16 de marzo de 2007

MENSAJE DE LA 36

CUANDO EL TATU AVANZA Y LA CONCIENCIA RETROCEDE

“Tatucear”, en la jerga popular, es la forma de sostener y responder con astucia un diálogo serio, se intenta ridiculizar descolocando al interlocutor, con respuestas rápidas e ingeniosas

Este jueves 15 de marzo el Semanario Búsqueda, transcribe en su página 8 las advertencias que el líder Tupamaro, José Mujica le realiza a la izquierda que quiere emplear los “caminos de hace 30 años” y que solamente sirve “para sacrificar a la gente inútilmente”.
Dice el ministro de Ganadería y Agricultura Tupamaro que:
“Para alcanzar el socialismo es necesario buscar caminos distintos a las formas de lucha de la izquierda de hace 30 años porque eso sólo sirve para sacrificar gente inútilmente”, sostuvo el líder del Movimiento de Participación Popular, José Mujica.
Es que para Mujica, principal referente del sector más votado del Frente Amplio en las elecciones nacionales del 2004 y en los comicios internos de esa fuerza política en el 2006, “la izquierda vive una crisis colosal en el campo de las ideas”, por lo que es indispensable “tener el coraje intelectual de arrancar de nuevo” en la búsqueda del socialismo, a través de un cambio, cultural y de valores”.

Al día siguiente de reunirse en la estancia presidencial de Anchorena con el mandatario de Estados Unidos, George W. Bush y varios de sus ministros Mujica disertó sobre la izquierda y el socialismo frente a un poco más de 50 personas.
Durante su breve discurso, el ministro sostuvo que el socialismo es “el reto a la muerte que le queda por delante a la sociedad”, pero que “de nada vale cambiar las relaciones de propiedad si no cambian los valores y la cultura”.

La “dictadura del proletariado como método fue maravillosa” pero “desembocó en la dictadura de la burocracia, con lo malo de cualquier dictadura”, explicó.
Mujica -dice Búsqueda-, evocó su viaje a China y a la ex Unión Soviética, para luego afirmar: “No tengo claro los caminos del porvenir, lo que tengo absolutamente claro es que por los caminos de hace 30 años, lo único que vamos a hacer es a sacrificar gente inútilmente”.

Según el militante tupamaro, la izquierda vive “una crisis colosal en el campo de las ideas” porque “le tiene que rezar a dioses muertos porque no tiene dioses vivos” o termina aceptando la “literatura del contrario” y se “incorpora a todos los esquemas mejorados que pueda presentar el capitalismo contemporáneo”.
Esa actitud de la izquierda fue calificada por Mujica como una forma “elegante de no luchar por la instalación del socialismo”.
“La otra forma elegante de renunciar –agregó- es adorar a los muertos. Mirar para atrás porque no se tiene la valentía de pisotear a los dioses para crear nuevos dioses”.

Entre esas dos posturas el ex guerrillero llamó a los presentes a “dar la lucha de abrir nuevos caminos” que sean “realmente distintos”.
Mujica manifestó que no está “todo perdido”, aunque advirtió a los presentes en el acto que para encontrar un “nuevo camino”, “hay que tener coraje intelectual de arrancar de nuevo, asumiendo el peso estratégico de las derrotas”.
El líder del MPP opinó que “la historia ha demostrado que el socialismo necesita de dos condiciones básicas, pero que “no por tenerlas se llegará a él, manifestación de riqueza y de la cultura”.

Búsqueda es el primero en dar a conocer la conversación que mantuvieron uno de los líderes históricos de los Tupamaros, José Mujica con el Presidente de los Estados Unidos George W. Bush.

