refleja en América.

Varios Delegados, quizás todos, se han preguntado: “si fracasa la Alianza para el Progreso, ¿qué pasará?”. Y es una interrogante de extrema importancia. Los Estados Unidos han sido sensibles a la presión de los pueblos. Han visto que la situación en América, como en todo el mundo, es de tan extrema tensión y tiende a atacar tan profundamente las bases del régimen imperialista, que hay que buscar alguna solución.

Esta “Alianza para el Progreso” es un intento de buscar solución dentro de los marcos del imperialismo económico. Nosotros consideramos que la “Alianza para el Progreso”, en estas condiciones, será un fracaso. En primer lugar, sin que se considere de ninguna manera una ofensa, me permito dudar de que se pueda disponer de veinte mil millones de dólares en los próximos años. Las trabas administrativas del gran país del norte son de tales características, que a veces se amenaza como creo que en el día de hoy, con regimentar créditos hasta de cinco millones de dólares para el exterior. Si hay tal amenaza para cantidades tan pequeñas, es de imaginarse las que habrá para cantidades tan grandes como la ya apuntada.

Además, se ha establecido explícitamente que esos préstamos irán fundamentalmente a fomentar la libre empresa. Y como no se ha condenado en ninguna forma a los monopolios imperialistas asentados en cada uno de los países de América, o en casi todos, es lógico suponer también que los créditos que se acuerden servirán para desarrollar los monopolios asentados en cada país. Esto provocará, indiscutiblemente, cierto auge industrial y de los negocios. Esto traería ganancias para las empresas. En el régimen de libre cambio, en que casi todos los países de América viven, esto significaría mayor exportación de capitales hacia los Estados Unidos. De tal forma que la “Alianza para el Progreso”, en definitiva, se convertiría en el financiamiento por parte de los países latinoamericanos de las empresas monopolistas extranjeras.

Pero, además, como en ninguna parte del documento ha habido una decisión expresa con respecto a puntos fundamentales, como son el mantener los precios de las materias primas, como no hay una prohibición a la baja de esos precios, como no hay ninguna obligatoriedad de mantenerlos, es muy presumible que en los años venideros siga la tendencia actual y que las materias primas de América vayan bajando sus precios cada vez más.
En tal caso, es de presumir que habrá un deterioro cada vez mayor de la balanza de pagos de cada uno de los países de América, a lo cual se sumará, además, la acción de los monopolios exportando capitales. Todo esto se traducirá en una falta de desarrollo; en todo lo contrario de lo que presume la “Alianza para el Progreso”.

Esta falta de desarrollo provocará más desempleo. El desempleo significa una baja de los salarios; empieza un proceso inflacionario, que todos conocemos, para suplir los presupuestos estatales, que no se cumplen por falta de ingresos. Y, en tal punto, entrará en casi todos los países de América a jugar un papel preponderante el Fondo Monetario Internacional.
Aquí es donde se producirá el verdadero planteo para los países de América. Hay dos caminos nada más: afrontar el descontento popular, con todas sus secuelas, o iniciar el camino de una liberación del comercio exterior, fundamental para nuestras economías; desarrollar una política económica independiente, estimular el desarrollo de todas las fuerzas internas del país. Y todo esto, naturalmente, en el marco de políticas exteriores independientes, que serán las que condicionen toda esta tarea de desarrollo de comercio con los países de otras áreas del mundo.

Naturalmente que no todos los países pueden hacerlo, porque para ello se precisan condiciones especiales. En primer lugar, se necesita una gran valentía. Dentro del régimen en que se vive, los gobernantes tendrán que afrontar un viraje pronunciado en su política económica y en su política exterior, e inmediatamente entrar en conflicto con los monopolios extranjeros. Las masas apoyarán a los gobiernos que entren en conflicto para defender el nivel de vida de sus ciudadanos; pero las masas, cuando defienden una posición, también exigen.
Y se producirá entonces, entre los gobiernos, una doble amenaza, que no siempre sabrán sortear: de un lado, la presión de los monopolios imperialistas, de otro lado, la presión de las masas que están exigiendo más. Para tomar de verdad un camino, habría que romper todas las estructuras, volcarse del lado de las masas, e iniciar una revolución completa. Pero no estamos hablando de revoluciones, sino que estamos hablando del camino que puedan seguir los gobiernos, sin que se llegue al estallido de procesos revolucionarios.

