
19 de abril del 2007.
MENSAJE DE LA 36
Lenin un “hombre del futuro”.
Así lo describió el escritor soviético Kolstov.
Aquí en el viejo Montevideo uruguayo un mozo de bar casi en extinción los obreros tercerizados de una empresa contratada por la Intendencia Municipal, rompen una vez más las veredas de 18 de Julio de las cien últimas veces que lo han hecho para reparar una pérdida de algo.
Sacos de color verde refulgente que sirven para alertar el tráfico, ya se a de día como durante la noche o por la cual trabajan a pleno sol o bajo la lluvia sin descanso.
Las ramas de los árboles todavía no están secas, se anuncian fuertes rachas de lluvia y viento para este fin de semana, el calor durante estos días vuelve más difíciles las largas jornadas de trabajo mal remunerado.
Cada tanto en los intervalos de trabajo, los trabajadores quedan parados en silencio, se secan el sudor de la frente y pareciera que se concentran para pensar en el hombre. Ellos posiblemente por ser muy jóvenes y de esta época no conozcan a otro hombre, que hace un tiempo atrajo todo el pensamiento de la humanidad.
Cuando escuchan las malas noticias de cada día los obreros endurecen sus rostros y aprietan sus puños.
Si las noticias son alegres por que ganó el cuadro de fútbol de su preferencia o una chica les sonríe en respuesta a su silbido entonces enderezan sus espaldas y los ojos brillan con mayor viveza.
Siguen los obreros del mundo aquí como por allá, a la espera de ninguna recompensa, salvo la de que su propia sangre le de fuerza y potencia nuevamente al gran Ilich. Siguen siendo los músculos de los obreros los suyos. Su cerebro el de los trabajadores y empleados del mundo.
Nosotros hemos leído y ahora lo sabemos que Lenin quería a los niños.
Le gustaban los gatos. Que reía con frecuencia. Su vida y su vestir eran modestos. Jugaba bien al ajedrez. Y le gustaba pasear en bicicleta.
Ahora es casi todo lo que sabemos del gran Lenin.
Claro que si agregamos tres o cuatros de sus principales libros es poco más lo que sabemos, pero no mucho de aquel hombre.
Comprendimos a Lenin nosotros lo trabajadores y los pobres por que sus palabras, frases y aforismos son sencillos escritos para nosotros. Tal vez por eso Lenin gusta poco a muchos intelectuales y dirigentes. Planteos sencillos y modestos como su chaqueta, pero útiles en estilo corriente.
Hasta hoy siguen vigentes y cobran vida a cada rato sus sentencias.
Decía “Mejor poco, pero bueno”.
“Abajo la fraseología revolucionaria”.
“Menos políticos y más ingenieros agrónomos”
No podemos medir al gran Lenin por el mismo rasero que a los grandes hombres que de tales sacan patente en estos tiempos porque no conseguiremos nada a cambio.
Se trata de que Lenin fue el primero de una “nueva serie” de las grandes inteligencias y caracteres destacados por la humanidad en el periodo que comienza el socialismo en el mundo.
Lenin estuvo primero en aquella nueva fila y tenía un aspecto totalmente distinto al de las figuras que vestían de ropas chillonas y eran considerados viejos genios. Y pintarrajeados como ahora los progresistas se hacen fotografiar en las fiestas de sociedad y posan para ser mejores y fieles serviles de la burguesía.
De una palabra muy de moda y de uso práctico Lenin continua su trayectoria pese a estar muerto de nacer cada día y es majestuosamente utilitario hasta la médula, y sigue ligado con el marxismo, su clase y esta época.
Lenin no puede ser considerado aisladamente, en soledad, nadie podría hacerlo seguramente. Tampoco hay forma de ver donde termina su vida privada y donde comienza la de su partido, su familia, tan difícil resultaría como saber donde termina su obra y donde comienza el proletariado.
Lenin fue tan preciso y complejo como un reloj al servicio de los trabajadores y más humildes de la sociedad, por eso hasta su fisonomía sigue siendo hasta hoy tan temible para sus enemigos de la burguesía y el imperialismo. Por eso pudo fundirse y aún podrá hacerlo hoy con la clase obrera. Y por eso hasta hoy antes de que naciera un simple trabajador como nosotros siente dolor físico cuando no lo tenemos.
Vladimir Ulianov Lenin fue el temible jefe de la República triunfador, Ilich fue el hermano mayor sencillo y querido de los soviéticos.
