26 de mayo de 2008

 

MENSAJE DE LA 36

 TRAS LA MUERTE DE MANUEL MARULANDA
“¿Que hará la izquierda Sudamericana? y ¿cuál será la reacción imperialista?”

 

La primera vez que oímos mencionar al líder de las FARC,Manuel Marulanda Vélez, fue hace años cuando el Movimiento de Liberación Nacional (MLN – Tupamaros), “bautizaba” a uno de sus primeros locales “clandestinos”, con el nombre de “Marquetalia”, en honor ala primer zona liberada en Colombia, por aquella guerrilla al mando de Don Antonio Marín (el verdadero nombre de Marulanda).

La historia contemporánea de Colombia tiene un ineludible protagonista que caracteriza el conflicto político, social y armado, la vida política colombiana desde hace 50 años: el jefe máximo de la guerrilla de las FARC, Manuel Marulanda Vélez.

Su rostro adusto, de mirada imperturbable y ceño fruncido, casi semanalmente ha cruzado por el imaginario de los colombianos  que escucharon en la última década los anuncios de su agonía o de su muerte, durante más de diecisiete oportunidades. 

De los datos que extraemos de algunos medios de prensa colombianos sobre la vida de Manuel Marulanda sabemos que nació en mayo de 1928 en Génova, Quindío, una pequeña población de agricultores, su verdadero nombre es Pedro Antonio Marín.
Y hasta los 20 años, aunque le interesaba más la esgrima con el machete o la invención de escopetas con tubos de paraguas y gatillos hechizos, pues anhelaba prestar el servicio militar, ofició como expendedor de carne, vendedor de dulces, recolector de café y aserrador de madera.
Sin embargo, la violencia cambió su destino el 9 de abril de 1948, cuando llegó al municipio de Ceilán a vender quesos y constató el espanto de la intolerancia política.

Ese viernes de 1948 en Bogotá, a la una y cinco de la tarde, fue asesinado a tiros el caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán y la violencia entre conservadores y liberales, que se agredían denominándose respectivamente godos y cachiporros, se regó como pólvora.

Como lo describió el escritor Arturo Alape en su libro “Las vidas de Tirofijo”, ese día Pedro Antonio Marín vio como su tío Ángel Marín, lideraba una turba que asaltó la alcaldía, desarmó a la policía e intentó imponer la autoridad a la fuerza.
A la semana siguiente, el Ejército recobró el orden y empezó la confrontación.

Pedro Antonio Marín regresó a sus aserríos situados en la región de El Dovio Valle, donde se enteró que más de 200 liberales de Ceilán habían sido detenidos por participar en la revuelta y que, desde el cercano municipio de Tuluá, una banda armada de “pájaros” conservadores, al mando de un vendedor de quesos llamado León María Lozano, apodado “El Cóndor”, estaba sembrando el terror entre los pueblos de la cordillera central de Colombia.
Pedro Antonio Marín huyó a la montaña y con 14 de sus primos de las familias Loayza y Marín armó su primera guerra.

Con vetustas carabinas y pistolas artesanales, Marín y los suyos se atrincheraron en la región de Ríoblanco, en el sur del departamento del Tolima y constituyeron un grupo armado que bautizaron “Comando”.
Y, en medio de la violencia política imperante, del vecino municipio de Chaparral llegó otro grupo armado, de ideología comunista, que terminó por imponer sus tácticas y su doctrina. Los dos grupos crearon un Estado Mayor Unificado, constituyeron un cuartel general denominado El Davis en una alta montaña de la misma región.

En medio de la efervescencia revolucionaria de los años 50, aunque las Fuerzas Militares lo buscaban como el bandolero y asaltante “Tirofijo”, como una reivindicación marxista, Pedro Antonio Marín cambió su nombre. En homenaje a Manuel Marulanda Vélez, un líder sindical torturado y asesinado por detectives del Servicio de Inteligencia Colombiano (SIC) en 1950, tomó su identidad.
Y con su grupo armado se atrincheró en la región de Marquetalia, en una impenetrable y arisca zona de la cordillera central llamada el Cañón de Las Hermosas, hoy convertido en Parque Natural.

Allí se mantuvieron Marulanda y sus hombres hasta 1964.
Ese año, en desarrollo del Plan Lazo y la Operación Marquetalia, las Fuerzas Militares, en un operativo de 5.000 soldados atacaron la región.
Marulanda y su guerrilla comunista afrontó el embate militar y meses después, en la región del Caguán, Caquetá, anunció el nacimiento de Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC.

