8 de marzo de 2010

 

 

MENSAJE DE LA 36

 

¡QUE VIVAN LAS COMPAÑERAS!
“Las mujeres engrosan la categoría
de los trabajadores desfavorecidos”

 

Informe de seguimiento de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer y la Cumbre Mundial para el Desarrollo Social, elaborado por Lin Lim para la OIT. Ginebra, 1996.

Las mujeres siguen trabajando más horas, por menos salario y en peores puestos de trabajo que los hombres en todos los países del mundo, según un nuevo informe de la OIT en el que se destaca la "grave discriminación en cuanto a oportunidades y condiciones de trabajo que padecen las mujeres".

Un informe divulgado la semana pasada de la OIT muestra que las mujeres trabajan cinco horas semanales más que los hombres.
Las mujeres tienen una jornada semanal de 57, 1 horas, contando con 34,8 horas semanales de trabajo y más de 20,9 horas de actividades domésticas. Los hombres tienen una jornada total de 52,3 horas semanales, siendo 42,7 horas de jornada de trabajo y 9,2 horas semanales de actividades domésticas.
La directora de la oficina de la OIT en Brasilia, Lais Abramo dice que la entrada masiva de las mujeres en el mercado de trabajo no fue acompañada por una reorganización de las funciones del trabajo doméstico entre hombres y mujeres. 
Culturalmente se atribuye a la mujer el cuidado casi exclusivo de la casa y de la familia.
Otro dato importante de la investigación muestra que una parte significativa de las mujeres trabaja como empleadas domésticas.  En Brasil de 42 millones y medio de mujeres que forman la población económicamente activa, seis millones doscientas mil son negras.
Informe de seguimiento de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer y la Cumbre Mundial para el Desarrollo Social, elaborado hace unos años atrás por Lin Lim para la OIT. Ginebra señala que: 
Aunque las mujeres trabajan más, siguen constituyendo una abrumadora mayoría el 70 %, de los más de 1.000 millones de personas que viven en condiciones de pobreza. Además, las tasas de subempleo y desempleo de la mujer son superiores a las de los hombres.
Según la Sra. Lin Lim, economista de la OIT, autora del informe, "la conclusión es que, aunque cada vez es mayor el número de mujeres que trabaja, éstas se limitan en su gran mayoría a engrosar la categoría de los trabajadores desfavorecidos". Lim señala que, a pesar de ciertos avances logrados, sobre todo en los países industrializados, "las actividades económicas de las mujeres siguen centrándose fundamentalmente en formas de empleo precarias caracterizadas por una escasa remuneración y una baja productividad; mientras que los hombres copan los puestos de mayor retribución, las mujeres se encuentran en los peor pagados y ganan únicamente entre un 50 % y un 80 % de lo que ingresan los hombres".
En el prólogo al informe, Michel Hansenne, Director General de la OIT, destaca la creciente contribución de las mujeres a la economía mundial: "La mano de obra relativamente barata que ellas ofrecen ha constituido la piedra angular de la industrialización orientada a la exportación y de la consecución de la competitividad internacional para muchos países en desarrollo, y su disposición a renunciar a un hogar y una familia para convertirse en trabajadoras migrantes ha aumentado en gran medida los ingresos en divisas de algunos países". Sin embargo, señala Hansenne, "la igualdad de oportunidades y trato para las mujeres por lo que respecta al empleo sigue constituyendo una meta por alcanzar en todo el mundo".
En este informe de seguimiento publicado por la OIT tras la celebración de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer y la Cumbre Mundial para el Desarrollo Social, se destaca la importancia cada vez mayor del empleo de las mujeres para la economía y se proponen políticas encaminadas a mejorar sus condiciones de trabajo.