“Le agradezco mucho por estar acá. Yo se que usted tiene una larga historia de luchador social”, le dijo en español el presidente de los Estados Unidos George W. Bush al ministro de Ganadería y líder del Movimiento de Participación Popular MPP, José Mujica mientras estrechaba con fuerza su mano en la mañana del sábado 10.
Luego de agradecerle especialmente en español su presencia a Mujica, el líder tupamaro le dio la “bienvenida”.
Unos minutos después retomaron la conversación en una caminata por la zona del parque de la residencia.
Bush se le acercó y reiteró su concepto “Le agradezco mucho. Yo sé que usted tiene una historia y que luchó mucho por la libertad”, le comentó Bush.
“No, no. Yo tuve una lucha por falta de velocidad, porque me agarraron”, le respondió el líder del MPP.
“No pero usted tiene historia...”, le replicó Bush.
“No yo no tengo historia. Yo tengo historieta”, le dijo el titular de Ganadería, ambos celebraron con sonrisas el intercambio.

Cerca de las 17 horas Mujica volvió a su casa en Rincón del Cerro y convocó a los canales de televisión para dar sus primeras impresiones de lo ocurrido en Colonia.
Poco después que terminó con los periodistas, se subió a su tractor para trabajar en su chacra. “Quería estar solo y repensar. Estuve casi tres horas trabajando y quedé bien cansado”, agregó Mujica.

Y allí en su casa y en medio de su propia conferencia de prensa los canales de televisión mostraron a todos los uruguayos al líder de los Tupamaros y Ministro de Ganadería y Agricultura José Mujica, roturando la tierra para “destresarse”.

Cuentan en mi pueblo que entre los inmensos montes de eucaliptos de Botnia había una vez un loco que solía autocriticarse permanentemente.
Los lugareños decían que era un político progresista, que se acusaba de no haber cambiado lo suficiente.

Quienes tuvieron la posibilidad de verlo observaron al extraño con sorpresa.
Como única vestimenta llevaba un cuero de vaca y en su mano siempre colgaba una navaja. Su voz tronaba monte adentro y el eco se transmitía a través de la espesura, de las variedades de salinas y glóbulos y llegaba hasta el inmenso mar de maíz transgénico de la llanura.
Después de cada discurso con su navaja grababa consignas creativas, “ideas fuerza” de sus arrepentimientos en las cortezas de los árboles en fila.

Sin confirmar la veracidad de los comentarios de los lugareños que lo observaron vagar entre las inmensas plantaciones forestales de la transnacional finlandesa, aquel desgraciado hombre había sido golpeado por el fracaso electoral de la reelección presidencial.
De aquella derrota memorable el infeliz se sentía culpable.
Excesivo celo profesional y sobredimensionadas las posibilidades y fuerzas individuales, lo llevaron a escuchar por las noches voces celestiales que venían de las multinacionales y desde Washington.
Fue así llevado hacia un verdadero acto de contrición.

“Yo no he cambiado bastante insistía, expuesto peligrosamente al partido de los progresistas, y al sacrificio a mucha gente inútilmente”.
He sido cómplice de los radicales.

Así fue que decidió aquel buen hombre abandonar su casa y vivir en una rústica choza de ramas en medio de los montes de las plantas de celulosa.
Comía maíz transgénico de la Monsanto, algunos sapos, culebras y pan podrido que le llevaban de vez en cuando los del lugar.
Fumaba barba de choclo y arrancaba esas vayas silvestres de los arándanos, que habían sido sembrados por los campesinos durante los tiempos de la reconversión de la granja.
Todo ello sin dejar de confesar su culpa y enumerando lo que decía habían sido sus pecados, gesticulando, exclamando, filosofando, y volvía corriendo inmediatamente a inscribir aquellas frases convertidas en consignas en la corteza de los eucaliptos.

Sus discursos y arengas comenzaban siempre de la misma manera pidiendo perdón por la vida anterior que había llevado, alejado de la verdadera actitud y pensamiento pragmático y progresista.

“Había cambiado una moto por un fusca del sesenta”.
“El mismo sembraba la tierra de donde obtenía sus alimentos y tomaba agua del pozo”
“Durante los años de gobierno solo había comprado dos camperas para ocasiones muy especiales”.
“Y hasta se puede decir que nunca gastó en perfumes o desodorantes”.