Frente a esta disyuntiva, los gobernantes deben saber que, si tienen la valentía necesaria para afrontar el problema, y para poder resolver una parte considerable de las aspiraciones de las masas y no claudicar frente a los monopolios extranjeros, podrán salir adelante por algún tiempo.
Lo que nosotros tristemente anotamos es que el ejemplo histórico demuestra que en esta disyuntiva los gobernantes tienen miedo de la presión de las masas, se alían a los monopolios y a la parte importadora de las burguesías nacionales, e inician la etapa de la represión.

Para que una política de este tipo tuviera éxito, debería contarse no solamente con una burguesía nacional fuerte, agresiva, deseosa de superación y consciente de sus ideales, sino, además, con un ejército que fuera capaz de comprender el momento actual de América y del mundo. Si se producirá eso o no, no es una interrogante que nosotros podamos contestar.
El otro camino es el del descontento popular. El descontento popular aumentaría en estas condiciones hasta tal punto que, de nuevo se crean dos condiciones históricas a resolver: o los gobiernos son sustituidos por elecciones populares y se pasa a uno nuevo, ya con participación directa de las masas en el poder, o se establece un estado de guerra civil.
Si se pasa a un gobierno con participación de las masas, una vez más también se crearán las grandes contradicciones entre el pueblo que trata de avanzar cada vez más en el camino de sus reivindicaciones y los ejércitos nacionales, que defienden capas sociales diferentes y que todavía tienen las armas en la mano. Allí está el germen de otra guerra civil.

Si los gobernantes logran liquidar el movimiento de masas y mantener una férrea conducción del aparato estatal, constantemente estará sobre ellos el peligro de guerras intestinas, de las cuales Cuba manifiesta desde ahora que no será responsable. Y estas guerras, desarrollándose primero en condiciones muy difíciles en las zonas más abruptas, irán poco a poco dominando los campos, asediando las ciudades, y algún día se pasará a la conquista del poder político por parte de las masas populares.
Ese, Señor Presidente y Señores Delegados, era el Mensaje que Cuba se creía en la obligación de expresar ante todos ustedes: lo que ve de real en la “Alianza para el Progreso”, los peligros que ve en la “Alianza para el Progreso” y lo que ve en el futuro de los pueblos si, como hasta ahora, todas las reuniones internacionales se convierten simplemente en torneos de oratoria.

Por tanto, Cuba, aún manifestando simpatía por una gran parte de las aspiraciones de esta Carta de Punta del Este, lamenta no estar en condiciones de firmarla en el momento actual; reitera sus deseos de amistad para todos los pueblos del Continente; establece claramente su posición, dispuesta a discutir cualquier problema bilateral con algún país de América y agradece el espíritu de cooperación con que todos los señores Delegados han acogido las intervenciones de la Delegación cubana, sus palabras, sus advertencias, y sus quizás un poco repetidas y cansonas aclaraciones continuas.
Muchas gracias.”