La OIT señala que más de un 45 % de la población femenina mundial de edades comprendidas entre 15 y 64 años, es económicamente activa en la actualidad. En los países industrializados trabajan bastante más del 50 % de las mujeres, frente al 37 % y el 30 % que se registraba hace tan sólo dos décadas en Europa Occidental y en Estados Unidos, respectivamente. En Europa Oriental, las tasas de participación de la mujer han sido tradicionalmente elevadas superiores al 50 %, y se han mantenido en estas cifras a pesar de la transición económica en curso. En el sudeste asiático, la proporción de trabajadoras ha pasado del 49 % al 54 % y, en el Caribe, del 38 % al 49 %. En el sur de Asia, el 44 % de las mujeres trabajan, frente al 25 % que lo hacía hace dos décadas.
Incluso en regiones donde la participación de la mujer en la población activa es relativamente baja, los aumentos proporcionales han sido considerables: en América Latina se ha pasado del 22 % al 34 % y en el norte de Africa, del 8 % al 21 %. Desde el punto de vista regional, sólo los Estados del Golfo siguen resistiéndose a la tendencia al aumento del empleo de la mujer, aunque el número de trabajadoras que emigran a estos países crece con regularidad.
El informe destaca la discriminación en la enseñanza, dos tercios de los casi 1.000 millones de analfabetos adultos que hay en todo el mundo son mujeres, como una de las causas principales de la pobreza y el subempleo de la mujer. En algunos países en desarrollo africanos, como Benin, Burkina Faso, Guinea Bissau, Mali, Mozambique, Níger, Senegal y Togo, o asiáticos, como Afganistán y Nepal, más del 90 % de las mujeres de 25 o más años nunca han ido al colegio. De los 100 millones de menores que no tienen acceso a la enseñanza primaria en todo el mundo, un 60 % son niñas.
Incluso en los casos en que se puede acceder a la enseñanza y a la formación profesional, muchas instituciones "continúan ofreciendo a las chicas cualificaciones típicamente femeninas", como mecanografía, enfermería, costura, restauración y hostelería, y limitando la oferta de conocimientos científicos y técnicos. En los países más pobres, las chicas tienen muchas más probabilidades que los chicos de interrumpir o abandonar su escolaridad para dedicarse a tareas domésticas, a pesar de los beneficios evidentes que reporta la mejora de su formación. Según Lin Lim, "se ha observado que cada año adicional de escolaridad aumenta los ingresos de las mujeres en un 15 %, frente al 11 % en el caso de los hombres, reduce las tasas de fertilidad entre un 5 % y un 10 % y evita la muerte de 43 niños por cada 1.000 mujeres que han accedido a la enseñanza".
De acuerdo con el informe, la discriminación por razón de sexo abarca desde la enseñanza hasta el lugar de trabajo. Entre las formas más evidentes de discriminación en los mercados de trabajo figuran "la aplicación de normas distintas en materia de contratación y promoción, la desigualdad del acceso a la formación y la reconversión profesional, así como al crédito y otros recursos productivos, las diferencias de remuneración para un mismo trabajo, la segregación profesional y la participación desigual en el proceso de toma de decisiones económicas".
Un ejemplo llamativo de la concentración de mujeres en los sectores de baja remuneración es el de la industria de la confección, en la que más de dos tercios de los trabajadores son mujeres y que absorbe casi una quinta parte de la mano de obra femenina dedicada a la manufactura.
