27 de enero de 2012

 

 

MENSAJE DE LA 36

 

“YO VI TODO EL PLAN ANIQUILADOR DE HITLER PARA LOS JUDIOS”
“Georges Loinger el‘pasador de niños’, evacuó a 350 pequeños a Suiza y los salvó del nazismo”
El desgobierno y la anarquía de las milicias hunden a Libia en el caos

 

Tres meses después de la caída de Muamar al Gadafi, la inestabilidad política hace cada vez más difícil la construcción de la nueva Libia. La dificultad del Gobierno provisional de imponer su autoridad en todo el país y las sospechas de que los abusos y las violaciones de los derechos humanos han sobrevivido a la dictadura siembran algo más que dudas sobre la capacidad de las autoridades de pilotar la transición.
Los enfrentamientos entre distintas milicias en varios puntos del país, incluida Trípoli, no son solo episodios puntuales. En Bani Walid, antiguo bastión gadafista en el distrito occidental de Misrata, cinco personas murieron en los violentos enfrentamientos que se produjeron entre el lunes y el martes. La noticia, luego desmentida, de que un grupo de leales al difunto régimen, había tomado el control de la ciudad desató las alarmas.

El enviado de la ONU en Libia, Ian Martin, en una comparecencia el miércoles ante el Consejo de Seguridad, mencionó el episodio como un síntoma más de la debilidad del Gobierno a la hora de gestionar la reconciliación de todas las facciones que componen el complicado panorama político del país. “El antiguo régimen puede haber sido derrumbado, pero la cruda realidad es que el pueblo libio sigue viviendo con su arraigado legado”, declaró Martin.
Una herencia que se expresa “en la debilidad de instituciones estatales, a veces ausentes, junto a la larga ausencia de partidos políticos y de organizaciones de la sociedad civil, que hacen la transición en el país más difícil”.

“Las autoridades son incapaces de mantener el control sobre las milicias”, denuncia Donatella Rovera, investigadora de Amnistía Internacional en Libia, que en las últimas semanas ha comprobado las consecuencias de la anarquía de las milicias en el oeste del país: la proliferación de centros de detención fuera del control de las autoridades centrales y locales, en los que los detenidos, durante y después la caída de Gadafi, están sometidos a abusos y torturas. Los casos de presos muertos en estas cárceles se multiplican. El último conocido por la ONG es el de un coronel detenido y encarcelado por un grupo de milicianos al sur de Trípoli. Su cuerpo fue devuelto un día después a su familia. “Yo estaba aquí en abril y ya entonces vimos personas torturadas. Pedimos a las autoridades que intervinieran e investigaran. Pero desde entonces no se ha hecho nada”, dice Rovera.

La OTAN descarta cualquier nueva intervención en el país magrebí
Médicos Sin Fronteras anunció ayer la suspensión de sus actividades en los centros de detención en el distrito de Misrata después de que sus doctores se enfrentaran a la petición de curar a presos que habían sido sometido a tortura para que, una vez recuperados, pudieran volver a los interrogatorios en los que se produjeron los abusos. Los centros estaban bajo el control de las autoridades locales de Misrata, asegura Barth Janssens, director de operaciones de MSF.
“Nos propusieron trabajar en los centros de interrogación, algo que hemos rechazado inmediatamente”, explica.

Un responsable del Gobierno interino libio en declaraciones a Reuters rechazó las acusaciones de complicidad en los abusos e inacción ante las denuncias. “Son actos individuales”, aseguró, en contra a las evidencias aportadas por las ONG un día después de que la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Navi Pillay, manifestara ante el Consejo de Seguridad su preocupación por la situación de miles de prisioneros, unos 8.000, en su mayoría leales del régimen de Gadafi e inmigrantes de origen subsahariano, detenidos durante los nueve meses de guerra civil por las milicias revolucionarias.

“La falta de control por parte de las autoridades centrales crean un ambiente propicio para la tortura y los malos tratos”, afirmó Pillay.
La Libia pos Gadafi apunta maneras que evocan los tiempos del coronel: en alguna localidad, como Bani Walid, la población se levanta contra los nuevos dirigentes; mientras, en otros lugares, como Misrata, torturadores afectos al actual régimen se aplican a fondo.