Reconocía entonces que había despreciado la fuente del pensamiento pragmático de los progresistas, y había permitido que germinaran en su espíritu todo tipo de herejías del pasado “sesentista”.
Sobremanera aquel infeliz ponía énfasis en aspectos morales de sus principales desviaciones. Y por no haber confiado ciegamente en el “Gurú” económico aquel superdotado “tordillo” de la economía progresista.

“He dudado del mercado”.
“No insistí lo necesario y lo suficiente en aconsejar a los viejos que lo mejor eran las AFAP,s”.
“No le recomendé lo que era necesario a los trabajadores los beneficios de los subcontratos y trabajos tercerizados”.
“Hable demasiado de la justicia social sin tener en cuenta el desarrollo y el crecimiento sostenido”.
“Me costaba convencerme que el envío de tropas a Haití fortalecería la paz en ese país”.
“Y que la acción armada de nuestros soldados en el Congo, era para fortalecer la paz entre los negros africanos”.
“Baje el precio del asado, sin tener en cuenta que ponía en peligro los ingresos de los frigoríficos extranjeros”.
“Discutí con los periodistas y hasta más de una vez dude de la televisión”. “Aunque la realidad me rompía los ojos también fui un descreído, de las explicaciones del ministro de Trabajo quien me decía de la igualdad de los intereses de Soloducho y sus trabajadores”.
“Me he sentido traicionando la gran obra de, “hacer temblar hasta las raíces de los árboles” y no he roto definitivamente con los sucesos del pasado”.

Y volvía sobre los eucaliptos a garabatear con su navaja su pensamiento convertido en consignas populares, así iba escribiendo cada día una especie de un primitivo diario mural, por que al fin y al cabo de aquellos troncos algún día saldría la pasta de celulosa y en Finlandia convertida en papel de diario.

Después de cada discurso, pasaba a la acción de inmediato escribiendo en la espesura de eucaliptos en columna sus letanías. ¿Pero podría pensarse siquiera, que esta forma de vivir y existencia ermitaña lo acercaría algún día a consagrase a la filosofía que profesaba del pragmatismo político y el amor al mercado?

Claro que si en ello estaba la esencia misma de su pensamiento y su acción inconsecuente una vez más, porque se trataba de un tiempo lleno de dudas, contradicciones, renuncias y renovaciones constantes, cuando la vuelta de campana, la vuelta de carnero, y el “como te digo una cosa te digo la otra” eran moneda corriente. Las contradicciones del neoliberalismo y la globalización no perdonaban ni políticos ni a profetas.

Igualmente aquel buen señor fue elevándose en su pensamiento a medida que pasaba el tiempo desde su choza de ramas y hojas de eucalipto podía comparársele casi con un neo filósofo ermitaño.
Cuando las multitudes accedieron al monte de Botnia, aquellas frases y consignas ya habían adquirido el valor de leyes sagradas, los nuevos dioses habían aparecido en lo más oscuro del bosque adentro, y eran tomadas como los nuevos ideales de la juventud.

Las nuevas generaciones adoradoras de los libros de Cohelo, los celulares y el chateo, encontraron en el pensamiento de aquel filósofo un sustituto para los antidepresivos y el consumismo.

Tomemos algunas de aquellas consignas grabadas, paciente y amorosamente, en la corteza de los árboles.

“Respetarse los unos a los otros, es contemplar juntos las manufacturas en los escaparates y las vidrieras, por que todo eso ha salido de las manos proletarias”.

“El deber de todo uruguayo es exportar más y mejor”

“Honrarás la deuda externa como a tu prójimo”

“La orientalidad y la soberanía se defienden contra los de Gualeguaychú y a favor de BOTNIA y ENCE”.

“Si quieres ser un servidor de la sociedad, aprende a venderte”

“Solidaridad no es luchar juntos, sino defender los cristales de las multinacionales que nos dan empleo”.

“Roguemos para que las trabajadores textiles del Polo Tecnológico del Cerro que se quedan desocupadas, no impidan que el empresario se lleva las máquinas para otros sitio mejor”.