Incluso en sectores mejor pagados, las trabajadoras se sitúan en el extremo inferior de la escala salarial. En general, casi dos tercios de las mujeres empleadas en industrias manufactureras pertenecen a la categoría de "trabajadores manuales, operarios y trabajadores dedicados a la producción"; sólo un 5 % ocupan puestos técnicos o ejercen una profesión liberal y un 2 % desempeñan tareas administrativas y de gestión".
En el sector servicios, en el que trabajan la mayoría de las mujeres, éstas siguen concentrándose en los puestos más próximos a la base de la estructura laboral y de la escala salarial y ocupan "únicamente un 14 % de los puestos administrativos y de gestión y menos del 6 % de los cargos de alta dirección". En los países de la OCDE, entre un 65 % y un 90 % de los trabajadores a tiempo parcial son mujeres.
La segregación profesional por razón de sexo sigue siendo alta en todas las regiones del mundo, con independencia del nivel de desarrollo. En el informe se citan datos correspondientes a unas 500 profesiones no agrarias en Estados Unidos, el Reino Unido y Francia, los cuales ponen de manifiesto que aproximadamente un 45 % de la            población activa se organiza en torno a actividades profesionales en las que dominan los trabajadores de uno u otro sexos, es decir, que las mujeres o los hombres constituyen en ellas, como mínimo, un 80 % de la mano de obra. En Japón, el 95 % de las personas ocupadas en trabajos asistenciales, de enfermería y otras actividades hospitalarias, la docencia en guarderías y el servicio doméstico son mujeres.
"Las mujeres y los hombres no sólo se dedican a actividades profesionales diferentes", afirma Lin Lim, "sino que, habitualmente, los hombres ocupan puestos mejor retribuidos y de mayor prestigio social; por ejemplo, la mayoría de los directores de colegio y de los médicos son hombres, mientras que entre los profesores y los profesionales de la enfermería predominan las mujeres".
En el este y el sudeste asiáticos, las mujeres constituyen el 80 % de la mano de obra en las zonas de elaboración de productos destinados a la exportación. En América Latina y el Caribe, el 71 % de las trabajadoras se concentra en el sector de los servicios, pero se considera que el número de trabajadoras no registradas es elevado en las industrias manufactureras. En Asia y Africa, la mayoría de las trabajadoras, más del 80 % en el Africa Subsahariana, se encuadra en el sector agrario, cuyos salarios se sitúan entre los más bajos, y más de un tercio de las mujeres que desarrollan actividades no agrarias lo hacen en el sector informal. A pesar del predominio de las mujeres en la agricultura, se estima que sólo son beneficiarias del 5 % del crédito rural concedido por los bancos multilaterales.
El trabajo en el sector informal, en el que los ingresos suelen situarse en el umbral de pobreza, es desempeñado mayoritariamente por la población femenina, ya que es habitual que sea el único tipo de ocupación que encuentran. En la República Dominicana, por ejemplo, el 70 % de las mujeres que trabajan en dicho sector obtienen ingresos por debajo del umbral de pobreza.
Según señala el informe, en todas las regiones del mundo las mujeres trabajan más horas a cambio de salarios inferiores a los de sus compañeros varones en los mismos puestos. En los países desarrollados, las mujeres trabajan al menos dos horas más por semana que los hombres, aunque no es excepcional encontrar diferencias de 5 a 10 horas. En Australia, Canadá y Alemania, el volumen de trabajo por horas de ambos sexos es prácticamente el mismo, pero en Italia las mujeres trabajan un 28 % más que los hombres, en Austria un 12 % y en Francia un 11 %. En Japón, el tiempo que dedican las mujeres al trabajo no remunerado es nueve veces superior al que le dedican los hombres.