 

Perdonen amigos de la radio por lo extenso del trabajo, pero se trata del Che y nosotros nos permitimos abusar un poco más de su tiempo.
Porque también estamos hablando de los tratados de libre comercio con los Estados Unidos, y también -como en el sesenta- en ello se nos va la vida. Y en aquel entonces la izquierda estaba en contra de los Estados Unidos y a favor del Che y ahora las cosas están exactamente al revés y la izquierda está en el gobierno.
El Che había intervenido previamente durante la Quinta Sesión Plenaria del Consejo Interamericano Económico y Social en Punta del Este, el 8 de agosto.
Y daba comienzo a su intervención diciendo lo siguiente:

“Señor Presidente.
Señores Delegados.
Como todas las delegaciones, tenemos que empezar agradeciendo al Gobierno y al pueblo de Uruguay la cordial acogida que nos ha dispensado en esta visita.
Quisiera también agradecer personalmente al señor Presidente de la Asamblea el obsequio que nos hiciera de las obras completas de Rodó y explicarle que no iniciamos esta alocución con una cita de ese grande americano, por dos circunstancias. La primera es que volvimos a Ariel después de muchos años, para buscar algún pasaje que representara, en el momento actual, las ideas de alguien que, más que uruguayo es americano nuestro, americano del Río Bravo hacia el Sur, pero Rodó manifiesta en todo su Ariel la lucha violenta y las contradicciones de los pueblos latinoamericanos contra la nación que hace cincuenta años ya, también estaba interfiriendo nuestra economía y nuestra libertad política lo que era impropio citar tratándose de un dueño de casa”.

“Y la segunda razón Señor Presidente es que el Presidente de una de las delegaciones aquí presentes nos hizo el regalo de una cita de Martí para iniciar su intervención. Contestaremos pues a Martí con Martí.
A Martí con Martí, pero con Martí antimperialista y antifeudal, que murió de cara a las balas españolas luchando por las libertades de su patria y tratando de impedir, con la libertad de Cuba que los Estados Unidos cayeran sobre América Latina como escribiera en una de sus últimas cartas.
En aquella Conferencia Monetaria Internacional, que el señor Presidente del Banco Interamericano recordó hablando de los setenta años de espera, en su alocución inaugural decía Martí.
“Quien dice unión económica, dice unión política. El pueblo que compra manda, el pueblo que vende sirve; hay que equilibrar el comercio para asegurar la libertad; el pueblo que quiere morir vende a un solo pueblo, y el que quiere salvarse vende a más de uno. El influjo excesivo de un país en el comercio de otro se convierte en influjo político.
La política es obra de los hombres, que rinde sus sentimientos. Cuando un pueblo fuerte da de comer a otro se hace servir de él. Cuando un pueblo fuerte quiere dar batalla a otro, compele a la alianza y al servicio a los que necesitan de él. El pueblo que quiere ser libre, sea libre en negocios. Distribuya sus negocios entre otros países igualmente fuertes. Si ha de preferir a alguno prefiera al que lo necesite menos. Ni uniones de América contra Europa, ni con Europa contra el pueblo de América. El caso geográfico de vivir junto en América no obliga sino en la mente de algún candidato o algún bachiller a unión política. El comercio va por las vertientes de tierra y agua detrás de quien tiene algo que cambiar por él, sea monarquía o república. La unión con el mundo, y no con una parte de él; no con una parte contra otra. Si algún oficio tiene la familia de repúblicas de América, no es el de ir de arria de una de ellas contra las repúblicas futuras”.
“Ese era Martí hace 70 años señor presidente.”

AL CHE GUEVARA HAY QUE LEERLO Y ENTENDERLO TODO, DE PUNTA A PUNTA, DEL COMIENZO AL FIN.
LA FRASE DE ENDURECERSE SIN PERDER LA TERNURA JUSTIFICA MUCHAS COSAS Y SIN DUDAS VENDE MUCHAS REMERAS.

PERO TAMBIÉN HUBO OTRAS FRASES DEL CHE Y EN ESTOS TIEMPOS CUANDO NO HACE FALTA PARAR A LOS ESTUDIANTES NI A NADIE.

VALE MÁS LA PENA RECORDAR AL CHE PARA INTENTAR DETENER A LOS QUE QUIEREN FIRMAR UN TRATADO DE LIBRE COMERCIO, CON OTRO FORMATO, CON LOS ESTADOS UNIDOS.