Después de casi 20 años de guerra, en 1984, a instancias del gobierno de Belisario Betancur, se firmó un cese al fuego entre el Estado y las FARC y, producto de los acuerdos de paz, nació un partido político denominado Unión Patriótica que fue arrasado por el paramilitarismo a sangre y fuego.
En 1992, volvieron las negociaciones, pero fracasaron de nuevo, esta vez en Tlaxcala, México.
En tiempos de Ernesto Samper, las FARC, siempre orientadas por Manuel Marulanda, llegaron a su cúspide militar y, a través de sucesivos ataques a guarniciones militares empezaron a tomar rehenes de guerra.

En 1998, el gobierno de Andrés Pastrana autorizó un despeje militar de 42.000 kilómetros cuadrados para negociar la paz, pero tampoco fue posible. Nunca prosperó la negociación y su único avance real, conducido personalmente por Manuel Marulanda, fue la firma de un acuerdo humanitario entre el gobierno y la guerrilla, que permitió la liberación de casi 400 soldados y policías a cambio de 12 guerrilleros que estaban presos en las cárceles.

Desde 2002 gobierna a Colombia, Álvaro Uribe.
50 años después, con su mismo estilo campechano, representaba  la imagen de una guerrilla. En las selvas de Colombia las FARC mantiene oficiales del ejercito con 10 años de cautiverio, y entre sus rehenes a medio centenar de políticos, entre ellos a la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt.

El poder de la guerrilla son según se estima en estos momentos de 15.000 hombres en armas.

Transcribimos un relato del guerrillero “Jaime Guaraca” al periodista Carlos Lozano, en el libro “Farc 20 años, de Marquetalia a La Uribe”, sobre uno de los combates comandados por “Tirofijo”.

“Empecemos entonces por un combate que realizamos en 1957, en el sitio de Bachué, a finales de la dictadura de Rojas Pinilla. Esto fue en el Huila. Nosotros atravesábamos los territorios del Tolima y el Huila utilizando la noche, con el ánimo de llegar a la carretera central sin ser vistos por la población civil.
Éramos 55 guerrilleros dirigidos por el compañero Manuel Marulanda. La travesía tuvo unas quince marchas. Ya en la carretera elegimos el sitio preciso donde realizaríamos la acción. Se hizo la distribución del personal tratando de cubrir todo el terreno para darles un golpe demoledor a las tropas de la dictadura que nos querían acabar a todos los campesinos.

A eso de nueve y diez de la mañana entró el carro que llevaba el pelotón de Ejército que había salido de Neiva con rumbo a Bogotá. Se trataba de un equipo de tiro del Ejército que iba a participar en un campeonato nacional. Claro que nosotros no esperábamos ningún equipo, porque no era esa la información que teníamos. Esperábamos. Era una motorizada de entre tres y cinco camiones. No estábamos muy atrincherados. Sólo estábamos cubiertos de la vista del enemigo porque era un terreno casi llano.

Fue el propio comandante Marulanda quien abrió fuego. Seguidamente todos disparamos contra el carro. Con el grupo mío estaban también Gabriel Gualteros y un granadero muy diestro. Eran unas granadas rudimentarias fabricadas por nosotros mismos con un tubo de los que se utilizan para el agua. Se cargaban con dinamita y para hacerlas estallar era con una mecha y un fulminante.

El granadero alcanzó a lanzar varias granadas, pero llegó el momento en que una no le quiso prender la mecha y entonces la colocó en el barranco de la carretera porque creía que no servía. La puso al pie de nosotros. Sacó otra y la prendió; cuando la lanzó, prendida ya, Gilberto, otro compañero que estaba junto a mí, vio cómo la granada que estaba al pie nuestro echaba chispas.

La cogió, la lanzó lejos y cuando iba por el aire estalló ruidosamente. De no haber sido así, yo no estaría contándole esta historia. El combate seguía con fiereza porque el Ejército reaccionó y se nos enfrentó. Por un instante yo miré a Jesús Marín, el hermano del compañero Marulanda que estaba con nosotros por esa época.

Lo vi como si se acostara sobre el fusil. Lo observé de arriba abajo y apenas le veía mover los pies. Esto me causó curiosidad. Me fijé con más detenimiento y descubrí que tenía un balazo en la frente. Ya el Ejército estaba siendo vencido por nosotros. Porque combate donde participe Manuel Marulanda es muy difícil que el Ejército salga con vida. Él tiene mucha experiencia en la lucha y dispone de una gran capacidad militar.