En los países en desarrollo, las mujeres dedican de 31 a 42 horas por semana a actividades no remuneradas, frente a las 5 y 15 horas de los hombres. En Kenya, el tiempo que dedican las mujeres a las tareas domésticas es 10 veces superior al empleado por los hombres. En la India, las mujeres y las niñas trabajan al menos 20 horas más por semana en tareas del hogar. Según el informe, las responsabilidades familiares recaen casi siempre más en la población femenina que en la masculina, "incluso en el caso del relativamente reducido grupo de mujeres cuya formación y capacitación les cualifica para ocupar puestos de nivel superior".
Además de ser las últimas a las que se contrata, las mujeres son también las primeras a las que se despide. Según las conclusiones del informe, "las tasas de desempleo de la mujer tienden a ser superiores a las del hombre". En las regiones desarrolladas del mundo, las tasas de desempleo de la mujer registradas oficialmente en los últimos años son en todo caso entre un 50 % y un 100 % superiores a las correspondientes a la población masculina, aunque el total absoluto de hombres desempleados es mayor, debido a que su tasa de participación en la población activa es superior.
En las regiones en desarrollo, donde el problema más grave es el subempleo, los datos disponibles sobre el desempleo declarado revelan que las tasas de la mujer son considerablemente superiores a las del hombre en Africa, América Latina, el Caribe y Asia. Asimismo, en el informe se documentan casos, también referidos a Europa Central y Oriental, indicativos de que "la discriminación contra las mujeres tiende a crecer con el aumento de los niveles de desempleo", basándose en el argumento de que los hombres necesitan un puesto de trabajo más que las mujeres. Como consecuencia, "las mujeres, y especialmente las de edad avanzada, constituyen el grupo mayoritario entre los desempleados de larga duración".
En opinión de la OIT, "no basta con aumentar la oferta de empleo para las mujeres: deben emprenderse acciones a fin de mejorar las condiciones de ese empleo". Al adoptar las medidas necesarias para mejorar la calidad del empleo de la mujer, deben tenerse en cuenta las cuestiones siguientes, abordadas en distintas normas internacionales del trabajo:
Aplicación del principio de "valor comparable, concediendo la misma remuneración para trabajos de igual valor". El respeto de este principio es necesario para eliminar las diferencias salariales intrasectoriales entre hombres y mujeres y reducir la acusada disparidad existente entre los puestos de trabajo "femeninos" y "masculinos" en un mundo laboral caracterizado por su alto nivel de segregación por razón de sexo.
Mejora de la salud y la seguridad de las trabajadoras, a fin de mitigar y eliminar los peligros medioambientales y propios del lugar de trabajo y, en especial, los que afectan a las mujeres embarazadas y lactantes, así como adopción de medidas para reducir el estrés profesional provocado, entre otros factores, por "la duración excesiva de la jornada de trabajo, la monotonía de las tareas realizadas en cadenas de montaje y el acoso sexual".
Adopción de medidas para reducir la vulnerabilidad en el mercado de trabajo, sobre todo en lo que respecta a la mejora de la seguridad de formas de trabajo informales o atípicas. En muchos casos, las mujeres tienen que recurrir a modalidades de empleo no normalizadas, que conllevan, por ejemplo, la realización de tareas a tiempo parcial o el trabajo a domicilio, debido a la necesidad de combinar las responsabilidades laborales y domésticas. El riesgo consiste en la frecuente precariedad de estas formas de trabajo y en la falta de cobertura por parte de los regímenes jurídico y de seguridad social aplicables al empleo normalizado.