“No estamos presentes en Libia y no tenemos intención de volver”, dijo ayer el secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, cuando se le preguntó sobre la situación. “Misión cumplida”. “Terminamos la operación el 31 de octubre. Evaluamos que habíamos hecho nuestro trabajo y que lo hicimos bien. No tenemos ninguna intención de volver. Nuestra misión ha terminado”, declaró Rasmussen en la tradicional recepción a la prensa con motivo del año nuevo. “Intervinimos a partir de un mandato de la ONU y sus disposiciones ya no están en vigor”, agregó antes de recordar en qué consistía el mandato: “Proteger a la población civil contra los ataques del Gobierno de entonces”.

La certeza de que no habrá retorno a Libia la explican fuentes aliadas por el hecho de que la operación Protector Unificado se basó en una resolución del Consejo de Seguridad que Rusia luego consideró excedida en la aplicación de la OTAN sobre el terreno. “Rusia no volverá a permitir una intervención nuestra” aventuran las fuentes. Protector Unificado, además, dejó a la vista insuficiencias no resueltas en el sistema militar aliado, la primera de ellas la absoluta dependencia de los europeos de la tecnología y medios de Estados Unidos. Políticamente había entonces una ambición para acabar con el coronel que no existe ante los nuevos señores de Trípoli.

Rusia plantea una batalla diplomática en la ONU para defender a Siria.

 

Moscú considera "inaceptable" un borrador de resolución promovido por países occidentales y árabes que recoge recomendaciones de la Liga Árabe.

El choque diplomático sigue vivo en el Consejo de Seguridad sobre la manera de hacer frente a la ola de represión en Siria. El órgano de las Naciones Unidas encargado de velar por la paz tiene previsto celebrar este viernes por la tarde noche en España, en Nueva York una reunión a puerta cerrada para tratar los términos de un nuevo borrador de resolución ante la violencia en el país y la brutal represión de Bachar el Asad. Rusia, el único aliado sin complejos que le queda a la dictadura Siria, ya ha dicho de antemano que no aceptará la imposición de sanciones. Mientras tanto, el secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, ha pedido desde Davos que se actúe con “coherencia” y ha señalado que hay que “ayudar a las personas que han salido a la calle para pedir democracia”.

El nuevo documento que está sobre la mesa pide esencialmente a todos los países que adopten sanciones similares contra el régimen de El Asad a las impuestas por los 22 miembros de la Liga Árabe, como medida de presión para que se ponga fin a la violencia contra civiles y se libere a los presos políticos. La Liga Árabe tiene una misión de observación en el país cuya capacidad ha sido puesta en duda.
El borrador “no contiene ni una sola consideración hacia nuestra postura” e ignora “aspectos fundamentales para nosotros”, declaró el viceministro de Asuntos Exteriores, Gennady Gatilov, citado por la agencia Itar Tass. Gatilov detalló que su país se niega a apoyar cualquier resolución que pida la dimisión de El Asad. “Cualquier decisión sobre el futuro de Siria debe hacerse durante el proceso político sin condiciones previas, y la petición de dimisión de El Asad es una condición previa”, dijo Gatilov.

“No podemos apoyar una llamada a la salida de El Asad en ninguna resolución del Consejo”, afirmó, aunque en sus declaraciones no llega a decir que Rusia vaya a ejercer el veto sobre esta resolución.
Francia, que lidera las negociaciones por parte de los países occidentales, apoya plenamente el plan de la Liga Árabe para resolver la crisis, incluida su componente política. Pero al mismo tiempo que se negocia la resolución, crecen las dudas sobre la misión de la Liga Árabe, a la vista de la falta de compromiso del régimen sirio con la propuesta y el continuo derramamiento de sangre.

El encuentro del Consejo de Seguridad se celebra además días antes de que el secretario general de la Liga Árabe, Nabil el-Araby, y el primer ministro de Catar, Sheik Hamad bin Jassim al-Thani, acudan a la ONU para tratar la cuestión siria. La última estimación del organismo habla de más de 5.000 personas muertas desde el inicio de la escalada de violencia en marzo.

Las consultas de esta tarde se celebran a petición de Marruecos, el representante de los países árabes en el órgano de la ONU. La intención es presentar el texto redactado por Alemania, Francia y Reino Unido, apoyado por Marruecos y Catar, a los 15 miembros con la intención de votarlo a lo largo de la semana próxima, coincidiendo con la visita de los dos mandatarios árabes.