El compañero Marulanda dio al grupo que encabezaba Ciro Trujillo la orden de que avanzara por las armas que yacían en el suelo y que habían sido abandonadas ya por el enemigo. Algunos soldados estaban todavía haciendo frente. Les gritábamos que se rindieran y más disparaban.

Entonces como los compañeros que iban por las armas llevaban machetes, enfrentaron los machetes a las balas y los guerrilleros coparon a los militares. Es que un machete bien manejado vale tanto como un fusil en manos de quien no tiene ideal y pelea obligado por una disciplina.

Entre las armas que cogimos había varios fusiles punto 30 especiales para campeonato de tiro del Ejército. El comandante Marulanda envió dos razones a su hermano, en pleno combate, de que se trasladara con el personal a su cargo a su sitio. Como no salía, Manuel se estaba disgustando un poco. Se vino personalmente y se encontró con el hermano muerto. Llegó el momento de la retirada.

Cuando íbamos cruzando una hacienda ya estaba sobrevolando un helicóptero del Ejército. Un toro cebú no quería dejarnos pasar. Se paró en la mitad del camino, bufaba y escarbaba. Entonces los compañeros que llevaban el cadáver del hermano de Manuel Marulanda lo dejaron ahí en el camino.
Yo, que iba atrás, lo vi y lo recogí. Lo llevé un trecho hasta que el compañero Marulanda me alcanzó y me preguntó por qué llevaba yo a su hermano siendo que había comisionado para ello a otros compañeros. Yo le respondí que ellos lo habían dejado para ponerse a salvo del helicóptero. Él no contestó nada”.

Durante las negociaciones de paz en el gobierno de Andrés Pastrana, Camilo Gómez tuvo contacto con el dirigente de las Farc, Pedro Antonio Marín, alias Manuel Marulanda Vélez o Tirofijo.

Camilo Gómez,ex comisionado de Paz.
Hoy se atreve a describirlo como a un hombre que escuchaba.

¿Qué pasará con las FARC tras la muerte de “Tirofijo”?
Las FARC no son sólo “Tirofijo”, hay escenarios donde las cosas se mueven sin necesidad de él como actor principal.
Claro que indudablemente era su jefe, su líder indiscutible, quien tenía el mando y lo ejercía.

¿Qué tipo de jefe era, cómo ejercía el mando?
Manejaba muy bien los temas político y militar. Consolidaba las opiniones, a veces divergentes, y también las de los miembros del Secretariado. Unificaba las decisiones, pero tenía una característica: oía la gente, a su grupo experto para consolidar las posiciones con cierta facilidad.

¿Cómo era “Marulanda” el negociador?
Era directamente el encargado del desarrollo del acuerdo humanitario. Fue con él con quien se negoció el acuerdo que permitió la negociación de 350 hombres de la Policía y el Ejército. Él tenía ese tema bajo su dirección y ejecución. Con su muerte no descartaría que sucedan variaciones o cambios en el desarrollo del acuerdo humanitario, aunque no creo que se pueda hacer con la rapidez que esperáramos.

Con esa muerte, ¿está más cerca o más lejos una negociación?
Esa es casi una adivinanza, hay que esperar que se decante este proceso, lamentablemente los tiempos en las FARC son muy lentos y también hay que esperar las puertas que abra el Gobierno, porque el acuerdo humanitario no solamente depende de un lado sino de los dos.

¿Qué opina de la manera en que murió “Manuel Marulanda”?
Es un hecho más. No es el primer guerrillero que se muere de viejo. Esto simplemente demuestra que acabar militarmente a la guerrilla es un tema complejo, aunque su debilitamiento es un hecho desde que comenzó el Plan Colombia.

El sábado en la radio al mediodía, nos avisaba el compañero Hernán Salina que las agencias de noticias internacionales, estaban dando como cierta la muerte del líder de las FARC, Manuel Marulanda.
Pese a la mala noticia mantuvimos una débil esperanza, que fuera parte del ataque y la campaña mediática de mentiras del gobierno fascista de Uribe y del imperialismo norteamericano, contra las FARC.
Recién el domingo, durante el comunicado del Secretariado de las FARC leído por Timoleón Jiménez -alias “Timochenko”- a través de en un video entregado a la cadena Telesur, aceptábamos con dolor la muerte del Comandante y líder de las FARC, Manuel Marulanda “Tirofijo”.
El mismo sábado 24 de mayo los representantes del Foro de San Pablo, reunidos en la ciudad de Montevideo, con el Presidente del Polo Democrático a la cabeza, el Doctor César Gaviria, habían aparecido en los principales medios de prensa uruguayos denostando la lucha de las FARC y acusando a la organización insurgente de fortalecer, sin quererlo, al gobierno de Álvaro Uribe.