Garantía de la libertad de asociación y del derecho a sindicarse y a negociar colectivamente. Para las mujeres que trabajan en el sector formal, la acción colectiva, sobre todo a través de los sindicatos, resulta esencial y debe prestarse mayor atención a los problemas de la mujer al elaborar los convenios colectivos. En el caso de las mujeres con empleo informal, atípico o rural, la organización y la movilización de grupos de base constituyen una vía de habilitación importante.
Regulación adecuada del mercado de trabajo, que tenga en cuenta las necesidades de las mujeres en materia de flexibilidad y comprenda medidas de apoyo especiales en áreas como la protección de la maternidad y el cuidado de los hijos, y otras destinadas a eliminar la desigualdad de oportunidades y trato entre hombres y mujeres imperante en el mercado de trabajo.
La oferta de más y mejores puestos de trabajo para las mujeres requerirá también un entorno macroeconómico propicio, incluido el acceso a datos exactos y realistas, para desarrollar políticas coherentes, eficaces y sensibles a las cuestiones relativas a los sexos. Al elaborar estas políticas, deben considerarse el marco jurídico, los mecanismos de aplicación, las actitudes culturales y la sensibilización pública.
Lin Lim, autora del informe, señala que las medidas adoptadas para mejorar el empleo de las mujeres, como los programas de enseñanza y formación, la legislación laboral relativa a las condiciones de trabajo, los sistemas de seguridad social y la representación y la negociación colectiva, se han basado en la idea de que las mujeres deben acceder a un empleo seguro y estable, a tiempo completo y en el sector formal. Los sistemas fiscales y de protección social se han construido en función de una imagen del hombre como sostén de la familia y la mujer como persona dependiente o perceptora secundaria de ingresos. "Esa imagen ya no es aplicable, y deben revisarse los procedimientos para adaptarlos a la realidad actual y garantizar que las modalidades de empleo nuevas o atípicas no sean deficientes en materia de respeto de los derechos humanos, condiciones de trabajo, seguridad social y perspectivas profesionales".
En América Latina y el Caribe, el 71 % de las trabajadoras se concentra en el sector servicios. En los países desarrollados, la cifra se sitúa en torno al 60 %. La concentración de la mano de obra femenina en el sector agrario es superior al 80 % en el Africa Subsahariana y alcanza al menos el 50 % en Asia.
En todo el mundo, las mujeres están peor remuneradas que los hombres y no se aprecian signos de un cambio inmediato de tendencia. La mayoría de las mujeres siguen ganando, como media, tres cuartas partes del salario que perciben los hombres fuera del sector agrario.
Las mujeres ocupan un 14 % de los puestos administrativos y de gestión y menos del 6 % de los cargos de alta dirección de todo el mundo.
En los países industrializados, gran parte del aumento de la participación de la mujer en la población activa se ha materializado en puestos de trabajo a tiempo parcial. Entre el 65 % y el 90 % de los trabajadores a tiempo parcial en los países de la OCDE son mujeres.
En Africa, más de un tercio de las mujeres que no trabajan en la agricultura desarrollan su actividad en el sector informal. Esta proporción asciende al 72 % en Zambia, al 62 % en Gambia, al 41 % en la República de Corea, al 65 % en Indonesia y a más del 80 % en Lima, Perú.
En dos tercios de los países situados en regiones desarrolladas, las tasas de desempleo de la mujer son superiores a las del hombre. En Europa Central y Oriental la diferencia oscila, en términos generales, entre el 50 % y el 100 %.
Casi un 70 % de los pobres y más del 65 % de los analfabetos del mundo son mujeres.
Las mujeres sólo son beneficiarias de un 5 % de los créditos rurales concedidos por los bancos multilaterales.