“Unidad es evitar a toda costa que los trabajadores tercerizados formen su propio sindicato, ¿de qué vivirían entonces los sindicalistas profesionales consagrados a negociar con los patrones?”

“El Fondo Monetario cambió y el Banco Mundial también, ahora solo hace falta que cambiemos nosotros también, cambia ahora y el cielo te ayudará”.

¿Cuáles fueron los primeros medios de comunicación en prestarle atención a aquel hombre sencillo pero a la vez profundo en sus reflexiones que lograba atraer la atención de jóvenes, trabajadores, mujeres, agricultores, estudiantes y ancianos?.
Periodistas de toda laya se adentraron monte adentro en busca del profeta, lo filmaron, lo interrogaron, lo investigaron a fondo y registraban sus eslóganes y consignas, que a esa altura aparecían por miles en las cortezas de los árboles.

El mismo profeta les confirmó que en un principio algunos campesinos marxistas que aún quedaban por aquellos lares, trabajadores montaraces leninistas de los que habían menos todavía, ecologistas de la región, se oponían a que aquel ermitaño venido de afuera se afincara en medio de la nueva naturaleza plástica de los monocultivos de eucaliptos, maíz y moras azules.

Sin embargo al poco tiempo, la vio con claridad el Intendente, los comerciantes cercanos a los montes, las empresas de transporte, los fabricantes de tarjetas postales, el fotógrafo del pueblo y hasta el cura la vio clara.
La Junta Departamental aludiendo a las nuevas leyes del mercado, adujo la libertad de circulación de bienes, mercaderías y personas reclamando por los derechos y la presencia de aquel animal discursivo autóctono.

La decisión del Intendente en sección especial de su gabinete Municipal, fue terminante “a falta de empleo y trabajo en aquellos parajes era una herejía echar a aquel solitario que con su estilo y convicción intentaba reagrupar a los descreídos en la política y en los políticos, unir a los solitarios y taciturnos que habían dejado de soñar y creer que los cambios y otro mundo era posible”.

El jefe comunal supo asesorarse bien recurriendo a una consultora privada la cual le aconsejó pulir un poco el discurso original del profeta, mejorarlo más tarde cuando lo retomaran las radios alternativas del departamento y llevarlo a la gloria cuando lo tomaran los canales cables y el oficial y oficioso de la Comuna.
“Con ello el Intendente relanzaba el deseo de votar, ganar elecciones y volver a creer en los políticos progresistas”.

Durante un tiempo el tema estuvo en las primeras planas y bajo la confrontación de ideas más disimiles y diversas. El cura del pueblo por ejemplo, sostenía que se trataba de un político pecador que ahora se convertía en un santo arrepentido de su pasado lujurioso, “política por religión”.

Un economista de la capital afirmaba que legitimaba la libertad de consumo, la política de cielos abiertos, la firma de los tratados comerciales y la libertad de invitar a cuantos presidente norteamericanos se deseara.

En realidad, señaló el Comisario del pueblo, cabe mencionar que “la libertad de uno termina donde empiezan los derechos de los demás”, y que a él le preocupaba que existieran dos marchas hacia el bosque, una concertada con los servicios de inteligencia y otra así no más que podría volverse violenta en cualquier descuido.

Pero como sucede siempre en estos casos, mientras los demás discutían sobre los alcances de la influencia de aquel ex político, no resultaba fácil reconocer si en realidad exaltaba a confiar nuevamente en los dirigentes políticos o inhibía al publico a refugiarse aún más en su interior.
La cuestión fue que primero el fenómeno se convirtió en nacional y por último cruzó las fronteras.
Se trataba la uruguaya de una experiencia única en el mundo, igual que la central obrera única y la experiencia singular del Frente Amplio convertida en progresismo puro.

Pudo verse como llegaban a Carrasco los principales representantes de las transnacionales todas dispuestas a invertir.
Se encontraron con un país con todo su ornato público con consignas grabadas a navaja, siguiendo el ejemplo del loco de los montes de eucaliptos.
Las empresas estimuladas por el alza de las bolsas no paraban de comprar y adquirir bosques naturales y artificiales.