No somos nosotros tal vez, ni correspondería que intentemos hablar de uno de los grandes hombres de la humanidad como lo es Manuel Marulanda, sin haberlo conocido personalmente y tampoco manejar de cerca la realidad colombiana.
Nuestros escasos conocimientos provienen de la lectura y de ciertos relatos de otros compañeros colombianos con los cuales hemos compartido el análisis y la versión sobre el proceso político, social y de la guerra en ese país.

Sin embargo se puede decir que la noche del sábado para el domingo sentimos la misma sensación de pesar y de dolor que cuando después de casi una semana de escuchar rumores sobre la muerte del Che en Bolivia, el diario “El Popular” del Partido Comunista uruguayo, daba por cierta la noticia de la caída en combate del guerrillero heroico en otra patria latinoamericana.

Esta vez los revolucionarios lograron mantener el secreto dos meses, en 1967 los “Rangers” yanquis, y los soldados del Ejercito Boliviano tenían en su poder el cuerpo del Che, en cambio ahora los guerrilleros de las FARC enterraron ellos mismos al líder legendario, que ya el enemigo busca por todos los medios encontrarlo, para intentar desaparecerlo como al Che y a los miles de revolucionarios de Sudamérica.
Porque los imperialistas y los fascistas temen hasta los revolucionarios muertos.

La desaparición física de “Tirofijo” nos afecta a todos los sudamericanos, influirá en mayor o menor grado también en el resto de los procesos del continente.
Gracias a la intervención del Presidente venezolano Hugo Chávez, en el proceso político de “intercambio humanitario” entre prisioneros de guerra de las FARC y de guerrilleros presos, el conocimiento de la guerra en Colombia y de las Fuerzas Armadas de Colombia.
Durante el corto periodo de tiempo donde se intentó por todas las formas que el Gobierno de Uribe, aceptara el canje humanitario sin lograrlo.
Y pese a que el Ejército de ese país bombardeó constantemente y desplegó a miles de solados en la zona donde se señalaban las coordenadas de la entrega de los detenidos, igualmente sirvió para que mucha gente conociera más de cerca el proceso de la guerra en Colombia.
Y sobre todo avanzara en la imagen y el concepto en que tenía  alas Fuerzas Armadas de Colombia, influidos por los grandes medios de prensa que siempre presentan a las FARC como un grupo despiadado de narcotraficantes y asaltantes de caminos.

La generosidad del Presidente Hugo Chávez ha quedado de manifiesto en más de una oportunidad, comenzando por nosotros mismos los uruguayos, a cuyo gobierno del Doctor Tabaré Vázquez, ha ayudado en más de mil millones de dólares, mucho más que la ayuda de Estados Unidos y sin contrapartida, como exigencia tal como hacen los yanquis.
Pero cuando los días del “intercambio humanitario” de prisioneros, el Presidente de Venezuela Hugo Chávez se le veía un día y otro también, buscando los caminos de entendimiento, sorteando todo tipo de problemas, aceptando los mayores desafíos, y poniendo en riesgo su propia campaña electoral, dedicando la mayor parte de su tiempo a impedir que fracasara el proceso de negociación.

Chávez le dijo al mundo entero. “Las FARC no son un grupo terrorista, son un Ejército Insurgente”. Y afirmó que los gobiernos de Sudamérica, llaman de “terroristas” a las FARC por presiones de los Estados Unidos y de la Unión Europea. Inmediatamente dijo “exijo que de ahora en adelante a las FARC se le deje de llamar ‘terroristas’ y se le llame Ejército beligerante”.

Después vinieron las confrontaciones en Santo Domingo, República Dominicana, a posterior de los ataques al territorio ecuatoriano por parte del Ejército Colombiano, después que naves de guerra, colombianas y de los Estados Unidos despegadas de la Base de Manta, bombardearan y asesinaran al Comandante Raúl Reyes y varios de sus compañeros.
Raúl Reyes era el hombre de las FARC que tenía a cargo las negociaciones del canje con los gobiernos de Venezuela, Brasil, Argentina, Bolivia, Cuba y Francia.
Para poder hablar por teléfono debía trasladarse a la frontera para no ser detectado por los satélites norteamericanos.
Sin embargo fue abatido por bombas teledirigidas de precisión que solo aviones y pilotos norteamericanos podían lanzar sobre el objetivo.