El Feminismo ha empleado la falsa consigna de “El género nos une, la clase nos divide”.

El capitalismo no hace más que profundizar las desigualdades de clase entre ricos y pobres, y eso mismo ocurre entre las mujeres hijas de ricos o casadas con personas ricas y las obreras, o trabajadoras en general.
El progresismo y sus mujeres no han hecho otra cosa que llevar el tema de la mujer por el camino del “feminismo”y todo lo que tiene que ver con la opresión de la mujer lo han dejado en un segundo plano, manejándolo como una cuestión meramente de género.

Ahora es totalmente normal ver a las mujeres parlamentarias de todos los partidos blanco, colorado y Frente Amplio reunidas coloquialmente con Hillary Clinton en el parlamento nacional, o brindando todas juntas en un boliche nocturno unidas bajo el sentimiento de genero.

texto alternativoAquellas mujeres trabajadoras y estudiantes de las décadas de los sesenta y setenta de “unidas y adelante”, ahora pasaron a integrar ONG y espacios universitarios para estudiar a la mujer, pero vacía de contenido de clase la lucha por “a liberación de la mujer” perdió todo espíritu de lucha, y desapareció también con ello el método, la lucha callejera, mas manifestaciones, la movilización, y el peso en la sociedad.

Ahora las mujeres asociadas y participando en parcelas de poder oficial, se vuelve cada día más conservadora y de derecha, apuntando a conseguir más cuota de poder dentro de las estructuras capitalistas en la democracia burguesa.
Clara Zetkin fue una activa militante comunista alemana y una de las primeras impulsoras de la organización de mujeres a nivel internacional desde una perspectiva de clase, el sufragio, también tenía proyección internacional.
Además los partidos socialdemócratas y posteriormente comunistas, jamás apoyaron el feminismo, más allá de la necesidad de incorporar a las mujeres a la causa socialista. Lenin escribió en una oportunidad a Zetkin acerca de sus desviaciones feministas lo siguiente: “Clara, aún no he acabado de enumerar la lista de vuestras fallas. Me han dicho que en las veladas de lecturas y discusión con las obreras se examinan preferentemente los problemas sexuales y del matrimonio. Como si este fuera el objetivo de la atención principal en la educación política y en el trabajo educativo. No pude dar crédito a esto cuando llegó a mis oídos. El primer estado de la dictadura proletaria lucha contra los contrarrevolucionarios de todo el mundo y mientras tanto las comunistas activistas dedican su tiempo a hablar de problemas sexuales y las formas de matrimonio en el presente el pasado y el porvenir”.

Lenin critica así el feminismo por lo innecesario y por su poder destructivo al gastar energías no en la auténtica lucha.
Cuanta razón tenía Lenin, hoy vemos la comprobación de sus críticas al comprobar como el oficialismo reivindica el feminismo progresista apartándolo de la lucha de clases proletaria de las mujeres a la vez que instala definitivamente la igualdad entre las mujeres sin tener en cuenta las desigualdades sociales.

En cambio antes que el Frente Amplio se transformara en poder la mujer uruguaya se habría espacio en la sociedad a través de la lucha de clases, de su presencia en el sindicato, en las organizaciones obreras, en los centros estudiantiles, y en la Universidad. La mujer trabajadora, estudiantil, trabajo y estudio obreras y maestras, médica o enfermera. Allí las mujeres obtenían los mismos derechos que los hombres sin necesidad de cuotas o favores.
El feminismo uruguayo tiene una clara tendencia de clase media y burguesía, no llega a los barrios ni entra en la casa de las mujeres pobres simplemente es una moda y forma parte de un ejercicio intelectual.

Estas mujeres feministas aparentan y no son reales por eso se rodean siempre de apariencias populares, tambores, religiones, pero serán en todo momento defensoras de la clase conservadora, tienen sirvientas y quienes les cuiden sus hijos en su propia casa. En la sociedad uruguaya en particular en esta etapa la diferencia entre los uruguayos es de clase y no de sexo como quieren hacer creer y pretenden convencerse a si mismas las mujeres de la sociedad gobernante, hoy triunfadoras. Una vez que han obtenido la cuotificación política y que de cada tres o cuatro varones se incorpore una mujer, para ellas el avance del progresismo habrá valido la pena. Por más que la gran mayoría de las mujeres, empleadas domésticas, tercerizadas, empleadas u obreras continúen en la explotación más salvaje del sistema capitalista dependiente.

 

Hoy 8 de marzo un grupo de mujeres uruguayas volvió a reivindicar el día de la mujer trabajadora. Hace falta que las mujeres jóvenes conozcan la historia de este día que no surgió como un día de fiesta, de recibir ramos de flores y golpesitos de espalda
Las primeras mujeres trabajadoras de las fábricas capitalistas sufrieron las injusticias de la explotación y la represión igual o peor que los varones.

 

 

 