Para que la nueva versión de la resolución pueda ser adoptada en los nuevos términos, necesitaría contar con el apoyo primero de los cinco países con derecho a veto en el Consejo de Seguridad (China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia). Y no es el caso en este momento, a pesar de la apertura de mano de la delegación ruso y la china, principales aliados de Damasco.

Rusia y China ya usaron el veto en octubre para bloquear una resolución propuesta por los países europeos en el Consejo de Seguridad. Como alternativa, Moscú propuso unos meses después un texto alternativo, que se apoyaba esencialmente en la declaración presidencial adoptada en verano. Washington, París y Londres agradecieron el gesto pero la consideraron desequilibrada.

“Yo vi todo el plan aniquilador de Hitler para los judíos”

 

Georges Loinger, el ‘pasador de niños’, evacuó a 350 pequeños a Suiza y los salvó del nazismo.

A sus 101 años, Georges Loinger sigue aceptando todas las invitaciones para dar testimonio de los horrores causados por Adolf Hitler y su régimen de terror. Acaba de llegar en avión desde París a Madrid para participar en un seminario organizado por Sefarad-Israel coincidiendo con el Día de la Memoria del Holocausto, que ayer se conmemoró en Madrid. Loinger tiene energía suficiente para dar una conferencia en la Residencia de Estudiantes y atender a los periodistas. A la hora de la cena se le nota cansado. Inicialmente, no tiene demasiadas ganas de comer. Pero más tarde se animará a dar cuenta de la crema de calabaza y de la pechuga de pavo del menú. Solo bebe agua.

“Estoy aquí porque quiero recordar a las generaciones futuras el plan aniquilador de los judíos trazado por Hitler. Yo lo vi todo”, cuenta cuando se le pregunta qué le mueve a hacer el esfuerzo que supone un viaje para un hombre con más de un siglo de vida.
Loinger organizó en 1942 una red de la Organización de Ayuda a Niños, para evacuar a menores judíos a Suiza, ante el peligro que suponía la persecución desatada por el régimen nazi en Francia. Para esas fechas, ya se intuía cuál era el destino de los trenes que partían de Drancy: los campos de exterminio.

La dirección de la OSE encargó a Loinger la creación de un entramado para el paso de niños desde Francia a Suiza, con base de operaciones en Annemasse. La organización ideó una ingeniosa estratagema: Loinger llevaba a los chiquillos a jugar al fútbol junto a la frontera franco, suiza y, cuando la pelota caía en territorio helvético, el niño corría tras ella... y ya se quedaba allí. Estaba salvado.

El ardid funcionó porque las patrullas de vigilancia estaban formadas por soldados italianos, aliados de Hitler, que no ponían gran empeño en la tarea, según recuerda Loinger. En esas labores era ayudado por su primo Marcel Mangel, quien con el correr de los años se convertiría en el célebre mimo conocido como Marcel Marceau.
Un oficial puso una pistola en la cabeza de mi hijo menor y me advirtió: ‘Si te mueves, mato al niño”, rememora este centenario

Loinger logró poner a salvo personalmente a 350 de los 1.000 niños que evacuó la trama montada por él. “El peor recuerdo de aquella época está ligado precisamente a mi propia vida. Cuando iba a pasar a mi esposa y a mis dos hijos, apareció una patrulla alemana. Un oficial puso una pistola en la cabeza de mi hijo menor y me advirtió: ‘Si te mueves, mato al niño”, rememora este centenario.

Pero, aprovechando un momento de confusión, consiguieron ponerse a salvo y cruzar horas después a Suiza. “No supe nada de mi familia, que estaba en Ginebra, hasta seis meses después”, añade.
El antiguo pasador de niños sería más tarde, durante 25 años, director de la Compañía de Navegación Israelí en París. Hoy preside la Asociación de Veteranos de la Resistencia Judía en Francia.
¿Qué opina del resurgir de partidos neonazis que incluso están llegando al poder en Europa? “Suponen una minoría”, asevera.

“Lo esencial es que Alemania y Francia, los países más fuertes, garantizan la estabilidad y nos protegen de ese peligro. Alemania, que tuvo el accidente de Hitler, es una de las grandes culturas del mundo”. Este “ardiente europeísta” afirma que no le da miedo el florecer de estos grupos.
“Siempre habrá gente que odie a los judíos”, concluye.