Mientras se conocía que Chávez no alcanzaba la cantidad de votos suficientes para establecer una nueva constitución que mucho más importante que su reelección era los grandes pasos que se darían en dirección al socialismo con varias leyes anticapitalistas.
Y las FARC eran sometidas a una mayor persecución y asedio por parte del gobierno más fascista y represor que ha habido en Colombia.

Otro de los grandes proyectos de Chávez la agencia Telesur y al cual pese a ser socios el Gobierno de Vázquez ha tomado distancia, pasó durante días las imágenes de los guerrilleros en la selva Colombiana, el mundo entero tuvo conocimiento de las FARC, sus hombres y sus mujeres llevando en estos tiempos la dignidad de todos nuestros pueblos.
La inserción política de las FARC, se habría de pagar con sangre guerrillera, con bombardeos durante días a poblaciones civiles, miles de retenes, cayeron presos los correos, los colaboradores, el compañero que tenía bajo su custodia a Emanuel el hijo de Clara Rojas y el Comandante “Timochenko”.
Y los más feroces ataques contra el Presidente Chávez, y su par ecuatoriano Rafael Correa.
Y ahora todo el aparato de propaganda del imperialismo hablando de los tres computadores, que sobrevivieron a las bombas como las cucarachas en Hiroshima.

Sin duda quienes tienen la palabra son los compañeros de las FARC, su primer comunicado es claro y conmueve su juramento de seguir la lucha hasta vencer, echo ante lo que llaman el Altar de la Patria junto a la tumba de su Jefe el Comandante histórico Manuel Marulanda.

Los enemigos del pueblo, intentarán sacar ventajas del duro golpe que han sufrido los guerrilleros de las FARC, ante la importante pérdida, pero la experiencia de la organización de varias décadas de lucha hace pensar con confianza que también sabrán reponerse ante la adversidad una vez más.

El domingo vimos a los canales de televisión uruguayos, y a los principales medios de comunicación de masas, muy interesados en difundir la muerte de Marulanda, y en entrevistar a gente sobre el destino próximo de las FARC.
Hay en casi todos ellos un sentimiento de triunfal, y expresión de deseo de que con la desaparición física del líder guerrillero, venza definitivamente el imperialismo y el capitalismo en Colombia.
Pero las FARC se repondrán del golpe más pronto que tarde.

A nosotros nos importa en cambio ¿qué vamos a hacer nosotros?
Los revolucionarios de Sudamérica, los comunistas, los socialistas.
¿Cuál será la expresión de solidaridad con los hermanos farianos?
¿Cómo los acompañaremos en este momento?
¿De qué forma les haremos sentir todo nuestro apoyo y confianza?, nuestro sentimiento de que en todas las decisiones que tomen en adelante compartiremos que serán las mejores para el pueblo y el proceso colombiano.

Nos preocupa desenmascarar y confrontar con quienes intentan denostar a las FARC, ignorar o desconocer el valor revolucionario en la teoría y la práctica revolucionaria de Manuel Marulanda.
De haber sabido interpretar el marxismo leninismo, adaptándolo a las condiciones de Colombia, durante seis décadas utilizando todos los métodos de lucha, sin subestimar a ninguna y habiendo tenido la virtud de vivir de idéntica forma como pensó.
Sus rasgos y origen indígena y campesino, han sumado a sus detractores y enemigos mayores odios y rencores.

Tomando en cuenta nuestra propia historia patria, nos recuerda que los últimos en acompañar fielmente a nuestro Prócer José Artigas hasta el final fueron los indoamericanos y los afroamericanos

MARULANDA ESTÁ EN PODER DE LAS FARC.
EL IMPERIALISMO NO PUDO ABATIRLO NI SECUESTRARLO.
MURIÓ Y REPOSA ALLÍ DONDE NACIÓ Y COMBATIÓ.
POR ESO SUS MUCHACHOS SEGUIRÁN CUSTODIÁNDOLO Y PROTEGIÉNDOLO CON SUS “FARALLONES” DE RESISTENCIA.
HONOR QUE SEGUIRÁN CONSERVANDO PARA DECIR CADA TANTO TIEMPO, COMO HASTA AHORA CON ORGULLO.

“¡MANUEL MARULANDA VIVE!”

“DESDE LAS MONTAÑAS DE COLOMBIA, SECRETARIADO DE LAS FARC”