zetkinHay contra la verdadera historia real de las cosas. Y este día como la lucha por la liberación de las mujeres tiene su origen en la lucha por el socialismo y el comunismo:
Con el desarrollo de las formas capitalistas de producción, se incorporó de manera masiva la fuerza de trabajo de las mujeres, incorporación dada en condiciones de doble explotación, lo cual generó importantes acciones de lucha y huelgas de obreras desde fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Se destacan la huelga de las modistas de Nueva York, que exigían el reconocimiento a su sindicato y que duró de noviembre de 1909 a febrero de 1910. Estas trabajadoras fueron reprimidas con gran violencia por la policía. Años anteriores una huelga de tejedores y tejedoras de Nueva York causa la muerte de 126 obreros por las pésimas condiciones de seguridad de la fábrica. En Europa y en Estados Unidos, los conflictos laborales eran permanentes y las reivindicaciones eran similares: disminución de la jornada laboral, igual salario para las mujeres, mejoramiento de las condiciones de los lugares de trabajo, creación de servicios, entre los principales y lo que es importante, la organización de las mujeres trabajadoras era promovida desde las organizaciones socialistas que algunas de ellas se constituyeron posteriormente en los partidos comunistas.
Un hecho histórico determinante, es la promulgación del Día Internacional de la Mujer Trabajadora como resolución de las delegadas a la Segunda Conferencia Internacional de la Mujer Socialista, dirigida por Clara Zetkin, realizada en 1911, cuya resolución fue adoptada por los partidos de la Internacional Socialista en el mundo entero y que en los años subsiguientes, se organizaba esta celebración con movilizaciones importantes de las trabajadoras, poniendo como aspectos reivindicativos, la emancipación de las mujeres de su condición de explotación y subordinación, sin embargo, la fecha no estaba definida y los días eran seleccionados de acuerdo a las decisiones de cada partido.
En 1917, 27 de febrero de acuerdo al calendario ruso y 8 de marzo en el calendario occidental, estalla una gran huelga de las tejedoras de San Petersburgo y que fue la clarinada que dio origen a la revolución rusa de 1918. Este hecho histórico determinó la definición del 8 de marzo como el Día Internacional de la mujer comunista, en la Tercera Conferencia de las Mujeres Comunistas realizada en Moscú en 1921.
Las condiciones de vida de las mujeres, sus dificultades y las innumerables formas de opresión a las que eran sometidas las mujeres de las clases explotadas, fueron analizadas por los teóricos del marxismo, con la finalidad de desentrañar las causas de esta situación. Los aportes de Bebel, Engels, Marx, Lenin, Clara Zetkin, Alexandra Kollantai, Krupskaia y las posteriores contribuciones del marxismo leninismo, constituyeron la base esencial para potenciar la lucha de las mujeres trabajadoras por su verdadera emancipación.
Con algunos pocos elementos que necesariamente habrá que ampliar corresponde a los trabajadores, estudiantes, y militantes de la izquierda retomar el verdadero significado real del 8 de marzo. Apuntar al enorme caudal que representan las mujeres pobres, explotadas  ye ignoradas de la sociedad. Incorporara estos enormes contingentes de mujeres a la lucha por la liberación  nacional y el socialismo.
Hay que estudiar mucho más la historia de la participación de la mujer en la lucha de clases y las demandas de este sector de manera particular, ubicándolas en la importancia que tienen y éstas, bajo una misma bandera la de la lucha contra la injustici8a y la opresión.
No todas las organizaciones de mujeres persiguen los mismos objetivos. Sobre todo existen muchas ONG que insisten en que las mujeres deben superar sus problemas mediante una serie de proyectos productivos y de exigir unas leyes que amparen la equidad de géneros. Les influyen para que desde una visión pragmática defiendan la llamada “cuotificación política” y la disputa de espacios políticos. Y les desestimulan de mil maneras para que no se involucren en proyectos sociales de verdadera transformación social. Con estas acciones no hacen otra cosa que lo que decía Lenin desviar a estas mujeres del camino de su verdadera emancipación real.  
Los dirigentes de los partidos progresistas, se aprovechan de las mujeres para satisfacer sus intereses personales y de grupo, pues, están vinculadas de diversas formas a los partidos de la burguesía y pequeña burguesía. 
SI A LOS COMPAÑEROS DE LA ASAMBLEA POPULAR LES CORRESPONDE UN ENORME ESFUERZO, Y UN GRAN SACRIFICIO LA LABOR POLÍTICA EN ESTOS TIEMPOS.
HAY QUE DESTACAR ENTONCES QUE EL ESFUERZO MILITANTE DE LAS COMPAÑERAS DE LA IZQUIERDA, NO HA DE SER MENOR Y NOS ATREVEMOS A PENSAR Y DECIR, QUE HABRÁ DE SER SUPERIOR AÚN, QUE EL DE LOS VARONES.
¡QUE VIVAN LAS COMPAÑERAS!