No ha habido jamás ni la hay hoy una ligazón tan múltiple y estrecha entre aquel capitán y la tropa, del jefe político con sus compañeros.
Es interesante la actitud hacia Lenin de las amplias esferas de aquel inmenso país, de las clases medias e intelectuales y de la pequeña burguesía que al principio quedaron enfrentadas con la revolución.
Deseosos de volver atrás las aguas del río con sus manotazos y que después quedaron envueltas ellas mismas por la corriente revolucionaria.
¿Quién pudiera repasar los diarios y revistas burgueses de las segunda mitad del año diecisiete?
Ríos de falacias, montañas de calumnias.
Pese a que pusieron en juego todas sus reservas de veneno y de rabia la campaña burguesa de la prensa contra Lenin resultó de poco, había mucho dinero alemán en toda aquella publicidad según se dijo.
Acusaron a Lenin de que era un agente del Estado Mayor Alemán, un salteador de caminos. Un usurpador, un enemigo de la patria.
Toda esta absurda palabrería no borró el nombre severo y enigmático temible y profético sino que hizo aumentar más la atención y el ruido en torno suyo.
En aquel hombre se dice de personalidad armónica, la grandeza de Lenin era histórica y universal.
La burguesía estuvo imposibilitada de negar su potencia y voluntad del gran revolucionario, probó tergiversar su fisonomía privada. Lenin apareció en las descripciones de sus enemigos como un fanático sombrío.
Lenin tuvo que conducir a los revolucionarios a través de terribles encrucijadas mantener en los combatientes una enorme fuerza de voluntad, forjarlos para librar una guerra larga y sangrienta.
Y no obstante a Lenin nada de todo esto le endureció el corazón.
Desde la primera hasta la última página de su historia Lenin fue un hombre bueno, afable, el compañero lleno de una vitalidad contagiosa.
Este hombre de hierro sobre el que cayó el peso de momentos tan decisivos de la historia y trágicos de aquella Revolución tales como el Tratado de Brest, el levantamiento de los social revolucionarios de izquierda, la guerra polaca, no se asimilaba, no perdía su percepción del mundo soleado y fuerte.
Igualmente Ilich dicen se reía a carcajadas, se sonreía bonachonamente.
Son estos rasgos los que se encuentran con mucha frecuencia en las memorias de los colaboradores suyos más cercanos sobre aquellos días terribles y mortalmente peligrosos.
Dice que en las grandes asambleas, cuando en un momento duro del discurso flagelaba al enemigo con una palabra mordaz y contagiado por la risa de la sala, él mismo se paraba y se reía de lo dicho.
La sencillez viva y alegre del más grande de los jefes habla contra sus enemigos de siempre.
El Che habló siempre a los latinoamericanos de la necesidad del “hombre nuevo”.
Hasta los enemigos veían en Lenin el “hombre del futuro”, el pionero que venía de allá, del mundo del comunismo realizado, del mundo que tarde o temprano con el lamentable aplazamiento transitorio de hoy con él o sin él, por el que murieron los ocho de la veinte, llegará.
Lenin fue más allá del futuro, de la lucha diaria.
Y todavía perdura para siempre pisoteando los escombros del viejo régimen, construyendo con las manos obreras el futuro, y jamás se ha separado porque sigue siendo el sello de la justicia social, la justicia que la burguesía sigue negando desde el fondo de su alma.
Y ahora en la ciudad donde imperan los trabajos tercerizados, los trabajadores más esclarecidos llaman a un Congreso para este sábado, abierto a todo el mundo, democráticamente en total libertad sin necesidad de tener que pagar la cuota con un dinero que no se tiene.
En un Montevideo de otoñales días, hay una muchacha que limpia la vereda de papeles y basura esparcida por las calles, antes de que las lluvias las arrastren por las bocas de tormenta hacia la bahía de la ciudad.
Una nueva especie de malabaristas ordena las bolsas de residuos sobre el carro tirado por caballos, y parte hacia las afueras de la ciudad donde se amontona la basura apilada como en cerros que dan de comer a las personas y los animales.
Mientras tanto, esperamos los más viejos otro nacimiento muy pronto de Vladimir Ilich Lenin.
COMBATIENTE IMPLACABLE DE LA JUSTICIA MUNDIAL DE FUTURO, ENVIADO COMO REHÉN DE LOS TIEMPOS FUTUROS A NUESTRA ÉPOCA DE OPRESIÓN Y ESCLAVITUD DEL TRABAJO TERCERIZADO.