Abundaban los seminarios a ejemplo de las charlas y discursos dados por el ermitaño. Primero fue la Cuesta Duarte, pero le siguieron la Cámara de Comercio, la Asociación de Vendedores, Cambadu, el CALEN y hasta la Asociación Rural.
Se impuso un modelo de navaja, se servían durante los seminarios, patas de rana, choclos asados y arándanos, para la foto se recomendaba a los varones dejarse un aspecto desprolijo.

Los nuevos seminaristas cortados por la misma tijera, eran invitados un día y al otro también a los canales de televisión, donde se explayaban en contar sus nuevas experiencias de ascetas, incluyendo algunas confecciones durante las ultimas vacaciones, toques carnavaleros de tambor, fiestitas familiares, viajes al exterior, y en este clima festivo volver a soñar con elecciones presidenciales.
Y todos estaban convencidos que iban a tener un pasar de comodidad y lujo hasta el fin de sus días y se subieron los sueldos en secreto.

Hasta que al fin llegó el día tan esperado lo que nadie creía que pudiera ocurrir, con la velocidad del mosquito del dengue, los medios de prensa dispararon la noticia, los síntomas eran inequívocos, las reacciones confirmaban el diagnóstico primario el malestar nuevo venía de siglos atrás ¡había vuelto la fe!

La fe en el dogma, en la palabra santa y divina, la fe de los nuevos dioses sobre la tumba de otros antiguos. La verdadera fe, solemne, la que impide con el veto el aborto, la que viaja al Vaticano a llevar el pésame de todos nosotros ante la muerte y eminente canonización del Papa.
El reencuentro del Dios entre los montes con su cruz de eucaliptos, con corona de arándanos y arrodillado sobre granos de maíz transgénico.

Y entonces sucedió el milagro con la fe recuperada, los progresistas al cambiar de empleador cambiaron el discurso.
Sorpresivamente y al instante todos vieron un poquito mejor a Bush y un poquito peor a Chávez.
Subieron las acciones de Uruguay en todo el mundo, se agradeció la ayuda económica y la salida de la crisis del 2002, ministros y presidente fueron un amor de anfitriones, se brindó, se comió bajo la protección de los aviones, los helicópteros, más de dos mil agentes, los infrarrojos, los ultravioletas, y entre abrazos y promesas de fidelidad; se volvió -gracias a la recuperación de la bendita fe- a confiar en el mercado y la globalización.

El monte de eucaliptos fue el medio natural donde aquellos nuevos profetas recuperaron la fe en su contacto con la palabra celestial.
Los uruguayos volvieron a recuperar la fe y su confianza en el mercado laboral, el mundo empresarial, los organismos del estado, los ministros y las cadenas del gobierno.
Esperaban ansiosos volver a colmar el templo de los urnarios electorales y llenar las grandes avenidas festejando el triunfo de su partido.
Y así yendo a votar en camiones otra vez a los mismos dirigentes, olvidaron lo que casi les había privado de hacerlo cada cinco años.

YA NO FUE NECESARIO SACRIFICAR A NADIE INÚTILMENTE.
LA MAYORÍA DE LOS QUE SE HABÍAN SARIFICADO ANTES, NO SE ENCONTRARON NUNCA MÁS.
OTROS YA NUNCA SE ENCONTRARÍAN A ELLOS MISMOS.
Y EL DE LA CRUZ SIGUE ALLÍ CRUCIFICADO.

PESE A TODO AQUEL DISCURSO ÚNICO.
Y LA RECUPERACION DE LA FE CELESTIAL.

A LA SALIDA DEL BOSQUE AMANECÍA.

Y UNA JUVENTUD IRREVERENTE NO SABIA SIQUIERA HACERSE LA SEÑAL DE LA CRUZ.

CUANTO MENOS REZARLE A LOS DIOSES.

SIN OTRA FE QUE NO FUERA EN ELLOS MISMOS.

COMENZABAN A DERRIBAR EL BOSQUE ÁRBOL POR ÁRBOL.